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El Apostolado de Nuestra Señora de Fátima: Los hechos detrás de la controversia
Blessed Be God in the Highest


Este artículo apareció originalmente en la edición de marzo de 1996 de The Sentinel, revista católica de Vancouver, Colombia Británica. El artículo se reproduce aquí con permiso de los editores.

Los hechos detrás de la controversia

Por B.L. Drake

El Padre Nicholas Gruner es quizá el sacerdote más polémico hoy en día dentro de la Iglesia Católica. Ciertamente, es uno de los sacerdotes más discutidos. Su vida y su obra han sido desde hace tiempo el foco de atención e interés de amigos y enemigos por igual.

Desde su ordenación en 1976, el Padre Gruner se ha dedicado sin cesar a promover la devoción y el interés por el Mensaje que la Santísima Virgen María dio a conocer en Fátima en 1917. En las páginas de su revista Fatima Crusader (La Cruzada de Fátima), en programas de radio y televisión semanales y en presentaciones en público alrededor del mundo, el Padre Gruner ha sostenido consistentemente la suprema importancia que tiene el atender las solemnes peticiones que Nuestra Señora hizo en Fátima.

Como la mayoría de los católicos más serios lo saben, desde hace tiempo se ha considerado dentro de los altos círculos de la Iglesia como "políticamente incorrecto" el tomar literalmente el Mensaje de Fátima. Sin embargo, esto es precisamente en lo que el Padre Gruner ha insistido desde el principio, a través de su vida y obra como sacerdote Católico.

Antes de la controversia

Dada la controversia que ha rodeado su vida pública por tantos años, es interesante anotar que en 1978, año en que publicó la primera edición de Fatima Crusader (La Cruzada de Fátima), el Padre Gruner era el mismo sacerdote de sotana que es hoy en día. Al igual que ahora, el Padre Gruner oficiaba sus Misas en latín y rehusaba dar la Comunión en la mano. En aquel entonces, atraía con la Estatua Peregrina de Nuestra Señora de Fátima a grandes multitudes en sus viajes a través de Canadá, país donde, al igual que hoy en día, predicaba sobre la necesidad urgente de evitar los "errores de Rusia" y de consagrar “esa pobre nación” al Corazón Inmaculado de María, en la forma exacta como la Virgen lo solicitó en Fátima.

A pesar de estas actividades, por las cuales iba a ser luego intensamente criticado, en 1978 el Padre Gruner recibió sin embargo facultades parciales en la Arquidiócesis de Ottawa, y fue asimismo bienvenido en catedrales a lo largo y ancho de Canadá, donde se le otorgaron de manera rutinaria facultades temporales para predicar y confesar.

Por abril de 1981, el Padre Gruner tenía ya facultades plenas en Ottawa para predicar y confesar, las que le fueron concedidas por el Arzobispo Joseph Plourde, uno de los arzobispos más liberales de Canadá. De hecho, un sacerdote le dijo en aquel entonces al Padre Gruner que le habían dado "más facultades que las que yo nunca he tenido, con todo y que he sido sacerdote durante cuarenta años."

Políticamente incorrecto

Lo que el Padre Gruner no tuvo, sin embargo, fue “corrección política”. El Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Casaroli, había dedicado su larga carrera a promover y defender el acuerdo de 1962 entre el Vaticano y la Unión Soviética, en el que el Vaticano desiste en sus actividades anti-comunistas a cambio de un prometido cese de la persecución de Cristianos detrás de la Cortina de Hierro. También el recién elegido Papa Juan Pablo II, había asumido el Trono de Pedro con su propio programa para el Este.

Durante los impetuosos y vertiginosos días de los primeros pasos políticos que dió el Papa, el tipo de retórica a favor de Fátima y en contra del comunismo, por la cual el Padre Gruner se estaba haciendo famoso, era anatema para los políticos del Vaticano. En retrospectiva, no parece ser una simple coincidencia el hecho de que el primer altercado que el Padre Gruner tuvo con las autoridades de la Iglesia haya tenido lugar en el momento en el que sus sermones respecto de “los errores de Rusia” comenzaban a encontrar una audiencia grande y entusiasta en Canadá y en los Estados Unidos.

El Nuncio interviene

En 1981, había diez mil sacerdotes en Canadá cuando el Pro Nuncio de Ottawa, el Arzobispo Palmas, encontró tiempo para entrevistarse con el Cardenal Oddi, jefe de la Congregación para el Clero en el Vaticano. Sin embargo, el propósito de su visita fue para hablar de un sólo sacerdote: el Padre Nicholas Gruner.

En nombre de su jefe, el Secretario de Estado, el Nuncio enojadamente se quejó de las actividades del joven sacerdote y afirmó (falsamente, como se habría de probar después) que ningún obispo canadiense incardinaría al Padre Gruner. El Arzobispo Palmas insistió en que el Padre Gruner fuera forzado a regresar a la diócesis de Italia donde había sido incardinado, cuyo obispo lo había autorizado para trabajar fuera de la diócesis. Los problemas del Padre Gruner con la jerarquía de la Iglesia datan desde esta visita del Arzobispo Palmas al Vaticano, y han persistido hasta el día de hoy.

Durante nueve años, mientras la estrategia de Roma con Rusia se hacía efectiva, el Padre Gruner fue sometido a un acoso cada vez mayor, rayando en persecución, por parte de varios funcionarios dentro del Vaticano y de diócesis locales. Muchos de sus derechos sacerdotales, garantizados por el Derecho Canónico, le fueron sistemáticamente negados.
A pesar de lo que habría de convertirse en un casi constante acoso ilegal por parte de los burócratas de la Iglesia y de la prensa Católica liberal, el Padre Gruner continuó expandiendo su Apostolado de Fátima, hablando, publicando y finalmente televisando el Mensaje de Fátima dondequiera y comoquiera que podía. No es de sorprender que entre más y más personas, tanto laicas como del clero, respondían a sus palabras con un creciente apoyo voluntario y financiero, las presiones de la burocracia de la Iglesia se intensificaran.

La Situación estalla

En 1989, la situación llegó a un punto álgido. Se habían publicado cartas, supuestamente escritas por la Hermana Lucía, la única vidente de Fátima todavía viviente, según las cuales ya se había cumplido la solicitud de la Santísima Vírgen, de la consagración colegiada de Rusia a Su Inmaculado Corazón. La consagración de Rusia había sido desde un principio un aspecto central de la cruzada del Padre Gruner. Su insistencia incansable en que dicha Consagración no se había llevado a cabo de acuerdo con las peticiones específicas de Nuestra Señora de Fátima había sido por muchos años el tema dominante de su Apostolado.

Con base tanto en su vasto conocimiento de los escritos de la Hermana Lucía como en el concepto de autoridades de diversas partes del mundo expertas sobre Fátima, el Padre Gruner logró demostrar en forma contundente que las cartas eran falsas; que eran parte de una conspiración aún más profunda para acallar al último testigo de las apariciónes de la Virgen en Fátima.

En noviembre de 1989, poco después de haber publicado su revelación de que las cartas eran falsas, el Padre Gruner recibió una comunicación de tono amonestador de Gerardo Pierro, obispo de Avellino, diócesis a la cual aún estaba oficialmente unido. En su carta, el Obispo Pierro, admitiendo que escribía bajo presión de la oficina del Secretario de Estado, le informó al Padre Gruner que se harían arreglos para su incardinación en una diócesis canadiense siempre y cuando que él prometiera acabar con su Apostolado y dejara de trabajar en nombre del Mensaje de Fátima. En caso de rehusar a hacer eso, Pierro le dijo con tristeza, sería forzado a regresar inmediatemente a Avellino.

A principios del nuevo año, el Padre Gruner viajó a Italia con su amigo, el Padre Paul Kramer, cuyo conocimiento del Derecho Canónico y de la tradición de la Iglesia es ya legendario. Estando en Italia, fueron a Avellino y se reunieron con el Obispo Pierro el 25 de enero de 1990. El obispo admitió ante el Padre Gruner que “si lo suspendiera, sería un pecado mortal; pero si el Vaticano me lo ordena, tendré que hacerlo . Después de una cena que él mismo preparó, el Obispo Pierro volvió a confirmar formalmente--delante de dos testigos--su permiso para que el Padre Gruner trabajara fuera de la diócesis de Avellino mientras buscaba a un nuevo obispo. Cuatro meses más tarde, volvió a confirmar dicho permiso en una carta al Padre Gruner, y una vez más lo animó a que buscara a un obispo que lo incardinara fuera de Avellino.

Continúan los ataques

A pesar de haber logrado esta importante ratificación del buen estado de su posición sacerdotal, al poco tiempo el Padre Gruner volvió a ser otra vez el blanco de ataques. En junio de 1990, el canciller de la arquidiócesis de Toronto, Monseñor McCormack, envió un memorando de “notificación” a cada parroquia de la arquidiócesis, con el propósito de poner a sacerdotes y laicos en contra del Padre Gruner y de su Apostolado de Fátima.

De acuerdo con McCormack, la posición sacerdotal del Padre Gruner era "irregular", en otras palabras, su posición sacerdotal no estaba en buen estado, lo cual implicaba que su trabajo Apostólico no merecía apoyo. La prensa Católica local empezó inmediatamente a referirse al contenido del memorando de McCormack y algunos artículos llegaron incluso a sugerir que el Padre Gruner era un vago, un término cortés para indicar que él era un sacerdote renegado sin obispo.

Después de encontrar que repetidos intentos para discutir la situación con la oficina de la cancillería fueron rechazados, el Padre Gruner llegó a la conclusión de que la única manera de limpiar su nombre sería mediante la presentación de una demanda por difamación en las cortes canadienses. Hasta el momento, el caso aún sigue pendiente.

Curiosamente, sólo un mes después de estos acontecimientos, el Obispo Pierro de Avellino le escribió nuevamente al Padre Gruner, ratificando su deseo de que el Padre Gruner buscara a un nuevo obispo y una nueva diócesis en la cual pudiera ser incardinado. Con su permiso renovado una vez más, el Padre Gruner siguió adelante con su trabajo y sus esfuerzos por encontrar a un nuevo obispo.

Una confrontación violenta

En el otoño de 1992, el Padre Gruner organizó una de las más grandes conferencias privadas de obispos Católicos nunca antes vista. El evento, que tuvo lugar en Fátima, fue pronto algo digno de importancia, por algo más que el hecho de haber reunido a casi cien obispos de alrededor del mundo, para discutir el Mensaje de Fátima. Desde el día que el Padre Gruner llegó a Fátima, los burócratas de la Iglesia, tanto locales como de Roma, dejaron en claro su violenta oposición a la reunión. En el periódico del propio Vaticano se publicó un engañoso anuncio en el que se declaraba que la conferencia no estaba “autorizada” (a pesar del hecho de que según el Derecho Canónico no se requiere tal autorización). Tanto el obispo local como el director del Santuario de Fátima deploraron públicamente la realización del evento y criticaron con nombre propio al Padre Gruner.

En un esfuerzo por aclarar las objeciones de las autoridades locales, el Padre Gruner hizo arreglos para que cuatro de sus invitados (todos arzobispos) se reunieran con el Obispo de Fátima. El encuentro ayudó a disminuir la fricción inmediatamente y resultó en un acuerdo para unir la Conferencia de Obispos a un evento más pequeño que se estaba llevando a cabo al mismo tiempo. La "paz", sin embargo, estaba destinada a tener una corta duración.

Para el entonces director del Santuario de Fátima, Monseñor Guerra, no era un secreto ni su extrema aversión al Padre Gruner, ni su rigurosa oposición a la conferencia que éste último había organizado. En las tempranas horas de la noche del 10 de octubre de 1992, mientras acompañaba a un anciano cardenal indio que regresaba de Misa, el Padre Gruner fue violentamente atacado por dos hombres jóvenes en la sacristía del Santuario de Nuestra Señora de Fátima. El ataque tuvo lugar a la vista de varias personas, incluyendo a un obispo. El Padre Gruner fue lesionado, hasta el punto de necesitar asistencia médica por los numerosos golpes y contusiones sufridos durante el ataque. Los dos atacantes desaparecieron rápidamente en medio de la confusión, pero fueron más tarde claramente identificados como empleados laicos del Santuario. !Uno de los hombres admitió que había atacado al Padre Gruner siguiendo órdenes de Monseñor Guerra!

El ataque físico a un sacerdote Católico Romano en el Santuario dedicado a la Reina de la Paz recibió considerable atención en la prensa portuguesa. A pesar de las lesiones documentadas del Padre Gruner, Monseñor Guerra se limitó en sus comentarios a especular que el ataque había sido planeado a propósito por el Padre Gruner, en un esfuerzo por "lograr publicidad."

Unos días más tarde, el Cardenal Padiyara, el prelado indio a quien el Padre Gruner estaba auxiliando en el momento en que ocurrió el ataque, le aconsejó al Padre Gruner que “tuviera cuidado”, porque su vida corría peligro mientras permaneciera en Fátima. Como resultado de esta advertencia, el Padre Gruner no ha vuelto a Fátima desde 1992.

Un nuevo obispo

El año de 1993 comenzó con el nombramiento de Antonio Forte como nuevo obispo de Avellino, el tercer obispo desde la ordenación del Padre Gruner en 1976. En julio de 1993, un obispo amigo le informó al Padre Gruner que él gustosamente lo incardinaría, siempre y cuando que el Padre Gruner lograra obtener el respectivo decreto de excardinación del nuevo obispo de Avellino. Esta nueva oferta de incardinación fue resultado directo del encuentro del Padre Gruner con este obispo durante la Conferencia de Obispos de Fátima. El Padre Gruner le escribió inmediatamente al Obispo Forte pidiéndole que lo excardinara. A pesar de haber sido presionado durante más de 17 años para que encontrara un nuevo obispo fuera de Avellino, el Padre Gruner esperó en vano una respuesta por más de tres meses.

Durante el otoño de 1993, el Padre Gruner intentó comunicarse con el Obispo Forte. En octubre, finalmente logró localizarlo en una Conferencia de Obispos que se estaba llevando a cabo en Colavalenza, Italia. El Padre Gruner envió rápidamente al Padre Paul Trinchard, colega suyo, quien estaba en peregrinación por Italia, para que en compañía de un traductor de italiano se entrevistara con el Obispo Forte. El resultado del encuentro a principios de noviembre fue una carta del Obispo Forte en la que se excusaba de no poder tomar una decisión. En la carta decía que no tenía nada personal en contra del Padre Gruner, y que su demora en contestar había sido debida a una orden directa del Arzobispo Sepe del Vaticano.

El Arzobispo Sepe había trabajado durante varios años al lado del Cardenal Casaroli en la Secretaría de Estado y, en 1992, había sido puesto de facto a cargo de la Congregación del Clero. La intervención de Sepe era claramente ultra vires -- fuera de su jurisdicción. Aparentemente, el Obispo Forte no se atrevió a confrontarlo.

Ordenes de los mandos superiores

El propio Padre Gruner finalmente se reunió personalmente con el Obispo Forte el 13 de enero de 1994 en Avellino. Una vez más, estuvo acompañado por el Padre Paul Kramer, a quien el Padre Gruner le había pedido que sirviera como su testigo. En dicha ocasión, el obispo les dijo directamente que él no tenía nada en contra del Padre Gruner, pero que sus manos estaban atadas por las órdenes de los mandos superiores en la Congregación del Clero.

El Padre Kramer observa que el Obispo Forte reconoció voluntariamente que la reputación sacerdotal del Padre Gruner era buena. Al final del encuentro, el Obispo Forte le dijo al Padre Gruner que regresara a Canadá y le prometió que le escribiría allá.

De regreso en Canadá, el Padre Gruner se sorprendió, se sobresaltó y, en sus propias palabras, se 'escandalizó" cuando dos semanas más tarde le llegó una carta del Obispo Forte en la que le decía que renunciara a su Apostolado y que regresara a Avellino, si no quería ser suspendido de su investidura sacerdotal.

En privado, el Padre Gruner le escribió a un amigo: “De acuerdo con el Derecho Canónico, no puede haber suspensión sin que el caso se lleve a la corte; no puede haber suspensión sin previa audiencia; no puede haber suspensión sin haber cometido un crimen; no puede haber suspensión sin haber sucedido todas estas cosas; ¡y eso es exactamente lo que ellos están tratando de hacerme! No ha pasado ni una sola de estas cosas ..."

Tan pronto recibió la carta del Obispo Forte, el Padre Gruner se la mostró al Padre Kramer. Parecía que era obvio que la carta del nuevo obispo contenía varios errores mayores, tanto de la ley como de hecho, que demandaba una pronta respuesta. Para no errar en tan importante respuesta, tanto el Padre Gruner como el Padre Kramer estudiaron la situación a profundidad. Este último, en particular, estudió las secciones pertinentes del Derecho Canónico y recibió consejo de varios expertos en Derecho Canónico de talla internacional.

A pesar de contar con muy poco tiempo, debido al trabajo relacionado con su Apostolado, el Padre Gruner dio su respuesta en una carta minuciosamente razonada de diecisiete páginas. “Hubiera sido imposible sin la ayuda del Padre Kramer, y aún así, apenas tuvimos el tiempo justo para responder dentro del plazo , dijo el Padre Gruner. Aún después de dos años de espera, el Obispo Forte no había dado respuesta a los planteamientos hechos por el Padre Gruner en su extrensa carta. Al no responder el obispo dentro de los 30 días siguientes, después de haber recibido la carta del Padre Gruner, éste último se vio obligado, por disposiciones del Derecho Canónico, a apelar la orden del obispo, en cuestión de días otra vez, para no perder todo derecho de apelación. Como resultado de esta apelación Canónica, por ley la orden que el Obispo de Avellino le había dado al Padre Gruner quedó anulada y sin efecto inmediatamente, hasta que se recibiera noticia de la determinación oficial de la corte con base en el Vaticano. De esta manera, el Padre Gruner quedó en libertad para continuar su trabajo como antes.

Una carta abierta

A pesar de estas amenazas y del continuo acoso por parte de los burócratas del Vaticano, el Padre Gruner persistió en sus esfuerzos por reunir a los obispos del mundo para discutir el Mensaje de Fátima. En la primavera de 1994, comenzó a organizar una segunda Conferencia de Obispos, a realizarse en la Ciudad de México, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Seis semanas antes de la conferencia, los nuncios papales enviaron cartas a los obispos alrededor del mundo para advertirles que no asistieran a la Conferencia, debido a que ésta no había sido "aprobada" y que era simplemente una "iniciativa privada" del Padre Gruner. Una vez más y a propósito, estas cartas omitieron mencionar que los obispos ni requieren ni es común que reciban la aprobación del Vaticano para asistir a conferencias privadas de este tipo.

Es oportuno mencionar asimismo que "iniciativas privadas" como las llevadas a cabo por el Padre Gruner, son perfectamente aceptables y están dentro de la ley para cualquier sacerdote. Dado que su apelación en contra de su obispo está todavía sub judice (fallo pendiente), el Padre Gruner no estaba bajo ninguna restricción que le impidiera escribir e invitar a los obispos a conferencias como ésta.

Cuando finalmente se reunió la Conferencia a mediados de noviembre de 1994, el número de obispos asistentes fue mucho menor del número de los que inicialmente, antes de la carta de los nuncios, habían aceptado asistir. Delegado especial de una importante comisión Pontificia del Vaticano, se dirigió a la asamblea y, en tono dramático y encolerizado, dejó en claro que la baja asistencia era resultado directo de una campaña de calumnia, cuidadosamente orquestada por la Secretaría de Estado. Blandiendo una copia de la carta de los nuncios, la identificó como “un abuso de autoridad, un insulto y una humillación a todos los obispos que la habían recibido."

Después de la clausura de la Conferencia, el Padre Gruner decidió llevar su caso directamente al Papa Juan Pablo II. Con base en experiencias pasadas, sabía que escribirle en tono personal al Santo Padre no era garantía de que el Pontífice llegaría de hecho a ver su carta alguna vez. En el transcurso de seis meses, trabajando con otros de los organizadores de la Conferencia, el Padre Gruner reunió los fondos necesarios para publicar, el 12 de julio de 1995, una "Carta Abierta al Santo Padre", en Il Messaggero, el periódico italiano de mayor circulación. La carta describía meticulosamente la larga historia de interferencia y acoso que rodearon las dos Conferencias de Obispos organizadas por el Apostolado del Padre Gruner. Además, la carta anunciaba que una tercera Conferencia de Obispos se llevaría a cabo en 1996, !esta vez en Roma! La publicación de la “Carta Abierta” fue recibida con gran interés por parte de los medios de comunicación italianos; se escribieron varios artículos periodísticos sobre ésta y el tema fue discutido en al menos un programa especial de la red nacional de televisión.

La Respuesta de Roma

Como les es característico, los burócratas del Vaticano se negaron, a pesar de su enojo, a hacer ningún comentario público en relación con la publicación de la “Carta Abierta.” Fuentes confiables dentro del Vaticano confirmaron que la publicación había creado gran consternación en las oficinas de la burocracia, hasta el punto de llevar a un enfurecido funcionario a llamar a Il Messaggero y exigir información sobre cómo había sido posible que publicaran tal carta.

No fue sorpresa para el Padre Gruner, ni para cualquiera otra persona, el hecho de que la respuesta de la burocracia de la Iglesia hubiera sido firme y ambigua. A principios de 1996, en momentos en que el mundo presenciaba el resurgimiento del Comunismo en Rusia, la Congregación expidió una nueva carta en la que, una vez más, se instaba a los obispos a rechazar la invitación del Padre Gruner para asistir a su conferencia en Roma, debido a que “no estaba autorizada.” La carta repetía también la ya conocida y no fundamentada acusación de que la reputación sacerdotal del Padre Gruner era sospechosa.

En palabras de un antiguo observador del Vaticano, dicha carta era parte de la “ya vieja rutina del álbum rayado de que si se repite algo con suficiente frecuencia, la gente va a llegar a creerlo, sin importar si es cierto o no."

Una Nueva Oferta para Incardinar

Casi al mismo tiempo que se enviaba esta nueva carta de la Congregación del Clero, llegó la noticia de que un nuevo obispo se había ofrecido para incardinar al Padre Gruner, dando así término a casi dos décadas de controversia relacionada con su condición sacerdotal.

Con el renovado aumento del Comunismo en Rusia, la posibilidad de que Zyuganov fuera electo presidente el próximo mes de junio y la amenaza de aniquilamiento nuclear explícitamente hecha en contra de los Estados Unidos en una publicación oficial del gobierno ruso, en noviembre de 1995, ¿no parece lógico el hecho de que mucha gente hoy en día empiece a estar de acuerdo con la importancia que tiene el trabajo sin descanso que realiza el Padre Gruner.

Aunque aún se desconoce la forma como los burócratas en Roma manejarán esta nueva incardinación, la evidencia muestra claramente que el Padre Gruner ha sido víctima de una larga e injusta campaña de acoso a manos de aquéllos que dentro de la Iglesia se oponen al trabajo que realiza a favor del Mensaje de Fátima. Toda la evidencia documental y el testimonio de innumerables testigos, demuestran de manera decisiva que la ”controversia generada alrededor del Padre Gruner no tiene nada que ver con su condición sacerdotal, pero sí mucho que ver con su determinación resuelta e inquebrantable de promover un mensaje que inquieta y desconcierta a muchos dentro de la burocracia del Vaticano.

Hasta el presente, la burocracia del Vaticano siempre ha rehusado discutir la agenda real que existe detrás de los ataques al Padre Gruner. No puede haber duda alguna de que lo que él dice y hace a favor del Mensaje de Fátima está perfectamente permitido y, de hecho, es fomentado por las leyes y por las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana. Los burócratas saben con seguridad que cualquier reto a las actividades que realiza el Padre Gruner en nombre de Nuestra Señora de Fátima muy probablemente fracasaría en cualquier tribunal abierto y justo.

En los últimos 20 años, miles de sacerdotes han abandonado el sacerdocio. ¿Por qué el Padre Gruner, a pesar de una oposición casi sin precedente desde adentro de su propia Iglesia, continúa luchando? Como respuesta, el Padre Gruner dice: "Yo creo que hay que tomar al pie de la letra y de manera absoluta las palabras de Nuestra Señora cuando nos dice, ‘Si se Me conceden mis peticiones, muchas almas se salvarán y habrá paz. Si no se Me conceden mis peticiones, Rusia suscitará guerras y persecuciones en contra de la Iglesia, la buena voluntad será martirizada, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas.’ No creo que tengamos opción distinta a la de continuar promoviendo, con toda nuestra fuerza, el Mensaje completo de Nuestra Señora. ¿Qué más podemos hacer

B.L. Drake es un escritor independiente que vive en Atlanta, Georgia, que frecuentemente escribe para publicaciones Católicas. El autor desea expresar su agradecimiento por la contribución de Francis Alban, quien le proporcionó muchos de los antecedentes para este artículo. El Sr. Alban completó recientemente una biografía del Padre Nicholas Gruner.

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