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La Última Entrevista Publica
De Sor Lucía
Citado por el Pe. Joaquín María Alonso,
C.M.F.
( 12 de diciembre de 1981),
Archivero oficial de Fátima,
de su libro La verdad sobre el Secreto de Fátima, Fátima
sin mitos
El Padre Augustín
Fuentes, sacerdote mejicano, nombrado vicepostulador de las causas de
beatificación de los videntes, tiene una conversación con
Lucía el día 26 de diciembre de 1957. Vuelto a Méjico,
el día 22 de mayo del año siguiente, el 1958, tiene una
conferencia en la Casa Madre de las Misioneras del Sagrado Corazón
y de Nuestra Señora de Guadalupe, en que les dio una comunicación
de aquella entrevista. Poseemos dos textos
«auténticos» de esa conferencia, uno en español
y otro en inglés. El primero es bastante más largo que
el segundo, ya que éste es una traducción abreviada, aunque
esencialmente idéntica al primero. Recojamos, por lo tanto, únicamente
del texto más original, el español, los párrafos
que se refieren a las comunicaciones de Lucía.
(Su Arzobispo
S.E.R. Mons. Sánchez de Santa Cruz, Méjico otorgó el imprimatur a
este texto original del Padre Fuentes)
Se comienza hablando
de un mensaje recibido «de los labios mismos de la vidente principal». «(...)
Quiero contaros únicamente la
última conversación que tuve con ella, que fue el 26 de
diciembre del año pasado:
«La encontré en
su convento muy triste, pálida y demacrada; y me dijo: "Padre,
la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace
caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos, porque prosiguen
su camino de bondad; pero sin hacer caso a este mensaje. Los malos, porque
no viendo el castigo de Dios actualmente sobre ellos, a causa de sus
pecados, prosiguen también su camino de maldad, sin hacer caso
a este Mensaje. Pero, créame, Padre, Dios va a castigar al mundo,
y lo va a castigar de una manera tremenda. El castigo del cielo es inminente.
¿Qué falta, Padre, para 1960; y qué sucederá
entonces? Será una cosa muy triste para todos; y no una cosa alegre
si antes el mundo no hace oración y penitencia. No puedo detallar
más, ya que es aún secreto que, por voluntad de la Santísima
Virgen, solamente pudieran saberlo tanto el Santo Padre como el señor
Obispo de Fátima; pero que ambos no han querido saberlo para no
influenciarse. Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora,
que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960. Dígales,
Padre, que la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos
Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo; Que muchas naciones
de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma, que Rusia
sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo,
si antes no alcanzábamos la conversión de ese pobrecita
Nación (...)".
Sor Lucía
me decía también: "Padre, el demonio está
librando una batalla decisiva con la Virgen; y como sabe qué es
lo que más ofende a Dios y lo que, en menos tiempo, le hará ganar
mayor número de almas, está tratando de ganar a las almas
consagradas a Dios, ya que de esta manera también deja el campo
de las almas desamparado, y más fácilmente se apodera de
ellas.
Dígales
también, Padre, que mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron
porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas
sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza
y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa
de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores,
nos llegaban al alma; y no sabíamos qué idear para encontrar
en nuestra imaginación infantil medios para hacer oración
y sacrificio (...).
Lo segundo que
santificó a los niños fue la visión del infierno
(...).
Por esto, Padre,
no es mi misión indicarle al mundo los castigos materiales que
ciertamente vendrán sobre la tierra si el mundo antes no hace
oración y penitencia. No. Mi misión es indicarles a todos
el inminente peligro en que estamos de perder para siempre nuestra alma
si seguimos aferrados al pecado.
"Padre
me decía Sor Lucía, no esperemos que venga
de Roma una llamada a la penitencia, de parte del Santo Padre, para todo
el mundo; ni esperemos tampoco que venga de parte de los señores
Obispos para cada una de sus diócesis; ni siquiera tampoco de
parte de las Congregaciones Religiosas. No; ya Nuestro Señor usó muchas
veces estos medios, y el mundo no le ha hecho caso. Por eso, ahora, ahora
que cada uno de nosotros comience por sí mismo su reforma espiritual;
que tiene que salvar no sólo su alma, sino salvar a todas las
almas que Dios ha puesto en su camino (...).
Padre, la Santísima
Virgen no me dijo que nos encontramos en los últimos tiempos del
mundo, pero me lo dio a demostrar por tres motivos: el primero, porque
me dijo que el demonio está librando una batalla decisiva con
la Virgen y una batalla decisiva es una batalla final, en donde se va
a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es
la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio;
no hay término medio. Lo segundo, porque me dijo, tanto a mis
primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que
Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado
Corazón de María; y , al ser los últimos remedios,
quiere decir que son los
últimos, que ya no va a haber otros. Y tercero, porque siempre
en los planos de la Divina Providencia, cuando Dios va a castigar al
mundo, agota antes todos los demás medios; y cuando ha visto que
el mundo no le ha hecho caso a ninguno de ellos, entonces, como si dijéramos
a nuestro modo imperfecto de hablar, nos presenta con cierto temor el último
medio de salvación, su Santísima Madre. Porque si despreciamos
y rechazamos este último medio, ya no tendremos perdón
del cielo; porque hemos comitido un pecado, que en el Evangelio suele
llamarse pecado contra el Espíritu Santo; que consiste en rechazar
abiertamente, con todo conocimiento y voluntad, la salvación que
se presenta en las manos; y también porque Nuestro Señor
es muy buen hijo; y no permite que ofendamos y despreciemos a su Santísima
Madre, teniendo como testimonio patente la historia de varios siglos
de la Iglesia que con ejemplos terribles nos indica cómo Nuestro
Señor siempre ha salido en defensa del honor de su Santísima
Madre.
Dos son los medios
para salvar al mundo, me decía Sor Lucía de Jesús:
la oración y el sacrificio (...).
Y luego, el Santo
Rosario. Mire, Padre, la Santísima Virgen, estos
últimos tiempos en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia
al rezo del Santo Rosario. De tal manero que ahora no hay problema, por
más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual,
que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros; o a la vida
de nuestras familias sean familias del mundo o Comunidades Religiosas;
o la vida de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más
difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del
Santo Rosario. Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos,
consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación
de muchas almas.
Y luego, la devoción
al Corazón Inmaculado de María, Santísima Madre,
poniéndonosla como sede de la clemencia, de la bondad y el perdón;
y como puerta segura para entrar al cielo. Esta es la primera parte del
Mensaje referente a Nuestra Señora de Fátima; y la segunda
parte, que, aunque es más breve, no es menos importante, se refiere
al Santo Padre.»
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