Lo que pueden hacer los sacerdotes

por el Padre Patrick Perez

Me han pedido hablar específicamente sobre lo que pueden hacer los sacerdotes en sus ministerios y en sus parroquias, dondequiera se encuentren, para propagar el Mensaje de Fátima y la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.  De modo que tengo algunas cosas para compartir con ustedes. Me basaré en lo que el Padre Gruner ha estado sugiriendo en sus pláticas de los últimos dos días.  Ustedes tienen sus propias ideas, por supuesto, de lo que los sacerdotes y obispos pueden hacer para fomentar la cruzada de la divulgación de la devoción de Nuestra Señora de Fátima y hacer que sus mensajes sean conocidos, amados y obedecidos en el mundo.

Cada uno de nosotros necesita
un plan específico

Cada persona en este salón debería antes que nada trazar un cierto plan de acción con objetivos que sean al mismo tiempo realistas y factibles de acuerdo al puesto que ocupa en la Iglesia y según su esfera de influencia. Creo que es probablemente una de las primeras cosas que tenemos que hacer. Está bien que muchas personas digan: “sí, tenemos que promover el mensaje de Fátima”, pero sin un plan esto no va a suceder. El plan puede variar de acuerdo con nuestras circunstancias, pero es necesario tenerlo. Es necesario perseverar con él e implementarlo o nunca se llevará a cabo. Dicen que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. Es verdad, porque aunque tengamos las mejoras intenciones de hacer algo, sin un plan nunca se llevarán a cabo. De modo que no importa su situación o su esfera de influencia o ministerio en la Iglesia, es factible hacer un plan. Esto es realista y factible.

La estructura fundamental del plan

En sus pláticas de los últimos dos días, el Padre Gruner ha propuesto una estructura para esto. Un movimiento de clérigos y laicos por igual, para fomentar la diseminación de la causa y el Mensaje de Fátima. Sería difícil encontrar mejor manera de proceder. Obviamente el Padre ha pasado mucho tiempo pensando intensamente sobre esta estructura particular y quiero solamente refrescar sus fundamentos porque voy a añadir algunos elementos a la estructura propuesta por el Padre Gruner. Algunas de las cosas que el Padre propone son:

Aclaración adicional respecto
de la estructura

Esta es la estructura propuesta por el Padre Gruner y lo que quería hacer era simplemente profundizar sobre algunos de los requisitos de este movimiento. El Padre se esmeró mucho en no hacer de esto una asociación con requisitos y afiliación rígidos, con elementos de esta naturaleza, porque de este modo todos los que cumplen con estos requisitos ya son por definición parte de este movimiento, y es mucho mejor que sea así.

Si examinamos con profundidad, se verá que algunas de estas condiciones, en sí mismas, implican obligaciones mayores – “la letra pequeña” por así decirlo – como las condiciones para obtener indulgencias. Todos las conocemos porque hablamos de ellas. Aunque aquí hay un número significativo de laicos, en realidad estoy hablando a los señores obispos y a mis compañeros los sacerdotes, ya que serán ustedes los principales realizadores de estas cosas. Existe la letra pequeña como es el caso de las indulgencias. Predicamos las indulgencias y decimos: “ah sí, y los requisitos habituales”, ¿verdad? Pero luego se lee la letra pequeña de los requisitos habituales y se encuentra lo siguiente: “Libertad de apego a todo pecado, incluyendo el pecado venial”.  Ahora bien, esta es una letra pequeña de bastante peso para los requisitos. ¡Intenta nada más ponerla en práctica! Es por esto que las indulgencias no se están derramando profusamente en la Iglesia, a causa de esos otros requisitos que deben cumplirse.

Ahora bien, de forma parecida el movimiento propuesto por el Padre tiene algunas condiciones que tienen que cumplirse para que el movimiento sea eficaz, para que dé frutos en nuestros ministerios, y lleve a cabo lo que estamos tratando de realizar. Las primeras dos condiciones son el rezo de las cinco decenas del Rosario cada día y el uso continuo del escapulario marrón. Estoy seguro que todos ya lo hacemos. No puedo imaginarme salir sin el escapulario puesto, tendría que volver a casa para ponérmelo. Estoy hablando en primer lugar de aquellas cosas que nosotros hacemos normalmente.

Parte del tercer requisito es: “con espíritu de penitencia y sacrificio cumplir con nuestro deber para con Dios, Jesús en su humanidad, la Madre de Dios y la Iglesia”; esto implica la vida divina del alma en el campo de lo sobrenatural. Aquí debemos recordar las palabras de Nuestra Señora a Sor Lucía el 15 de febrero de 1926. Recuerden que esto ocurrió en un pequeño patio donde Sor Lucía bajó a vaciar la basura y ve un niño pequeño. El niño se revela a sí mismo como Jesús, y luego ella lo reconoce y le dice “Jesús mío, tú sabes que mi confesor me dijo en la carta que te leí que la visión tenía que repetirse y tenían que haber hechos que nos permitiesen creer en ella, y que la Madre Superiora sola no podría difundir esta devoción". Y Jesús respondió: “Es verdad que la Madre Superiora sola no puede hacer nada, pero con mi gracia todo lo puede”.

Con la gracia de Dios todo lo podemos

Lo primero que debemos recordar en relación a lo que proponemos en el Movimiento Sacerdotal de Fátima, es que ninguno de nosotros puede hacer nada por nosotros mismos, sino que con la gracia de Dios todo lo podemos. De modo que es la gracia de Dios lo que nosotros debemos ante todo conservar y predicar.

Quisiera proponer, por tanto, que una de las piedras angulares de nuestro apostolado de Fátima, como fundamento de los requisitos que el Padre ha dispuesto – no como un requisito agregado a lo que el Padre propone, sino como algo que debemos hacer para que nuestro apostolado dé frutos - debemos tener una excelente comprensión de, una fervorosa devoción a, un amor de, y una alta estima de los conceptos de la vida sobrenatural y de la gracia santificante. Esto puede implicar cierto esfuerzo de nuestra parte a causa de la gran ignorancia por parte tanto de los laicos como de los clérigos respecto de éste y de otros puntos esenciales de la Doctrina Católica.

En resumen: ¿De qué estamos hablando? Debemos recordar, y nunca perder de vista esto, que la vida del cielo no es natural al hombre. Es algo que Dios otorga como un agregado a la naturaleza del hombre: es sobrenatural, es decir, está por encima de nuestra naturaleza. La promesa hecha al hombre de ser capaz de ver a Dios cara a cara es algo que es un puro regalo de Dios, que no es propio de nuestra condición normal, especialmente a causa de que hemos nacido en pecado original, separados de él. De hecho, hemos nacido enemigos de Dios. El bautismo cambia esto. De modo que lo primero es el concepto de vida sobrenatural como algo que no es propio de nosotros ni de nuestra condición sino de Dios en sí mismo, la segunda persona de la Trinidad, que murió para que fuera posible ensanchar nuestra naturaleza por puro amor de nosotros.  La única manera en que nosotros podemos entender esto es ver que le importó tanto que hizo lo que hizo a fin de abrirnos esta posibilidad.

El otro es el concepto de gracia santificante. La gracia santificante es una condición que se hace posible solamente por el bautismo. En el Antiguo Testamento, se justificaban por otros medios. Desde que Nuestro Señor murió para fundar la Iglesia, la gracia santificante nos llega por medio del Bautismo. Cuando somos bautizados la Santísima Trinidad vive en nuestra alma como vida del alma. Sin esto la vida sobrenatural no es posible. No es posible porque si alguien sin la gracia santificante intentara entrar en el cielo, no podría vivir allí. No tendría lo que se necesita para vivir en el cielo.

Perla inestimable:
la gracia santificante

Solamente la gracia santificante que viene con el bautismo y más tarde se renueva con el sacramento de la penitencia y se fortalece con la gracia de recibir el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor, nos hace capaces de vivir en el cielo. Esto es lo que da a nuestra alma la vida sobrenatural que puede ser interrumpida por el pecado mortal o reducida por el pecado venial. Pero la gracia santificante debe estar presente para la vida del Cielo. Sin esto el alma está muerta y es incapaz de vivir en la presencia de Dios. De modo que esto es algo que por fuerza tenemos que predicar. Debemos procurar que la gente ame la gracia santificante, que aprecie lo que es, que quiera aferrase a ella con las dos manos y los dos pies y nunca quiera soltarla. Esto es fundamental.

Las cosas son diferentes en cada país. Recuerdo que hace un tiempo estaba en una iglesia en los Estados Unidos, y un sacerdote estaba en el confesionario. Actualmente es difícil encontrar un sacerdote que de verdad se siente en el confesionario, en muchas parroquias hay que hacer cita para confesarse. De todos modos, este sacerdote estaba en el confesionario y no había cola. No venía nadie para confesarse, pero después, los domingos, todos comulgaban. Se hartó y los acusó de pretender ser “inmaculadas concepciones”. Uno podría tener esa impresión. ¿Por qué?

Porque por lo general no tienen un concepto de la gracia santificante y qué tesoro, qué cosa tan extraordinaria es.  Es la perla y todo lo demás debe ser abandonado por aquella perla única, como dice la Biblia. Esto implica un cierto esfuerzo de nuestra parte.

Nuestro deber para con la verdad

La tercera condición dice: “cumplir nuestro deber con espíritu de penitencia”, y también la última parte: “cumplir nuestro deber para con la verdad”. Se nos pide en este movimiento cumplir nuestro deber no sólo con el Mensaje de Fátima sino con la Verdad con mayúsculas. Actualmente muchos en nuestros días y en nuestra época preguntan lo mismo que Poncio Pilato hace muchos años: ¿La verdad? ¿Qué es eso? Y allí, delante de él, estaba la Verdad de pie y él no la pudo ver. Cumplir nuestro deber para con la verdad claramente implica conocer lo que es la verdad. En términos generales, la verdad es lo que existe, lo que realmente es. La verdad es la realidad. Es algo fuera de nosotros. La verdad es la realidad que es de un modo determinado, no importa que elijamos creer en ella o no, o si nos gusta o no. No podemos cambiar la verdad a causa de una impresión que puede existir en nuestra mente. Por el contrario nuestro deber es encontrar lo que realmente es. Porque implica un cierto tipo de locura vivir en una situación, vivir en una condición en la que estamos ligados solamente a nuestras percepciones y sin encontrar lo que realmente es. Es insensato. Un compromiso, pues, con la verdad, con lo que está fuera de nosotros mismos, lo que es.

Por lo tanto, en general Dios es la verdad. Las declaraciones dogmáticas y las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana son verdades divinas, expresión de la naturaleza y voluntad divina. Si quiere conocer toda la verdad de la manera más plena, estudie las enseñanzas de la Iglesia. Las tiene enfrente. ¿Qué es la verdad? Está allí: los Papas, y los obispos en unión con los Papas, la han proclamado desde San Pedro y está allí al alcance de todos para que la conozcan, la vean y la crean.

Debemos estudiar el dogma

De modo que si queremos cumplir con nuestro deber para con la verdad, debemos dedicar el tiempo para aprenderla tanto cuanto sea posible. ¿Cómo podríamos decir que nos consagraremos a la verdad si no nos interesa dedicar una parte de nuestro tiempo de vigilia en descubrir lo que es? Ustedes saben, mis queridos señores obispos y sacerdotes, que la enseñanza de la verdad a lo largo de la Iglesia es inagotable. ¿Con qué derecho podemos dedicarnos a ver televisión y ese tipo de cosas? Sé que desafortunadamente algunos de ustedes viven en países donde no es legal poseer armas. Pero si ustedes viven donde está permitido, lleve su televisor al campo y ejecútelo. El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría, y dispararle a su televisor es el comienzo de la vida espiritual. De modo que una parte esencial de este proceso, impopular en nuestro tiempo, es el compromiso no sólo de encontrar la verdad, sino de someter nuestros corazones y nuestra mente a esta verdad.

Una parte esencial de este proceso es el compromiso no sólo de encontrar la verdad, sino de someter nuestros corazones y nuestra mente a esta verdad.

Razón y Salvación

Queridos amigos, hemos perdido el sentido de racionalidad y de la razón y de la parte que la razón juega en la salvación de cada hombre. Dios nos dio la razón principalmente para encontrarlo a Él. Ahora bien, podemos usarla para eso o podemos desaprovecharla. Pero cuando estamos buscando la verdad, una vez que la encontramos, debemos someternos a ella. Tenemos que decir: “si esto es la verdad, si es una expresión de lo que es, entonces humildemente someto mi voluntad, mi intelecto, mi alma, mi corazón a este descubrimiento del intelecto y de la razón”.

Eviten el espíritu de la irracionalidad y del sentimentalismo feminista que ya está destruyendo nuestras sociedades e inclusive nuestra Iglesia.  Hay mujeres en la Iglesia que no tienen ningún derecho a estar donde están. Están usando su feminismo para intentar ganar espacios en los lugares donde los hombres deberían estar gobernando y dirigiendo la Iglesia y las parroquias. No tienen derecho de estar allí. Están usando el sentimentalismo y la irracionalidad para influenciar el clero y la jerarquía con sus sinsentidos. No debemos permitir eso. Debemos mantener las cosas bien ordenadas.

Ustedes saben que hay un triunfo del sentimentalismo y de la irracionalidad que se desprende de esto hasta el punto de que podríamos exponer cosas esenciales a las personas y ellos dirían: “bien, estoy de acuerdo con esto - y a continuación - sí, entiendo su argumento pero no lo siento así”. Bueno, si no lo sienten así respecto a la enseñanza de la Iglesia y al encuentro con Dios, entonces con ese sentimiento han escogido la condenación en lugar de la salvación. Se han rehusado a usar su intelecto, don de Dios para llegar a la salvación y que Dios les ha otorgado principalmente para usarlo de ese modo. Dos más dos son cuatro y no importa si están pasando un día de mal humor, aún así es cuatro.  No importa como se sienta al respecto.

Esta búsqueda y encuentro de la verdad absoluta, y la sumisión a ella, incluirá probablemente un estudio minucioso de lo que significa ser católico, de lo que la Iglesia enseña y de lo que la Iglesia siempre ha enseñado.

¡La verdad no cambia!

Al hablar con algunas personas, uno se da cuenta que tienen la idea de que la enseñanza de la Iglesia es de algún modo un proceso democrático. Piensan: “bien, enseñábamos eso en otras épocas, pero ahora muchos de nosotros sentimos de otro modo que es justo el opuesto, así que pensamos que esto es lo que creemos ahora porque es más democrático”. Cuando comienzan a investigar lo que la Iglesia enseña, encontrarán que siempre ha enseñado lo mismo. No hay nada nuevo. Si prestan atención fue Pío XII quien definió la Asunción de Nuestra Señora. Pero, ¿saben qué? Tengo misales del siglo XVI, inclusive anteriores a Trento, que ponen la Festividad de la Asunción. El Papa no dice simplemente: “bien, tuve una gran idea esta mañana, voy a definir esto”. No, es porque forman parte de la enseñanza perenne que estas cosas son definidas.

Si tienen problemas con esto cuando comienzan su compromiso con la verdad, cuando comienzan a leer lo que la Iglesia ha enseñado siempre, lean el Concilio de Trento, el Concilio más grande en la historia de la Iglesia. Léanlo. Y si notan que se sienten un poco incómodos con estas enseñanzas, con el lenguaje de las definiciones, entonces entenderán el Tercer Secreto de Fátima. A eso se refería.

Pero si notan que le incomodan enseñanzas como “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”, entonces entenderán el Tercer Secreto de Fátima porque actualmente nos encontramos en la apostasía general de la que habla el Tercer Secreto. O sea, esto tiene relación con Fátima también. Pero cuando leen estas cosas, tomen conciencia de que esto es lo que la Iglesia ha enseñado siempre y tengan la humildad de al menos intentar someter su voluntad a ese punto que tal vez es nuevo para ustedes.

“La caridad de Cristo nos urge”

Luego recuerden que hay motivaciones para el Apostolado de Fátima por las cuales el Padre Gruner ha sacrificado todo lo que tenía y por las cuales estamos aquí. Mis queridos señores Obispos, mis queridos compañeros sacerdotes y mis queridos laicos, no tengo duda de que cada uno de nosotros está aquí por su amor a nuestra madre María. En este día de su fiesta, la fiesta de la Maternidad de María. Estuve meditando sobre esto esta mañana. No tengo dudas de que todos ustedes están aquí a causa del amor de Nuestra Señora, sea cual fuere nuestra historia personal o nuestro papel particular. La razón por la que el Padre ha hecho lo que ha hecho y nosotros estamos haciendo lo que hacemos se resume en la más grande de las virtudes.  Y esto es la caridad. Recuerden que son tres virtudes: fe, esperanza y caridad. Y la más grande de ellas es la caridad.

Ahora bien, ¿qué es la caridad? Porque en la lengua inglesa y española sufrimos con traducciones horribles de estos temas que traducen fe, esperanza y amor [love]. No es fe, esperanza y amor. Es fe, esperanza y caridad. Ambas palabras existen en latín. Amor es amor y caritas es caridad y son diferentes aunque caritas es un tipo específico de amor.La caridad es una de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Es la virtud teologal que nos permite amar a Dios sobre todas las cosas, con toda nuestra mente, toda nuestra alma y todo nuestro corazón, por causa de él. Y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, por amor de Dios.

En la caridad se encuentra siempre una dimensión divina. No se puede tener caridad con el chocolate. Se puede tener amor al chocolate. Se puede amar el chocolate, en cierto modo, por lo menos se puede decir eso en inglés. Por eso no se puede confundir amor con caridad. Porque la caridad tiene una dimensión divina. Se ama a Dios por ser quien es; y se ama al prójimo porque existe el mandamiento divino de amar al prójimo como a uno mismo, y obedientes a este mandamiento es lo que hacemos.

Caridad para con todos

De modo que el Padre Gruner hace lo que hace por esta caridad para con todos. Es por esto que hacemos lo que estamos haciendo. Porque miren, si los deseos de Nuestra Señora y de Nuestro Señor no son obedecidos, si Rusia no es consagrada al Corazón Inmaculado de Nuestra Señora por el Papa y los obispos, resultará un gran desastre y angustia y se perderán las almas de muchos miembros de nuestra extensa familia humana . Es una cosa que debemos tener, este sentido de familia respecto de la raza humana, con la finalidad de realmente darle una dimensión caritativa. Saben, soy consciente de esto siempre cuando me encuentro con las personas. Son primos lejanos. Amo mi familia cercana y sé lo que es amar la familia.

De modo que, recordando que ustedes son primos lejanos porque son hijos de Adán y Eva y cada uno de nosotros provenimos de los mismos padres, me es muy natural tener ese amor caritativo por ustedes – inclusive también un amor natural – porque son parte de la familia. Cuando un pariente es problemático, esos son nuestros primos excéntricos. Es sabido, todos tenemos miembros de ese tipo en la familia pero nunca les faltamos caridad porque sean problemáticos.

La urgencia

De modo que el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios significa que debemos hacer todo lo que podamos para evitar los desastres inminentes que sucederán si los deseos de Nuestra Señora y de Nuestro Señor no son puestos en práctica, en el modo que fueron revelados a Sor Lucía y a los demás. La caridad nos urge y es por eso que lo estamos haciendo. No lo estamos haciendo porque necesitemos algo que hacer. Al Padre Gruner no le faltan cosas que hacer. Al Padre Gruner no le daba lo mismo “hacer punto y ganchillo o ocuparse de Fátima”. No, él se dio cuenta que Nuestra Señora lo había formado para este apostolado y por amor a cada uno de los habitantes la tierra, sobre todo por amor a Nuestra Señora y de Nuestro Señor. Él se entregó para esto.

Tenga en cuenta también que el acto de caridad más grande que existe en relación a los demás es que lleguen a valorar la gracia santificante, si es que son católicos. Si no, el acto más grande de caridad y de amor a ellos es convertirlos a la Iglesia, a la fe católica.

Cristo murió para fundar su
única Iglesia verdadera

Todos conocemos las palabras: “Rusia se convertirá”. Me pregunto qué significado dan algunos a estas palabras. Según ellos, ¿a qué se convertirá Rusia? ¿A un vegetarianismo estricto y a una conciencia ecológica pacifista? ¿No es así? La conversión de la que habla Nuestra Señora es a la única Iglesia verdadera. Existe sólo una única Iglesia verdadera. Cristo murió para fundar una Iglesia, que es la nuestra, a la cual nosotros pertenecemos. Nuestra Señora y Nuestro Señor desean la conversión de Rusia a la fe católica porque Nuestra Señora sabe que es para fundar la Iglesia que su hijo murió. Por aquella Iglesia su divino hijo entregó la última gota de sangre en la cruz, estando ella presente. Olvídese de esa idea protestante de esquivar la Iglesia.

Cristo fundó la Iglesia y le dio el encargo de salvar las almas. La gente no puede decir directamente: “aquí tengo la Biblia, me voy a salvar a mí mismo”. No es así como Cristo lo dispuso. La salvación de las almas se le ha confiado a la Iglesia y no se puede deshacerse de eso.

De modo que la conversión de Rusia, de la que hablan Nuestra Señora y Nuestro Señor, no es una conversión a otra cosa que a la fe católica, fuera de la cual ni el judío, ni el hindú, ni el budista, ni el musulmán, ni el ortodoxo, ni el protestante podrán o serán salvados. Recuerden nuevamente tener cuidado con el sentimentalismo y el falso ecumenismo, el cual últimamente se ha extendido rápidamente en todos los niveles de la Iglesia. Existe un ecumenismo auténtico.

Cuidado con el sentimentalismo

He aquí el espíritu del ecumenismo auténtico. Imagínese que una peste muy letal se está extendiendo velozmente por nuestro continente. Ahora bien podemos llamar esa peste el espíritu mundano y el pecado mortal.  Pero digamos que es una peste causada por gérmenes y que hay científicos que buscan la cura. Solo uno posee la cura para la peste y éste le dice al mundo: “Les doy la cura pero tienen que venir a mí para obtenerla. Así son los hechos. No es cuestión de arrogancia”. ¿Sería arrogancia que el único médico que tenga la cura para esa peste hablara así? No, la verdad es esa, la caridad es esa. Eso es un ecumenismo verdadero. La Iglesia fundada por Cristo tiene la cura, tiene la solución, tiene los medios para llegar a la vida eterna, los reparte sin costo y ninguno más los posee. Aunque decir “sin costo” no es del todo cierto, pues es al costo de sus misioneros y mártires.

Por tanto, cuidado con el sentimentalismo. Experimenté una cosa terrible una vez al ver al Papa Juan Pablo II en las noticias, lo vi en un clip en Internet. Sale del avión en Jerusalén y dice: “No vengo aquí para convertirlos”. Yo le habría contestado: “Su Santidad, entonces ¿por qué no se vuelve a casa? Porque es su oficio convertir esas personas. Es un acto de caridad convertir esas personas”. Y si el Santo Padre en persona dice bobadas como “no estoy aquí para convertirlos”, ¿qué decir para el resto de nosotros? Si esto es lo que sucede con nuestra jerarquía, y dicen simplemente: “yo estoy bien, tu estás bien; simulemos que los que se van al infierno en realidad no van allí”, ¿eso es caridad? No, eso no es caridad. Nuestra Señora afirma lo que la Iglesia ha enseñado desde siempre, que la única paz verdadera es la paz de Cristo en un orden social católico.

El orden social católico

¿Que ha sucedido con el orden social católico? A lo largo de todo el siglo pasado hemos tenido grandes encíclicas que, como Quas Primas y otras, han definido un plan para el mundo en un orden social católico. Ahora bien, ¿por qué es importante que se mencione ahora el orden social? Porque conviene que conozcan la doctrina social de la Iglesia, pues cuando Rusia se convierta será un modelo para el mundo. La Santa Madre Rusia difundirá el orden social católico y la doctrina social católica por toda la tierra. Y sería bueno saber cómo debe funcionar.

Una simple sugerencia

Ahora quisiera proponer, sólo donde sea posible, una sugerencia final, una pequeña idea, pero que pienso podría ser útil. Repito, esto no será posible en todas las situaciones. Es una sugerencia en el caso de que sea posible en su situación. Quiero decir que necesitamos realizar un resurgimiento. Propongo un resurgimiento de las oraciones leoninas para después de la misa. Para aquellos que nunca han oído hablar de ellas, el Papa León XIII, el 6 de enero de 1884, decretó que ciertas oraciones deberían decirse después de la misa recitada pidiendo por la resolución de un asunto romano. ¿Qué era ese asunto romano? Los francmasones habían orquestado el robo de los Estados Pontificios y la encarcelación del Santo Padre en el Vaticano. Y esto fue en cierto modo una situación urgente. ¿Han oído hablar de los Papas que fueron presos en el Vaticano?

El Papa sugirió estas oraciones específicas para llegar a una solución con el gobierno masónico de Italia de aquel tiempo. Hubo un acuerdo entre el Vaticano y el gobierno el 11 de febrero de 1929. Así que el Papa de aquella época, el Papa Pío XI, el 30 de junio de 1930 cambió el enfoque de estas oraciones en oraciones por la conversión de Rusia.

Ahora bien esto no tenía nada que ver con el mensaje de Fátima en particular. Se hizo a causa de la gran persecución que tenía lugar en Rusia, donde se recolectaban sacerdotes y obispos católicos y les disparaban, como nos contaron ayer en una de las pláticas. Y a causa de esa gran persecución, Pío XI propuso que las oraciones leoninas tuviesen esa intención, dado que el asunto romano ya se había resuelto.

El 26 de septiembre de 1964, aún antes del final del Concilio Vaticano II, las oraciones leoninas fueron suprimidas por Pablo VI. De modo que ya no existe ninguna obligación de rezarlas. Pero nosotros podemos resucitar esas oraciones y rezarlas después de la misa. Lo que se hace es que al finalizar la celebración de la misa se arrodilla frente al altar y se rezan estas oraciones. Puede rezarlas en el idioma que quiera: Tres Ave María, Salve Regina, y esta oración:

“Oh Dios, nuestro refugio y fortaleza, mira propicio al pueblo que a ti clama; y por la intercesión de la gloriosa e inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, de San José su esposo, y de tus santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los Santos, escucha misericordioso y benigno las súplicas que te dirigimos pidiéndote la conversión de los pecadores, la exaltación y libertad de la Santa Madre Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.” Luego recitar la Oración a San Miguel.

Si ofrecemos estas oraciones por la intención de la consagración papal de Rusia al Corazón Inmaculado de Nuestra Señora, marcaría el resurgimiento no solamente de las oraciones, sino un propósito renovado que no ha existido desde 1964.

A propósito, conozco un precedente de esta práctica en una diócesis de Estados Unidos, Mobile, Alabama, donde el obispo pidió que después de cada misa se dijeran las Alabanzas de Desagravio (Bendito sea Dios, Bendito sea su Santo Nombre, etcétera), como protección contra los huracanes. Luego el nuevo obispo post Vaticano II, ya saben, llegó y pensaba que sabía más que sus predecesores, como a menudo pasa, de modo que las suprimió. Y al año después de la supresión, la ciudad fue destruida por un huracán. No completamente arrasada, pero devastada por un huracán por primera vez desde que se tiene memoria. De modo que enseguida restituyó las oraciones en su lugar y desde entonces no han sufrido el embate de un huracán. Entonces existe un precedente para hacer este tipo de cosas. Les está permitido a los sacerdotes hacer esto, también a los obispos les está permitido transmitirle a sus sacerdotes para que hagan este tipo de cosas después de la misa por una intención particular.

Mis queridos amigos, lleven a cabo estas iniciativas y seremos parte de la solución; rechácenlas y nos volveremos parte del problema. Así de simple.

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros. Nuestra Madre Divina, ruega por nosotros. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.