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La Cruzada de FŠtima - El suicidio de cambiar la Fe en la liturgia

El suicidio de cambiar la Fe en la liturgia

por el Padre Paul Kramer, B.Ph., S.T.B., M.Div., S.T.L. (Cand.)

La gran tragedia litúrgica que ha tenido lugar en la Iglesia podría haberse evitado si se hubiese escuchado el Mensaje de Nuestra Señora. Ella nos previno contra los cambios en la Misa. Esto no es un asunto meramente disciplinario.

Muy a menudo tendemos a pensar en la liturgia como algo que simplemente es fruto de un dictado de leyes. El Papa emite un decreto que todos debemos obedecer. Pero la liturgia no se trata de mera disciplina. Se ha olvidado que es parte del depósito de la fe y que se ha establecido a lo largo de los siglos por el Magisterio de la Iglesia. Las doctrinas litúrgicas no son meramente especulación o doctrinas abstractas. Antes bien hay algo de la Ley Divina que ha sido establecido y propuesto por el Magisterio de la Iglesia en relación con la disciplina de la liturgia. Por eso ningún prelado, ni el Papa, ni ninguna autoridad humana sobre la faz de la tierra, tiene autoridad absoluta en relación con la liturgia. Porque la ley de Dios ya ha determinado lo que tenemos que aceptar.

Comienza con el mismo San Pablo, cuando determinó el principio tradidi quod accepi.“He transmitido lo que he recibido”. No se refiere aquí al cuerpo de una doctrina dogmática sino que específicamente se refiere a la liturgia. Dice que ha recibido lo que ha transmitido. “En la noche antes de ser entregado, el Señor tomó el pan, lo bendijo y lo partió diciendo, ‘este es mi cuerpo que será entregado por ustedes’”, etc. (1 Cor. 11, 23).

San Pablo se estaba refiriendo específicamente a la transmisión de la liturgia. Lo que ha sido transmitido a través de los siglos, creció y se desarrolló orgánicamente.  Es a través del proceso de la tradición, la transmisión de la liturgia, que se ha establecido la costumbre. Y es la solemne profesión de fe la que nos obliga respecto de los ritos aprobados y recibidos usados en la solemne administración de los Sacramentos.

Los “ritos recibidos y aprobados”

Me estoy refiriendo específicamente a la profesión Tridentina de fe que fue levemente ampliada por el Concilio Vaticano Primero, en donde la consciencia católica está perpetuamente ligada con los ritos tradicionales de la liturgia; "los ritos recibidos y aprobados" habitualmente usados en la solemne administración de los Sacramentos.

Es por eso que durante muchos siglos los Papas hicieron el juramento de coronación y solemnemente profesaban que preservarían la disciplina y los ritos litúrgicos de la Iglesia, e invocaban una maldición sobre sí mismos si se atreviesen a cambiarlos.  El Papa León XIII, en Orientalium dignitas explicaba que algunos cambios menores son posibles en la liturgia; aquellos que principalmente son de la naturaleza de la restauración. Cambios y ajustes menores. El Papa Celestino I también explicaba que la Iglesia hace ajustes en su disciplina.

Pero cabe notar la palabra “ajustes”; la Iglesia profesa su fidelidad a los “ritos aprobados y recibidos”, según aparece en el juramento de coronación de los Papas, lo cual es un documento tradicional que ha sido solemne y sucesivamente profesado por cada papa durante 600 años, para preservar el estado de la Iglesia, el status ecclesiae.

Quo Primum se basa en la doctrina

La disciplina y liturgia de la Iglesia no puede ser derrocada y radicalmente revisada. Ajustes menores son permisibles, según las necesidades de los tiempos, como ha sido puesto de manifiesto por los Papas de los primeros siglos hasta el siglo XX. Esta es una de las razones más fundamentales por las que la gente tiene tanta dificultad para aceptar con conciencia tranquila los cambios que han tenido lugar en la liturgia. Porque no es cuestión de ley humana, sino de ley divina.

Hay algunos que han leído de prisa mi nuevo libro The Suicide of Altering the Faith in the Liturgy [El suicidio de cambiar la Fe en la liturgia], pero sin entender el principio fundamental en el que se basa esta obra. Por ejemplo cité el documento del Papa San Pío V Quo Primum Tempore e hice una cierta explicación al respecto. Pero alguien me dijo que no estaba interesado en argumentos basados en la Quo Primum del Papa San Pío V.  Obviamente mi respuesta fue que este libro no se basa en la Quo Primum. De hecho fue un Doctor en Derecho Canónico quien insistió en que incluyera argumentos basados en la Quo Primum del Papa San Pío V. 

Me recordó que también era un documento muy importante y que no debería ser omitido del libro. No siendo el principio fundamental del libro, en primer lugar no tenía en mente ni siquiera incluir ningún argumento de la Quo Primum porque no quería que se tuviese la falsa impresión de que de alguna manera estaba basando mi argumento fundamental en ese documento.

De hecho sería poner el carro delante del caballo.

Lo he fundado en este principio: la misma Quo Primum se basa en la doctrina. Y por Ley Divina la consciencia de un católico está ligada a los ritos aprobados y recibidos. He aquí el principio fundamental.

Una declaración solemne

El principio fundamental, en la medida en que se relaciona con la Quo Primum de Pío V, es este: El Papa San Pío V, con la plenitud de su autoridad apostólica, decretó que la liturgia de la Misa en la Iglesia Romana debe ser celebrada de este modo. Y esto lo declaró con su autoridad apostólica. Dijo: “Establezco, decreto y declaro por mi autoridad apostólica que el documento presente no puede ser nunca reformado o modificado”. ¿Por qué hizo una declaración tan solemne que hasta el siglo XX todos los Papas que reeditaban el misal y hacían cualquier cambio menor en la liturgia dejaban en claro que se sentían obligados por la autoridad de este documento? Obviamente no se trata de una mera ley eclesiástica, por usar la expresión del canon no. 11 del nuevo Código de Derecho Canónico. No es meramente un asunto disciplinario al que se refiere el Papa San Pío V cuando declara que el rito perenne de la Iglesia Romana es este (a saber, el rito de la Misa que aparece en el misal tridentino; que es al que se refiere esta bula papal). Esta es la frase que usa en la Quo Primum. Este es el rito que ha sido transmitido en la Iglesia Romana como tal. Por tanto este es el “rito recibido y aprobado” que, de acuerdo con la profesión de fe, obliga en conciencia a los católicos. También cité y comenté un canon dogmático del Concilio de Trento sobre los sacramentos en general. Me refiero al canon 13, sesión 7.

“Si alguno dice que el rito recibido y aprobado de costumbre usado en la administración solemne de los Sacramentos puede ser... cambiado por otros ritos nuevos por cualquier pastor de la Iglesia, sea anatema”1.

El Padre Gruner una vez me dijo que alguien que leyó mi libro (The Suicide of Altering the Faith in the Liturgy) hizo el siguiente comentario: “parece que el Padre Kramer tomó ese único canon y construyó todo el libro en torno de él”. Por supuesto el Padre Gruner le explicó al individuo: "No, el libro ya estaba escrito. El Padre Kramer tuvo que revisar el libro para introducir ese canon. Ni siquiera conocía el canon cuando escribió el libro".

No he basado esta posición – que estamos obligados por la Ley Divina con nuestros ritos tradicionales – sobre algún canon o sobre este decreto del Papa Pío V, Quo Primum. Por el contrario, lo he fundado en este principio: la misma Quo Primum se basa en la doctrina. ¿Por qué esta insistencia del Papa San Pío V sobre la liturgia en el misal que promulgó y codificó? No cambió la liturgia hasta tal grado de reformar la liturgia y crear un nuevo rito de la Misa. Él codificó la antigua liturgia romana.  Él conocía bastante bien la doctrina católica y entendía que por la Ley Divina, los católicos tienen una obligación en conciencia para con los ritos aprobados y recibidos. He aquí el principio fundamental.

Nota:
  1. “Si quis dixerit, receptos et approbatos Ecclesiae catholicae ritus in sollemni sacramentorum administratione adhiberi consuetos aut contemni, aut sine peccato a ministris pro libito ommitti, aut in novos alios per quemcumque ecclesiarum pastorem mutari posse: anathema sit” (D.S. 1613).



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