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La Cruzada de FŠtima
Reciente pronunciamiento vaticano sobre China:

¿Apoyo o traición?

por James W. Bannister, B.A., LL.B.

Las relaciones entre el Vaticano y los gobernantes comunistas de China apuntan a cambiar dramáticamente, aunque no todos concuerdan si es para mejor o para peor.

Esta comunicación mensual (enero 2007) de la Oficina de Prensa Vaticana “honra a los muchos obispos, sacerdotes y fieles de China, que, ‘sin ceder a componendas’, han mantenido una plena comunión con el Papa, ‘a veces incluso a costa de grandes sufrimientos’”.

El comunicado también declara que el Papa Benedicto XVI escribirá pronto una carta a los católicos de China. El mensaje del Vaticano es consecuencia de una reunión en la cual muchos funcionarios vaticanos no identificados y obispos chinos examinaron “los más graves y urgentes” problemas de la Iglesia en China y ofrecieron sus mejores soluciones a la luz de “los principios fundamentales de la Constitución Divina de la Iglesia y de la libertad religiosa”.

Para muchos esto suena inofensivo. Pero vamos ahora a la parte de la declaración que debería causar una grave preocupación a todos los católicos chinos y a los católicos de todas partes.

“Ha surgido”, continuaba el comunicado, “la voluntad de proseguir el camino de un diálogo respetuoso y constructivo con las Autoridades gubernamentales, para superar las incomprensiones del pasado”.

Los medios seculares han ignorado ampliamente las delicadas palabras sobre los sufrimientos de los fieles. Se han focalizado por el contrario sobre el propuesto “diálogo respetuoso y constructivo con las autoridades gubernamentales”, que ellos interpretan con la intencionalidad de que el Vaticano está buscando una aproximación diplomática con la dictadura comunista china.

Es significativo que un nombre no mencionado en el comunicado es el del Cardenal Joseph Zen. Como Arzobispo de Hong Kong, el Cardenal ha sido siempre un crítico franco del gobierno Chino. Cuando obtuvo el solideo rojo, hizo pocas señales de ablandar su punto de vista.

“Debemos aprender del ejemplo del Santo Padre de expresar claramente la verdad sin ser temerosos de las corrientes en oposición”, dijo cuando supo de su designación. Cuando se le preguntó si atemperaría sus opiniones él respondió: “Tengo más de 70 años; ciertas cosas serán difíciles de cambiar”.

.Cuando el Arzobispo Zen fue consagrado, los comunistas acusaron al Vaticano de provocación deliberada. Un vocero de Beijing fue citado diciendo: “afirmamos que las figuras religiosas no deberían interferir en la política”.

¿Dónde está el Cardenal Zen ahora? ¿Por qué el comunicado fue emitido por un funcionario de bajo nivel de la Secretaría de Estado del Vaticano?

“¿Puede ser que el departamento de estado vaticano ha reactivado su plan de 2001 de traicionar Taiwán y los 10 millones de fieles católicos chinos para tener ‘mejores relaciones’ con los ateos, asesinos despiadados que gobiernan la China de hoy?”

Los comunistas han dejado en claro que reanudar las relaciones diplomáticas (rotas por más de cincuenta años) depende de que la Santa Sede corte lazos diplomáticos con la República de China (Taiwán).

La segunda cuestión para “resolver” es el estatus de la Iglesia Católica en China. Obviamente puede haber sólo una Iglesia Católica. Los comunistas no disolverán la Asociación Patriótica Católica China, la “iglesia” que ellos crearon en 1957 para remplazar la Iglesia verdadera. En el acto perderían credibilidad, cosa que los chinos jamás pueden hacer.

Sin embargo para ser fieles a Cristo, la Iglesia Católica no puede reconocer a la Iglesia Patriótica como válida, verdadera o buena. Puede parecerse a la Iglesia Católica, pero ¡es tanto cismática como herética!

De modo que debemos hacer algunas preguntas duras. ¿El Vaticano se verá forzado a llegar a un compromiso inmoral? ¿Deberá erróneamente intentar de forzar a los fieles a finalizar sus “actividades clandestinas” y dar culto sólo en la “iglesia” controlada por comunistas?

¡Seguramente los miles que han sido perseguidos, inclusive martirizados a causa de la fe verdadera merecen algo mejor!

Jesucristo, que murió en la cruz como testigo de la verdad, se merece algo mejor. Para el Papa y para los Obispos Católicos el camino de salida de este dilema es obedecer a Nuestra Señora de Fátima y consagrar Rusia en una ceremonia solemne y pública como lo pidió ella.




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