Homepage
Cruzada
Perspectivas
Sobre Fátima
Noticias
Recursos
Tercer Secreto
Consagración
Oración
Librería
Homepage
Apostolado
Para hacer un donativo
Más información
Nuestra señora de Fatima en línea
ImageMap for Navigation ¿Por qué Fátima? Mapa del sitio Contactar
La Cruzada de Fátima

La siguiente es una traducción del texto de la Carta Abierta al Pueblo Portugués que nosotros, en The Fatima Crusader, hicimos distribuir en muchas zonas, y que dio por resultado un voto por el NO en el referéndum por el aborto. 

Carta Abierta al Pueblo Portugués
sobre el referéndum del 11 de febrero

El deber de los católicos es votar "¡No!"

Al Pueblo Portugués: Al aproximarse el referéndum nacional del 11 de febrero sobre la “liberalización” de la ley del aborto en Portugal, escribimos esta Carta Abierta con la consciencia de la extrema gravedad de la situación. Porque el Pueblo Portugués se encuentra en una encrucijada, y dentro de algunos días el rumbo que se escoja determinará no sólo el destino de innumerables víctimas inocentes en el vientre materno, sino también el destino de nuestra propia nación.


La promesa de Nuestra Señora de Fátima a Portugal

       “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe...”. Con estas palabras, la Virgen Madre de Dios declaró en Fátima que Dios reservaba una protección especial para el pueblo de esta gran nación católica. Nuestra Señora nos prometió que, a causa de esa protección especial, Portugal conservaría la fe católica, aunque las otras naciones la perdiesen en las décadas subsecuentes.

       Es un hecho indiscutible que la protección especial de Dios se reflejó en la milagrosa transformación - religiosa, moral y hasta económica - de Portugal que se siguió a la consagración de nuestro país al Corazón Inmaculado de María, hecha por los Obispos portugueses en 1931 y 1938. De hecho ¿ha conocido Portugal días mejores de los que se siguieron a aquellas notables consagraciones?

       Muchos portugueses todavía se acuerdan de las palabras de Don Manuel Gonçalves Cerejeira, Cardenal Patriarca de Lisboa, expresando la gratitud de nuestro pueblo a Dios y a Nuestra Señora por los favores especiales que le habían concedido a Portugal: “Desde que Nuestra Señora de Fátima se apareció en 1917 en el cielo de Portugal, una bendición especial de Dios descendió sobre la tierra portuguesa (...) no se puede dejar de reconocer que la mano invisible de Dios ha protegido Portugal (...)".

Nuestro deber delante de Dios y de su Santísima Madre

       Pero la bendición de Dios conlleva una gran obligación. La elección eterna que Dios hizo de Portugal como el lugar de las apariciones de Nuestra Señora en 1917, y la consagración de Portugal al Corazón Inmaculado de María, hecha más tarde, significan no sólo los favores especiales de Dios, sino también un deber para con él de parte del Pueblo Portugués. Porque, como Nuestro Señor declara en la Sagrada Escritura: “A quien se le dio mucho, mucho se le pedirá...” (Lucas 12, 48).

       Cuando Nuestra Señora prometió que “En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe”, no quería decir que los portugueses no tenían que hacer nada, que la fe se conservaría en nuestra nación a pesar de que no viviésemos nuestra fe y no la defendiésemos de sus enemigos. No, lo que ella quería decir era que, por una gracia extraordinaria de Dios, nuestro pueblo actuaría según su deber de católico para mantener la fidelidad del catolicismo en Portugal. 

       Repárese que Nuestra Señora no dijo: “En la Iglesia portuguesa ha de conservarse siempre el dogma de la fe”. Lo que dijo fue que en Portugal - en nuestra nación - se habría de conservar la fe católica, aunque algunos católicos, incluyendo ciertos sacerdotes y obispos, le fuesen infieles.

       Los católicos no pueden aceptar la idea absurda y vil de que un pueblo puede ser católico sin que su nación lo sea también. ¿No decimos al rezar el Padre Nuestro: “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”? ¿Acaso Nuestro Señor no dijo a sus apóstoles: “Id y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"? ¿No rezamos en la sagrada liturgia de la Fiesta de Cristo Rey: “Que todas las naciones puedan servirte, Señor”?

       Junto con la promesa de Nuestra Señora de que Portugal se conservará fiel, viene también un grave deber de nuestra parte: Somos nosotros, el Pueblo Portugués, que debemos colaborar con la gracia de Dios y servir a Dios, de modo que se cumpla la promesa de Nuestra Señora y que Portugal sea preservado del horror de lo que Juan Pablo II llamó la “apostasía silenciosa”, que ya afectó gran parte de la Europa de hoy. De hecho, la presión inmensa que la Unión Europea está haciendo sobre Portugal para liberalice el aborto tiene por finalidad obligar a Portugal a unirse al resto de Europa en esta "apostasía silenciosa". No podemos dejar que esto suceda.

El referéndum del 11 de febrero: Una prueba para nuestra fe

       Llegó el momento en que Portugal será puesto a prueba respecto de la promesa de Nuestra Señora. El 11 de febrero de 2007, el Pueblo Portugués se pronunciará sobre la “legalización” del aborto por petición durante las primeras diez semanas de gravidez, y se autorizará al Gobierno portugués a pagar por la destrucción de criaturas inocentes en el vientre materno.

       Para cualquier persona - pero sobre todo para una nación católica especialmente amada por Dios - una legislación de este tipo es una locura. No hay nada más esencial al “dogma de fe”, del que habló Nuestra Señora de Fátima, que las enseñanzas de la Iglesia proclamadas infaliblemente sobre materias de fe y moral. Desde el inicio mismo de su existencia, la Iglesia condenó al aborto como el asesinato de seres humanos inocentes.  

       Este referéndum, por tanto, no es más que una prueba de nuestra fe en Dios y en su Santa Iglesia. Y es una prueba respecto de la promesa de Nuestra Señora de que en Portugal se conservará siempre la fe - una prueba que nosotros debemos atravesar, con la ayuda de la Gracia Divina.

El aborto es un crimen que ninguna nación puede “legalizar” o apoyar

       Cuando el Concilio Vaticano II denunció el aborto como “un crimen abominable”, lo hizo infaliblemente, siguiendo toda la Tradición de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II, cuyo pontificado fue enteramente dedicado a Nuestra Señora de Fátima, habló también infaliblemente en contra del aborto. Citando el Vaticano II, Su Santidad enseñó, en la encíclica Evangelium Vitae, que el aborto y otros males modernos, como la eutanasia, “son, de hecho, infamias. Envenenan la sociedad humana... Más allá de eso, constituyen una deshonra suprema para con el Creador”.

       El Pueblo Portugués no puede aceptar la "legalización" del aborto, sean cuales fueren las circunstancias. Como la Iglesia enseñó siempre, una ley inmoral no es ley. San Agustín, Santo Tomás de Aquino y todos los Papas, Santos y Doctores de la Iglesia son unánimes en declarar que los católicos no sólo deben rehusarse a apoyar una ley inmoral, sino que deben oponérsele activamente y rehusarse a cumplirla, aunque entre en vigor. 

       El Papa Juan Pablo II declaró también en Evangelium Vitae: “[Las] leyes que legitiman el asesinato directo de seres humanos inocentes, a través del aborto o de la eutanasia, están en oposición total al derecho inviolable a la vida [y] carecen por completo de validez jurídica auténtica...El aborto y la eutanasia son, por tanto, crímenes que ninguna ley humana puede tener la pretensión de legitimar. No hay obligación, en consciencia, de obedecer tales leyes; por el contrario, hay una obligación grave y clara de oponerse a ellas a través de la objeción de conciencia".

Nosotros somos los legisladores a quien Dios pedirá rendición de cuentas

       La Iglesia, hablando con la autoridad de Dios Encarnado, condenó siempre al legislador que deja de proteger la vida inocente, especialmente antes del nacimiento. El Papa Pío XI nos advirtió en su encíclica Casti Connubii: “Finalmente, no es lícito que los que gobiernan los pueblos y promulgan las leyes echen en olvido que es obligación de la autoridad pública defender la vida de los inocentes con leyes y penas adecuadas; y esto, tanto más cuanto menos pueden defenderse aquellos cuya vida se ve atacada y está en peligro, entre los cuales, sin duda alguna, tienen el primer lugar los niños todavía encerrados en el seno materno. Y si los gobernantes no sólo no defienden a esos niños, sino que con sus leyes y ordenanzas les abandonan, o prefieren entregarlos en manos de médicos o de otras personas para que los maten, recuerden que Dios es juez y vengador de la sangre inocente, que desde la tierra clama al cielo”. 

       Se pide ahora al Pueblo Portugués que sirva de legislador con su voto el 11 de febrero. Está en nuestras manos proteger las vidas inocentes por nacer. ¡Y ay de quienes voten “para traicionarlas en las manos de médicos u otros”!  Nadie se burla de Dios. Él hará cumplir su justicia en cualquier ciudadano portugués que vote a favor de derramar sangre inocente.

Cada uno de nosotros - hombre o mujer, católico o no - debe oponerse al aborto

       Nadie diga que la condenación del aborto por parte de la Iglesia sólo se aplica a los católicos, o que el próximo referéndum es una cuestión “política” o social, y no “religiosa”. La política es gobernada por la moral, y la moral deriva de la ley natural. 

       El aborto es una grave violación de la ley natural, que está escrita en el corazón de cada hombre y mujer y que nos dice lo que es correcto y lo que está errado. Cualquier persona, sea cual fuere su religión o nacionalidad, sabe que matar seres humanos inocentes es algo errado. Nadie puede negar honestamente que una criatura en el vientre materno sea una vida inocente, que no ha hecho nada malo que le mereciese la muerte. 

       La Iglesia recibió del propio Dios la autoridad para explicar y defender la ley natural en la sociedad política, todavía más en un país católico como Portugal.

       La Iglesia enseña que ningún legislador, en ningún país, está exento de la ley natural, y que las leyes de todas las naciones, especialmente de las naciones católicas, deben adecuarse a la ley natural.  Como recordó Juan Pablo II, citando nuevamente a Santo Tomás: “Toda ley hecha por hombres puede llamarse ley en la medida en que deriva de la ley natural. Pero si, de algún modo, se opone a la ley natural, no es, en realidad, una ley, sino una corrupción de la ley”.

       Todos los hombres y todas las sociedades son gobernados por esta enseñanza de la Iglesia. Se aplica siempre y en todo lugar, porque toda la tierra y todo lo que en ella existe está sujeto a Dios y a su ley. 

¡Millones para los abortos “legales”, pero nada para las escuelas y hospitales!

       Es necesario agregar que la propuesta de “liberalización” de la ley del aborto en Portugal va en contra de hasta la lógica puramente “secular”. El Primer Ministro ha cerrado centenas de hospitales, maternidades y escuelas porque dice no tener dinero, pero está dispuesto a gastar millones de euros de los contribuyentes para subsidiar los abortos que se harán si se adoptase la “liberalización”

       ¿Cómo se puede justificar este compromiso fanático de los políticos con el aborto, que ponen un acto perverso por encima de las necesidades más elementales de nuestro pueblo?

       Nosotros, el Pueblo Portugués, debemos exigir que el dinero de los impuestos que pagamos se gaste en la educación y en el cuidado de la salud, y no en la exterminación de criaturas por nacer para satisfacer la dictatorial “cultura de la muerte” que se ha esparcido por toda la Unión Europea y ahora amenaza con dominar Portugal.

¡No nos dejemos engañar por el modo en que se hace la pregunta!

       Los defensores del aborto legalizado en nuestro País formularon con mucha astucia la pregunta que debía ser remitida al Pueblo Portugués en el referéndum del 11 de febrero:

       “¿Concuerda con la despenalización de la interrupción voluntaria de la gravidez, si es realizada por opción de la mujer, en las primeras diez semanas, en un establecimiento legalmente autorizado?” 

       Ellos intentaron presentar al ciudadano común como “razonable” el crimen abominable que es el aborto.  El modo en que está escrita la pregunta sugiere falsamente que lo único que está en discusión es la “despenalización” de la “opción de la mujer".

       Pero ¿qué “opción” es esta? Es la “opción” de matar una criatura en el vientre materno, que es presentada bajo la forma engañosa de una “interrupción de la gravidez”.  Una “interrupción” que destruye una vida humana inocente, un hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza. 

       ¡Nadie tiene el derecho de hacer tal “opción”! Esta “opción” siempre es un pecado grave y un crimen terrible delante de Dios. Ninguna nación puede admitir este pecado, este crimen, en su legislación; mucho menos Portugal, la tierra en que la propia Madre de Dios se apareció para advertir a todo el mundo sobre las consecuencias del pecado.

       Téngase en cuenta también que el modo en que esta pregunta está formulada insinúa que el ciudadano puede aprobar el asesinato de las criaturas por nacer, dado que el asesinato se hará en un "establecimiento de salud legalmente autorizado". Ningún “establecimiento de salud” puede estar “legalmente autorizado” para matar inocentes por nacer. La misma idea de que un “establecimiento de salud” puede llevar a cabo la destrucción de vidas humanas inocentes es una locura y un insulto intolerable a Dios Todopoderoso y su Madre Santísima, concebida sin pecado.

 ¡No escuche la falsa exhortación a la simpatía por las mujeres!

       ¡El Pueblo Portugués no puede consentir en ser explotados por los adeptos del asesinato de criaturas por nacer, que invocan la pena que podría sentirse por las mujeres afligidas! Ninguna mujer puede ser ayudada para destrucción de su propio hijo.El aborto es un error terrible que persigue las mujeres por el resto de su vida.

       Los propagandistas del aborto dicen que es “cruel” penalizar una mujer por hacer un aborto en circunstancias difíciles. Pero no tiene nada de “cruel” el proteger legalmente la vida de las criaturas inocentes por nacer, especialmente cuando tantas mujeres sufren presiones de sus parejas, parientes y amigos para abortar los hijos que ellas, en el fondo, les gustaría tener y amar. ¿Cuántas criaturas se han salvado, y cuántas madres dieron a luz hijos que se convirtieron en objeto de su amor, sólo porque existía una ley que impedía la destrucción de vidas inocentes por parte de mujeres sujetas a diversas presiones?

       Lo que es realmente cruel para la mujer es el abandono de la protección legal de los inocentes por nacer, que se propone ahora; abandono que dejaría tanto a la madre como a la criatura expuestas al riesgo de las terribles consecuencias del aborto. No olvidemos que hay dos víctimas en cada aborto: la criatura en el vientre materno y la madre que deja que un “médico” destruya su hijo en un “establecimiento de salud legalmente autorizado”. ¡Qué grandes son el disgusto y el sentimiento de culpa de estas pobres mujeres que nunca llegarán a conocer y a amar los hijos preciosos que engendraron, como regalos que son de Dios! 

       ¿Cómo puede la ley excusarse de impedir que las mujeres hagan un mal tan grande a ellas mismas y a sus hijos por nacer a través del crimen del aborto?Encontramos en todos los países del mundo mujeres que se hicieron abortos y tuvieron el coraje de hablar para advertir a otras mujeres: ¡No cometas el error que yo cometí! ¡Quédate con tu hijo, ama a tu hijo según la voluntad de Dios, y nunca te arrepentirás! 

       El Pueblo Portugués debe escuchar las voces de estas mujeres, víctimas del crimen del aborto “legalizado”. Ningún católico digno de ese nombre puede argumentar que una mujer es “ayudada” por medio de la “elección” del aborto. Este es un argumento del Diablo, que es el Padre de las Mentiras. 

¡Debemos votar NO!

       ¿Qué cabida puede tener en la nación católica de Portugal una propuesta monstruosa como esta? ¡Ninguna! La única respuesta que el Pueblo Portugués puede dar a la pregunta que el referéndum del 11 de febrero le propone es ¡NO! 

       ¡NO! en nombre de Dios. 

       ¡NO! en nombre de su Madre Santísima. 

       ¡NO! en nombre de todo lo que es santo.

       No nos dejemos engañar por la insinuación de que debemos abstenernos de votar, para que una gran abstención pueda anular el referéndum. Si no nos manifestamos en contra de esta maligna proposición, los defensores del aborto en nuestro país conseguirán que la Asamblea de la República apruebe una ley para liberalizarlo, y muchas más criaturas inocentes morirán.

       ¿No vemos cómo el Primer Ministro y los miembros de su Gobierno pusieron de lado toda pretensión de imparcialidad, olvidándose hasta de que la Constitución de la República Portuguesa reconoce el derecho a la vida, y están haciendo abiertamente campaña por el “Sí” en el 11 de febrero?

       El Pueblo Portugués debe mostrar claramente, a través de su voto, que NO consentirá la imposición tiránica de una ley inmoral en nuestro país, país que fue consagrado solemnemente a Nuestra Señora de Fátima.

El destino de Portugal está comprometido

       Cuando Nuestra Señora se apareció en Fátima, cerca del fin de la Primera Guerra Mundial, advirtió a toda la humanidad que la Segunda Guerra Mundial y la persecución de la Iglesia serían el castigo de la revolución del hombre en contra de Dios: “La guerra va a terminar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que es una gran señal que da Dios de que va a castigar el mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre, de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”.

       Portugal fue preservado de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial y de la terrible persecución que la Iglesia sufrió en España durante la Guerra Civil.  Y fue preservado de estos castigos divinos porque sus obispos, fieles a Dios y a su Madre, dos veces consagraron a Portugal al Corazón Inmaculado de María, y los portugueses fueron fieles a esas consagraciones.

       Si Dios castigó todo el mundo, excepto Portugal, con la guerra y la persecución de la Iglesia hace sesenta y ocho años, ¿cuál será el destino de Portugal si vuelve las espaldas a Dios, traiciona su consagración a Nuestra Señora, y “legaliza” un crimen que destruyó más vidas inocentes que todas las guerras de la historia juntas? 

       Si Dios castigó el mundo tan severamente, aún antes de que el aborto sea “legalizado” en casi todos los países, ¿qué castigo hará Dios caer sobre Portugal si nuestra nación, consagrada al Corazón Inmaculado de la Santísima Madre de Dios, aprobase la masacre de los inocentes que han de nacer? 

       ¿Podrá algún católico verdadero dudar de que Portugal sería maldecido si siguiese el ejemplo de todas las otras naciones que desencadenaron la marea sangrienta del aborto por opción?

Nuestra Señora de Fátima nos está viendo

       Buen Pueblo Portugués: ¡no se dejen engañar! Este referéndum es una batalla por el alma de Portugal. El resultado de esta batalla va a determinar si nuestro país fue envenenado por la campaña en pro del crimen abominable que es el aborto, y si nosotros, el pueblo católico de Portugal, seremos culpables de una ofensa suprema a nuestro Creador, a quien debemos la propia vida y delante de quien todos nosotros deberemos responder el Día del Juicio.

       Nuestra Señora de Fátima está observándonos en este momento crítico de la historia de nuestro país. Está viendo cuántos de nosotros se pondrán en acción para cumplir su promesa de que en Portugal el dogma de nuestra fe se conservará siempre. Está a la espera de ver cuál será nuestra respuesta a la pregunta que nos harán el 11 de febrero. Espera escuchar al Pueblo Portugués responder con un vigoroso ¡NO! ; no al mal del aborto, que sigue siendo un mal, por más astucias, eufemismos y propagandas que usen los políticos que escribieron la pregunta. 

       Si nosotros, el pueblo católico de Portugal, diésemos otra respuesta que no fuese un “NO” a la pregunta que se nos hará el 11 de febrero, nuestra nación ofendería a Dios y sería castigada por esa ofensa. Al votar, no debemos prestar atención a las voces seductoras de los políticos, o de hasta los sacerdotes y obispos que nos puedan desviar con palabras ambiguas. Escuchemos sólo a Dios, a su Madre Santísima y a las verdades de nuestra fe católica. Y si así lo hacemos, se cumplirá la promesa que hizo Nuestra Señora de Fátima a Portugal. 

       Pueblo portugués: ¡no traicionen a la Virgen Santísima! Voten como a ella le gustaría que votasen, y afirmen, con su “NO” inequívoco, el lugar de Portugal como nación especialmente favorecida por la Madre de Dios.  

       Pueblo portugués, ¡sigan los consejos de Nuestra Señora de Fátima y recen el Rosario todos los días con el propósito de derrotar esta medida perversa!

       Nuestra Señora de Fátima: ¡intercede por Portugal el 11 de febrero!




amigable a su impresora
Pagina inicial

imagemap for navigation Página inicial Mapa del sitio Contactar Buscar