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La aprobaciůn por los Papas

La aprobaciůn por los Papas

En 1917, cuando la Primera Guerra Mundial se extendía a lo largo de Europa y no mostraba signos de concluir pacíficamente, el Papa Benedicto XV se dirigió en súplica a la Santísima Virgen María, por quien se dispensan todas las gracias. El Papa pidió urgentemente a todos los pueblos cristianos rogar a la Virgen María para obtener la paz del mundo, y encomendar solemnemente la empresa solo a Ella.

El Papa quiso que el mundo “recurriera al Corazón de Jesús, trono de gracias, y a ese trono por intermedio de María”, y ordenó que se agregara en forma permanente a las Letanías Lauretanas la invocación “Reina de la Paz, ruega por nosotros”. Luego, poniendo confiadamente la paz del mundo en Sus manos, el Papa hizo otro llamado:

A María, entonces, Madre de Misericordia y omnipotente por la gracia, suba este amoroso y devoto llamado desde todos los rincones de la tierra—desde los nobles templos y las más pequeñas capillas, desde los palacios reales y las mansiones de los ricos como desde las más humildes moradas — desde las llanuras bañadas de sangre y de los mares, se dirija a Ella el llanto angustiado de las madres y las esposas, el gemido de los pequeños inocentes, los suspiros de todos los corazones generosos: que Su más tierna y benigna solicitud se conmueva, y la paz que Nos pedimos se alcance para nuestro mundo agitado.

La Virgen, misericordiosa, respondió rápidamente a la súplica urgente del Papa: apenas ocho días más tarde, Ella se apareció en Fátima y dio al Papa y a la humanidad un plan para la paz. Sin embargo, ese plan requirió en primer lugar de la obediencia de los hombres y especialmente la del Vicario de Cristo en la tierra, el Papa. Dios y la Santísima Virgen consintieron dar la paz al mundo, pero como fue el Papa quien pidió se le mostrara el camino para la paz, su cooperación en los designios del Cielo se convirtió en requisito.

Así, desde el principio, el Santo Padre ha tenido un rol específico en el Mensaje de Fátima: a causa de su insistencia, Dios envió a Su Santa Madre a Fátima; y cuando el Papa cumpla con los pedidos de Dios, la Santísima Virgen traerá la paz al mundo. Por lo tanto, porque su rol en el Mensaje de Fátima es tan fundamental, examinemos como los Papas han aprobado y promovido Fátima.

En primer lugar, el Papa Benedicto XV restableció la antigua diócesis de Leiría el 17 de enero de 1918, y en una carta del 29 de abril de 1918 a los obispos portugueses, se refirió a los acontecimientos de Fátima como “un auxilio extraordinario de la Madre de Dios”. En 1929, en una audiencia al Seminario Portugués en Roma, el sucesor del Papa Benedicto, Pío XI, ofreció personalmente a cada seminarista dos estampas de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. El Papa Pío también quiso leer todos los resultados del Proceso Canónico de Fátima, para familiarizarse personalmente con las apariciones de Nuestra Señora.

El 1º de octubre de 1930, la Sagrada Penitenciaría, bajo Pío XI, otorgó una indulgencia parcial a aquellos que visitaran individualmente el Santuario y rezaran por las intenciones del Santo Padre, y una indulgencia plenaria una vez al mes a aquellos que fueran allí en grupos. Esas indulgencias otorgadas por Roma llegaron justo a tiempo para preparar las mentes para recibir con entera confianza la inminente aprobación episcopal anunciada, que la Santa Sede así había apoyado discretamente.

Con el conocimiento y consentimiento del Papa Pío XI, el 13 de octubre de 1930, el Obispo D. José Correia da Silva, de Leiría (la diócesis a la que pertenece Fátima) anunció en una carta pastoral sobre las apariciones, los resultados de la investigación oficial de Fátima. Esa aprobación oficial contenía estos importantes párrafos:

En virtud de consideraciones ya conocidas, y de otras que omitimos por razones de brevedad; invocando humildemente al Divino Espíritu y poniéndonos bajo la protección de la Santísima Virgen, y después de escuchar las opiniones de nuestros Reverendos Consejeros de esta diócesis, nosotros, por la presente: -
1. Declaramos dignas de fe, las visiones de los niños pastores en la Cova da Iria, parroquia de Fátima, en esta diócesis, desde el 13 de mayo al 13 de octubre de 1917.
2. Permitimos oficialmente el culto de Nuestra Señora de Fátima.

El Papa Pío XII, cuya consagración episcopal tuvo lugar 13 de mayo de 1917, fecha de la primera aparición en Fátima de Nuestra Señora, hizo mucho para ayudar a fortalecer la devoción a Nuestra Señora de Fátima. También, fue conocido como “el Papa de Fátima”. En una oportunidad, él expresaría, “El tiempo de dudar de Fátima ha pasado, el tiempo para la acción es ahora”. Cuando la imagen de la Virgen Peregrina estaba recorriendo Italia, y ocurrían milagros a donde llegara, Pío XII afirmó asombrado: “Nos apenas podemos creer a nuestros ojos”.

En 1940, el Papa Pío XII habló de Fátima por primera vez en un texto oficial, su encíclica Sæculo Exeunte, escrita para alentar a la Iglesia de Portugal a fomentar la actividad misionera en sus dominios. En el texto el Papa afirmó: “No dejéis que los fieles olviden, especialmente cuando recen el Rosario, tan recomendado por la Santísima Virgen María en Fátima, pedir a la Madre de Dios obtener vocaciones misioneras, con frutos abundantes para el mayor número posible de almas...”

El Papa concluyó luego la encíclica de esta forma, “Sin ninguna duda, Dios, en Su bondad, derramará Sus abundantes bendiciones sobre estas empresas generosas y sobre la muy noble nación Portuguesa. La Santísima Virgen, Nuestra Señora del Rosario, venerada en Fátima, la Santísima Madre de Dios que dio la victoria en Lepanto, os asistirá con Su más poderosa asistencia...”  También, en 1940, el Santo Padre otorgó el Patronato de Nuestra Señora de Fátima a la diócesis de Nampula, Mozambique, entonces colonia de Portugal.

En octubre de 1942, en respuesta a un mensaje que le transmitió la Hermana Lucía en 1940, el Papa Pío XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María, con una mención especial de Rusia. A principios de 1943, la Hermana Lucía explicó que el Señor le dijo que aceptaría ese Acto de Consagración para acelerar el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero que por tal acto no se obtendría la paz mundial. Como Nuestro Señor lo predijo, por ese acto se obtuvo el fin de la guerra, pero no llevaría al reinar de la paz que prometió Nuestra Señora, ya que no fue una consagración de Rusia específicamente, y los obispos del mundo no participaron en ella.

El 4 de mayo de 1944, la Santa Sede instituyó la Fiesta del Inmaculado Corazón de María.

En 1946, Su Eminencia el Cardenal Masella, actuando como Legado personal del Santo Padre, coronó a Nuestra Señora de Fátima como “Reina del Mundo”. Todo el episcopado portugués y más de 600.000 peregrinos se reunieron en Fátima para el evento.

En 1950, el Papa Pío XII dijo incluso al Superior General de los Dominicos: “Decid a vuestros religiosos que el pensamiento del Papa está contenido en el Mensaje de Fátima”.

El 13 de octubre de 1951, el Legado del Papa, Cardenal Tedeschini, fue enviado a Fátima para el cierre del Año Santo. El Cardenal dijo a la multitud que el Papa Pío XII había visto él mismo, repetido en Roma, el Milagro del Sol que había ocurrido en la última aparición en Fátima. Es claro que el Santo Padre eligió Fátima para este evento mayor, para dirigir la atención hacia el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima. El Santo Padre, en realidad, había sido honrado con ver el Milagro del Sol en cuatro ocasiones distintas el año anterior: el 30 y el 31 de octubre, el 1º de Noviembre (día en que Pío XII definió solemnemente el dogma de la Asunción), y el 8 de noviembre (en la octava de la misma solemnidad).

El 7 de julio de 1952, en respuesta a los pedidos de los católicos rusos, el Papa Pío XII consagró Rusia y su pueblo al Inmaculado Corazón. Desafortunadamente, los peticionarios no sabían que el Santo Padre debía hacer la Consagración en unión con los obispos del mundo. Así, Pío XII hizo la Consagración en una ceremonia privada, sin invitar a los obispos del mundo a unirse a él como lo pidió Nuestra Señora.

El 11 de octubre de 1954, Su Santidad publicó una encíclica sobre el Reinado de María,  y en ella se refirió a Su imagen milagrosa en Fátima. Dos años más tarde, la Iglesia que se levanta en el mismo sitio de las apariciones, en Fátima, fue elevada al rango de Basílica.

En 1964, durante el Concilio Vaticano Segundo, en la ceremonia solemne del cierre de la tercera sesión, ante todos los obispos católicos del mundo, el Papa Paulo VI renovó la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, que hiciera Pío XII. Paulo VI anunció también el envío de un embajador especial a Fátima. En nombre del Papa, el Legado Pontificio llevaría como presente simbólico una rosa de oro al Santuario de Fátima. La inscripción en ella diría que el Papa Paulo estaba encomendando el cuidado de toda la Iglesia a Nuestra Señora de Fátima. Luego, en realidad, el 13 de mayo de 1965, por intermedio de su Legado, como lo había anunciado en el Concilio Vaticano Segundo, el Papa Paulo obsequió la rosa de oro en Fátima, encomendando toda la Iglesia al cuidado de Nuestra Señora de Fátima.

El 13 de mayo de 1967, para el quincuagésimo aniversario de la primera aparición en Fátima, el Santo Padre fue en peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Fátima y escribió una encíclica en ocasión de su peregrinaje. Estando allí, bendijo también setenta estatuas de la Virgen Peregrina Nacional, que viajaron continuamente para que muchas naciones recordaran y practicaran el Mensaje de Fátima.

Antes de su elevación al Papado, el Papa Juan Pablo I, quien exhibió una particular devoción a Nuestra Señora de Fátima, como Cardenal Patriarca de Venecia, encabezó una peregrinación hacia allí. Fue durante ese viaje que él se entrevistó con la Hermana Lucía, y resultó muy impresionado por la entrevista.

El Papa Juan Pablo II exhibió muchas veces su aprobación por Fátima. El visitó Fátima en tres oportunidades — en 1982, 1991 y 2000. Durante su visita del 2000, beatificó a los dos videntes fallecidos, Jacinta y Francisco. También elevó a fiesta universal la conmemoración de Nuestra Señora de Fátima, ordenando que fuera incluida en el Misal Romano.

Durante su homilía en la Misa en Fátima el 13 de mayo de 1982, el Papa Juan Pablo II dijo, “El llamado de la Señora en el Mensaje de Fátima está tan profundamente enraizado en el Evangelio y en toda la Tradición, que la Iglesia siente interpelada por ese Mensaje”. También dijo, “El Mensaje está dirigido a todos los seres humanos... A causa del continuo incremento del pecado y de peligros tales como una guerra nuclear, ahora amenazando a la humanidad, el Mensaje de Fátima es más urgente y relevante en nuestro tiempo, de lo que fue cuando Nuestra Señora se apareció hace 65 años.”

El también afirmó, “Hoy Juan Pablo II, sucesor de San Pedro, se presenta él mismo ante la Madre del Hijo de Dios en Su santuario de Fátima. ¿Y en que forma lo hace? El se presenta leyendo otra vez, con ansiedad, el llamado maternal a la penitencia, a la conversión, el llamado ardiente del Corazón de María, que resonó en Fátima hace 65 años. Si, él lo lee otra vez con ansiedad en su corazón, porque ve cuantos pueblos y sociedades — cuantos Cristianos — han tomado la dirección opuesta a la indicada en el Mensaje de Fátima. El pecado ha hecho así su casa del mundo, y la negación de Dios se ha difundido extensivamente en las ideologías, en las ideas y en los planes de los seres humanos.”

Así, de los ejemplos arriba señalados, podemos ver que además de su aprobación oficial en 1930, los Papas han aprobado Fátima de muchas maneras decisivas.





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