Una nueva Fátima para una nueva Iglesia

La dirigencia neocatólica se acopla a la revolución post conciliar para revisar el mensaje de Fátima


“La hermana Lucía ha dejado de ser hoy en día un punto de referencia dado que tenemos uno mejor en el Concilio Vaticano II”.

— Card. José da Cruz Policarpo, Patriarca de Lisboa

por Christopher A. Ferrara

Nota del editor: Actualmente el Sr. Ferrara espera respuesta del rector del Santuario de Fátima, Monseñor Luciano Guerra, a un correo electrónico enviado el 10 de noviembre de 2003 y a un fax enviado el 23 de noviembre de 2003, pidiendo confirmación sobre la precisión de las declaraciones a él atribuidas en los periódicos portugueses, como se pone de relieve en el presente artículo. Al presente, 2 de diciembre de 2003, no ha habido ningún tipo de declaración de Mons. Guerra en la prensa.

En 1917 un humilde prado conocido como Cova da Iria en Fátima, Portugal, se volvió un campo de batalla en el cual la fe católica perenne combatiría con lo que San  Pío X había descrito apropiadamente siete años antes como “el gran movimiento de apostasía que se está organizando en cada nación para establecer una única Iglesia mundial que no tendrá dogmas, ni jerarquía, ni disciplina para el entendimiento, ni freno para las pasiones”.1

Ochenta y seis años más tarde la batalla literalmente se está librando en el terreno de la Cova. Según Notícias de Fátima, el periódico local de acceso directo a los funcionarios del Santuario de Fátima, se realizó un congreso interreligioso en Fátima, del 10 al 12 de octubre de 2003, bajo el auspicio del rector del santuario, Mons. Luciano Guerra, y asistieron “representantes” hindúes, musulmanes, judíos, ortodoxos, budistas y animistas africanos.  El tema tratado fue “El futuro de Fátima debe pasar por la creación de un santuario donde las diferentes religiones puedan relacionarse. El diálogo interreligioso en Portugal y en la Iglesia Católica está todavía en una fase embriónica, pero el Santuario de Fátima no es indiferente a este hecho y está ya abierto a ser un lugar universal de vocación”. The Portugal News presenta esta declaración temática como una citación directa de Mons. Guerra, otros periódicos también hacen alusión a dicha declaración, incluyendo el periódico católico The Universe en Inglaterra.

Los titulares de Notícias de Fátima afirmaban en relación a la conferencia:

“El Santuario [de Fátima] se abre al pluralismo religioso” y un “Santuario de credos diferentes”.

El texto nota que, “por primera vez” en la historia del Santuario de Fátima, representantes de la Iglesia Anglicana “fueron oficialmente invitados a venir a Fátima”, junto con “ortodoxos, hindúes, budistas y musulmanes”.   Mons. Guerra declaró que el congreso era “un primer paso. Somos como ingenieros, en Portugal, que comienzan por examinar las estructuras de los puentes para ver si podemos confiar en ellos en el futuro”.

Le he pedido (en vano) directamente al Monseñor la confirmación o desmentida de las declaraciones que le atribuye la prensa local, que parecen ser citaciones precisas.  Pero testigos oculares que asistieron a la conferencia, incluyendo John Vennari de Catholic Family News, confirmaron, más allá de toda duda, que el tenor global de la conferencia fue que Fátima debía ser un lugar donde todas las religiones puedan reunirse, como el mismo subtítulo de la conferencia sugiere: “El lugar de los santuarios en relación a lo sagrado”.

Vennari asistió y grabó la principal conferencia teológica del congreso, pronunciada por el neomodernista Padre Jacques Dupuis; el mismo Padre Dupuis que fue suavemente reprendido por el Cardenal Ratzinger por sus escritos heréticos e indiferentistas, de los cuales no se le ordenó que se retractara (más tarde Dupuis se declaró victorioso en sus enfrentamientos con la Congregación para la Doctrina de la Fe). El discurso de Dupuis sostenía que Dios ha querido positivamente la existencia de otras religiones como parte de su plan de salvación, y que ni siquiera deberíamos referirnos a las otras religiones como no cristianos. Notícias de Fátima cita a Dupuis del siguiente modo: “La religión del futuro es la religión del Cristo universal que satisface a todos en lo profundo”. El discurso de Dupuis fue bien recibido por el nuncio papal, el Arzobispo Fitzgerald del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y por el Obispo de Leira — Fátima, D.  Serafim de Sousa Ferreira e Silva. El día siguiente, efectivamente, como John Vennari informa, Fitzgerald declaró en el congreso: “Ayer el Padre Dupuis explicó los fundamentos teológicos para el establecimiento de relaciones con personas de otras religiones”.

Teniendo que enfrentar una ola internacional de ultrajes, el Arzobispo Fitzgerald pronunció posteriormente uno de esas “desmentidas” tan típicas de la revolución post-conciliar: calculadas para ablandar a los más crédulos, mientras se encubre el último experimento de laboratorio de la revolución. Según el periódico católico inglés The Universe, Fitzgerald dijo: “No hay ningún problema en que el santuario de Fátima se vuelva un centro interconfesional de peregrinación... Es un lugar de oración que tiene en el centro a Nuestra Señora y todos son bienvenidos”. Léase cuidadosamente: Fátima tiene en el centro a María, pero todos son bienvenidos. Fitzgerald afirmó en el congreso: “fue meramente ‘parte de una reflexión permanente’ sobre la ‘dimensión interreligiosa’ del santuario en la Iglesia y en el mundo moderno”, pero “no hubieron conclusiones prácticas”.3 Es como si un hombre casado protestase de que flirtear con otra mujer es meramente hacer una “reflexión permanente” respecto del adulterio.

Téngase en cuenta que Fitzgerald curiosamente no desmintió que Mons. Guerra había declarado en varias ocasiones al The Universe que: “El futuro de Fátima debe pasar por la creación de un santuario donde las diferentes religiones puedan relacionarse”. Dos pasos hacia adelante, uno hacia atrás. Fátima no puede ser actualmente una Meca interreligiosa, pero ya se ha establecido, de acuerdo con Fitzgerald, que el Santuario tiene “una dimensión interreligiosa” sobre la cual este congreso sin precedentes fue parte de “una reflexión permanente”. Permanezca en sintonía para recibir las “conclusiones prácticas”. Deben ciertamente pensar que somos muy crédulos. A propósito, “el santuario está por experimentar una reconstrucción total con una nueva basílica al modo de estadio levantada cerca de la actual construida en 1921”.4 La “renovación” conciliar finalmente alcanza a Fátima.

El título sorprendentemente insolente del congreso fue “El presente del hombre - El futuro de Dios”. En la Iglesia de la primavera conciliar, criaturas de Dios organizan abigarradas asambleas interreligiosas para discutir el “futuro” de su Creador. Esto difícilmente debería sorprendernos dado que uno de los temas más confusos del actual pontificado, pronunciado en las encíclicas y en los discursos de las audiencias, es que Cristo por su encarnación “manifiesta plenamente al propio hombre...[a sí mismo]5. Este tema procede de la igualmente confusa declaración conciliar Gaudium et Spes de que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.6 Como dice el Concilio, por su encarnación Cristo se ha “unido, en cierto modo, con todo hombre”. El Concilio nunca explicó cómo es que el misterio de la Encarnación puede clarificar el “misterio” del hombre, o en que sentido el hombre es un “misterio”. La naturaleza del hombre es algo conocido y comprendido, y no se cuenta entre los misterios de la Fe. El Concilio tampoco explicó qué es el supuesto significado de la frase “en cierto modo”. Estas son sólo algunas de las doctrinoides (nociones mal definidas camufladas de doctrina católica) que ha producido este Concilio “pastoral”, una vez liberado de la “rígida” precisión clásica de los esquemas preparatorios que fueron arrojados en el basurero.

Como ha puesto de relieve el Cardenal Ratzinger, en el Vaticano II “por primera vez en un texto magisterial aparece un nuevo tipo de teología totalmente Cristocéntrica, la cual en relación a Cristo se atreve a una teología como antropología...” Solamente desde el Vaticano II ha sido posible la repentina aparición de una teología antropológica contradictoria en la Iglesia, como una inesperada partícula subatómica irrumpiendo a la existencia en alguna cámara de vacío experimental. Pero si la teología se ha vuelto antropología no es un gran salto concluir que el futuro del hombre es “en cierto modo” el “futuro” de Dios. La diseminación de esta confusión hace que se cumpla la profecía de Pío XII (cuando todavía era Mons. Pacelli), que él específicamente relacionó con el mensaje de Fátima:

Estoy preocupado por los mensajes de la Santísima Virgen a Lucía de Fátima. Esta persistencia de María respecto de los peligros que amenazan a la Iglesia es una advertencia divina en contra del suicidio de alterar la fe en su liturgia, en su teología y en su alma... Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, cuando la Iglesia dudará como dudó Pedro. Ella será tentada en creer que el hombre se ha vuelto Dios”.7

Supuesta una “nueva teología” que sostiene (sin explicarlo) que cada hombre está “en cierta medida” unido a Cristo, sería muy razonable para Guerra que todas las religiones pudiesen usar el santuario de Fátima. Por cierto Guerra justificó el sacrilegio advenido, como informó Notícias de Fátima, afirmando que “el mismo hecho de que Fátima es un nombre musulmán, el de la hija de Mahoma, es indicativo de que el santuario debe estar abierto a la coexistencia de varios credos y confesiones”. Sin embargo seguramente Guerra sabe que está disfrazando la verdad. El pueblo de Fátima recibió ese nombre en honor a una princesa musulmana, que subsecuentemente a su captura por las fuerzas cristianas durante la ocupación mora de Portugal, se enamoró del Conde de Ourem, se convirtió al catolicismo y se bautizó antes de contraer matrimonio con el Conde en 1158. Su nombre de pila era Oureana, pero su nombre de nacimiento había sido Fátima, en honor a la hija de Mahoma.  De modo que el hecho de darle este nombre al pueblo de Fátima es un testamento no para el “diálogo interreligioso” sino para el triunfo de la Cristiandad sobre los ocupantes musulmanes de Portugal (un proceso que necesitó de un siglo más para completarse).8

El revisionismo de Guerra me recuerda a una carta del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, reprendiendo al Padre Nicholas Gruner, incondicional de Fátima. (En medio de los peores escándalos clericales de la historia de la Iglesia, el Padre Gruner es el único sacerdote de toda la Iglesia Católica que la Congregación para el Clero bajo Castrillón Hoyos ha condenado públicamente en L’Osservatore Romano). La carta del Cardenal castiga al Padre Gruner por no reconocer que Nuestra Señora de Fátima “ha señalado el programa para una Nueva Evangelización en la que toda la Iglesia se encuentra ella misma ocupada... en los albores del tercer milenio”.9

¿Cómo dijo? Esta es la clase de sinsentidos que el aparato burocrático del Vaticano espera que adoptemos como parte de lo que ha sido correctamente llamado la Stalinización de la Iglesia Católica Romana.10 Donde Fátima es parte implicada, Guerra y el Cardenal son ejemplos típicos de la “Línea del Partido” según la cual las eternas verdades católicas del Mensaje de Fátima son reemplazadas con eslóganes vacíos de la revolución post-conciliar.11 Aquellos que rechazan esos eslóganes y defienden el modo tradicional de entender el Mensaje son denunciados con epítetos de estilo soviético:  “anticuados, de mente estrecha, extremistas fanáticos y provocadores”, así el Camarada Guerra supuestamente describió a los católicos fieles que objetan su visión del santuario de Fátima.

El Mensaje de Fátima, del mismo modo que la constante enseñanza de la Iglesia antes del Vaticano II, carece de eslóganes. Basta leer los elementos claves del Mensaje para entender hasta qué punto la religión católica ha sido eclipsada por los eslóganes de la revolución:

Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.

Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz.

La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor.

Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados.

.Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas.

Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.

La religión predicada por la Virgen, lo que vale a decir el catolicismo tradicional romano, habla del fuego del infierno, de la condenación eterna de los pobres pecadores, de los castigos divinos de los hombres por sus crímenes, de la necesidad de reparación a Dios para que las almas puedan salvarse y para evitar castigos divinos temporales, la salvación de las almas por medio de su conversión y pertenencia a la Iglesia y la reivindicación de los derechos reales de Cristo Rey por medio del triunfo del Inmaculado Corazón de su Reina Madre. No hemos escuchado ninguna de esas cosas en el Vaticano post-conciliar, parecen hipnotizados por la visión Rahneriana de un mundo plagado de “cristianos anónimos” que no necesitan de los siete sacramentos para salvar sus almas, porque  “en cierto modo” ya están unidos a Cristo.

Aun cuando el aparato Vaticano fue finalmente forzado a tratar el Mensaje de Fátima, en el comentario de junio de 2000 sobre el tercer secreto (en gran medida gracias a la presión popular generada por el trabajo del Padre Gruner), el Cardenal Ratzinger sólo usó la ocasión para dedicarse a un revisionismo tan evidente que Los Angeles Times observaba que él había “gentilmente desacreditado el culto de Fátima”.12

En su comentario teológico sobre la visión del “obispo de blanco”, lo cual se nos dijo que es todo lo que contiene el Tercer Secreto de Fátima (ni siquiera la Madre Angélica cree esa afirmación), Ratzinger se atrevió a decir que “el ‘corazón inmaculado’ [sic] es un corazón que, con la gracia de Dios, ha llegado a la perfecta unidad interior y por tanto ‘ve a Dios’”. De este modo Ratzinger hace desaparecer toda distinción entre el único Corazón Inmaculado de María, conservado libre de la mancha del pecado original (de lo cual no dijo nada Ratzinger), y el corazón de cualquiera in potentia.De esta perversión de la verdad, Ratzinger extrapola la conclusión de que “ser ‘devoto’ al Corazón Inmaculado de María significa por lo tanto adoptar esta actitud de corazón...”; eliminando de este modo el mandato celestial de “establecer en el mundo la devoción de mi Corazón Inmaculado” como un culto explícitamente católico y reemplazándolo con una búsqueda genérica de la santidad. Del siguiente modo Ratzinger se deshizo del Triunfo del Corazón Inmaculado:

Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del “secreto”, que con razón se ha hecho famosa: “mi Corazón Inmaculado triunfará”. ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este “sí” Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre.13

De modo que según Ratzinger el Triunfo del Corazón Inmaculado, predicho por Nuestra Señora en 1917 como un evento futuro, ya tuvo lugar hace 2.000 años; extirpando de la profecía las palabras “En el final” realizó un truco exegético. Convenientemente Ratzinger evitó toda discusión sobre la promesa de María de que el triunfo de su Corazón Inmaculado se daría a ver en la futura conversión de Rusia.

La manipulación de Ratzinger de las palabras mismas de la Madre de Dios lo hace merecedor del desprecio de todo católico creyente, pero esto prueba lo que hemos dicho sobre lo que se ha llevado a cabo aquí.  Los defensores del régimen actual de novedades deben preguntarse honestamente a sí mismos: ¿No es obvio que la religión predicada por la Virgen en Fátima no puede coexistir con el programa ecuménico y panreligioso del aparato Vaticano?  Igual que la materia y la antimateria no pueden ocupar el mismo lugar simultáneamente, tampoco lo pueden hacer la religión predicada en Fátima y el nuevo programa de la Iglesia conciliar; uno aniquilaría el otro, dependiendo de cual prevalezca en razón de su profusión. Consiguientemente el nuevo programa, que predomina actualmente, busca aniquilar el catolicismo clásico del Mensaje de Fátima (aunque finalmente no lo lograrán, dada la esencial indefectibilidad de la Iglesia)..

John Vennari informa que cuando un observador le citó al Cardenal Patriarca de Lisboa, José da Cruz Policarpo, un pasaje en el que la hermana Lucía había escrito sobre las obligaciones respecto de Dios que se desprenden del Primer Mandamiento, el Cardenal replicó: “La hermana Lucía ha dejado de ser hoy en día un punto de referencia dado que tenemos uno mejor en el Concilio Vaticano II”.14 Inclusive los prelados de más alto rango ven el Concilio como el inicio de un movimiento que se aparta de la fe perenne, tal como se manifiesta en las verdades de Fátima. A aquellos que dirían que ésta es una de las muchas “malas interpretaciones” respecto del Vaticano II, que han proliferado desde el Concilio, yo les contestaría: Nómbrame otro Concilio en toda la historia de la Iglesia que haya dado origen a la extendida mala interpretación de que su enseñanza ha cambiado lo que deberían creer los católicos.


newfatima




Los peregrinos del Centro de Fátima que, junto con el Padre Gruner, distribuyeron ejemplares de difusión relacionados con Fátima y peticiones para la Consagración de Rusia, en distintos idiomas, fuera del terreno del Santuario de Fátima donde más de 100.000 personas asistieron a las ceremonias del 13 de Octubre. En aquel momento de alerta Cronología de un encubrimiento fue particularmente útil para los portugueses en relación al complot para silenciar a Nuestra Señora de Fátima. Después de leer los artículos en esa edición, verá como los funcionarios del Santuario han salido al abierto con su diabólico plan para destruir no sólo los lugares santos de Fátima, sino la misma fe católica.


Notas a pie de página:

  1. Nuestro mandato apostólico (1910).

  2. Notícias de Fátima, 24 de octubre de 2003, “Santuario a Varios Credos”, págs. 8-9.

  3. Catholic Times online, 18 de noviembre de 2003.

  4. .Ibíd.

  5. Redemptor Hominis, 8.

  6. GS, 22.

  7. Mons.  Georges Roche, Pie XII, Devant L’Histoire (París: Editions Robert Laffont, 1972), págs. 52-53.

  8. Hay muchos relatos históricos de este evento. Ver por ejemplo: “Our Lady And Islam: Heaven’s Peace Plan”, por el P. Ladis J. Cizik.

  9. Carta al Padre Nicholas Gruner, 16 de febrero de 2001.

  10. Kramer, Padre Paul, The Devil’s Final Battle, Missionary Association (Buffalo, NY: 2002), pág. 89.

  11. The Devil’s Final Battle, capítulo 8.

  12. “Catholic Church Unveils Third Secret: The Vatican’s Top Theologian Gently Debunks a Nun’s Account of Her 1917 Vision That Fueled Decades of Speculation”, Los Angeles Times, 27 de junio de 2000.

  13. El mensaje de Fátima, pág. 43.

  14. Documentation Information Catholique Internationale (DICI), 3 de noviembre de 2003.

    Continuará en la próxima edición.