Homepage
Cruzada
Perspectivas
Sobre F√°tima
Noticias
Recursos
Tercer Secreto
Consagración
Oración
Librería
Homepage
Apostolado
Para hacer un donativo
Más información
Nuestra se√Īora de Fatima en l√≠nea
ImageMap for Navigation ¬ŅPor qu√© F√°tima? Mapa del sitio Contactar
La Cruzada de FŠtima

El Cielo advierte de un castigo

por John Vennari

Esto es un extracto editado de la conferencia:
“¿Dios cambia de parecer?”

Fátima es una continuación y reafirmación de la constante llamada celestial a la reparación a lo largo de los últimos cien años.

Voy a hablar sobre algunos de ellos, comenzado con los mensajes a Sor María de San Pedro en relación a la devoción a la Santa Faz. Estos mensajes y escritos gozan de la aprobación total de la Iglesia Católica y de muchos modos parecen ser precursores del Mensaje de Fátima.

"La Tierra está repleta de crímenes”

Sor María de San Pedro fue una monja carmelita en Tours, Francia que vivió de 1816 a 1848. El 24 de noviembre de 1843, Nuestro Señor le comunicó las siguientes palabras:

“La Tierra está repleta de crímenes. La violación de los primeros tres mandamientos de Dios ha molestado a mi Padre. El Santo Nombre de Dios ha sido blasfemado, y el Santo Día del Señor profanado, saturado de cantidad de iniquidades. Estos pecados se han acumulado hasta el Trono de Dios y han provocado su ira, la cual estallará pronto si su justicia no es apaciguada. Jamás han llegado estos crímenes a tal punto”.

Anteriormente, Sor María de San Pedro había recibido una comunicación especial de Nuestro Señor el 24 de agosto de 1843:

“Él me abrió su corazón, y juntando allí las fuerzas de mi alma, se dirigió a mí con estas palabras: ‘Mi nombre es blasfemado en todas partes. Hasta los niños me blasfeman’. Él me hizo entender que este espantoso pecado lastima penosamente su Divino Corazón más que cualquier otro. Por medio de la blasfemia el pecador maldice el Rostro [de Dios], lo ataca abiertamente, anula la redención y pronuncia su propia condenación y juicio. La blasfemia es una flecha envenenada que siempre lastima su Divino Corazón. Él me dijo que desea darme una Flecha de Oro con la cual herir con delicias su Corazón y sanar esas heridas infligidas por la malicia de los pecadores".

Este es el origen de la oración que casi todos conocemos, La Flecha de Oro:

“Que el más santo, más sagrado, más adorable, más incomprensible e inefable Nombre de Dios sea por siempre alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en el Cielo, en la tierra y bajo la tierra, por todas las criaturas de Dios y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén”.

Nuestro Señor dijo que esta oración desencadena un “torrente de gracia para los pecadores”. Vemos que el Cielo facilita nuestra colaboración en la salvación de las almas. Podemos aprender de memoria estas oraciones que el Cielo nos ha dado y repetirlas para consolar a Nuestro Señor y hacerle reparación. De eso de trata: el Cielo nos pide constantemente hacer reparación.

En estos comunicados del Cielo, se le pidió a Sor María de San Pedro hacer una comunión de reparación por la profanación dominical (pecado contra el tercer mandamiento). De nuevo vemos una cierta clase de precedente de los cinco primeros sábados y de la Comunión de Reparación de Fátima.

Sor María de San Pedro escribe:

“... Nuestro Señor me ordenó comulgar los domingos por estas tres intenciones particulares:

“1) En espíritu de expiación por todas las tareas prohibidas que se hacen los domingos, que como día de observancia debe ser santificado;

“2) Para apaciguar la Justicia Divina que estaba a punto de descargarse a causa de la profanación de los días de guardar;

“3) Para implorar la conversión de aquellos pecadores que profanan los domingos, y para lograr la terminación del trabajo dominical prohibido”.

La Salette

Ahora bien, quiero hacer aquí una conexión con otro evento histórico en Francia. Esto demuestra la consistencia y la manera en que estos mensajes del cielo son relacionados entre sí.

El 19 de septiembre de 1846, Nuestra Señora se apareció a los pastorcitos Maxim y Melanie en La Salette.  El mensaje de Nuestra Señora de La Salette era una confirmación de los mensajes que Nuestro Señor había dado a Sor María de San Pedro.

¿Cuál fue la advertencia de la Virgen de La Salette? Advirtió respecto del “desprecio absoluto (del hombre) de los mandamientos de Dios, especialmente, dijo ella, de la profanación del Día del Señor y el crimen de la blasfemia” (es decir, por los pecados en contra del segundo y tercer mandamiento).

Ella dijo: “Si mi pueblo no retorna a Dios por medio de la penitencia, me veré forzada a dejar caer la mano de mi Hijo que presiona ahora con tanto vigor que casi no puedo retenerla más”. Los mensajes del cielo en La Salette y los de Sor María de San Pedro son en muchos aspectos el mismo mensaje.

La Santa Faz

El 11 de octubre de 1845, Nuestro Señor dio una revelación en relación a la importancia de hacer reparación a su Santa Faz. En ese día Nuestro Señor le dijo a Sor María de San Pedro:

“Busco Verónicas para enjugar y venerar mi Divina Faz, la cual tiene pocos adoradores”.

Le dictó entonces una oración de reparación a la Santa Faz:

Padre Eterno, te ofrezco la adorable Faz de tu amado Hijo por el honor y la gloria de tu Nombre, para la conversión de los pecadores, para la salvación de los moribundos”.

Una vez más, vemos que el mensaje de la Santa Faz, y el de La Salette, son una llamada a la reparación y una advertencia de castigo. Es por esta “tradición”, por así decirlo, que el mensaje de Fátima llega a nosotros. Este es el único modo adecuado de entenderlo.

Y ya que estoy hablando sobre las revelaciones de Nuestro Señor a Sor María de San Pedro relacionadas a la Santa Faz, conviene mencionar las Nueve Promesas de Nuestro Señor a aquellos que practican la devoción a la Santa Faz. Nuestro Señor no sólo quiere advertir, sino que nos promete grandes gracias cuando correspondemos. Nos muestra su bondad y generosidad hacia nosotros.

De estas Nueve Promesas – por razones de tiempo - mencionaré solamente cuatro:

  • “En la medida que tú procures hacer reparación a mi Faz desfigurada por las blasfemias, del mismo modo cuidaré de la tuya cuando haya sido desfigurada por el pecado. Imprimiré de nuevo mi imagen en ella y la haré tan hermosa como era al salir de la pila bautismal” (3 de noviembre de 1845).
  • “Por mi Santa Faz realizarás milagros” (27 de octubre de 1845).
  • “Por mi Santa Faz obtendrás la conversión de muchos pecadores. Nada que pidas al hacer esta ofrenda te será denegado. ¡Si supieras cuánto agrada a mi Padre la visión de mi Rostro!” (22 de noviembre de 1846).
  • “Del mismo modo que en los reinos terrenales tú puedes conseguir todo lo que quieres con una moneda acuñada con la efigie del príncipe, así también en el reino del Cielo puedes obtener todo lo que tú deseas con la preciosa moneda de mi santa Humanidad, que es mi Faz adorable” (29 de octubre de 1845).1

Los escritos de Sor María de San Pedro fueron sometidos a Dom Gueranger, el famoso abad de Solesmes, y un grupo de teólogos, para determinar si la Iglesia los podría aprobar. Dom Gueranger no sólo aprobó esas revelaciones, sino que les apoyó con entusiasmo.

Podríamos decir mucho más sobre esto, pero quiero resaltar solamente la constante llamada del Cielo a la reparación y también la constante advertencia de castigo.

El Sagrado Corazón

Ya en el siglo XVII, vemos en las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús una llamada similar. El 16 de junio de 1675, Nuestro Señor dijo lo siguiente a Sor Margarita María de Alacoque cuando le reveló su Sagrado Corazón:

“Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que nada ha perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles su amor; y, en cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por sus irreverencias, sacrilegios y desacatos en este sacramento de amor [el Santísimo Sacramento]. Pero lo que me es todavía más doloroso es que obren así hasta los corazones que de manera especial se han consagrado a Mí”.2

Nuestro Señor está llamando a la reparación, y prometió gracias abundantes a aquellos que quieran practicar la devoción de su Sagrado Corazón.

De ahí pasamos a Lourdes, 1858, donde Nuestra Señora advirtió a la humanidad que tenemos que hacer penitencia.

También a finales del siglo XIX y en el siglo XX, hay revelaciones de Nuestro Señor a Sor Marie Chambon en relación a la devoción a las Santas Llagas. Le dictó esta oración:

“Padre eterno, te ofrezco las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo en reparación por mis pecados y por los pecados de todo el mundo”.

De nuevo vemos aquí la llamada reiterada del Cielo a la reparación.

Sor Elena Aiello

Dando un salto hacia adelante a los años 50, encontramos allí las dramáticas revelaciones celestiales a Sor Elena Aiello. Esta notable monja vivió en Italia de 1895 a 1961; sus revelaciones gozan de la total aprobación de la Iglesia.

Ella era una víctima espiritual, una estigmatizada que sufrió los sangrientos sufrimientos de la Pasión de Nuestro Señor los viernes de Cuaresma desde 1923 hasta su muerte en 1961. De hecho a su muerte, L'Osservatore Romano (el periódico oficial del Vaticano) publicó un hermoso tributo en su honor.

Un eminente estudioso de las escrituras en Roma llamado Mons. Francesco Spadafora escribió un libro sobre ella que contenía nada menos que el más alto tributo a ella y a sus revelaciones.  Esas revelaciones son de las más estremecedoras de los tiempos modernos. Confirman el Mensaje de Fátima, y son una reafirmación de la constante llamada celestial a la reparación y la advertencia del castigo.

Les presento solamente un mensaje, el del 8 de diciembre de 1956:

“Entonces se me apareció la Madona, triste y derramando lágrimas. Ella dijo: “La gente ofende demasiado a Dios…”

Nuestra Señora dijo entonces:

“Este gran manto que ves es la expresión de mi misericordia para cubrir a los pecadores y para salvarlos. Los hombres, en cambio, se cubren de más suciedad aún, y no quieren confesar sus faltas reales. Por tanto, ¡la justicia de Dios pasará sobre el mundo pecador para purificar la humanidad de los muchos pecados cometidos abiertamente, y en oculto, especialmente aquellos que corrompen la juventud!

“Con el fin de salvar las almas, deseo que sea propagada en el mundo la consagración al Inmaculado Corazón de María, intercesora de los hombres devotos de la Misericordia de Dios, y de la Reina del Universo.

“El mundo será atribulado una vez más con una gran calamidad; con revoluciones sangrientas; con grandes terremotos, con hambre, con epidemias, con horribles huracanes y con inundaciones de ríos y mares. Pero si el hombre no retorna a Dios, fuego purificador caerá de los cielos, como tormentas de nieve, sobre todas las personas y una gran parte de la humanidad será destruida.

“Los hombres no hablan más según el verdadero espíritu del Evangelio. La inmoralidad de esta época ha llegado a su culmen. Pero los hombres no escuchan mis advertencias maternales, de modo que pronto debe ser purificado el mundo.

“Rusia invadirá todas las naciones de Europa, particularmente Italia, e izará su bandera sobre la cúpula de San Pedro. Italia será puesta a prueba por una gran revolución, y Roma será purificada con sangre por sus muchos pecados, especialmente los de impureza. El rebaño está por ser dispersado y el Papa debe sufrir mucho.

“El único medio válido para aplacar la Justicia Divina es la oración y penitencia, volviendo a Dios con dolor sincero por las faltas cometidas, y entonces el castigo de la Justicia Divina será mitigado por la misericordia. La humanidad nunca encontrará paz si no retorna a mi Corazón Inmaculado como Madre de Misericordia, e intercesora de los hombres; y al Corazón de mi Hijo Jesús”.3

Vemos que Dios no cambia de parecer en relación a la gravedad del pecado, de la necesidad de reparación, y del castigo por el pecado si no se hace reparación.

Fátima debe ser obedecida

Ahora todo es mucho peor que en 1956 (cuando la revelación citada anteriormente le fue dada a Sor Elena), especialmente si consideramos el aborto, el experimento fetal con niños abortados, el uso generalizado de anticonceptivos, las compuertas de la inmoralidad abiertas a través de la televisión, películas, Internet; corrupción sin precedentes de los jóvenes por medio de la música, de la industria cinematográfica, el Internet y MTV; un tsunami de pecados contra el primer mandamiento que ni siquiera se reconocen como tal.

La necesidad de reparación es más grande que nunca. Y por ello me desconcierta que durante años nunca hemos oído que nuestros clérigos católicos nos hablen de ella.

Nunca nos hablan de la urgente necesidad de reparación; nunca oímos una reiteración de las advertencias de castigo; y lo que es peor, ¡virtualmente no se hace mención del pecado mortal y de la gracia santificante por parte de nuestros clérigos!

Pero sí se habla mucho del “diálogo”, una “nueva primavera”, un “nuevo Pentecostés”, una “civilización del amor”, y otros eslóganes modernos. Parece todo de sueños y bien optimista, pero no es el lenguaje del Cielo dirigido a nosotros en los últimos siglos.

No, como vemos en el ejemplo resumido del mensaje del Cielo, el lenguaje del Cielo es una llamada a la reparación, una advertencia de castigos severos y una recompensa de gracia y paz para nosotros si correspondemos a los pedidos del Cielo.

Dios no cambia de parecer sobre la gravedad del pecado y la amenaza de castigo si no se hace reparación. La necesidad de obedecer a Nuestra Señora de Fátima es más grande que nunca.

Fuentes

  1. Ver “Heaven’s Request for Reparation to the Sacred Heart of Jesus” [“El Cielo pide la reparación al Sagrado Corazón de Jesús”], (serie en 3 partes), Catholic Family News, junio, julio y agosto de 2001.
  2. Entonces le ordenó que se estableciera en la Iglesia una fiesta particular en honor de su Sagrado Corazón. “Por eso, te pido que se dedique el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento como una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día, y reparando su honor con un acto de desagravio. Te prometo además que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que den este honor y los que procuren le sea tributado”. Nuestro Señor también advirtió de un castigo si el Rey de Francia no consagraba Francia al Sagrado Corazón como Nuestro Señor le había pedido. Ese castigo llegó en forma de la Revolución Francesa que tuvo lugar exactamente 100 años después de las revelaciones de Nuestro Señor a Santa Margarita María en 1689.
  3. Un relato completo con todas las referencias aparece en “The Miraculous Life and Prophecies of Sister Elena Aiello” [“La vida milagrosa y las profecías de Sor Elena Aiello”], John Vennari, Catholic Family News, febrero de 2005.




amigable a su impresora
Pagina inicial

imagemap for navigation P√°gina inicial Mapa del sitio Contactar Buscar