La oscuridad desciende sobre nosotros

Que Dios se apiade de todos nosotros

por el Padre Nicholas Gruner, S.T.L., S.T.D. (Cand.)


    La batalla del diablo por obtener su alma ha entrado en una nueva etapa. Usted está ahora en mayor peligro que nunca. Yo también. Que Dios nos afiance con su fortaleza y nos haga estar cada vez más cautelosos y atentos ante las trampas que nos tiende  el diablo a nosotros personalmente y también a la Iglesia y el mundo entero.

    ¿Estoy exagerando? ¡Ojalá que así fuera! A usted le toca ser el juez, pero sólo después de considerar los hechos.

    ¿Cómo sé yo todo esto? ¿Y cómo puede también usted saber que hemos entrado en esta nueva etapa más peligrosa?

Se explica en este número

    Tiene que leerlo y empuñar las armas de la verdad. Abra bien los ojos. Yo particularmente pensaba que estaba bien informado, pero sin embargo los hechos que se presentan en este número, así como en las profecías bíblicas y de la Virgen de Fátima han abierto mis ojos de un modo que no imaginaba.

    “Sólo la Virgen del Rosario los puede ayudar”, dijo Ella el 13 de julio. Ella, “la Mujer vestida de sol”, que explicó a Lucía, Jacinta y Francisco los peligros más terribles que acechan a cada alma en nuestros días.

    En la primera parte del Secreto de Fátima la Virgen les mostró la visión de muchas almas en el infierno, torturadas por demonios y quemadas por el fuego “en medio de fuertes gritos de dolor y desesperación que hicieron temblar de miedo” a los tres niños. Ella nos dijo que muchas almas en nuestros días van a parar allá y nos explicó lo que debemos hacer para evitar terminar allí también nosotros.

    En la segunda parte del Secreto, la hermosa Mujer les habló de los peligros que amenazan a la cristiandad, y por lo tanto, a cada ciudadano de cada país del mundo. Les dijo que los buenos serían martirizados, que naciones enteras serían aniquiladas y que el resto del mundo sería tiranizado por hombres ateos que nos regirían a todos nosotros, incluidos los Estados Unidos de América.1

    Pero la tercera parte del Secreto es una profecía que revela la parte más terrible, la parte que hoy está sucediendo delante de nuestros ojos, la parte que predecía la apostasía en la Iglesia, la parte que es todavía peor que la segunda parte que acabo de describir.

    Ya hemos entrado abiertamente en esta apostasía. Exactamente a partir del 13 de octubre de 2003 esta nueva etapa comenzó a desplegarse públicamente de una forma nunca antes vista en la historia de la humanidad.

    Era casi imperceptible y me llevó cerca de un mes comprender su importancia y la inminencia del peligro. Todavía se está desplegando y habrá repercusiones para usted a nivel personal, repercusiones terribles que no se pueden imaginar hoy (cf. Mt. 24, 15-24), a menos que usted y yo y varios otros miles reaccionemos ahora y de ahora en adelante.

    Tenemos que dedicarnos más que nunca a la oración. Tenemos que pedirle ayuda a Nuestra Señora del Rosario, ya que “sólo Ella nos puede ayudar”.

    Tenemos que despertarnos ahora mismo. Debemos intentar despertar a otros, por el bien de su propia salvación eterna. Si despertamos a suficientes personas, si rezamos lo suficiente, si ofrecemos suficientes sacrificios y actuamos con inteligencia y efectividad, todavía estamos a tiempo para evitar el peligro.

    Pero tenemos que prepararnos para lo peor. Después de esta última etapa ya será demasiado tarde.

    Usted mismo tiene que tomar los pasos preventivos necesarios. No puede mantenerse al margen. Hay miles de millones de almas en juego además de la suya. Usted puede ser un miembro valioso de la banda victoriosa, siempre que actúe ahora mismo.

    ¿Se pregunta cómo sé que hemos entrado en esta nueva etapa? ¿Por qué le pongo por fecha el 12 y 13 de octubre de 2003? ¿Cómo se relacionan estos hechos con las profecías bíblicas sobre el fin de los tiempos? ¿Cómo se vincula con las profecías de Fátima sobre los últimos tiempos?

    Lo que ha sucedido, como verá en este número, es un llamamiento “oficial” a la apostasía dado clara y abiertamente por los que ocupan altos puestos de poder dentro de la Iglesia Católica, tanto en Fátima como en el Vaticano.

¿Qué es la apostasía?

    Apostasía es una palabra que aparece en la Biblia. San Pablo la emplea para describir lo que debe suceder antes de la venida del Anticristo. El Anticristo es el “hombre del pecado”, el “hijo de la perdición”, el hombre que dirigirá a todas las fuerzas del diablo, que son todas las fuerzas de los movimientos, organizaciones y gobiernos que luchan contra Dios.

    Es decir, son todos los humanistas seglares, los masones, los comunistas (tanto de los regímenes manifiestos en China, Cuba, etc., como los de Rusia y del bloque de Europa Oriental que regresan en forma cada vez más explícita a los viejos métodos de Stalin y Lenin), y las religiones creadas puramente por hombre del tipo gobierno mundial, Nuevo Orden Mundial y Mundo Global, en las cuales algunos partidarios pretenden servir a Dios pero terminan sirviéndose a sí mismos o al diablo.

    Entonces el “hombre del pecado”, el “hijo de la perdición”, el “anticristo” saldrá a la luz y se manifestará. Reunirá a todas las fuerzas de los distintos sectores que buscan fines humanamente legítimos, pero en contra de Jesucristo: financistas, banqueros, industriales, diplomáticos, militares, gente del gobierno, de la tecnología y de muchos otros sectores también; muchos abogados, doctores, contadores: profesionales que buscan servir primero al dinero, en vez de servir a Dios.

    Pero según nos dice San Pablo, antes de la venida del hombre del pecado tiene que llegar la apostasía. Así como antes del nacimiento de Jesucristo en el mundo, cuando Dios preparó a la humanidad dándoles la Antigua Alianza y el Antiguo Testamento con sus profetas, patriarcas, pueblos y dirigentes. Los que habían vivido bien según la revelación de Dios hasta ese momento se convirtieron en santos y mártires, y resulta que por lo menos un remanente de Israel lo reconoció cuando vino y aceptó su enseñanza, la cumplió y la transmitió al resto del mundo.

    “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”, pero a “los que lo recibieron [el remanente de Israel] les dio el poder de ser hijos de Dios”.

    El diablo a su vez ha estado preparando su remanente (los que le han servido a través de los siglos) para introducir la apostasía entre nosotros, para que cuando haya causado la apostasía en suficientes personas, es decir, les haya hecho servirlo a él en vez de servir a Cristo, entonces revelar a su escogido, al Anticristo, para declarar una guerra abierta contra los seguidores fieles de Jesucristo.

    Entonces primero viene la apostasía, la Gran Apostasía. ¿Qué es el pecado de la apostasía? La apostasía es más que el cisma, más que la herejía. La apostasía es mucho peor. Permítame explicar estos tres conceptos para que pueda comprender mejor la magnitud de estos pecados.

Cisma

    El cisma es un pecado terrible que consiste en un ataque intencional a la unidad de la Iglesia de Jesucristo por parte de una o más personas.

    Sabemos por el Catecismo que son cuatro las marcas de la Iglesia: una, santa, católica y apostólica. La Santa Biblia nos dice que tenemos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef. 4, 5). La Iglesia es una en su gobierno y una en su comunidad.

    La palabra “cisma” proviene del griego y significa “romper en trozos”. El cisma puede ser causado por miembros de cualquier nivel en la Iglesia: laicos, sacerdotes, obispos o incluso el Papa.

    Generalmente un cisma se produce cuando una persona de la Iglesia se niega a reconocer la autoridad legítima de su superior. Un acto de desobediencia a una autoridad legítima es siempre un pecado, aunque no siempre un acto de cisma. La desobediencia pasa a ser un acto de cisma cuando el sujeto dice: “No reconozco tu derecho de mando sobre mí, no simplemente en referencia a una orden en particular, sino siempre y por principio”.

    Obsérvese que puse énfasis en la palabra legítima. Porque obviamente si una persona mandara lo que no incumbe a su autoridad, no sería desobediencia ni sería cisma desobedecerla.

    Un superior puede ser culpable de cisma si da a los fieles bajo su mando una orden, o lo que parezca ser una orden, que por su propia naturaleza cause disensos entre esos fieles. Un ejemplo sería que alguien dijera a la mitad de la congregación que hiciera una cosa y a la otra mitad que hiciera lo contrario. Esto se  explica en mi artículo “Schism and the Common Good” [El cisma y el bien común] (The Fatima Crusader, nº 57, págs. 24 ss. y nº 59, págs. 35 ss.)

    Los cismas son terribles porque provocan desorden, descontento y desacuerdo entre algunos miembros de la Iglesia que deberían permanecer en paz para ser un reflejo de la paz de la Iglesia celestial. Esta paz debería ser para los de dentro y fuera de la Iglesia el signo de su misión divina. “Mirad cómo se aman los unos a los otros”. Este es el deseo de Cristo para su Iglesia: que sea un testimonio para los no católicos de que la Iglesia Católica es la única Iglesia verdadera. La paz dentro de la Iglesia Católica debe ser también motivo de consuelo y alegría para todo católico.

Herejía

    La herejía es mucho peor porque ataca más abiertamente a Dios. Es siempre un acto de cisma y es más difícil que un alma particular se arrepienta de su herejía. Escandaliza a más almas y sus consecuencias son más permanentes. Si la herejía no se repara puede llevar a la apostasía. El cisma en sí no lleva a la apostasía.

    La herejía es el pecado por el cual una persona rechaza una o varias de las enseñanzas de Jesucristo, aunque acepte la mayoría de ellas. El hereje dice: Acepto todas las verdades dogmáticas enseñadas por la Iglesia de Cristo, excepto una,  cinco o varias.

    La herejía no niega el hecho que Jesucristo vino y nos enseñó el camino hacia Dios. Tampoco niega que hay un solo Dios según lo que Cristo nos enseñó.

    Sin embargo, las herejías de los últimos 2.000 años han abrazado toda clase de errores sobre Jesucristo, el Espíritu Santo, la Santísima Virgen María, la naturaleza de la Iglesia y los sacramentos.

    Ya ha habido muchos errores, es decir, muchas herejías, que han afectado el destino eterno de millones de almas.

    Hasta en nuestros días hay grupos organizados de hombres y mujeres que abrazan posiciones heréticas y que por tanto no son miembros de la Iglesia Católica. Serán excluidos del cielo si mueren en esta condición.

    La herejía es un pecado mortal en contra de la virtud de la fe porque se niega a aceptar el derecho que tiene Dios de exigir que cada persona crea lo que Él enseña. Si uno comete el pecado de la herejía y no se retracta, es decir, no se arrepiente, va al infierno. Si su herejía es pública, es decir, si alguien les cuenta a otros su rechazo de una doctrina de Jesucristo, la retractación de su herejía tiene que ser pública también.

Dios es Totalmente Santo

    Dios es completamente perfecto. Es totalmente santo. En Él no hay pecado, ni puede haberlo. No sólo no tiene pecado, sino que es la Santidad misma. Es tan virtuoso que no puede mentir, porque es pecado decir mentiras. La perfección de Dios no tiene límites y su mente no ignora nada. Sabe todo en todas partes y en todo momento, en el pasado, presente y futuro.

    Dios lo sabe todo y no puede mentir. Entonces cuando Dios nos dice algo, tenemos que creerlo porque es verdad. Tenemos que creerlo porque sabemos que Dios no puede ni quiere engañarnos cuando afirma que una enseñanza es verdadera.

    Nosotros insultamos a Dios si no creemos en Él. Por nuestra incredulidad le estamos diciendo implícitamente: Tú eres ignorante, no sabes la verdad según nos dices. O por nuestra falta de fe le estamos diciendo implícitamente: Tú no eres santo, nos estás mintiendo a propósito, no eres completamente perfecto.

    De una u otra forma nuestros actos de incredulidad son una blasfemia, por lo menos implícita, contra Dios. Entonces incluso si un hereje acepta una parte de lo que enseñan Cristo y su Iglesia pero rechaza otras partes de su enseñanza, lo que hace es una blasfemia implícita. Un acto deliberado de herejía es siempre un pecado mortal.

Apostasía

    Pero la herejía no es tan mala como la apostasía. La apostasía es mucho peor. El pecado de la apostasía consiste en que una persona que alguna vez ha aceptado las enseñanzas de Cristo (mayoritariamente o en su totalidad) ahora decida rechazar la mayor parte de sus enseñanzas, o todas.

    La apostasía se produce cuando una persona que era cristiana ahora lo rechaza completamente. Rechaza el cristianismo con sus creencias, y abraza opiniones y prácticas contrarias a las de Cristo.  Rechaza gran parte de la ley moral que Cristo enseñó.

    Si una persona nunca ha conocido las enseñanzas de Cristo, entonces no puede ser apóstata porque nunca conoció la luz que Cristo aportó al mundo. Puede ser que haga lo mismo que un cristiano apóstata, pero su pecado no es tan grave porque no es tan profunda su caída a partir de dones que Dios le dio anteriormente.

    La apostasía es un pecado que sólo un cristiano puede cometer. La apostasía es mucho peor que el cisma, mucho peor que la herejía. La “Gran Apostasía” no significa que el pecado de la apostasía sea cometido por una sola persona. Significa que una porción importante de los católicos que hasta entonces creían caigan en el pecado de la apostasía, endurezcan sus corazones y eventualmente acojan al Anticristo como salvador del mundo.

    Acogen al Anticristo como el jefe que dará la paz al mundo y al que deberán obedecer. Como apóstatas consentirán la persecución de los católicos fieles hasta el punto de aceptar su exterminio por la tortura y la muerte.

    La Gran Apostasía tiene que suceder antes de que venga el Anticristo. Y la Gran Apostasía ya avanza a plena velocidad. Lleva 40 años desarrollando su plan, desde 1960.

    Hay referencias a la Gran Apostasía no sólo en la Sagrada Escritura, sino también en la tercera parte del Secreto de Fátima. El Vaticano todavía no ha publicado estas palabras, pero están allí. El Cardenal Ciappi dijo: “En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la gran apostasía en la Iglesia comenzará desde lo más alto”.

¿Podríamos ser más claros?

    Sabemos que el Tercer Secreto es una profecía que comenzó a realizarse en 1960. Predice la apostasía que se infiltra en la Iglesia a través de las personas de alto rango en el Vaticano y en otras partes del mundo. Esto se explica en los libros El Tercer Secreto de Fray Michel y El Postrer Combate del Demonio.

    Vivimos ahora las primeras etapas de la Gran Apostasía, y avanzamos rápidamente hacia sus etapas sucesivas.
Esto lo sabemos porque:

  1. El mensaje de Fátima es verdadero y de origen divino. El Tercer Secreto forma parte de este mensaje.
  2. El Tercer Secreto es una profecía que predice el futuro.
  3. Predijo lo que había comenzado antes del final de 1960.
  4. Las predicciones dadas en el secreto terminarán cuando el Inmaculado Corazón de María triunfe y le sea dado al mundo un período de paz. Evidentemente todavía no nos encontramos en un período de paz que abarque a la humanidad entera.
  5. Entonces todavía nos encontramos en medio de la profecía.
  6. La profecía habla de la Gran Apostasía.
  7. La profecía nos alerta contra los que ocupen los altos cargos en la jerarquía de la Iglesia y que promuevan esta Gran Apostasía.
  8. Recientemente Monseñor Guerra y sus simpatizantes en el Vaticano han promovido “oficialmente” una apostasía abierta. También el Vaticano la está promoviendo a través de su silencio.

    ¿Por qué motivo hemos dejado pasar este hito en el plan del diablo?

El Congreso sobre “El Futuro de Dios”

    Poco después del inicio del Congreso sobre “El Futuro de Dios”, las autoridades del Santuario de Fátima declararon ni más ni menos que una guerra abierta a Dios.

    Al declarar sus intenciones contaron con la “bendición” o “silencio” de sus superiores en la Iglesia2, el Cardenal Patriarca de Lisboa, el Obispo de Fátima, el Nuncio Papal del Vaticano y un arzobispo del Vaticano que promueve el tan discutible “diálogo interconfesional”.

    En el contexto de este Congreso se anunció el plan de establecer en este lugar sacro la “Abominación de la Desolación”, en el sitio en que el mismo Jesucristo nos advirtió que sucedería en los días del Anticristo.

    Nunca antes en la historia de la Iglesia se ha dado el caso de que un santuario católico propicie el ingreso regular de ídolos paganos a un lugar de culto católico como este donde se debe venerar exclusivamente a Jesucristo, el Rey de los Reyes, el Señor de los Señores, el Hijo de Dios y la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. A Jesucristo, celoso de nuestra adhesión, nuestro culto y nuestra fe, que no aceptará rivales.

    El atrevimiento del rector apóstata de este santuario de Fátima, el total insulto que profirió en este lugar sacro, la insinuación de que esto sea un servicio a Dios y la voluntad de la Santísima Virgen… todo esto es blasfemia, herejía, cisma y apostasía. ¡Y cada uno de esos pecados es de por sí merecedor del infierno!

Tenemos que rechazar la apostasía en forma enérgica e inmediata

    La invitación a paganos y a miembros de otras religiones falsas al lugar sacro de Fátima a que veneren a sus falsos dioses o adoren a Dios en formas que a Él no le resultan aceptables es señal de que la plena apostasía no está lejos, a no ser que la rechacemos en forma enérgica e inmediata, mientras aún nos quede tiempo.

    Recé mucho para obtener la gracia de poder explicar esto a usted y a todos los católicos y personas de buena fe de forma que lo entiendan. No puedo recalcar suficientemente cuán importante es que usted comprenda y viva su Fe católica para que no padezca la atracción hipnótica de los fosos del infierno por toda la eternidad. Por favor, por el bien de su alma y de sus seres queridos y sus vecinos, llámenos, escríbanos si no hemos sido suficientemente claros al explicarles que la vida y las almas de los hijos de Dios en todas partes del mundo penden de un hilo.

    Usted y yo tenemos que arrancar el velo de falsedad que cubre los ojos de nuestros familiares y amigos. Ayudémosles para que sus ojos vean y sus oídos oigan las verdades salvíficas de la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica.

    Recemos y sacrifiquémonos para que ni ellos ni ningún católico quede ciego, ignorante o perezoso ante el presente peligro. Si no hacemos lo que podamos de nuestra parte, es de temer que sus sentidos y sus corazones permanezcan infestados por las ideas del mundo, de la carne y del diablo, hasta tal punto que muchos no serán capaces de entender y ser convertidos al Señor.

Jesús nos lanzó varias advertencias en las profecías de la Biblia

    Jesús dijo: “Cuando vean en el Lugar santo la Abominación de la desolación, de la que habló el profeta Daniel –el que lea esto, entiéndalo bien– los que estén en Judea, que se refugien en las montañas” (cfr. Mt. 24, 15-24 y Dn. 9, 27).

    El plan diabólico de las autoridades del Santuario todavía no ha sido implementado en su plenitud, pero pronto lo será si no lo detenemos con nuestras oraciones y protestas efectivas, además de nuestra negativa a poner limosnas en la canasta para la colecta de los apóstatas católicos que promueven esta apostasía, para darlas más bien a organizaciones de católicos fieles.

    A usted le toca entender, mantenerse informado, rezar y actuar. De lo contrario, muy pronto tendremos que refugiarnos para salvar nuestras vidas.

    Sor Lucía explicó más sobre este artículo. Vea el artículo “The Last Times of the World” que aparece en este número.

Notas a pie de página:

1. Vea la conversación de Sor Lucía con el Padre Fuentes en Fray Michel de la Sainte Trinité, The Third Secret, (Buffalo: Immaculate Heart Publications, 1990), págs. 503 - 510. Vea también William Thomas Walsh, Our Lady of Fatima, (New York: Doubleday, 1954), pág. 221; Louis Kaczmarek, The Wonders She Performs, (Manassas: Trinity Communications, 1986), págs. 151-160; y Memorias e Cartas da Irma Lucia, (Porto, 1973), págs. 340-341.
2. Vea el artículo de John Vennari titulado "Fatima to Become Interfaith Shrine?" y el de Chris Ferrara titulado "Una nueva Fátima para una nueva Iglesia " en este número.