¿Por qué esta es
la última oportunidad para
lograr la paz mundial?

por el Padre Nicholas Gruner, S.T.L., S.T.D. (Cand.)

Algunos me han preguntado: “¿Por qué esta es la última oportunidad para lograr la paz mundial?”

En su conferencia de hace dos días, el Padre Paul Kramer habló sobre profecías que en realidad no sabemos cuando se cumplirán, según él mismo lo admite. Sin embargo, al relacionar las profecías de los Santos con acontecimientos mundiales de actualidad, el Padre Kramer especula que podríamos estar encaminándonos hacia la Tercera Guerra Mundial ya en 2008.

La situación que prevé es que antes de morir el Papa actual, Benedicto XVI, se daría cuenta que la Consagración no se había hecho, y según las profecías, podría ser él quien revele el Tercer Secreto en su integridad.

Fray Michel, autor de la trilogía sobre Fátima, Toda la Verdad sobre Fátima, señaló que antes de que el Papa pudiera consagrar a Rusia, el Vaticano tendría que reparar los daños provocados por el ocultamiento de la totalidad del Tercer Secreto en 1960. Llegó a esa conclusión en 1985. Tampoco bastó la publicación parcial por parte del Vaticano en el año 2000. No, el Vaticano tiene que publicar el texto que contiene las propias palabras de la Virgen sobre  el Tercer Secreto. No sólo parcialmente, sino completo.

En cuanto el mundo en general conozca el Tercer Secreto en su totalidad, el Papa querrá realizar la Consagración de Rusia, pero tal vez no tendrá tiempo. Posiblemente tendrá que esconderse, según profetizó San Pío X.

Es de temer que sufrirá y será ejecutado como un reo común, como fue el caso del Rey de Francia según advirtió Jesús en Rianjo cuando dijo: “Hazle saber a Mis ministros que, dado que siguen el ejemplo del Rey de Francia en retrasar el cumplimiento de mi pedido, le seguirán al infortunio. Nunca será demasiado tarde para acudir a Jesús y a María”.

Con razón podemos temer por la seguridad del Papa y de los obispos. En la visión publicada por el Vaticano el 26 de junio de 2000, el Papa y también muchos obispos, sacerdotes y religiosos reciben mortales disparos de flechas y armas de fuego.

Entonces cuando decimos que esta es “La última oportunidad para lograr la paz mundial”, aunque no tengo el don de profecía, creo que en base a todas las profecías de los Santos, las Escrituras y los acontecimientos actuales en el mundo, esta visión está terriblemente cercana para el Papa, los obispos, el clero, los religiosos y toda la humanidad.

Es verdad que al final, la Santísima Virgen triunfará. Ella misma dice: “Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará; al final, el Santo Padre convertirá Rusia, al final Rusia se convertirá; al final, será dado un tiempo de paz al mundo”.

Así que sabemos que está cerca la victoria. Por eso trabajamos muchas horas. El personal y yo nos dedicamos casi más allá del límite de nuestras fuerzas. Tenemos que hacer todo lo posible mientras nos quede tiempo.

Nos queda muy, muy poco tiempo. Las señales están allí, no sólo en las voces proféticas, sino también en el mundo secular, militar, diplomático y legislativo.

Sin embargo y a pesar de todo, el Mensaje de Fátima es un Mensaje de esperanza, no de desesperación. Entonces la pregunta de fondo es...

¿Qué podemos hacer nosotros?

Cada uno de nosotros puede hacer algo. Hay demasiados que piensan que no pueden hacer nada, y por tanto terminan por no hacer nada. Es la peor actitud posible. Todos podemos hacer algo. Depende de nosotros y de nadie más.

Hay personas que rechazan el mensaje de Fátima, diciendo: “Yo no lo voy a obedecer, no lo creo, no lo comprendo y no quiero”. Pero estoy seguro de que la mayor parte de los presentes en este salón reconocemos que el mensaje de Fátima fue dado por la Santísima Virgen y cuenta con el apoyo de Dios y la aprobación de todos los Papas desde 1922.

El mensaje de Fátima ofrece la solución a los problemas del mundo, sea en Palestina, en Líbano, en la carrera armamentista en África, Afganistán, Irak, Irán, Pakistán, la India u otras partes del mundo, y por supuesto en el caso más reciente de Corea del Norte.

La respuesta no es tener más fuerza, más armamentos para matar a otras personas antes de que ellas nos maten. No, esa no es la respuesta.

La respuesta más bien consiste en buscar y trabajar por la conversión de los corazones al reinado y la paz de Cristo, en primer lugar en nuestros corazones y luego en nuestros hogares, nuestras ciudades, nuestros países y entre las naciones y los pueblos.

La única manera lograr la conversión es por la Gracia de Dios. La única manera de que se conviertan  todas las naciones es por el mensaje de Fátima. Es un plan muy sencillo y muy profundo a la vez. Y tras haber reflexionado sobre el mensaje de Fátima, tenemos la certeza de que será lo único que funcionará.

Es importante comprender que no estamos aquí para promover al Centro de Fátima o al Padre Gruner ni a esta revista o aquel libro, sino al mensaje de Nuestra Señora de Fátima.

El mensaje de Fátima debe ser el centro de nuestras vidas

Cada uno de nosotros puede hacer mucho. Y podríamos hacer mucho más si centráramos nuestras vidas en Fátima. Dios y la Virgen pueden poner a nuestro alcance los medios para que logremos la Consagración y la conversión de Rusia y la paz mundial.

El diablo se las ingenia para confundir la gente y poner obstáculos en su mente: “¿Quién soy yo? ¿Y qué puedo hacer por mí mismo?” “No puedo nada”, como dijo la Superiora de Pontevedra.

Cada uno de nosotros podríamos decir lo mismo: “¡No podemos nada!”

Por la gracia de Dios... podemos hacer algo

Con la ayuda de Jesús todo lo podemos (como dijo Nuestro Señor a Sor Lucía respecto a su Superiora).

Nos toca hacer nuestra parte. Digamos a la Virgen, por lo menos en nuestros corazones, y ojalá también públicamente aquí hoy: “De ahora en adelante no te voy a entristecer más por no hacer nada, por no tomar en cuenta el mensaje que nos diste con tanto amor y en beneficio de nuestro propio bienestar”.

Nuestra Madre Santísima no pretende nada para ella misma, aunque su Hijo quiere que la honremos y que la obedezcamos: por el honor de Dios, la salvación de las almas y la paz del mundo.

Nos corresponde hacer esta promesa personal a la Virgen:

“De verdad soy inútil, tú lo sabes. No puedo hacer mucho. No tengo mucha influencia, pero cumpliré la parte que me des. Por lo menos aceptaré las dificultades, los problemas que haya en la transmisión del mensaje y la vivencia personal del mensaje”.

Es todo lo que Ella nos pide, sólo nos pide que le entreguemos nuestros corazones, que le demos nuestra inteligencia para tratar de captar qué es lo que Ella quiere, y después hacer lo mejor posible.

Ella sabe que no lo haremos muy bien pero tenemos que continuar con persistencia y perseverancia para hacer que su mensaje sea conocido y apreciado.

He oído cientos, tal vez millares de rechazos a su urgente mensaje. Pero en seguida se aprecia que las objeciones son infundadas y al momento desaparecen en la nada. Como se derrite la cera ante el fuego, así desaparecerá la oposición del diablo ante el rostro divino.

Todo lo que la Virgen pide es que digamos:

“Creo en Ti,

Tú nos diste el Mensaje,

Tú obraste el Milagro del Sol,

Tú conseguiste la conversión de decenas de miles de personas,

Tú curaste a millares de personas,

Tú nos diste una señal para decirnos que este mensaje proviene de Dios, que este mensaje es auténtico.

Esto lo creo y haré mi parte; que sea poco, que sea mucho, eso depende de Ti.

Haré lo que Tú esperas de mí.

Yo, sacerdote o yo, obispo, haré mi parte. Hablaré con mis hermanos sacerdotes.

Hablaré con mis hermanos obispos y se lo explicaré a ellos.

Si encuentro preguntas u objeciones que no soy capaz de responder, me pondré en contacto con el Centro de Fátima para conocer las respuestas que surgen de sus investigaciones.

Haré lo que haga falta para entregar a todos tu Mensaje.

Si me resulta imposible superar ciertas dificultades, por lo menos sabré que he hecho todo lo que he podido.

Si no intento hacer todo lo que pueda, nunca sabré la medida de mis posibilidades.

Lo haré todo. Este es mi compromiso personal contigo, Santa Madre de Dios”.

La Virgen espera que nos consagremos a Ella

Eso es lo que realmente nos pide la Virgen a cada uno de nosotros, sobre todo a los sacerdotes y obispos. Es decir, quiere que se consagren y se dediquen a su Corazón amoroso, dulce e Inmaculado. Eso es lo que la Santísima Virgen quiere: sus corazones.

Necesitamos que se comprometan, que prometan — a mí no, sino a la Santísima Virgen – que harán todo lo que puedan.

Uno solo de nosotros no es capaz de hacerlo, pero por lo menos podemos decirlo a otros, quienes lo contarán a otros más. Este movimiento es realmente un movimiento de gracia que se origina en el corazón de la Santísima Virgen. Ella quiere valerse de nosotros; podría hacerlo todo por sí misma, pero Dios quiere valerse de otros seres humanos, otras personas que hagan su parte.

Entonces no piensen que ustedes son demasiado pequeños e insignificantes, relegados en alguna parte o rincón de la tierra. ¿Qué importa que sean de Madagascar o África del Sur o la India o Canadá o Estados Unidos u otra parte? En esencia, todos somos de muy poca monta en el gran esquema mundial, pero hablando todos juntos podemos cambiar las cosas, crear un gran movimiento para prestar atención al mensaje de Fátima y convertirlo en un asunto prioritario para la Iglesia y el mundo.

Conocer, amar, transmitir

En última instancia, la transmisión del Mensaje a los demás depende de nosotros que lo hemos escuchado. Los que han escuchado el Mensaje tienen la responsabilidad de tomarlo muy en serio y  conocerlo más a fondo.

En 1965 escuché por primera vez las palabras de Nuestra Señora:

“Si se presta atención a mis pedidos, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, difundirá sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas”.

Entonces me dije para mis adentros: bueno, tengo que saber qué son estos pedidos, qué es lo que Nuestra Señora solicita. Evidentemente es de suma importancia.

O tenemos la aniquilación de naciones o la paz mundial. El mensaje nos advierte de una persecución de la Iglesia y una persecución del Santo Padre. ¿Qué podemos hacer? Pues bien, mi primer paso era llegar a entender qué es lo que pedía la Virgen.

Conforme aprendía más sobre el mensaje de Fátima, me enteraba también de las objeciones que despertaba. Oía que las personas decían: “Bueno, en realidad no importa”. Me acuerdo que en Montreal, donde yo nací, quería publicar en los autobuses la declaración de Nuestra Señora que acabo de citar. Era maestro en uno de los colegios secundarios allí y le conté mi idea a la agencia publicitaria que alquilaba los espacios en los autobuses. Enseguida vino un judío a visitarme al colegio y me dijo: “Realmente no te interesa publicar eso allí. Puedes poner el Decálogo de Moisés y decir que eso es lo que Dios quiere. Eso sería bueno”.

Era un poco ingenuo en aquel entonces y acepté su objeción, sin hacer nada. Es una de mis promesas a la Virgen que todavía me falta cumplir: publicar las palabras dichas en Fátima en los autobuses de Montreal.

Fátima es la solución y el mensaje de Fátima incluye los Diez Mandamientos, pero va mucho más allá de los Diez Mandamientos. Su mensaje es que Dios quiere que se establezca la devoción al Inmaculado Corazón de María en todo el mundo.

Dios tiene un plan

Dios tiene un plan específico. No tiene un plan B, un plan alternativo. Sólo tiene un plan A, un único plan. No cambiará de parecer. Dios tiene un plan. Si seguimos ese plan, tendremos paz en el mundo. Si no cumplimos ese plan, ninguna otra cosa funcionará. Ahora bien, si fuera yo quien elaboró el plan, incluso teniendo mucha experiencia, uno podría pensar que puede existir un plan mejor. Sin embargo, seríamos necios si pensáramos que podemos perfeccionar el plan de Dios.

Cuanto antes entendamos esto, reconozcamos esto, trabajemos para esto, antes tendremos paz, tendremos la salvación de millones de almas.

Retrasamos el plan de Dios cuando intentamos hacer todo a nuestra manera. Sin duda que puede haber planes muy inteligentes y bien razonados, pero no bastan. El diablo es mucho más inteligente que nosotros. Dios ha reservado la derrota del diablo para la Santísima Virgen.

Dios quiere una relación personal con usted

Nuestra Señora nos ha revelado con toda sencillez el plan de Dios, que  es un Dios muy personal. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, y sin embargo desea una relación personal con usted, usted con Él.

Él quiere también que tenga una relación personal con usted mismo y con la Santísima Virgen, su Madre y nuestra madre.

Si lo estudia, verá que todo el Mensaje es un llamado muy personal. No es un mensaje para la humanidad entera, para el mundo entero; es para usted personalmente. Y Dios quiere que responda personalmente, no al Padre Gruner, no a otra persona, ni siquiera al Papa, sino en última instancia a la Santísima Virgen y a Él mismo, Jesucristo, y por supuesto al Padre y al Espíritu Santo.

Él quiere que usted se comprometa en esta relación personal. También quiere que usted reconozca que Él ha declarado algo, que ha declarado algo específico, y que usted ha escuchado su declaración.

Él quiere que usted reconozca y concuerde con lo que Él ha dicho, que sepa que su plan es correcto y que haga todo lo posible para llevar a cabo su plan.

Este simple compromiso le brindará una inmensa oportunidad en su vida personal, su vida parroquial, su diócesis, su país y en el mundo entero. Esta oportunidad, esta introducción a toda una nueva gama de posibilidades, será un regalo de Nuestra Señora para usted. Podría presentarse, tal vez, de modo muy diverso de lo que se imagina o espera. De modo muy diverso, tal vez, de lo que podrían imaginar los demás. Pero si promete, se compromete y persevera en la promoción del mensaje íntegro de Nuestra Señora de Fátima, si hace lo que sea necesario para ser siempre fiel a Ella, entonces será reconocido delante de Dios y de los hombres como una persona que ha ayudado con la salvación de muchas almas, tal vez hasta MILES DE MILLONES de almas. Su legado para la posteridad será la paz mundial.

El número de almas que se
salven depende de la
colaboración con la gracia

Pío XII dijo en una encíclica que el número de almas que se salvan depende de la cooperación con la gracia por parte de los católicos. Es un gran misterio, pero no obstante es así. Muchas almas se salvarán si los católicos obedecen los impulsos de la gracia que vienen directamente a ellos de Nuestro Señor, si responden los obispos de modo particular, y si responden los sacerdotes. Si todos los católicos obedecieran estos impulsos de la gracia, el mundo entero sería salvado.

Sin embargo, si no obedecemos, esas almas se perderán. Ahora bien, si se pierden es a causa de sus propios pecados, pero si somos fieles a la gracia, entonces las almas confiadas a nosotros serán salvadas porque Dios les otorgará la gracia de la conversión por medio de nuestras oraciones y sacrificios.

Si no respondemos a esa gracia, entonces las almas confiadas a nosotros se perderán. Encontramos un ejemplo en la vida de Santa Teresita de Lisieux. Había un criminal empedernido en su odio a Dios y a los hombres y no quería que un sacerdote lo confesara, si bien le habían declarado culpable de homicidio y lo iban a ejecutar.

Santa Teresa, en aquel momento una niña de catorce años, rezó y se sacrificó por su conversión. Dios atendió sus oraciones y sacrificios, y en el momento previo a su ejecución el criminal pidió un sacerdote y el crucifijo, en signo de arrepentimiento.

Entonces, como declaró el mismo Concilio de Trento, se pueden perdonar todos los pecados con excepción de la falta de penitencia final, que sobre todo es un pecado en contra del Espíritu Santo.

Recemos pues y sacrifiquémonos por la conversión de los pecadores, como hizo Jacinta de Fátima.

Tal vez ha oído hablar de la gran santidad de Jacinta. Uno de los testimonios más impactantes de la santidad de Jacinta lo tenemos de su médico, el doctor Lisboa. Él la operó, extrayéndole dos costillas. No pudo administrarle una anestesia general, y por tanto no pudo adormecerla durante la cirugía. Intentó ponerle una anestesia local pero por alguna razón ésta tampoco funcionó y Jacinta sentía todo el dolor mientras extraía las costillas. Nunca se quejó. El doctor Lisboa dijo que la oyó hablar, no a él sino a Jesús, y que Jacinta decía:

“Jesús, ahora puedes salvar muchas almas porque estoy sufriendo muchísimo”.

(Si desea conocer más acerca de la santidad de Jacinta y Francisco, consulte la página 22 de este número del Crusader.)

Jacinta aceptó este sufrimiento para la conversión de los pecadores, como la Virgen le pidió. Así también nosotros, de cualquier profesión o condición social, ya seamos niños o adultos, sacerdotes u obispos, todos tenemos la oportunidad, la posibilidad de hacer lo posible para llevar a cabo la revolución (por así decirlo) de la gracia para que se conviertan los pecadores, y al final, el mundo entero.

En algún momento, aquel esfuerzo de la gracia, aquel esfuerzo de sacrificios y oraciones, llevará al cumplimiento del pedido de Nuestra Señora de Fátima para que el Papa y los obispos católicos del mundo consagren Rusia a su Inmaculado Corazón. Sólo entonces, después de ese acto, ese acto público y solemne del Papa y los obispos, podrá Nuestra Señora mostrar su poder y realizar la conversión de Rusia, por mandato divino.

Dios limitó, y en cierto sentido evitó, que la Virgen actuara hasta la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón.

Tres etapas en la conversión del mundo

La conversión del mundo sucederá en tres etapas:

(1) El Santo Padre consagrará Rusia al Inmaculado Corazón de María.

(2) Cuando el Papa realice la consagración, Nuestra Señora mostrará su poder y convertirá Rusia.

(3) El mundo se convertirá a la práctica ferviente de la Fe católica.

Esta tercera etapa es la máxima de todas. Lo que nos pasa a veces es que nos centramos tanto en los acontecimientos actuales y pasados que no tomamos el tiempo necesario para reflexionar y contemplar las posibilidades más grandes y la realidad más amplia. Es como intentar ver el cuadro completo, pero con la nariz tocando el cuadro mismo. No se capta la perspectiva. Al reflexionar sobre el Mensaje de la Virgen, captará el panorama completo.

La panorámica que la Virgen nos presenta es la conversión y la paz en todo el mundo, en el cual se cambia la espada por el arado y ya no se aprende más el arte de la guerra.

No es sólo mi punto de vista, la Sagrada Escritura lo dice también. Es lo que la Virgen nos ofrece. Ahora bien, los pragmáticos (y digamos que también los irreflexivos) nos dirán que es imposible alcanzar este cuadro del futuro de la humanidad. Sin la fe, sin la Virgen, sin nuestra colaboración, por supuesto que es imposible. Pero de hecho, no sólo es posible, es seguro que sucederá cuando nos mostremos obedientes.

Una vez un obispo se mostró muy interesado en lo que yo decía, pero me dijo: “Padre, ¿se da cuenta que los obispos católicos del mundo de hoy no aceptarán su mensaje?” Contesté: “Excelencia, lo sé, pero creo en el mensaje de la Virgen, y Ella nos dijo, ‘Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre (en comunión con todos los obispos católicos del mundo) me consagrará Rusia, será convertida y se dará un período de paz al mundo’”.

No podemos seguir pensando: bueno, eso es lo que dicen mis hermanos, mis colegas y todos los demás, por tanto no puedo pensar de otra forma. No. Dios nos pide ser responsables de nosotros mismos y pensar de modo independiente, escuchándola a Ella aunque no nos parezca posible.

Todo es posible en Dios y la Santísima Virgen

Estoy de acuerdo en que sin la intervención de Dios y de la Santísima Virgen, lo que se propone es imposible. Pero con la intervención de Dios y de la Santísima Virgen, todo es posible; contamos con la promesa que Ella nos hizo.

Tenemos que aceptar la visión que Ella nos presentó y decir:

“Haré mi parte. Yo por mí mismo no puedo nada, pero haré mi parte y confiaré en que Ella llamará a otros para hacer su parte en mi entorno, en la ciudad vecina, el país vecino o alrededor del mundo. Haré lo que espera de mí y Ella se encargará de lo demás”.

Cada uno de nosotros tenemos que responsabilizarnos, tomar sus palabras a pecho y decir:

“Santa Madre, sé que estás triste porque los buenos no prestan atención, pero yo mismo, en la medida de mis posibilidades, aunque soy imperfecto y con muchas debilidades, no volveré a entristecerte por no hacer caso a tus pedidos, por no tomarlos en serio, por no reflexionar sobre ellos, por no explicarlos”.

“Incluso si tengo que sufrir porque la gente no comprende, si por ello no me promueven o reconocen según mis méritos, haré mi parte y te encomendaré el resto”.

La victoria que Ella prometió será fruto de todos, no sólo de todos los que estamos aquí, sino de todos con los que usted habla, y de todos los que a su vez hablan con ellos.

La Santísima Virgen podría hacerlo por su cuenta, pero es obvio que durante los últimos 77 años no lo ha hecho. Ella espera que nosotros cumplamos con nuestra responsabilidad, que hagamos nuestra parte. Al final, si hemos hecho todo lo posible, vendrán otros, quizá ni siquiera durante nuestras vidas, que comprenderán y harán lo necesario, pues Ella ha dicho: “Al final mi Inmaculado Corazón triunfará”.

Triunfemos o no en nuestra vida, por lo menos en el cielo nos reconocerán y premiarán porque hicimos lo que pudimos. Como dice Calderón: estamos en “el gran teatro del mundo”. Por supuesto, nuestro escenario es el mundo. Para representar nuestros papeles de cara a Dios, tenemos que desempeñar el papel que Dios espera de nosotros. Día a día, minuto a minuto, Dios espera que nosotros representemos bien nuestro papel.

Es su responsabilidad personal

A usted le toca, no a la persona sentado de este lado o del otro. A usted le toca. Tiene que decir:

“Haré todo lo que esté de mi parte, incluso si mi amigo, incluso si el obispo, incluso si el cardenal, incluso si la señora que limpia mi casa  no está de acuerdo conmigo. Haré lo que quiere la Santísima Virgen”.

Es una solicitud hecha a usted personalmente por el Inmaculado Corazón de María. Es una solicitud personal del Sagrado Corazón de Jesús, para que usted haga su parte. Se trate simplemente de ofrecer sacrificios en silencio porque Dios sólo quiere eso de usted, o de hablar en la radio o la televisión o publicar artículos, o de platicar con un amigo que es periodista, o de hablar con un amigo que es cardenal, obispo o el Papa, a usted le toca decir decididamente:

“Haré mi parte. Tú, oh Santísima Virgen, me has puesto aquí y desde este puesto llevaré adelante Tu causa, Tu victoria”.

Es la elección que cada uno de nosotros debe hacer hoy. Y eso es lo que por sobre todo le pido decir que diga en su corazón.

“Santa Madre, en la medida de mis posibilidades no te voy a entristecer por no prestar atención a tu Mensaje. Haré mi parte y la haré no sólo hoy, no sólo mañana, sino por el resto de la vida; haré que tu Mensaje sea conocido, valorado y obedecido. Primero en mi propia vida, pero también, hasta el punto que me sea posible, en los que están a mi alrededor, no importa quienes sean”.

El Movimiento de Sacerdotes por Fátima

Sin duda, algunos de nosotros podemos tener la posibilidad de contactar al Papa. Algunos podríamos contactar a otros cardenales y obispos. Algunos tenemos mucha influencia. Dios conoce nuestras posibilidades, pero a nosotros nos toca comprometernos; es lo que la Virgen nos pidió y lo que yo les pido también. Es decir, que hagan ese compromiso personal y se comprometan a entrar en el Movimiento de Sacerdotes por Fátima.

La Virgen María nos dice: “Sólo Nuestra Señora del Rosario los puede ayudar”. Es muy literal. Dice que se aniquilarán naciones enteras. Cuando Lucía nos dice que muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra, no se refiere a un cambio político o un cambio de nombre. Se refiere a las personas, a la muerte de los habitantes de naciones enteras. Naciones enteras desparecerán de la faz de la tierra.

Sería culpable si no actuara

Si sé que muchas personas podrían ser erradicadas de la faz de la tierra y sé cómo resolver el problema y sin embargo no hago mi parte, entonces yo tengo la culpa. Todos podemos hacer algo para evitar la aniquilación de naciones, a través de nuestras oraciones, sacrificios, ayunos y también nuestra transmisión del Mensaje.

Quizá les parezca poca cosa la transmisión del Mensaje, pero si hasta ahora los enemigos de la Virgen han logrado impedir su triunfo, ha sido por silenciar el Mensaje de Fátima.

Para controlar Polonia en 1949, los comunistas sólo pidieron dos condiciones. La una, que no se denunciara el comunismo; la otra, que el ejército y la policía cedieran su lugar en el gabinete del gobierno de coalición. Con estas dos condiciones pudieron ocupar Polonia.

Pidieron lo mismo del Vaticano en 1962, que el Vaticano no denunciara el comunismo. Una condición, una única condición: ¡silencio!

A lo mejor no nos damos cuenta, pero hay distintos niveles de sociedad, y no me refiero a clases económicas o sociales, sino a que Dios ha ordenado que así como existe una jerarquía angélica, con los ángeles superiores explicando las cosas a los ángeles inferiores, también en la sociedad humana las personas más inteligentes deben explicar las cosas a los menos inteligentes.

Si somos más inteligentes, no por ello somos más importantes o mejores: se trata solamente de nuestro lugar en el orden divino. Pero si no desempeñamos nuestro papel al explicar las cosas a los menos inteligentes, no les llegará el mensaje. Entonces cuando nos quedamos callados en relación al Mensaje de Fátima, el Mensaje no llega al pueblo.

El incumplimiento de nuestro deber no es una opción

El incumplimiento de nuestro deber de transmitir el Mensaje no es una opción para nosotros. Es lo que ha ocurrido hasta el momento, considerando que en Portugal en 1917 había sólo tres niños que vieron la Virgen el 13 de mayo. Jacinta le dijo a su madre, y su madre le dijo a su padre, y así se iba propagando la noticia hasta que el 13 de junio eran ya cincuenta personas.

Cincuenta personas no son tantas, pero estas cincuenta lo contaron a sus amigos y vecinos, y en julio había 5.000 personas. Y esas 5.000 lo contaron a sus amigos y vecinos, y en agosto había 15.000 personas. Y esas 15.000 lo contaron a sus amigos y vecinos, y en septiembre había 30.000. Y esas 30.000 lo contaron a sus amigos y vecinos, y en octubre las personas presentes eran 70.000. Todo porque una niña le contó algo a su madre.

En aquel entonces el Cardenal Patriarca de Lisboa había sido enviado al exilio por el gobierno masónico. Los sacerdotes y religiosos católicos estaban encarcelados, así que no se los culpó por no hablar de Fátima. De hecho, muchos de ellos disuadieron a los fieles de ir a Fátima.

En un momento dado los periódicos empezaron a ridiculizar quienes creían en Fátima, tachándolos públicamente de tontos y otras cosas. Incluso se presentó el ejército para impedir que los peregrinos acudiesen a Fátima.

Y a pesar de todo esto, los fieles de todo rango y nivel social les dijeron a sus amigos y vecinos que escucharan el Mensaje de Fátima. Vinieron y escucharon, y a su vez propagaron el Mensaje. Creo que ese hecho de Fátima en el que nadie se detiene es también una lección para nuestros tiempos.

Con su voz usted puede romper el silencio

Entre los periódicos y dentro de la Iglesia, hay muchas fuerzas que querrán silenciarlos en relación a Fátima. Pero por lo menos pueden hablar con sus amigos y vecinos. Estén donde estén, por lo menos pueden hacer la pequeña parte que les corresponde en la transmisión del Mensaje de Fátima y de la verdad al respecto. Y es de este modo que la Virgen triunfará, por la transmisión verbal del Mensaje a otras personas.

Hagamos nuestra parte. Es lo que la Virgen les pide. Tenemos que comprometernos. No retrocedemos ante nuestra responsabilidad. Pueden pensar: “Bueno, yo no vi a la Santísima Virgen. A mí no me dio el Mensaje. Entonces no me toca la responsabilidad”. Pero no, han escuchado el Mensaje, les ha sido explicado, tienen aquí los libros. Han tenido la oportunidad de aprender. Dios les ha dado ese don, esa oportunidad. Tendrán que responder ante esa oportunidad. De cara a Dios tendrán la responsabilidad el Día del Juicio de decir lo que hicieron para promover el Evangelio, sí, pero también lo que hicieron para promover Fátima, la explicación profética del Evangelio para nuestros días.

Por eso los exhorto, sobre todo a los sacerdotes y obispos, a unirse al Movimiento de Sacerdotes por Fátima, para explicar el Mensaje de Fátima siempre a la luz de la Fe Católica como viene definida por la Iglesia a lo largo de 2.000 años. Y a promoverlo entre las personas a su alrededor. A promoverlo en la práctica, como también en la doctrina y la enseñanza.

A ustedes les toca hacer su parte. Seguiré haciendo lo que puedo, por la gracia de Dios. Pero un solo sacerdote no puede hacerlo todo. Se está acabando el tiempo. Les toca hacer su parte para que este Mensaje sea conocido, apreciado, amado y obedecido. Y sobre todo comprometerse personalmente con la Virgen.

“Totus Tuus” – soy todo tuyo

Como decía el Papa Juan Pablo II: “Totus Tuus” (soy todo tuyo).

Que cada uno de nosotros diga a la Santísima Virgen: “Soy todo tuyo”. Haré mi parte para difundir tu Mensaje. Haré mi parte para vivir por tu Mensaje. Haré mi parte para exhortar a otros a vivir tu Mensaje. Haré mi parte con mis oraciones, mis sacrificios y mis obras para que el Santo Padre con todos los obispos consagren Rusia en un día especial en un acto solemne y público de reparación.