¿Por qué el éxodo en masa
hacia el Protestantismo?

por John Vennari

Cuando el Papa Benedicto XVI vino a Brasil este mes de mayo pasado (de 2007), hubo titulares alrededor del mundo de que uno de los problemas más críticos a los que él quería referirse en Sud América era el éxodo en masa de los Católicos hacia las varias formas del Protestantismo.

En ese momento, los periódicos informaron:

1) Que los ministros protestantes superan en número a los sacerdotes católicos en relación de 2 a 1;

2) la Iglesia había esperado una concurrencia de 300.000 a 400.000 personas para la Misa al aire libre del Papa Benedicto en el Santuario de Aparecida, pero solo se hicieron presentes unas 150.000;

3) para el mismo tiempo, los Protestantes organizaron su anual "Marcha por Jesús", a la cual asistieron 1.500.000 personas.

Yo creo que fue el Cardenal Hume, de la Sagrada Congregación para el Clero, quien dijo que en Sud América, hubo una hemorragia de Católicos hacia el Protestantismo.

Lo que quiero hacer esta mañana, es tratar las que creo son algunas de las razones por las que está ocurriendo este éxodo, y también, quiero dar algunas recomendaciones en cuanto a lo que puede hacerse a este respecto.

En cuanto a las razones: Daré tres razones, pero no necesariamente en orden cronológico.

La primera razón:
Debemos reconocer que Sud América ha sido el blanco del Protestantismo desde fin de los 1950's. El Padre John Harden, un teólogo Jesuita Norteamericano, dijo que él había asistido a una reunión del Consejo Mundial de Iglesias alrededor de 1957, en algún tipo de cargo oficial para el Vaticano. En esa reunión, el liderazgo del Consejo Mundial de Iglesias exhortó a los misioneros protestantes a dirigirse a Sud América con una agresiva campaña de proselitismo para ganar conversos. El CMI estaba bien al tanto que Sud América era abrumadoramente católica, y el objetivo del CMI era quebrar la fortaleza de la Iglesia Católica en América Latina.

La segunda razón:
El Sr. Nelson Rockefeller, el multimillonario globalista y humanista, emitió un informe entre 1969/1970. El informe de Rockefeller pretende que en América Latina, la Iglesia Católica NO ES aliada de los Estados Unidos — y que, por lo tanto "nosotros" deberíamos promover las varias sectas evangélicas no — católicas en América Latina.

Y créanme, Rockefeller fue capaz de proveer una masiva cantidad de fondos para propagar el Protestantismo en América Latina.

Así , estos dos trozos de información indican que América Latina fue blanco de una agresiva, organizada y bien fundada campaña de proselitismo protestante para debilitar a la Iglesia Católica; y para arrastrar a las almas lejos de la verdadera Fe. Y esto nos lleva a la tercera razón:

Nosotros debemos reconocer que esta campaña nunca pudo haber sido exitosa si la Iglesia Católica en Sud América hubiera podido resistirla fuertemente; si el clero y los laicos hubieran desplegado la bandera de la Iglesia Militante y emprendido, a su vez, una vigorosa campaña de contra reforma.

Pero algo ocurrió, que llevó a que demasiados de nuestros influyentes hombres de iglesia abandonaran el concepto de Iglesia Militante; que hizo que demasiados de nuestros influyentes clérigos se avergonzaran de comprometerse en la actividad contra — reformadora. Y el hecho trascendental que mató la marcialidad católica verdadera y mató la actividad contra — reformadora, y dejó a la Iglesia abierta de par en par a los estragos del Protestantismo fue el Vaticano II y el nuevo espíritu de ecumenismo.

Ese nuevo espíritu de colaboración ecuménica con el Protestantismo, derribó efectivamente las murallas de protección católica contra los errores del Protestantismo, y los errores del Naturalismo. Ese nuevo espíritu abolió también la declaración de anatemas. ‘Nosotros no queremos ninguna condenación, sino mas bien, queremos simplemente promover los aspectos positivos de la Fe’.

Sin embargo, eso es verdaderamente contrario al espíritu de Cristo mismo. Sabemos por la lectura del Evangelio, que Nuestro Señor no lo hizo solo una, sino otra vez: El lo hizo ambas: El pronunció la verdad y la bondad de la Fe Católica. El dijo a sus Apóstoles: "Id, pues, y instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Pero también El amenazó con el anatema: "El que creyere y se bautizare se salvará; pero el que no creyere será condenado."

El difunto Dr. Romano Amerio, un experto teólogo del Vaticano II, quien fuera admirado por el Papa Benedicto XVI, dijo lo siguiente sobre el nuevo espíritu de no condenar el error:

"El establecimiento del principio de misericordia como opuesto al de severidad ignora el hecho que en el pensamiento de la Iglesia, la condenación del error es en si misma una obra de misericordia, ya que al señalar el error, aquellos que son víctimas de él son corregidos y los otros son preservados de caer en el."

Ahora, el nuevo espíritu ecuménico tuvo efecto deletéreo sobre la catequesis católica. Desde el tiempo del Concilio, fue considerado ofensivo a los Protestantes enseñar que la Iglesia Católica es la única Iglesia verdadera. Como resultado, una de las primeras cosas que desaparecieron de la formación de nuestra juventud católica, fue la sólida apologética católica de que solo la Iglesia Católica es la única Iglesia verdadera, establecida por Cristo Nuestro Señor.

Y como resultado, nosotros ahora tenemos dos generaciones íntegras de Católicos a quienes — en su mayoría — no le fue enseñada esta verdad. Y me atrevo a decir: ahora tenemos dos generaciones íntegras de seminaristas a quienes no ha sido enseñada esta verdad.

Y con vuestro permiso, lo digo por experiencia, nací en 1958 y tengo 13 años de escuela católica — esto es jardín de infantes, escuela primaria y escuela secundaria. Y estuve en la escuela a lo largo del Vaticano II y de sus reformas subsiguientes. Y nunca escuché de Apologética Católica hasta que tuve 22 años de edad.

Yo nunca recibí ninguna enseñanza en la escuela que la Iglesia Católica fuera la única y verdadera Iglesia de Jesucristo.

Y lamento decir, que si hubiera dependido de lo que se me enseñó en 12 años de escuela católica, hubiera perdido mi fe hace largo tiempo. Se nos dio un evangelio social: un suave, afeminado evangelio que no tuvo dientes ni columna.

Yo aprendí mi fe en primer lugar de antiguos libros que tenían mis padres en la casa, y luego por una subsiguiente búsqueda y estudio intensos.

Así, con el nuevo espíritu ecuménico que fue lanzado por el Concilio, demasiados Clérigos ya no se opusieron al Protestantismo, ya no enseñaron que la Iglesia Católica era la una y la verdadera Iglesia establecida por Nuestro Señor. Y reconozcámoslo, sin esa firme educación y formación, los laicos fueron abandonados sin las defensas que ellos necesitaban para resistir el avance agresivo del Protestantismo.

Una vibrante campaña
de contra — reforma

Ahora, en cuanto a las recomendaciones de lo que puede hacerse, yo creo que lo que necesitamos desesperadamente es una enérgica campaña de enseñanza católica a los laicos, que reitere la verdad, de manera intransigente, que la Iglesia Católica es la única y la verdadera Iglesia establecida por Cristo, y que un Católico que deja la Fe Católica y se une a una secta protestante no salvará su alma. El Católico que abandona el Catolicismo por el Protestantismo no puede evitar — en el orden objetivo — de caer bajo los solemnes anatemas del Concilio de Trento.

Adherir al Protestantismo es abandonar el Sacramento de la Confesión.

El Concilio de Trento enseña infaliblemente: "Si alguno dijera, que en la Penitencia de la Iglesia Católica no hubiera verdadera y propiamente un Sacramento, instituido por Cristo Nuestro Señor para reconciliar a los fieles en Dios tan a menudo como ellos caen en pecado después del bautismo, sea anatema".

Adherir al Protestantismo es abandonar la creencia en la Presencia Real de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento.

El Concilio de Trento enseña infaliblemente: "Si alguno negara, que, en el Sacramento de la Sagrada Eucaristía, están contenidos verdadera, real y substancialmente, el cuerpo y la sangre unidas con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y consecuentemente todo Cristo; o dijera que El está allí solo como un signo, o en figura, o en virtud: sea anatema".

Adherir al Protestantismo es abandonar la creencia en el Santo Sacrificio de la Misa.

El Concilio de Trento enseña infaliblemente: "Si alguno dijera, que el Sacrificio de la Misa es solo un sacrificio de alabanza y acción de gracias, o que es una simple conmemoración del sacrificio consumado en la Cruz, y no un sacrificio propiciatorio; o, que este aprovecha solo a quien lo recibe; y que no debe ser ofrecido por los vivos y por los muertos, por los pecados, dolores, satisfacciones, y otras necesidades; sea anatema.

Como dije, el Católico que abandona el Catolicismo por el Protestantismo no puede evitar — en el orden objetivo — de caer bajo los solemnes anatemas del Concilio de Trento. El no salvará su alma.

Esta es la realidad de nuestra Fe Católica que debe enseñarse, no de manera dura o beligerante, sino firme y amorosamente — siempre mostrando a nuestro pueblo el gran amor de Dios en Su Hijo sufriendo y muriendo en la Cruz por nosotros; y Su amor al establecer la Iglesia y darnos los Siete Sacramentos. La operación de la gracia no cambia, y la probada y verdadera apologética Católica aún puede obrar milagros para la salvación de las almas.

Así, yo quiero examinar unos pocos puntos básicos de la apologética Católica clásica. Las consideraciones que hago aquí pueden resultar provechosas para vuestro pueblo.

Quiero dejar en claro que en estas apologéticas, nosotros estamos hablando de posiciones, no de personas. Estamos mirando la posición católica frente a la posición protestante. Estoy seguro que todos nosotros conocemos Protestantes que son modelos de virtudes naturales, y también estoy seguro que conocemos Católicos que no viven según las normas de bondad y justicia que la Fe exige. Pero las personas no cuentan en la Apologética, solo las posiciones.

Y comenzaremos dando una mirada al principio fundacional protestante de "Solo la Biblia".

La Biblia:
¿La única regla de la Fe?

Los Protestantes creen tener ellos mismos sólidos fundamentos, porque dicen que creen y aceptan la Biblia y solo la Biblia, como la única regla de Fe.

Ese es el principio central protestante de Sola Escriptura — solo la Biblia es la única regla de la fe. Es la Biblia, y solo la Biblia el pilar y sostén de la verdad.

Así, la pregunta que debemos hacernos en primer lugar es: ¿cuan sostenible es este dogma protestante? ¿Está el Protestante verdaderamente apoyado en fundamentos sólidos cuando dice que la Biblia sola es la única regla de la fe?

Hay un bien conocido converso al Catolicismo en los Estados Unidos llamado Scott Hahn — un ministro protestante quien se convirtió en católico. Parte de la historia de su conversión da respuestas útiles a esta pregunta (yo personalmente hubiera deseado que el Dr. Hahn se volviera un poco más tradicional después de su conversión, pero eso no disminuye la fuerza de la historia).

El Dr. Hahn había sido un ministro protestante quien, en sus días de seminario fue vehementemente anti — católico. Consecuentemente, como ministro, hizo una tremenda cantidad de estudios de la Escritura, porque quiso que sus sermones se impregnaran en la Escritura.

Pero cuanto más estudió la Escritura, más vino a ver que las verdades que los Católicos creen, manifestadas particularmente en las enseñanzas de los primeros Padres de la Iglesia — San Jerónimo, San Basilio, San Agustín — están firmemente fundamentadas en la Sagrada Escritura. Estos Padres de la Iglesia eran Católicos. ¡Todos ellos habían celebrado el Santo Sacrificio de la Misa!

No voy a examinar a fondo toda su historia, pero quiero poner de relieve un hecho crucial que resolvió definitivamente su conversión. Fue algo que ocurrió mientras estaba dando clase.

El era entonces un Ministro presbiteriano — un profesor presbiteriano — que enseñaba a jóvenes adultos.

Y uno de los más brillantes alumnos de la clase le preguntó: "Dr. Hahn, usted sabe la forma en que nosotros los protestantes creemos que la Biblia sola es la única regla de la fe Cristiana, y nosotros seguimos la Biblia y solo la Biblia — ¿no la Biblia y la Tradición?

Hahn dijo "sí".
Y el alumno dijo: "Bien, ¿en donde dice eso la Biblia?"
Hahn respondió, "¡Que pregunta estúpida!"

Tan pronto Hahn dijo eso, se dijo a si mismo, "Tu nunca has dicho eso antes a un estudiante. Tu nunca has contestado a un estudiante insultándolo".

Pero la razón por la que Hahn respondió de esa manera fue porque el sabía que verdaderamente no tenía una respuesta.

Hahn dijo, "Bien, está en la IIa. a Timoteo, 3:16."

Pero el alumno replicó, "¡No! En la IIa. a Timoteo dice 'Toda la Escritura, inspirada por Dios, es provechosa de enseñar, para argüir, para corregir, para instruir en la justicia'. ¡Dice que la Escritura es provechosa! No dice que nosotros debemos creer en la Biblia solamente!"

Así, Hahn dijo entonces, "bien, mira lo que dice Nuestro Señor sobre la Tradición en Mateo 15".

Nuevamente el alumno respondió, "Bien, ¡no! Nuestro Señor no estaba condenando toda la Tradición, sino que El estaba condenando la tradición corrupta de los Fariseos!"

Así, después de algunos otros intentos fallidos de citas de la Escritura, Hahn anunció que la clase había terminado y que ellos podían saber más de eso la próxima semana.

Entonces, el Dr. Hahn supo que no había contestado la pregunta del alumno. Y el alumno supo que él no había contestado su pregunta.

Y así Hahn volvía a casa esa noche con un sudor frío, pensando "¿Cual es la respuesta a esa pregunta?"

Cuando llegó, telefoneó a quienes él decía eran los máximos de los eruditos protestantes en Escrituras en los Estados Unidos. Y les preguntó, "Tal vez yo dormía durante esa parte de mi formación en el seminario, pero: usted sabe de la forma en que nosotros los protestantes creemos en la Biblia sola y solo en la Biblia, y no en la Escritura y en la Tradición — ¿Donde dice eso la Biblia?"

Todos y cada uno de estos eruditos protestantes le contestaron, "¡Que pregunta estúpida!"

Luego como cada uno de esos profesores invocó el mismo versículo que Hahn había invocado: "Bien, está en la IIa. a Timoteo 3:16" Y Hahn respondió como lo hizo el estudiante, "No, ese versículo solo dice que la escritura es provechosa, no que debe ser la única regla de Fe."

Entonces, como cada uno de los profesores, también dijo, "Bien, está en las palabras de Nuestro Señor en Mateo 15"

Y Hahn replicó, "No, Nuestro Señor no estaba condenando toda la Tradición, sino solo la tradición corrupta de los Fariseos." Y más adelante, dijo, San Pablo nos instruye en la IIa. a los Tesalonicenses 2:14 estad firmes y "Mantened las tradiciones que habéis aprendido, ora por medio de la predicación, ora por carta nuestra."

Y estos estupendos eruditos, estos eminentísimos teólogos protestantes, no tuvieron respuesta.

Así fue entonces que Scott Hahn vino a darse cuenta que el principio central, el principio fundacional del Protestantismo — la Biblia sola y solo la Biblia — ¡no es Bíblico!

Esta es una tremenda contradicción, es una de las razones por las que yo nunca podría ser protestante. El Protestantismo pretende basar su íntegro sistema de creencias en la Biblia sola, pero el principio de "La Biblia sola" es un principio no — Bíblico; es un principio que no se encuentra en ningún lugar de la Biblia.

Sin base en la Historia

En segundo lugar, el principio de que "La Biblia sola es la única regla de la fe", no puede ser un verdadero principio Cristiano, porque no tiene base en la historia de la Cristiandad.

¿Como se instruyeron en su Fe los primeros Cristianos?

¿Como les fue comunicada la Fe?

¿Como dijo Nuestro Señor a los Apóstoles que comunicaran la Fe, las verdades que deben ser creídas para la salvación?

El les ordenó, "id e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo." El dijo a Pedro, "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia" (Mat. 16:18) Y San Pablo enseñó claramente que la Iglesia es el pilar y fundamento de la verdad (Ia. Tim. 3:16).

Nuestro Señor dio a Pedro la autoridad, y él comisionó a los apóstoles a predicar en Su nombre. "Como mi Padre me envió, así os envío también a vosotros." (Jn. 20:21)

Nuestro Señor no escribió libros, ni dijo a Sus Apóstoles: "Siéntense y escriban Biblias y desparrámenlas por el mundo, y dejen que cada hombre lea su biblia y juzgue por si mismo", lo cual es la esencia del Protestantismo — cada individuo lee la Biblia y decide por si mismo cuales son las verdades de la Cristiandad, ¡No! como digo, Nuestro Señor estableció una Iglesia para enseñar en Su Nombre: "El que os escucha a vosotros, me escucha a mí; y el que os desprecia a vosotros, a mí me desprecia," (Lucas 10:16), "...pero si ni a la Iglesia oyere, tenlo como por gentil y publicano." (Mat. 18:17)

La Iglesia y la Fe existieron antes que el Nuevo Testamento. ¡Solo cinco de los doce Apóstoles escribieron algo! La Iglesia hubo enseñado, administrado los Sacramentos, los Apóstoles estuvieron perdonando los pecados, la Iglesia estuvo haciendo mártires durante siete a diez años antes que una iota del Nuevo Testamento fuera puesta por escrito en pergamino.

La Iglesia se extendió a lo largo de todo el Imperio Romano antes de que se escribiera una sola letra del Nuevo Testamento. Tuvimos Santos y Mártires católicos antes de tener Evangelios y Epístolas.

El primer Evangelio fue escrito por San Mateo, unos 7 años después que Nuestro Señor dejara la tierra. El siguiente fue el Evangelio de San Marcos, escrito 10 años después que Cristo ascendiera a los Cielos. El Evangelio de San Lucas fue escrito 25 años después de la Ascensión de Nuestro Señor, y el Evangelio según San Juan 63 años después que Nuestro Señor dejara este mundo. El Apocalipsis fue escrito unos buenos 65 años después de la Ascensión de Nuestro Señor. Y todos fueron escritos, como lo reitera León XIII, bajo Inspiración Divina.

Así entonces, ¿cómo los primeros Cristianos se hicieron Cristianos y salvaron sus almas? ¿Leyendo la Biblia? No, porque no había Nuevo Testamento.

Nosotros vimos que el Nuevo Testamento no fue siquiera concluido hasta 65 años después que Nuestro Señor ascendiera a los Cielos.

Pero eso no es todo.

Durante más de trescientos años, la Iglesia no tuvo todos los libros de la Biblia compilados en un solo libro.

Y esto nos lleva directamente a la cuestión de la Autoridad.

Porque si usted me da un libro — llamado La Biblia. Y usted me dice que todo lo que hay en ese libro es la palabra infalible de Dios, lo primero que voy a preguntarle es “¿Quien lo dice?

¿Quien lo dice?

Los libros no se escriben solos. Los libros de múltiples autores no solo no se compilan a si mismos en un gran libro, ni proclaman luego ser la obra escrita de Dios.

¡No! Alguien, o alguna unidad social, a quien Dios mismo dio la autoridad de enseñar, de enseñar en Su Nombre; de enseñar infaliblemente, debe decirme eso.

Y fue la Iglesia Católica, en el Concilio de Cartago en el AD 397, por dirección del Espíritu Santo, que estableció definitivamente cual era el Canon del Nuevo Testamento; que decidió cuales libros eran inspirados divinamente y cuales no.

Ustedes recuerdan que hubo un número de otros “Evangelios” y “Epístolas” circulando; algunos escritos por hombres buenos y santos, pero no fueron la obra inspirada de Dios (por ejemplo, las Epístolas de San Clemente). Otros fueron claramente simples fabricaciones; tales como el llamado Evangelio de Pilatos o el Evangelio de Nicodemo.

Y fue la Iglesia Católica la que decidió cuales libros fueron inspirados divinamente y cuales no. Fue la Iglesia Católica la que reunió el Nuevo Testamento, lo unió con el Antiguo Testamento, y dio la Biblia al mundo. Fue la Iglesia Católica la que produjo la Biblia, y no la Biblia la que produjo la Iglesia.

Por eso, como dije, el principio protestante de “solo la Biblia” no tiene bases en la historia. La Religión Católica es la única religión que puede contestar la pregunta: “¿Quien lo dice? — esto es, “¿quien dice que la Biblia es la palabra escrita de Dios?”

¡Sea hecha Gutenberg!

Pero los problemas no terminan allí. Porque si es necesario leer la Biblia para salvarse, si la fe viene solo por leer la Biblia, entonces la fe viene solo por la invención de la imprenta, la cual no fue inventada hasta mediados del siglo XV por Johannes Gutenberg.

Antes de eso, todos los libros eran copiados a mano. Era una aventura laboriosa, cara y que requería mucho tiempo. No era posible poner un ejemplar de la Biblia en manos de cada Católico, ni siquiera una en cada familia Católica.

Tenemos Biblias ampliamente distribuidas solo desde hace un poco más de 400 años. ¿Y que fue de los millones de Cristianos que vivieron antes de eso, quienes transcurrieron íntegras sus vidas y nunca vieron siquiera una Biblia o un trozo impreso del Nuevo Testamento?

Entonces, la teoría de “solo la Biblia” — esto es, siguiendo solo la Biblia como camino para la salvación — presupone que la Biblia debería haber estado disponible a todos los hombres desde la fundación del Cristianismo. Bien, nosotros ya hemos visto que este no es el caso. Vimos que los libros del Nuevo Testamento no fueron escritos hasta 65 años después de que Nuestro Señor dejara la tierra. Y también hemos visto que el Mundo Cristiano no tuvo siquiera una Biblia completa, compilada, hasta el AD 397; y que no estuvieron siquiera disponibles para su distribución masiva hasta mediados del siglo XV. Así, el principio de “solo la Biblia” no tiene base en la historia.

Conflictos con razón

Finalmente, el principio de solo la Biblia es contrario a la razón. Porque si usted me da un libro, y me dice que todo en ese libro es la Palabra escrita de Dios, y que debo leerlo y creer Solo la Biblia para la salvación, entonces lo primero que le digo es, “Excelente, entonces usted me deja solo. Usted solo me da esa Biblia, y yo decidiré cual es el verdadero sentido de la Escrituras”.

Este es, esencialmente, el sistema protestante. Si usted va a una congregación luterana, usted se está entregando a la sola interpretación privada de la Biblia de Martín Lutero.

Y si usted va a una congregación metodista, usted solo está suscribiéndose a la interpretación privada de la Biblia de otro hombre — un individuo llamado John Wesley.

Y si usted va a una congregación presbiteriana, usted solo se ha entregado a la interpretación privada de John Knox, el fundador de ese grupo.

Y si usted es miembro de una denominación protestante, no hay ninguna razón por la que usted no puede ponerse de pie y decir al predicador: “Hermano, yo creo que usted no camina la senda de la verdad. ¡Su interpretación es errónea! Yo he encontrado el significado correcto”.

Y si usted es lo suficientemente entusiasta, y lo suficientemente elocuente, y lo suficiente osado, usted podría comenzar a predicar, y podría fundar su propia congregación protestante — porque así es como todos ellos comenzaron.

Y vemos que esa es la consecuencia de la interpretación privada de la Biblia. Porque de acuerdo al sistema protestante — todo hombre leyendo la biblia y llegando a su propia interpretación — la conclusión lógica de esto es que podría haber tantas religiones protestantes como hay individuos. ¡Para ellos no hay ninguna iglesia establecida por Cristo para enseñar en Su nombre! ¡No hay ninguna autoridad establecida por Dios para decirme que yo pude haber cometido un error!

Así, esa es una de la muchas razones por las que yo nunca podría ser protestante. Vemos que el principio de “solo la Biblia” es contrario a la Escritura, el principio de “solo la Biblia” no está apoyado por la Historia, y el principio de “solo la Biblia” es contrario a la razón; pues termina en miles de interpretaciones conflictivas de la Escritura, y es contrario a lo que Nuestro Señor estableció que fuera Su Iglesia.

¡La Biblia me hizo católico!

Uno de los muchos Protestantes que descubrieron finalmente esta verdad fue un hombre llamado Paul Whitcomb.

Paul Whitcomb fue un ministro protestante cuyo intenso estudio de la Sagrada Escritura lo llevó a aceptar la Iglesia Católica como la única Iglesia verdadera establecida en la Biblia. Todo eso está expuesto en un librito agotado, The Bible Made a Catholic Out of Me (La Biblia me hizo católico).

El Sr. Whitcomb estudió la Escritura por el método de “interpretación por correlación”.

He aquí como funciona el método. Él enfoca en la Escritura una frase dada, tal como “Hijo de Dios”, y buscará a lo largo de las Escrituras y revisará todos los casos donde se usó esa frase, para llegar a la verdad bíblica de lo que significa esa frase dada.

Cuando empleó este método de interpretación por correlación con la palabra “Iglesia”, este lo llevó a descubrir lo que él no esperaba (resumido aquí en cuatro puntos).

1) Su primer descubrimiento, dijo, fue que la “Iglesia” definida en la Biblia debía ser “un cuerpo” — pero no un cuerpo humano, sino un Cuerpo Divino — el Cuerpo Místico del mismo Cristo.
“Y él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia.” (Colosenses 1:18)
“Vosotros, pues sois el cuerpo místico de Cristo, y miembros unidos a otros miembros.” (I Corintios 12:27)
“Somos miembros de su cuerpo, formados de su carne y de sus huesos.” (Efesios 5:30)

2) El Sr. Whitcomb también descubrió que esta Iglesia no iba a ser un cuerpo desunido, sino un cuerpo unido.
“...se hará un solo rebaño y un solo pastor.” (Juan 10:16)
“Yo les he dado la gloria que tú me diste para que sean una misma cosa, como lo somos nosotros.” (Juan 17:22)
“Siendo un solo cuerpo...un espíritu, así como fuisteis llamados a una esperanza... Uno es el Señor, una la Fe, uno el bautismo.” (Efesios 4:4—5).

El Sr. Whitcomb vio claramente que este cuerpo — la Iglesia — iba a ser constituida como una: una en sus miembros, una en creencia, una en el culto, una en el gobierno.

3) Luego, él vio que esta Iglesia iba a ser una Iglesia docente. Y no solo eso, sino una Iglesia docente infalible:

“A Mí se me ha dado todo potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándolas a observar todas las cosas que Yo os he mandado.” (Mateo 28:18—20)

4) Él vio que Nuestro Señor prometió una protección divina a esa autoridad docente:

“Estas cosas os he dicho, conversando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, que mi Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo, y os recordará cuantas cosas os tengo dichas... Mas cuando viniera el Consolador, el Espíritu de verdad que procede del Padre, y que Yo os enviaré de parte de mi Padre, él dará testimonio de mí. Y también vosotros daréis testimonio, puesto que desde el principio estáis en mi compañía.” (Juan 14:25-26, 15:26-27

Él leyó más adelante, en I Timoteo 3:15

“Te escribo esto... para que sepas cómo debes portarte en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad.”

Entonces, luego de leer todo esto, el anotó, “quedé preocupado por el descubrimiento de esta verdad Bíblica... porque [como Protestante] no era miembro de una Iglesia docente, mucho menos de una Iglesia docente infalible”.

Esto es porque ninguna tal “iglesia” siquiera existe en el sistema protestante.
El Sr. Whitcomb continúa:
“La Iglesia de la que fui miembro, como todas las otras iglesias protestantes, sostiene, en su lugar, que la Biblia es el único dispensador y garantía de la verdad, y que cualquiera que quiera salvarse debe aprender de la Biblia lo que se requiere de él para salvarse. La única responsabilidad de la Iglesia, de acuerdo a la creencia protestante, es hacer conocer y proveer a los “salvos”, a aquellos que profesan a Cristo como Señor y Salvador, un lugar donde ellos puedan reunirse en ‘comunidad de oración’.
“A pesar de esto, no se publicó ninguna Biblia Cristiana durante los primeros cuatrocientos años;
“A pesar de esto, durante los mil años siguientes hasta la invención de la imprenta, hubo escasamente unas pocas Biblias;
“A pesar de esto, aquellos quienes hicieron de la Biblia su sola regla de Fe debieron tropezar con cientos de reglas conflictivas de fe:
“A pesar de esto, la misma Biblia afirma que muchos de quienes la interpretan personalmente (II Pedro 3:16) la interpretarán erróneamente.”

Para hacer corta esa larga historia, el Sr. Whitcomb explicó que la única “Iglesia” que se ajusta a la descripción de “Iglesia” encontrada en la Biblia era la Iglesia Católica. (El anotó también, que la Biblia no dice todo, ya que en Juan 21:25 nos dice, “Muchas otras cosas hay que hizo Jesús, que si se escribieran una por una, me parece que no cabrían en el mundo los libros que se habrían de escribir.”)

Fue la Iglesia Católica, investida de la autoridad infalible dada por Nuestro Señor la que nos dio la Biblia, y es solo a través de la autoridad de la Iglesia Católica que nosotros sabemos con certeza que la Biblia es verdaderamente la palabra de Dios. Es por esto que el gran San Agustín, en el siglo IV, dijo: “Yo no creería el Evangelio mismo, si la autoridad de la Iglesia Católica no me moviera a hacerlo.”

Aquí yo apenas estoy escarbando la superficie de estos tópicos. No tengo el tiempo para desarrollar para ustedes las bases bíblicas de la oración a los ángeles y a los santos, la devoción a Nuestra Santísima Madre, y otros puntos de doctrina católica. Pero quiero reiterar que una sólida contra — reforma apologética Católica es más importante que nunca.

¡No imitar a los protestantes!

Pienso también que es necesario, que para detener el flujo de Católicos al Protestantismo, es importante que en nuestros esfuerzos, no hagamos nada por imitar al Protestantismo o las características del Protestantismo, sino más que nada que imitemos a los santos.

Y el santo en quien estoy pensando en particular es un Santo que pasó algún tiempo en Latinoamérica, San Antonio María Claret, antiguo Arzobispo de Santiago de Cuba, quien es renombrado por su dones de milagros y de lectura de las almas.

Quiero relatarles a ustedes una pequeña lección que dio él a un sacerdote, la cual tuvo lugar en Madrid, antes que el santo llegara a Cuba.

Un sacerdote conocido en España como Don Hermenegildo, era afamado por su elocuente predicación, y un día predicó un brillante y animado sermón. San Antonio María Claret asistía a esa función.

Don Hermenegildo recibió muchas congratulaciones por su sermón, pero el Arzobispo Claret no lo cumplimentó, sino que se retiró discretamente.

Esto preocupó grandemente a Don Hermenegildo, quien temprano en la mañana del día siguiente visitó a San Antonio María Claret.

Don Hermenegildo dijo al Arzobispo Claret, “Perdóneme, Su Excelencia, por molestarlo con esta visita inoportuna. Yo necesito descargar mi corazón con usted. No he podido dormir en toda la noche, dígame Señor Arzobispo, ¿no le gustó mi sermón de ayer? ¡Vuestro silencio ha sido para mi una amonestación y una reprobación!”

Antonio María Claret, teniendo la caridad de un santo, quiso consolarlo y alentarlo, pero también quiso darle un importante consejo.

El Santo respondió, “Dígame, Don Hermenegildo, ¿ha predicado usted alguna vez sobre la salvación del alma o sobre la desgracia terrible de los condenados?”

“No, Su Excelencia, nunca he predicado sobre esos temas.

“Ha predicado usted sobre la muerte, sobre el juicio, sobre el infierno, sobre la necesidad de la conversión, sobre evitar el pecado o hacer penitencia?”

“No he predicado tampoco directamente sobre esos temas.”

“Bien entonces, mi amigo, voy a hablarle a usted con toda sinceridad, ya que usted me pide que lo haga así. Su sermón no me gustó, ni puedo aprobar el proceder de aquellos quienes en sus sermones omiten estas grandes verdades de la Cristiandad y solo tocan tales temas que no sirven para nada para convertir a las almas. Pienso que esos sermones no le resultarán agradables ni serán aprobados por Nuestro Señor Jesucristo.”

Don Hermenegildo atendió y guardó silencio, pero no pasó largo tiempo hasta que las gentes de Madrid vieran un cambio radical en este famoso predicador. Antes la gente aplaudía la elocuencia de Don Hermenegildo, pero ahora ellos lloraban con pía contrición en sus sermones.

En cuanto a San Antonio María Claret, él fue a Cuba en 1850 y estuvo allí solo seis años. En ese corto tiempo, él restauró, tanto material como espiritualmente la languideciente Arquidiócesis de Santiago de Cuba. El más que dobló el número de feligreses; restableció el seminario diocesano del cual no había sido ordenado ningún sacerdote en 30 años; levantó la moral y el celo del clero y obtuvo un incremento en sus salarios; también ayudó a establecer un número de comunidades de religiosos, donde habían sido suprimidas y prohibidas por ley.

Estoy seguro que es mucho lo que podríamos aprender de un estudio cuidadoso de su vida, para aplicar en la presente situación.

Para concluir, creo que una sólida contra — reforma de la apologética Católica, la fidelidad al Mensaje de Nuestra Señora de Fátima, y una aplicación de la orientación, piedad y celo misionero de los santos — tales como San Antonio María Claret-, abrirán un ancho camino a la evangelización de los pueblos y a la recuperación de la América Latina Católica a la Fe Católica.