La persecución: lo que Rusia le enseñó al mundo

por el Dr. David Allen White

Esto es un extracto editado de la conferencia del
Dr. White:
“Los errores de Rusia vaticinados en la literatura rusa” (Solzhenitsyn)

Ahora un par de puntos respecto de estos errores que se diseminan [desde Rusia]. Voy a leer un par de extractos de Archipiélago Gulag porque bosquejan muy claramente los errores que Rusia disemina: ateísmo, materialismo, falsas utopías, como también este otro que les voy a contar. Dice Solzhenitsyn:

“He aquí una ilustración verídica de aquellos días. Un congreso regional del Partido estaba en vías de realizarse en la provincia de Moscú. Era presidido por un nuevo secretario del Comité Partidario del Distrito, que reemplazaba a uno recientemente detenido. En el cierre del congreso, se exigió un tributo al Camarada Stalin. Por supuesto, todos se pusieron de pie (del mismo modo que todos saltaban para ponerse de pie en cada mención de su nombre durante la conferencia). La pequeña sala resonó en un ‘tempestuoso aplauso, creciendo hasta una ovación’.

“El ‘tempestuoso aplauso, creciendo hasta una ovación’ continuó por tres, cuatro y cinco minutos. Pero las palmas se estaban lastimando y ya dolían los brazos en alto. Los ancianos jadeaban por el agotamiento. Se estaba volviendo insufriblemente tonto inclusive para aquellos que realmente adoraban a Stalin. 

“Sin embargo, ¿quién se atrevería a ser el primero en detenerse? El Secretario del Comité Partidario del Distrito podría haberlo hecho. Él estaba de pié sobre la plataforma y fue él quien había pedido la ovación. Pero era un recién llegado. Había tomado el lugar de un hombre que había sido arrestado. ¡Estaba con miedo! Después de todo un hombre de la NKVD [la forma previa de la KGB] estaba de pié en el salón aplaudiendo y mirando para ver quien paraba primero.

“Y en aquel oscuro y pequeño salón, desconocido para el líder, ¡continuaron los aplausos seis, siete, ocho minutos! ¡Estaban rendidos! ¡Estaban fritos! No podían parar en ese momento hasta que no colapsaran de ataques al corazón. En la parte posterior del salón, que estaba abarrotado, por supuesto podían hacer un poco de trampa, aplaudir menos frecuentemente, menos vigorosamente, no tan intensamente. ¿Pero, allí arriba con el Comité, donde todos lo podrían ver?

“El director de una fábrica de papel local, un hombre independiente y de carácter fuerte, estaba de pie con el Comité. ¡Conciente de toda la falsedad y de la imposibilidad de la situación, aún así continuaba aplaudiendo! ¡Nueve minutos! ¡Diez! Con angustia miraba al Secretario del Comité Partidario del Distrito, pero este último no se atrevía a parar. ¡Locura! ¡Hasta el último hombre! ¡Fingiendo entusiasmo en sus rostros, mirándose mutuamente con una débil esperanza, los líderes del distrito simplemente iban a continuar aplaudiendo hasta caer en el lugar donde estaban, hasta que fuesen sacados del salón en camillas! Incluso entonces, los que permanecían de pie no vacilarían...

“Pero después de once minutos, el director de la fábrica de papel, con rostro de comerciante, se sentó en su silla. ¡Qué milagro! ¿Dónde se había ido ese entusiasmo universal, desinhibido e indescriptible? Sin excepción todos los demás pararon a secas y se sentaron. ¡Se salvaron! La ardilla había sido lo suficientemente inteligente para salirse de su rueda giratoria.

“Sin embargo era de este modo que descubrían quiénes eran las personas independientes. Y era de este modo que los eliminaban. Esa misma noche el director de la fábrica fue detenido. Ellos con soltura le endosaron diez años bajo un pretexto bastante distinto. Pero después de que firmó el formulario 206, el documento final de la interrogación, su interrogador le recordó:

‘¡Nunca sea el primero en parar de aplaudir!’”1

¿Cuál es el error aquí? Una clase diferente de colectivismo. Es la noción de que ciertamente somos ovejas de un rebaño y seguiremos a cualquiera que nos atemorice. Nosotros no seguiremos a aquellos que son fuertes, independientes, veraces, aquellos que tienen un sentido genuino de lo absurdo de vivir bajo una mentira. Nosotros simplemente seguiremos con resignación.

Hay otros modos de crear instituciones colectivas que creando granjas colectivas. Tal vez el colectivismo más aterrador que Rusia ha difundido por el mundo es el pensamiento y acción colectivos, en el cual todos pensamos lo mismo, hacemos lo mismo y tenemos miedo de hacer lo que sea.

Ahora les voy a leer, de nuevo de Archipiélago Gulag, una serie de hechos por los que la gente era encarcelada.  Una razón por la que estoy obrando de este modo es simplemente para dejar bien claro que necesitamos estar preparados para una seria persecución.

¿Qué es lo que Rusia ha enseñado al mundo? Cómo perseguir. Cito Solzhenitsyn de nuevo:

“Un sastre dejando de lado su aguja la clavó en un periódico en la pared para que no se pierda y sucedió que la clavó en el ojo de un retrato de Kagonavich, [un oficial soviético]. Un cliente vio esto. Artículo 58, diez años (terrorismo).

“Una vendedora, al aceptar la mercadería de un distribuidor, lo anotó en una hoja de periódico. No había otro papel. Resulta que el número de pastillas de jabón cayó sobre la frente del Camarada Stalin. Artículo 58, diez años...

“El gerente del club popular fue con su vigía a comprar un busto del Camarada Stalin. Lo compraron. El busto era grande y pesado. Lo hubieran cargado los dos juntos en un bote, pero el estatus del gerente no se lo permitía. ‘Tranquilo, lo podrás llevar si lo cargas lentamente’. Y el gerente se marchó. El viejo guardián tardó mucho en pensar cómo hacerlo. Si trataba de llevarlo de costado no podía abrazarlo por completo. Si trataba de cargarlo a su frente, la espalda le dolía y comenzaba a perder el equilibrio hacia atrás. Finalmente resolvió cómo hacerlo. Se sacó el cinto, hizo un nudo y lo puso al cuello del Camarada Stalin, y colgado así de su cuello lo cargó sobre sus hombros por el pueblo. Bien, no había nada que decir al respecto. Fue un caso evidente. Artículo 58, diez años, terrorismo.

“Un carpintero sordomudo condenado por agitación contrarrevolucionaria. ¿Cómo? Ponía los pisos en un club. Se había quitado todo de un gran salón y no había ni clavo ni gancho por ningún lado.  Mientras trabajaba colgó su chaqueta y su gorra de servicio en un busto de Lenin. Llegó alguien y vio esto. 58, diez años”.2

Esto continúa por varias páginas y es absolutamente horroroso. Pero usted llega a entender cómo varias decenas de millones de personas fueron enviados a los campos. También se entiende por qué las personas comienzan a denunciar a sus vecinos. Si yo te denuncio eso significa que yo soy un buen muchacho. De modo que tengo que denunciarte antes de que tú me denuncies.  No hay que amar a tu vecino como a ti mismo, sino que hay que denunciar a tu vecino y hacer que sea detenido antes de que tu vecino pueda denunciarte a ti.

Ahora bien esta aberración la podemos considerar como algo demente, pero les voy a decir que aquí cualquiera de ustedes que haya volado ha experimentado este error de Rusia difundiéndose en Occidente. He visto en mis viajes apartar mujeres ancianas, de ochenta años, para ser registradas en los aeropuertos. He visto un oficial sacarle los zapatos de un bebé de seis meses para inspeccionarlo en búsqueda de bombas. Y en mi viaje hasta aquí, me hicieron bajar los pantalones porque una muchacha de veintidós años insistió que yo había activado el detector de metal y ellos no podían encontrar nada metálico en mi persona. Esto es una aberración. La razón por la cual se está haciendo esto es para volvernos un rebaño de modo que no nos quejemos, y nos acostumbremos a cualquier cosa que quieran hacer con nosotros. Y nosotros lo estamos haciendo. Esto es un error. Viene de Rusia. Es sólo el comienzo.

Notas:
  1. Solzhenitsyn, Alexander. The Gulag Archipelago [Archipiélago Gulag], (Nueva York: Harper and Row, 1973), págs. 69-70.

  2. Solzhenitsyn, Alexander, The Gulag Archipelago, II (Nueva York: Harper and Row, 1974), págs. 293-294.