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Lo que pueden hacer los sacerdotes
por el Padre Patrick Perez
Me han pedido hablar específicamente sobre lo que pueden hacer los
sacerdotes en sus ministerios y en sus parroquias, dondequiera se encuentren,
para propagar el Mensaje de Fátima y la consagración de
Rusia al Corazón Inmaculado de María. De modo que
tengo algunas cosas para compartir con ustedes. Me basaré en lo
que el Padre Gruner ha estado sugiriendo en sus pláticas de los últimos
dos días. Ustedes tienen sus propias ideas, por supuesto,
de lo que los sacerdotes y obispos pueden hacer para fomentar la cruzada
de la divulgación de la devoción de Nuestra Señora
de Fátima y hacer que sus mensajes sean conocidos, amados y obedecidos
en el mundo.
Cada uno de nosotros necesita
un plan específico
Cada persona en este salón debería antes que nada trazar un
cierto plan de acción con objetivos que sean al mismo tiempo realistas
y factibles de acuerdo al puesto que ocupa en la Iglesia y según
su esfera de influencia. Creo que es probablemente una de las primeras
cosas que tenemos que hacer. Está bien que muchas personas digan: “sí,
tenemos que promover el mensaje de Fátima”, pero sin un
plan esto no va a suceder. El plan puede variar de acuerdo con nuestras
circunstancias, pero es necesario tenerlo. Es necesario perseverar con él
e implementarlo o nunca se llevará a cabo. Dicen que el camino
al infierno está pavimentado de buenas intenciones. Es verdad,
porque aunque tengamos las mejoras intenciones de hacer algo, sin un
plan nunca se llevarán a cabo. De modo que no importa su situación
o su esfera de influencia o ministerio en la Iglesia, es factible hacer
un plan. Esto es realista y factible.
La estructura fundamental del plan
En sus pláticas de los últimos dos días, el Padre Gruner
ha propuesto una estructura para esto. Un movimiento de clérigos
y laicos por igual, para fomentar la diseminación de la causa
y el Mensaje de Fátima. Sería difícil encontrar
mejor manera de proceder. Obviamente el Padre ha pasado mucho tiempo
pensando intensamente sobre esta estructura particular y quiero solamente
refrescar sus fundamentos porque voy a añadir algunos elementos
a la estructura propuesta por el Padre Gruner. Algunas de las cosas que
el Padre propone son:
- Rezar las cinco decenas del Rosario cada día por esta intención
particular;
- Usar el escapulario marrón todo el tiempo;
- Con espíritu de penitencia y sacrificio cumplir nuestros deberes
a Dios, a Jesús en su santa humanidad, a la Madre de Dios,
a la Iglesia, a nuestros votos y a la verdad;
- Aprender todo lo que podamos respecto del Mensaje de Fátima,
incluyendo todo lo que Nuestra Señora y Nuestro Señor
dijeron a Lucía en los distintos lugares después
de las mismas apariciones de Fátima;
- Familiarizar a los demás con los verdaderos contenidos del
Mensaje;
- Predicar sobre los mensajes y lo que les está relacionado;
- Defender el Mensaje contra la falsificación y denigración
por parte de sus enemigos;
- Hacer toda otra cosa que esté a nuestro alcance, sin importar
la magnitud de nuestra influencia en la Iglesia y sin respeto
humano o temor al desprestigio, para asegurarnos que el mensaje
sea conocido, entendido, apreciado y sobre todo obedecido.
Aclaración adicional respecto
de la estructura
Esta es la estructura propuesta por el Padre Gruner y lo que quería
hacer era simplemente profundizar sobre algunos de los requisitos de
este movimiento. El Padre se esmeró mucho en no hacer de esto
una asociación con requisitos y afiliación rígidos,
con elementos de esta naturaleza, porque de este modo todos los que cumplen
con estos requisitos ya son por definición parte de este movimiento,
y es mucho mejor que sea así.
Si examinamos con profundidad, se verá que algunas de estas condiciones,
en sí mismas, implican obligaciones mayores – “la
letra pequeña” por así decirlo – como las condiciones
para obtener indulgencias. Todos las conocemos porque hablamos de ellas.
Aunque aquí hay un número significativo de laicos, en realidad
estoy hablando a los señores obispos y a mis compañeros
los sacerdotes, ya que serán ustedes los principales realizadores
de estas cosas. Existe la letra pequeña como es el caso de las
indulgencias. Predicamos las indulgencias y decimos: “ah sí,
y los requisitos habituales”, ¿verdad? Pero luego se lee
la letra pequeña de los requisitos habituales y se encuentra lo
siguiente: “Libertad de apego a todo pecado, incluyendo el pecado
venial”. Ahora bien, esta es una letra pequeña de
bastante peso para los requisitos. ¡Intenta nada más ponerla
en práctica! Es por esto que las indulgencias no se están
derramando profusamente en la Iglesia, a causa de esos otros requisitos
que deben cumplirse.
Ahora bien, de forma parecida el movimiento propuesto por el Padre tiene algunas
condiciones que tienen que cumplirse para que el movimiento sea eficaz,
para que dé frutos en nuestros ministerios, y lleve a cabo lo
que estamos tratando de realizar. Las primeras dos condiciones son el
rezo de las cinco decenas del Rosario cada día y el uso continuo
del escapulario marrón. Estoy seguro que todos ya lo hacemos.
No puedo imaginarme salir sin el escapulario puesto, tendría que
volver a casa para ponérmelo. Estoy hablando en primer lugar de
aquellas cosas que nosotros hacemos normalmente.
Parte del tercer requisito es: “con espíritu de penitencia y sacrificio
cumplir con nuestro deber para con Dios, Jesús en su humanidad, la Madre
de Dios y la Iglesia”; esto implica la vida divina del alma en el campo
de lo sobrenatural. Aquí debemos recordar las palabras de Nuestra Señora
a Sor Lucía el 15 de febrero de 1926. Recuerden que esto ocurrió en
un pequeño patio donde Sor Lucía bajó a vaciar la basura
y ve un niño pequeño. El niño se revela a sí mismo
como Jesús, y luego ella lo reconoce y le dice “Jesús mío,
tú sabes que mi confesor me dijo en la carta que te leí que la
visión tenía que repetirse y tenían que haber hechos que
nos permitiesen creer en ella, y que la Madre Superiora sola no podría
difundir esta devoción". Y Jesús respondió: “Es
verdad que la Madre Superiora sola no puede hacer nada, pero con mi gracia todo
lo puede”.
Con la gracia de Dios todo lo podemos
Lo primero que debemos recordar en relación a lo que proponemos en
el Movimiento Sacerdotal de Fátima, es que ninguno de nosotros
puede hacer nada por nosotros mismos, sino que con la gracia de Dios
todo lo podemos. De modo que es la gracia de Dios lo que nosotros debemos
ante todo conservar y predicar.
Quisiera proponer, por tanto, que una de las piedras angulares de nuestro
apostolado de Fátima, como fundamento de los requisitos que el
Padre ha dispuesto – no como un requisito agregado a lo que el
Padre propone, sino como algo que debemos hacer para que nuestro apostolado
dé frutos - debemos tener una excelente comprensión de,
una fervorosa devoción a, un amor de, y una alta estima de los
conceptos de la vida sobrenatural y de la gracia santificante. Esto puede
implicar cierto esfuerzo de nuestra parte a causa de la gran ignorancia
por parte tanto de los laicos como de los clérigos respecto de éste
y de otros puntos esenciales de la Doctrina Católica.
En resumen: ¿De qué estamos hablando? Debemos recordar, y nunca
perder de vista esto, que la vida del cielo no es natural al hombre.
Es algo que Dios otorga como un agregado a la naturaleza del hombre:
es sobrenatural, es decir, está por encima de nuestra naturaleza.
La promesa hecha al hombre de ser capaz de ver a Dios cara a cara es
algo que es un puro regalo de Dios, que no es propio de nuestra condición
normal, especialmente a causa de que hemos nacido en pecado original,
separados de él. De hecho, hemos nacido enemigos de Dios. El bautismo
cambia esto. De modo que lo primero es el concepto de vida sobrenatural
como algo que no es propio de nosotros ni de nuestra condición
sino de Dios en sí mismo, la segunda persona de la Trinidad, que
murió para que fuera posible ensanchar nuestra naturaleza por
puro amor de nosotros. La única manera en que nosotros podemos
entender esto es ver que le importó tanto que hizo lo que hizo
a fin de abrirnos esta posibilidad.
El otro es el concepto de gracia santificante. La gracia santificante es una
condición que se hace posible solamente por el bautismo. En el
Antiguo Testamento, se justificaban por otros medios. Desde que Nuestro
Señor murió para fundar la Iglesia, la gracia santificante
nos llega por medio del Bautismo. Cuando somos bautizados la Santísima
Trinidad vive en nuestra alma como vida del alma. Sin esto la vida sobrenatural
no es posible. No es posible porque si alguien sin la gracia santificante
intentara entrar en el cielo, no podría vivir allí. No
tendría lo que se necesita para vivir en el cielo.
Perla inestimable:
la gracia santificante
Solamente la gracia santificante que viene con el bautismo y más tarde
se renueva con el sacramento de la penitencia y se fortalece con la gracia
de recibir el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor,
nos hace capaces de vivir en el cielo. Esto es lo que da a nuestra alma
la vida sobrenatural que puede ser interrumpida por el pecado mortal
o reducida por el pecado venial. Pero la gracia santificante debe estar
presente para la vida del Cielo. Sin esto el alma está muerta
y es incapaz de vivir en la presencia de Dios. De modo que esto es algo
que por fuerza tenemos que predicar. Debemos procurar que la gente ame
la gracia santificante, que aprecie lo que es, que quiera aferrase a
ella con las dos manos y los dos pies y nunca quiera soltarla. Esto es
fundamental.
Las cosas son diferentes en cada país. Recuerdo que hace un tiempo
estaba en una iglesia en los Estados Unidos, y un sacerdote estaba en
el confesionario. Actualmente es difícil encontrar un sacerdote
que de verdad se siente en el confesionario, en muchas parroquias hay
que hacer cita para confesarse. De todos modos, este sacerdote estaba
en el confesionario y no había cola. No venía nadie para
confesarse, pero después, los domingos, todos comulgaban. Se hartó y
los acusó de pretender ser “inmaculadas concepciones”.
Uno podría tener esa impresión. ¿Por qué?
Porque por lo general no tienen un concepto de la gracia santificante y qué tesoro,
qué cosa tan extraordinaria es. Es la perla y todo lo demás
debe ser abandonado por aquella perla única, como dice la Biblia.
Esto implica un cierto esfuerzo de nuestra parte.
Nuestro deber para con la verdad
La tercera condición dice: “cumplir nuestro deber con espíritu
de penitencia”, y también la última parte: “cumplir
nuestro deber para con la verdad”. Se nos pide en este movimiento
cumplir nuestro deber no sólo con el Mensaje de Fátima
sino con la Verdad con mayúsculas. Actualmente muchos en nuestros
días y en nuestra época preguntan lo mismo que Poncio Pilato
hace muchos años: ¿La verdad? ¿Qué es eso?
Y allí, delante de él, estaba la Verdad de pie y él
no la pudo ver. Cumplir nuestro deber para con la verdad claramente implica
conocer lo que es la verdad. En términos generales, la verdad
es lo que existe, lo que realmente es. La verdad es la realidad.
Es algo fuera de nosotros. La verdad es la realidad que es de un modo
determinado, no importa que elijamos creer en ella o no, o si nos gusta
o no. No podemos cambiar la verdad a causa de una impresión que
puede existir en nuestra mente. Por el contrario nuestro deber es encontrar
lo que realmente es. Porque implica un cierto tipo de locura vivir en
una situación, vivir en una condición en la que estamos
ligados solamente a nuestras percepciones y sin encontrar lo que realmente
es. Es insensato. Un compromiso, pues, con la verdad, con lo que está fuera
de nosotros mismos, lo que es.
Por lo tanto, en general Dios es la verdad. Las declaraciones dogmáticas
y las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana son verdades
divinas, expresión de la naturaleza y voluntad divina. Si quiere
conocer toda la verdad de la manera más plena, estudie las enseñanzas
de la Iglesia. Las tiene enfrente. ¿Qué es la verdad? Está allí:
los Papas, y los obispos en unión con los Papas, la han proclamado
desde San Pedro y está allí al alcance de todos para que
la conozcan, la vean y la crean.
Debemos estudiar el dogma
De modo que si queremos cumplir con nuestro deber para con la verdad, debemos
dedicar el tiempo para aprenderla tanto cuanto sea posible. ¿Cómo
podríamos decir que nos consagraremos a la verdad si no nos interesa
dedicar una parte de nuestro tiempo de vigilia en descubrir lo que es?
Ustedes saben, mis queridos señores obispos y sacerdotes, que
la enseñanza de la verdad a lo largo de la Iglesia es inagotable. ¿Con
qué derecho podemos dedicarnos a ver televisión y ese tipo
de cosas? Sé que desafortunadamente algunos de ustedes viven
en países donde no es legal poseer armas. Pero si ustedes viven
donde está permitido, lleve su televisor al campo y ejecútelo.
El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría, y dispararle
a su televisor es el comienzo de la vida espiritual. De modo que una
parte esencial de este proceso, impopular en nuestro tiempo, es el compromiso
no sólo de encontrar la verdad, sino de someter nuestros corazones
y nuestra mente a esta verdad.
Una parte esencial de este proceso
es el compromiso no sólo de encontrar
la verdad, sino de someter nuestros corazones
y nuestra mente a esta verdad. |
Razón y Salvación
Queridos amigos, hemos perdido el sentido de racionalidad y de la razón
y de la parte que la razón juega en la salvación de cada
hombre. Dios nos dio la razón principalmente para encontrarlo
a Él. Ahora bien, podemos usarla para eso o podemos desaprovecharla.
Pero cuando estamos buscando la verdad, una vez que la encontramos, debemos
someternos a ella. Tenemos que decir: “si esto es la verdad, si
es una expresión de lo que es, entonces humildemente someto mi
voluntad, mi intelecto, mi alma, mi corazón a este descubrimiento
del intelecto y de la razón”.
Eviten el espíritu de la irracionalidad y del sentimentalismo feminista
que ya está destruyendo nuestras sociedades e inclusive nuestra
Iglesia. Hay mujeres en la Iglesia que no tienen ningún
derecho a estar donde están. Están usando su feminismo
para intentar ganar espacios en los lugares donde los hombres deberían
estar gobernando y dirigiendo la Iglesia y las parroquias. No tienen
derecho de estar allí. Están usando el sentimentalismo
y la irracionalidad para influenciar el clero y la jerarquía con
sus sinsentidos. No debemos permitir eso. Debemos mantener las cosas
bien ordenadas.
Ustedes saben que hay un triunfo del sentimentalismo y de la irracionalidad
que se desprende de esto hasta el punto de que podríamos exponer
cosas esenciales a las personas y ellos dirían: “bien, estoy
de acuerdo con esto - y a continuación - sí, entiendo su
argumento pero no lo siento así”. Bueno, si no lo sienten
así respecto a la enseñanza de la Iglesia y al encuentro
con Dios, entonces con ese sentimiento han escogido la condenación
en lugar de la salvación. Se han rehusado a usar su intelecto,
don de Dios para llegar a la salvación y que Dios les ha otorgado
principalmente para usarlo de ese modo. Dos más dos son cuatro
y no importa si están pasando un día de mal humor, aún
así es cuatro. No importa como se sienta al respecto.
Esta búsqueda y encuentro de la verdad absoluta, y la sumisión
a ella, incluirá probablemente un estudio minucioso de lo que
significa ser católico, de lo que la Iglesia enseña y de
lo que la Iglesia siempre ha enseñado.
¡La verdad no cambia!
Al hablar con algunas personas, uno se da cuenta que tienen la idea de que
la enseñanza de la Iglesia es de algún modo un proceso
democrático. Piensan: “bien, enseñábamos eso
en otras épocas, pero ahora muchos de nosotros sentimos de otro
modo que es justo el opuesto, así que pensamos que esto es lo
que creemos ahora porque es más democrático”. Cuando
comienzan a investigar lo que la Iglesia enseña, encontrarán
que siempre ha enseñado lo mismo. No hay nada nuevo. Si prestan
atención fue Pío XII quien definió la Asunción
de Nuestra Señora. Pero, ¿saben qué? Tengo misales
del siglo XVI, inclusive anteriores a Trento, que ponen la Festividad
de la Asunción. El Papa no dice simplemente: “bien, tuve
una gran idea esta mañana, voy a definir esto”. No, es porque
forman parte de la enseñanza perenne que estas cosas son definidas.
Si tienen problemas con esto cuando comienzan su compromiso con la verdad,
cuando comienzan a leer lo que la Iglesia ha enseñado siempre,
lean el Concilio de Trento, el Concilio más grande en la historia
de la Iglesia. Léanlo. Y si notan que se sienten un poco incómodos
con estas enseñanzas, con el lenguaje de las definiciones, entonces
entenderán el Tercer Secreto de Fátima. A eso se refería.
Pero si notan que le incomodan enseñanzas como “fuera de la Iglesia
Católica no hay salvación”, entonces entenderán
el Tercer Secreto de Fátima porque actualmente nos encontramos
en la apostasía general de la que habla el Tercer Secreto. O sea,
esto tiene relación con Fátima también. Pero cuando
leen estas cosas, tomen conciencia de que esto es lo que la Iglesia ha
enseñado siempre y tengan la humildad de al menos intentar someter
su voluntad a ese punto que tal vez es nuevo para ustedes.
“La caridad de Cristo nos urge”
Luego recuerden que hay motivaciones para el Apostolado de Fátima por
las cuales el Padre Gruner ha sacrificado todo lo que tenía y
por las cuales estamos aquí. Mis queridos señores Obispos,
mis queridos compañeros sacerdotes y mis queridos laicos, no tengo
duda de que cada uno de nosotros está aquí por su amor
a nuestra madre María. En este día de su fiesta, la fiesta
de la Maternidad de María. Estuve meditando sobre esto esta mañana.
No tengo dudas de que todos ustedes están aquí a causa
del amor de Nuestra Señora, sea cual fuere nuestra historia personal
o nuestro papel particular. La razón por la que el Padre ha hecho
lo que ha hecho y nosotros estamos haciendo lo que hacemos se resume
en la más grande de las virtudes. Y esto es la caridad.
Recuerden que son tres virtudes: fe, esperanza y caridad. Y la más
grande de ellas es la caridad.
Ahora bien, ¿qué es la caridad? Porque en la lengua inglesa
y española sufrimos con traducciones horribles de estos temas
que traducen fe, esperanza y amor [love]. No es fe, esperanza y amor.
Es fe, esperanza y caridad. Ambas palabras existen en latín. Amor es
amor y caritas es caridad y son diferentes aunque caritas es
un tipo específico de amor.La caridad es una de las tres
virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Es la virtud teologal que
nos permite amar a Dios sobre todas las cosas, con toda nuestra mente,
toda nuestra alma y todo nuestro corazón, por causa de él.
Y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, por amor de Dios.
En la caridad se encuentra siempre una dimensión divina. No se puede
tener caridad con el chocolate. Se puede tener amor al chocolate. Se
puede amar el chocolate, en cierto modo, por lo menos se puede decir
eso en inglés. Por eso no se puede confundir amor con caridad.
Porque la caridad tiene una dimensión divina. Se ama a Dios por
ser quien es; y se ama al prójimo porque existe el mandamiento
divino de amar al prójimo como a uno mismo, y obedientes a este
mandamiento es lo que hacemos.
Caridad para con todos
De modo que el Padre Gruner hace lo que hace por esta caridad para con todos.
Es por esto que hacemos lo que estamos haciendo. Porque miren, si los
deseos de Nuestra Señora y de Nuestro Señor no son obedecidos,
si Rusia no es consagrada al Corazón Inmaculado de Nuestra Señora
por el Papa y los obispos, resultará un gran desastre y angustia
y se perderán las almas de muchos miembros de nuestra extensa
familia humana . Es una cosa que debemos tener, este sentido de familia
respecto de la raza humana, con la finalidad de realmente darle una dimensión
caritativa. Saben, soy consciente de esto siempre cuando me encuentro
con las personas. Son primos lejanos. Amo mi familia cercana y sé lo
que es amar la familia.
De modo que, recordando que ustedes son primos lejanos porque son hijos de
Adán y Eva y cada uno de nosotros provenimos de los mismos padres,
me es muy natural tener ese amor caritativo por ustedes – inclusive
también un amor natural – porque son parte de la familia.
Cuando un pariente es problemático, esos son nuestros primos excéntricos.
Es sabido, todos tenemos miembros de ese tipo en la familia pero nunca
les faltamos caridad porque sean problemáticos.
La urgencia
De modo que el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor
de Dios significa que debemos hacer todo lo que podamos para evitar los
desastres inminentes que sucederán si los deseos de Nuestra Señora
y de Nuestro Señor no son puestos en práctica, en el modo
que fueron revelados a Sor Lucía y a los demás. La caridad
nos urge y es por eso que lo estamos haciendo. No lo estamos haciendo
porque necesitemos algo que hacer. Al Padre Gruner no le faltan cosas
que hacer. Al Padre Gruner no le daba lo mismo “hacer punto y ganchillo
o ocuparse de Fátima”. No, él se dio cuenta que Nuestra
Señora lo había formado para este apostolado y por amor
a cada uno de los habitantes la tierra, sobre todo por amor a Nuestra
Señora y de Nuestro Señor. Él se entregó para
esto.
Tenga en cuenta también que el acto de caridad más grande que
existe en relación a los demás es que lleguen a valorar
la gracia santificante, si es que son católicos. Si no, el acto
más grande de caridad y de amor a ellos es convertirlos a la Iglesia,
a la fe católica.
Cristo murió para fundar su
única Iglesia verdadera
Todos conocemos las palabras: “Rusia se convertirá”. Me
pregunto qué significado dan algunos a estas palabras. Según
ellos, ¿a qué se convertirá Rusia? ¿A un
vegetarianismo estricto y a una conciencia ecológica pacifista? ¿No
es así? La conversión de la que habla Nuestra Señora
es a la única Iglesia verdadera. Existe sólo una única
Iglesia verdadera. Cristo murió para fundar una Iglesia, que es
la nuestra, a la cual nosotros pertenecemos. Nuestra Señora y
Nuestro Señor desean la conversión de Rusia a la fe católica
porque Nuestra Señora sabe que es para fundar la Iglesia que su
hijo murió. Por aquella Iglesia su divino hijo entregó la última
gota de sangre en la cruz, estando ella presente. Olvídese de
esa idea protestante de esquivar la Iglesia.
Cristo fundó la Iglesia y le dio el encargo de salvar las almas. La
gente no puede decir directamente: “aquí tengo la Biblia,
me voy a salvar a mí mismo”. No es así como Cristo
lo dispuso. La salvación de las almas se le ha confiado a la Iglesia
y no se puede deshacerse de eso.
De modo que la conversión de Rusia, de la que hablan Nuestra Señora
y Nuestro Señor, no es una conversión a otra cosa que a
la fe católica, fuera de la cual ni el judío, ni el hindú,
ni el budista, ni el musulmán, ni el ortodoxo, ni el protestante
podrán o serán salvados. Recuerden nuevamente tener cuidado
con el sentimentalismo y el falso ecumenismo, el cual últimamente
se ha extendido rápidamente en todos los niveles de la Iglesia.
Existe un ecumenismo auténtico.
Cuidado con el sentimentalismo
He aquí el espíritu del ecumenismo auténtico. Imagínese
que una peste muy letal se está extendiendo velozmente por nuestro
continente. Ahora bien podemos llamar esa peste el espíritu mundano
y el pecado mortal. Pero digamos que es una peste causada por gérmenes
y que hay científicos que buscan la cura. Solo uno posee la cura
para la peste y éste le dice al mundo: “Les doy la cura
pero tienen que venir a mí para obtenerla. Así son los
hechos. No es cuestión de arrogancia”. ¿Sería
arrogancia que el único médico que tenga la cura para esa
peste hablara así? No, la verdad es esa, la caridad es esa. Eso
es un ecumenismo verdadero. La Iglesia fundada por Cristo tiene la cura,
tiene la solución, tiene los medios para llegar a la vida eterna,
los reparte sin costo y ninguno más los posee. Aunque decir “sin
costo” no es del todo cierto, pues es al costo de sus misioneros
y mártires.
Por tanto, cuidado con el sentimentalismo. Experimenté una cosa terrible
una vez al ver al Papa Juan Pablo II en las noticias, lo vi en un clip
en Internet. Sale del avión en Jerusalén y dice: “No
vengo aquí para convertirlos”. Yo le habría contestado: “Su
Santidad, entonces ¿por qué no se vuelve a casa? Porque
es su oficio convertir esas personas. Es un acto de caridad convertir
esas personas”. Y si el Santo Padre en persona dice bobadas como “no
estoy aquí para convertirlos”, ¿qué decir
para el resto de nosotros? Si esto es lo que sucede con nuestra jerarquía,
y dicen simplemente: “yo estoy bien, tu estás bien; simulemos
que los que se van al infierno en realidad no van allí”, ¿eso
es caridad? No, eso no es caridad. Nuestra Señora afirma lo que
la Iglesia ha enseñado desde siempre, que la única paz
verdadera es la paz de Cristo en un orden social católico.
El orden social católico
¿Que ha sucedido con el orden social católico? A lo largo de
todo el siglo pasado hemos tenido grandes encíclicas que, como Quas
Primas y otras, han definido un plan para el mundo en un orden social
católico. Ahora bien, ¿por qué es importante que
se mencione ahora el orden social? Porque conviene que conozcan la doctrina
social de la Iglesia, pues cuando Rusia se convierta será un modelo
para el mundo. La Santa Madre Rusia difundirá el orden social
católico y la doctrina social católica por toda la tierra.
Y sería bueno saber cómo debe funcionar.
Una simple sugerencia
Ahora quisiera proponer, sólo donde sea posible, una sugerencia final,
una pequeña idea, pero que pienso podría ser útil.
Repito, esto no será posible en todas las situaciones. Es una
sugerencia en el caso de que sea posible en su situación. Quiero
decir que necesitamos realizar un resurgimiento. Propongo un resurgimiento
de las oraciones leoninas para después de la misa. Para aquellos
que nunca han oído hablar de ellas, el Papa León XIII,
el 6 de enero de 1884, decretó que ciertas oraciones deberían
decirse después de la misa recitada pidiendo por la resolución
de un asunto romano. ¿Qué era ese asunto romano? Los francmasones
habían orquestado el robo de los Estados Pontificios y la encarcelación
del Santo Padre en el Vaticano. Y esto fue en cierto modo una situación
urgente. ¿Han oído hablar de los Papas que fueron presos
en el Vaticano?
El Papa sugirió estas oraciones específicas para llegar a una
solución con el gobierno masónico de Italia de aquel tiempo.
Hubo un acuerdo entre el Vaticano y el gobierno el 11 de febrero de 1929.
Así que el Papa de aquella época, el Papa Pío XI,
el 30 de junio de 1930 cambió el enfoque de estas oraciones en
oraciones por la conversión de Rusia.
Ahora bien esto no tenía nada que ver con el mensaje de Fátima
en particular. Se hizo a causa de la gran persecución que tenía
lugar en Rusia, donde se recolectaban sacerdotes y obispos católicos
y les disparaban, como nos contaron ayer en una de las pláticas.
Y a causa de esa gran persecución, Pío XI propuso que las
oraciones leoninas tuviesen esa intención, dado que el asunto
romano ya se había resuelto.
El 26 de septiembre de 1964, aún antes del final del Concilio Vaticano
II, las oraciones leoninas fueron suprimidas por Pablo VI. De modo que
ya no existe ninguna obligación de rezarlas. Pero nosotros podemos
resucitar esas oraciones y rezarlas después de la misa. Lo que
se hace es que al finalizar la celebración de la misa se arrodilla
frente al altar y se rezan estas oraciones. Puede rezarlas en el idioma
que quiera: Tres Ave María, Salve Regina, y esta oración:
“Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, mira propicio al pueblo que a
ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada siempre
Virgen María, Madre de Dios, de San José su esposo, y de
tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, escucha
misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos pidiéndote
la conversión de los pecadores, la exaltación y libertad
de la Santa Madre Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.” Luego
recitar la Oración a San Miguel.
Si ofrecemos estas oraciones por la intención de la consagración
papal de Rusia al Corazón Inmaculado de Nuestra Señora,
marcaría el resurgimiento no solamente de las oraciones, sino
un propósito renovado que no ha existido desde 1964.
A propósito, conozco un precedente de esta práctica en una diócesis
de Estados Unidos, Mobile, Alabama, donde el obispo pidió que
después de cada misa se dijeran las Alabanzas de Desagravio (Bendito
sea Dios, Bendito sea su Santo Nombre, etcétera), como protección
contra los huracanes. Luego el nuevo obispo post Vaticano II, ya saben,
llegó y pensaba que sabía más que sus predecesores,
como a menudo pasa, de modo que las suprimió. Y al año
después de la supresión, la ciudad fue destruida por un
huracán. No completamente arrasada, pero devastada por un huracán
por primera vez desde que se tiene memoria. De modo que enseguida restituyó las
oraciones en su lugar y desde entonces no han sufrido el embate de un
huracán. Entonces existe un precedente para hacer este tipo de
cosas. Les está permitido a los sacerdotes hacer esto, también
a los obispos les está permitido transmitirle a sus sacerdotes
para que hagan este tipo de cosas después de la misa por una intención
particular.
Mis queridos amigos, lleven a cabo estas iniciativas y seremos parte
de la solución; rechácenlas y nos volveremos parte del problema.Así de
simple.
Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros. Nuestra Madre Divina,
ruega por nosotros. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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