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Circunstancias y diálogos de las apariciones de 1917
13 de mayo de 1917
Para el
13 de mayo de 1917 habían pasado varios meses desde la aparición
final del Ángel a los tres niños. Ellos continuaban con la tarea
de apacentar sus rebaños, y habían recuperado su antigua vivacidad
y alegría. El 13 de mayo, después de la Misa dominical de esa
mañana, ellos eligieron llevar sus ovejas a una propiedad de los padres
de Lucía, llamada Cova da Iria. Después de comer su almuerzo a
mediodía y de rezar el Rosario, los niños comenzaron a jugar.
Repentinamente ellos vieron una suerte de relámpago, que les hizo creer
que se estaba aproximando una tormenta, y comenzaron a descender la colina para
volver a casa.
A mitad
de camino, en la pendiente, hubo otro destello de luz, y apareció una
Señora sobre una encina. Lucía dice que era “una Señora,
vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz
más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina,
atravesado por los rayos del sol más ardiente”. Los niños
se detuvieron y se encontraron dentro de la luz que emanaba de Ella.
Lucía describe la aparición de esta forma:
Entonces Nuestra Señora nos dijo: - ‘No tengáis
miedo. No os voy a hacer daño.’
- ¿De donde es Vuestra Merced? -le pregunté.
- ‘Soy del Cielo.’
- ¿Y que es lo que Vuestra Merced quiere?
- ‘Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses
seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quien
soy y lo que quiero. Después volveré aquí aun una séptima
vez.’
- Y yo, ¿también voy al Cielo?
- ‘Si, vas.’
- Y, ¿Jacinta?
- ‘También.’
- Y ¿Francisco?
- ‘También, pero tiene que rezar muchos Rosarios.’
Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto
hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer
con mi hermana mayor.
- ¿María das Neves ya está en el Cielo?
- ‘Si, está.’ (Me parece que debía
de tener unos dieciséis años) .
- Y ¿Amelia?
- ‘Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo.’ (Me
parece que debía de tener de dieciocho a veinte años).
- ‘¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos
los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados
con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?’
- Si queremos.
- ‘Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de
Dios será vuestra fortaleza.’
Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...)
cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz
tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en
el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a
nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos
en el mejor de los espejos .
Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos
de rodillas y repetíamos intimamente: ‘Oh Santísima Trinidad,
yo os adoro. Dios mío, Dios mío; yo os amo en el Santísimo
Sacramento’.
Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió:
- ‘Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz
para el mundo y el fin de la guerra.’
- ¿Podríais decirme si la guerra durará mucho o si terminará pronto?
- ‘No te lo puedo decir aún, mientras no te haya dicho
que es lo que quiero.’
Enseguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección
al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía.
Durante
las apariciones, el papel de cada uno de los niños fue distinto: Lucía
era la única que hablaba con Nuestra Señora: Jacinta la veía
y la escuchaba pero no hablaba; y Francisco la veía, pero él no
podía escucharla, y luego debían decirle lo que Ella decía.
En la Luz
Divina que salió de las manos de Nuestra Señora en esta aparición,
la impresión más profunda que recibieron los niños, especialmente
Francisco, fue la tristeza de Dios. En realidad, consolar la tristeza de Dios
se convertiría después en la voluntad particular de Francisco.
Los niños comprendieron que Dios estaba muy ofendido por los pecados
de la humanidad. Otro tema importante que sería reafirmado en cada aparición,
fue la necesidad y el poder del Rosario. Nuestra Señora siempre llevó un
Rosario en Sus manos cuando Ella se apareció; y en cada aparición
recordó a los niños rezar el Rosario para obtener la paz.
Lucía
explica la experiencia: “La aparición de Nuestra Señora
vino a concentrarnos una vez más en lo sobrenatural, pero de una manera
más suave (que las apariciones del Ángel). En lugar de aquel aniquilamiento
en la Presencia Divina que nos postraba, incluso físicamente, nos quedó una
gran paz y alegría prolongada, que no nos impedía hablar a continuación
de cuanto había pasado”.
Como Nuestra
Señora no les había pedido hacer conocer lo que les había
dicho, los niños decidieron que sería mejor guardar silencio sobre
la aparición. La pequeña Jacinta, sin embargo, no pudo contener
su alegría por más tiempo, y movida por una gracia especial, hizo
inmediatamente un relato entusiasta de la aparición a sus padres. Como
resultado de esto, la noticia se difundió rápidamente.
13 de junio de 1917
Los niños
fueron a la Cova da Iria el 13 de junio, como lo habían prometido a Nuestra
Señora, aun cuando eso significó faltar a las celebraciones de
la festividad de San Antonio, Patrono de su parroquia y de Portugal. Cuando
ellos llegaron a la Cova esa mañana, ya había varias docenas de
personas reunidas allí, la mayoría de ellas de los caseríos
vecinos, por donde se había difundido el rumor de la aparición.
Para el
mediodía, el número de espectadores había crecido a unos
cincuenta. Los espectadores recién habían concluido el rezo del
Rosario, cuando Lucía gritó, “¡Allí está el
relámpago!... Nuestra Señora está llegando!” El público
no vio el relámpago ni a Nuestra Señora, pero un testigo observó que “durante
la visión, las ramas del árbol estaban dobladas hacia abajo,
como si el peso de Nuestra Señora estuviera descansando en ellas.” Esta
observación demuestra que Nuestra Señora estaba, en realidad,
físicamente presente, en Su cuerpo glorioso, y que los niños no
estuvieron ‘viendo’ meramente una visión de autenticidad
cuestionable. Otros de los presentes relataron que ellos habían escuchado
algo como el sonido de una voz muy suave, aunque no pudieron distinguir lo que
se estaba diciendo. También se observó que el brillo del sol de
mediodía había diminuido considerablemente.
Lucía
da el relato de la segunda aparición de Nuestra Señora en su Cuarta
Memoria:
...y enseguida (vimos) a Nuestra Señora sobre la encina, todo lo mismo
que en mayo.
‘- ¿Que quiere de mi Vuestra Merced?’, pregunté.
‘- Quiero que vengáis aquí el día 13 del
mes que viene; que recéis el Rosario todos los días y que tu
aprendas a leer. Después diré lo que quiero.’
Pedí la curación de una persona enferma.
‘- Si se convierte, se curará durante el año.’
‘- Quería pedirle que nos llevase al Cielo.’
‘-Si, a Jacinta y a Francisco los llevaré pronto.
Pero tu quedarás aquí algún tiempo más. Jesús
quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. El quiere establecer en
el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrazare,
le prometo la salvación; y estas almas serán amadas por Dios,
como flores puestas por Mi para adornar Su Trono.’
‘- ¿Me quedo aquí sola?’ - pregunté con pena.
‘ - No, hija. ¿Y tu sufres mucho? No te desanimes. Yo
nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio
y el camino que te conducirá hasta Dios.’
Fue en el momento en que dijo estas palabras, cuando abrió las manos
y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa Luz inmensa. En ella
nos veíamos como sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecían
estar en la parte de la luz que se elevaba al Cielo y yo en la que esparcía
sobre la tierra.
Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora estaba un
corazón, cercado de espinos, que parecían estar clavados en él.
Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado
por los pecados de la Humanidad, que pedía reparación.
Luego,
cuando Nuestra Señora dejaba el árbol, la multitud escuchó un
sonido como un petardo a la distancia. Lucía se levantó muy rápidamente
y señalando gritó, “¡Mirad, allá va, allá va!” La
multitud no la vio, pero notó que desde el árbol se levantó una
pequeña nube que se elevaba hacia el este, desapareciendo gradualmente.
La encina, sobre la cual Nuestra Señora había estado de pié,
tenía sus ramas levemente inclinadas hacia el este.
En esta
aparición, Nuestra Señora les había transmitido una vez
más el reflejo de esa Luz Divina, en la cual les fue dado un conocimiento
especial y un amor creciente por el Inmaculado Corazón de María.
Lucía escribe,
Paréceme que a partir de ese día, este reflejo infundió principalmente
en nosotros un conocimiento y amor especial para con el Inmaculado Corazón
de María; así, como en las otras dos veces pasadas, me parece
lo tuvo con relación a Dios y al misterio de la Santísima Trinidad.
Desde ese día, sentimos en nuestro corazón un amor más
ardiente hacia el Inmaculado Corazón de María.
13 de julio de 1917
La tercera
aparición llevó a la Cova da Iria una multitud de 5.000 personas.
Lucía dirigía el Rosario y la multitud contestaba. A mediodía
ella se levantó y miró hacia el este, gritando, “¡Cerrad
los paraguas! ¡Cerrad los paraguas! (Ellos usaban los paraguas para protegerse
del sol intenso del mediodía) ... ¡Nuestra Señora está llegando!”
La aparición
comenzó luego en la forma usual, con un reflejo de algo como un relámpago
y la aparición de Nuestra Señora sobre la encina. Lucía
relata la aparición en sus memorias:
‘- ¿Que quiere de mi, Vuestra Merced?’ - pregunté.
‘- Quiero que vengáis aquí el día 13 del
mes que viene; que continuéis rezando el Rosario todos los días,
en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz del mundo
y el fin de la guerra, porque solo Ella lo puede conseguir.’
‘- Quería pedirle que nos dijera quien es Usted, que haga un
milagro para que todos crean que Usted se nos aparece.’
‘ - Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre
diré quien soy, y lo que quiero y haré un milagro que todos han
de ver para creer.’
- Aquí hice algunas peticiones que no recuerdo bien
cuales fueron. Lo que si recuerdo es que Nuestra Señora nos dijo que
era preciso rezar el Rosario para alcanzar esas peticiones durante el año.
Y continuó Nuestra Señora: ‘- Sacrificáos
por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hagáis algún
sacrificio: Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de
los pecadores y en desagravio por los pecados cometidos contra el Inmaculado
Corazón de María’.
Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos como
en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos
como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como
si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban
en el incendio, llevadas de las llamas que de ellas mismas salían, juntamente
con nubes de humo cayendo por todos los lados, semejantes al caer de las pavesas
en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de
dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de
pavor. (Debe de haber sido a la vista de esto cuando di aquel ‘¡Ay!’,
que dicen haberme oído). Los demonios distinguíanse por formas
horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes
como negros carbones en brasa.
Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena
Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos
la Cielo! (en la primera aparición). De no haber sido así, creo
que hubiésemos muerto de susto y pavor.
Asustados, y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora
que nos dijo entre bondadosa y triste:
‘ - Habéis visto el infierno donde van las almas de los
pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción
a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que os voy a decir, se salvarán
muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar. Pero si no dejan
de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor.
Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que
es la grande señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por
sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a
la Iglesia y al Santo Padre.
‘ - Para impedirla, vendré a pedir la consagración
de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora de
los primeros sábados. Si atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y
habrá paz; si no, esparcirá sus erores por el mundo, promoviendo
guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados,
el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán
aniquiladas. Por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo
Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido
al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre
la doctrina de la Fe, etc. Esto no se lo digáis a nadie. A Francisco,
si podéis decírselo.
‘ - Cuado recéis el Rosario, diréis, después
de cada misterio: ¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos
del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, principalmente las
más necesitadas!’
Transcurrido un instante de silencio, pregunté:
‘ - Usted ¿No quiere de mi nada más?’
‘ No. Hoy no quiero nada más de ti.’
Y como de costumbre, comenzó a elevarse en dirección al naciente,
hasta desaparecer en la inmensa lejanía del firmamento.
En el ciclo
de las apariciones, la del 13 de julio es, decididamente, la más importante.
Fue en esta tercera aparición de Nuestra Señora que les fue dado
el secreto a los videntes. También, se hizo el anuncio del milagro de
octubre indicando su fecha, hora y lugar. Nuestra Señora también
reiteraría el milagro venidero en las apariciones de agosto y setiembre.
13 y 19 de agosto de 1917
El
13 de agosto, se reunieron entre 10.000 y 20.000 personas en la Cova da Iria
para esperar el arribo de Nuestra Señora. Sin embargo, los tres pequeños
videntes no estaban presentes. El Administrador del distrito, Arturo de Oliveira
Santos, un prominente francmasón, había encarcelado a los niños
el 13 de agosto, y durante dos días él uso muchos medios, incluyendo
la amenaza de hervirlos en aceite, para sonsacarles el secreto mismo, o una
confesión de que ellos estaban mintiendo. Valerosamente los niños
rechazaron traicionar su confianza y se mantuvieron firmes pese a todas las
tácticas usadas. En realidad, creyendo que serían matados muy
pronto, ellos estaban llenos de alegría ante el pensamiento de que pronto
estarían en el Cielo. Este consentimiento a sufrir el martirio es otra
prueba de la veracidad del Mensaje. Dándose cuenta que así no
estaba yendo a ninguna parte, después de dos días, el administrador
puso en libertad a los niños.
Mientras los videntes estaban retenidos, el 13 de agosto, Nuestra Señora,
no obstante, fue a la Cova da Iria y manifestó Su presencia a la gran
multitud. Una fiel mujer describió la escena:
El estampido del trueno fué mas o menos similar al de la vez anterior.
Algunos dijeron que vino del camino, otros de la encina... A mi me pareció que
vino de muy lejos. Todos guardaron silencio, asustados... Al estampido del trueno
siguió el relámpago, y entonces comenzamos a ver una pequeña
nube, muy bonita, de color blanco, muy luminoso, que estuvo suspendida algunos
momentos sobre la encina, luego se levantó hacia el cielo, y desapareció en
la atmósfera.
Cuando miramos alrededor de nosotros, observamos una cosa extraña,
que ya habíamos visto la vez anterior, y que ibamos a ver otra vez en
el futuro. Los rostros de la gente tenían todos los colores del arco
iris: rosado, rojo, azul ... Los árboles no parecieron haber tenido ramas
y hojas sino solo flores; todo pareció cargado de flores, y cada hoja
pareció una flor. El suelo estaba cubierto con cuadrados de distintos
colores. Las ropas también tuvieron todos los colores del arco iris.
Por la
tarde del 19 de agosto, Lucía y Francisco, acompañados por Juan,
el hermano mayor de Francisco, fueron a llevar sus ovejas a pastar. Este es
el relato que dió la Hermana Lucía de lo que ocurrió:
Estando con las ovejas, en compañía de Francisco y de su hermano
Juan en un lugar llamado Valinhos, y sintiendo que alguna cosa sobrenatural
se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuesta Señora viniese
a aparecérsenos, y dándome pena que Jacinta se quedase sin verla,
pedimos a su hermano Juan que fuese a llamarla.
Sin embargo
Juan quiso quedarse y ver a Nuestra Señora. Lucía, entonces, le
dió una moneda para que fuera a buscar a Jacinta, y le prometió otra
para cuando volviera con ella. Mientras él corría a buscarla,
Lucía y Francisco vieron el destello de luz característico, y
en el momento en que arribó Jacinta, Nuestra Señora apareció sobre
una encina. Sigue el relato de Lucía.
[Lucía preguntó:] ‘ - ¿Que es
lo que Vuestra Merced quiere de mi?’
‘ - Quiero que sigáis yendo a Cova da Iria el día
13; que continuéis rezando el Rosario todos los días. El último
mes haré un milagro para que todos crean. Si no hubiesen
sido llevados a la ciudad, el milagro hubiera sido aún más grandioso.
San José vendrá con el Niño Jesús, para dar la
paz al mundo. Nuestro Señor vendrá a bendecir a la gente. Nuestra
Señora del Rosario y Nuestra Señora de los Dolores también
vendrán.’
‘ -Que es lo que Vuestra Merced quiere que se haga
con el dinero que la gente deja en Cova da Iria?’
‘ - Que hagan dos andas: una llévala tu con Jacinta y
dos niñas más vestidas de blanco; y otra, que la lleve Francisco
y tres niños más, también vestidos de blanco. El dinero
de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario; lo que
sobre es para ayudar a una capilla que deben hacer.’
‘ - Quería pedirle la curación de algunos enfermos.’
‘ - Si; a algunos los curaré durante el año.’
Luego poniéndose más triste, Nuestra Señora dijo: ‘Rezad,
rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al
infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas.’
Y como de costumbre comenzó a elevarse en dirección al naciente.
Después
de la aparición del 19 de agosto, los tres niños buscaron formas
de hacer más sacrificios para ofrecer a Dios, “por [Su] amor, por
la conversión de los pecadores, y en desagravio por los pecados cometidos
contra el Inmaculado Corazón de María.”
Lucía describe un ejemplo:
Pasados algunos días (de la aparición del 19 de agosto) íbamos
con las ovejas por un camino, donde encontré un trozo de cuerda de un
carro. La cogí jugando y la até a uno de mis brazos. No tardé en
notar que la cuerda me lastimaba; dije entonces a mis primos:
- ‘Oíd:
esto hace daño. Podríamos atarla a la cintura y ofrecer a Dios
este sacrificio.’
Las pobres criaturas aceptaron mi idea, y tratamos enseguida de dividirla
para los tres. Las aristas de una piedra, a la que pegábamos con otra,
fue nuestra navaja. Fuese por el grosor o aspereza de la cuerda, fuese porque
a veces la apretábamos mucho, este instrumento nos hacía a veces,
sufrir horriblemente. Jacinta dejaba, en ocasiones, caer algunas lágrimas
debido al dolor que le causaba; yo le decía entonces que se la quitase,
pero ella me respondía:
- ‘¡No!,
quiero ofrecer este sacrificio a Nuestro Señor en reparación y
por la conversión de los pecadores.’
13 de setiembre de 1917
El 13 de
setiembre se reunieron en la Cova da Iria, tanto como treinta mil personas. Mientras
esperaban el mediodía, Lucía dirigía el Rosario seguida
por la multitud. A mediodía, un cierto fenómeno anunció el
arribo de Nuestra Señora a muchos de entre la multitud, como lo relata
un testigo,
No había una nube en el cielo azul profundo, y también levantando
los ojos y escudriñando por si acaso, pude distinguir lo que los otros,
más afortunados que yo, ya habían afirmado haber visto. Con gran
asombro, vi clara y definidamente, un globo luminoso, que se movía del
este al oeste, deslizándose suave y majestuosamente por el espacio...
Repentinamente, el globo, con su luz extraordinaria, desapareció de nuestra
vista. Entonces
disminuyó la luz del sol, y la atmósfera se volvió amarillo-dorado,
como las otras veces en las apariciones anteriores. Algunos informaron que pudieron
ver las estrellas; el cielo se había oscurecido hasta tal punto. Lucía
luego habló con Nuestra Señora, preguntando, “¿Que
quiere de mi Vuestra Merced?”
‘ - Continuad rezando el Rosario, para alcanzar el fin de la
guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra
Señora de los Dolores y del Carmen y San José con el Niño
Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros
sacrificios pero no quiere que durmáis con la cuerda. Ponéosla
solamente durante el día.’
‘ - Me han solicitado para pedirle muchas cosas, la curación
de algunos enfermos, (de una niña sordomuda).’
Nuestra Señora replicó que dentro del año la niña
estaría mejor.
‘- Tengo muchos otros pedidos, algunos de conversiones otros de curaciones.’
‘- Si, a algunos los curaré, a otros no.’
‘- A la gente realmente le gustaría tener una capilla aquí.’
‘Con la mitad del dinero haréis andas
para ser llevadas en procesión en la fiesta de Nuestra Señora
del Rosario; la otra mitad es para la capilla.’
Lucía le ofreció luego
dos cartas y un pequeño frasco de agua de colonia, que le había
dado un hombre de la parroquia de Olival. Ofreciéndoselo a Nuestra Señora,
ella le dijo: “Me dieron esto. ¿Lo quiere Vuestra Merced?”
“Eso
no es necesario en el Cielo,” replicó Nuestra Señora. “En
octubre haré el milagro para que todos crean.”
Nuestra
Señora ascendió luego hacia el este y desapareció como
era habitual. La multitud vio una vez más el globo luminoso que la había
acompañado en Su arribo levantarse hacia el este y desaparecer.
13 de octubre de 1917
Había
aproximadamente 70.000 personas presentes en la Cova da Iria para la aparición
del 13 de octubre y el Milagro del Sol. Caía una fría lluvia sobre
la multitud, que había comenzado la noche anterior y persistía
a lo largo de la mañana del día 13. El suelo esta lleno de barro
y la lluvia empapaba todo. A la hora en que debía llegar Nuestra Señora,
Lucía pidió a las gentes que cerraran los paraguas, lo que hicieron
de inmediato.
‘ - ¿Que es lo que quiere de mi, Vuestra Merced?’ [preguntó Lucía.]
‘ - Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honra;
que soy la Señora del Rosario; que continúen rezando el Rosario
todos los días. La guerra va a acabar y los soldados volverán
con brevedad a sus casas.’
‘- Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a algunos enfermos
y si convertía a algunos pecadores, etc...’
‘ - Unos, si; otros no. Es preciso que se enmienden; y que pidan
perdón por sus pecados.’
Y tomando un aspecto más triste, dijo Nuestra Señora:
‘ - ¡No ofendan más a Dios Nuestro Señor,
que ya está muy ofendido!
‘ - ¿Usted no quiere nada más de mi?’ [preguntó Lucía]
‘ - No, no quiero nada más de ti.’
Cuando Nuestra Señora ascendió hacia
el Cielo, Lucía gritó: “¡Ella se va!¡Ella
se va! ¡Mirad el sol!”
Entonces
tuvo lugar el milagro anunciado por Nuestra Señora: el cielo aclaró abruptamente
y el sol “danzó”. La gente pudo mirar el sol brillante directamente,
sin que este molestara sus ojos para nada. Un médico, el Dr. Almeida
Garret, testificó:
Repentinamente, escuché un grito de las miles de voces y vi a la multitud
que se dispersaba en un vasto espacio a mis pies... vueltas repentinamente sus
espaldas y hombros lejos del punto hacia el cual se habían dirigido hasta
ahora, para mirar al cielo sobre el lado opuesto... Me volví hacia el
imán que parecía estar atrayendo todos los ojos, y lo vi como
un disco con un borde bien definido, luminoso y brillante, pero que no nos lastimaba
los ojos... No pudo ser confundido con el sol visto a través de la niebla
(pues no había niebla en ese momento), porque no era opaco, difuso o
velado. En Fátima dio luz y calor y apareció bien definido, con
un borde bien preciso, como una gran mesa de juegos.Fue un
hecho notable, que uno pudiera fijar los ojos en el disco solar por largo tiempo,
brillante con luz y calor, sin ningún malestar en los ojos, ni ceguera
en la retina.1
El testimonio
de Avelino de Almeida, editor en jefe de O Seculo, el diario anticlerical
y masónico de Lisboa, es similar:
Entonces ellos vieron un espectáculo único, un espectáculo
increíble para cualquiera que no lo presenciara. Desde el camino... uno
podía ver la multitud vuelta hacia el sol, que apareció libre
de nubes y en su cénit. Parece un disco opaco plateado, y es posible
mirarlo sin la menor molestia. No quema los ojos. No ciega. Uno podría
decir que había ocurrido un eclipse.2Otros también
testificaron:
“Se sacudió y tembló; pareció como una rueda de
fuego.” (María da Capelinha)3
“El sol giró como una rueda de fuego, tomando todos los colores
del arco iris. (María do Carmo)4
“El sol tomó todos los colores del arco iris. Todo adquirió los
mismos colores: nuestros rostros, nuestras ropas, la tierra misma.” (María
do Carmo)5
Entonces
ocurrió el aspecto más espantoso del Milagro del Sol:
“Luego, repentinamente, uno escuchó un clamor, un grito de angustia
levantándose de toda la gente. El sol, girando violentamente, pareció soltarse
del firmamento y avanzar amenazadoramente sobre la tierra como si fuera a aplastarnos
con su peso enorme y ardiente. La sensación durante aquellos momentos
fue terrible.” (Dr. Almeida Garret)6
“El sol comenzó a moverse y en un cierto momento pareció separarse
del cielo y precipitarse sobre nosotros como una rueda de llamas.” (Alfredo
da Silva Santos)7
“Finalmente, el sol se detuvo y todos dieron un suspiro de alivio...” (
María da Capelinha).8
“De estos miles de bocas, escuché gritos de alegría y
de amor por la Santísima Virgen. Y luego creí. Estaba cierto que
no había sido víctima de una ilusión. Había visto
el sol como nunca lo veré otra vez.” (Mario Godinho, ingeniero)9
Incluso,
otro aspecto asombroso del Milagro fue que los miles personas, muchas de las
cuales estaban empapadas hasta los huesos y sucias de barro, repentinamente
encontraron sus ropas secas y limpias.
“En el momento en que uno menos podía
esperarlo, nuestras ropas estuvieron totalmente secas.” (María
do Carmo)10
“Mi traje se secó en un instante.” (Juan Carreira)11
El académico Marques da Cruz testificó:
“Esta enorme multitud estaba calada hasta los huesos, pues había
llovido sin cesar desde el amanecer. Pero,—aunque esto pueda parecer increíble—,
después del gran milagro todos se sintieron cómodos, y encontraron
sus vestimentas totalmente secas; una cuestión de admiración general...
La verdad de este hecho ha sido garantizada con la mayor sinceridad por docenas
y docenas de personas de absoluta honradez, a quienes yo he conocido íntimamente
desde la infancia, y que están vivas aún (1937), tanto como por
personas de varios distritos del país que estaban presentes.”12
En un aspecto,
este es el efecto más asombroso del milagro y una prueba indisputable
de su autenticidad: la cantidad de energía necesaria para realizar este
proceso de secado en forma natural y en tan poco tiempo, hubiera incinerado
a todos los presentes en la Cova en ese momento. Como este aspecto del milagro
contradice radicalmente las leyes de la naturaleza, ningún demonio pudo
nunca haber realizado esto.
Finalmente,
muchos milagros de conversión, el mayor milagro que Dios puede conceder,
también ocurrieron. He aquí dos ejemplos:
El capitán del regimiento de soldados en la montaña ese día
-con órdenes de evitar la reunión de la multitud- fue convertido
instantaneamente. Aparentemente hubo otros cientos de casos de otros no creyentes
como este, cuyo testimonio mostraremos.13 Hubo un incrédulo, que había pasado la mañana burlándose
de los ‘simplonas’ que habían marchado a Fátima solo
para ver a una joven corriente. Ahora él pareció estar paralizado,
sus ojos fijos sobre el sol. Después tembló de la cabeza a los
pies, y levantando los brazos cayó de rodillas en el fango, clamando
a Nuestra Señora. (Padre Lourenço)14
Hay un
número de otros casos de curas y conversiones documentados, entre otros
lugares, en los siguientes libros: Documentaçâo Crítica
de Fátima y Fatima From the Beginning.15
El gran
Milagro del Sol duró unos diez minutos. Se recogieron y registraron muchos
más relatos de entre la masa de gentes presentes, lo cual verificó esta
increíble manifestación de la autenticidad de todo el Mensaje
de Fátima. (Por más relatos, ver el Capítulo
I de La última batalla del diablo).
Durante
el Milagro del Sol, los tres niños pudieron presenciar algo más:
el hermoso espectáculo prometido por Nuestra Señora. Escribe Lucía:
Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa lejanía del firmamento,
vimos al lado del sol a San José con el Niño Jesús y a
Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con
el Niño parecían bendecir al mundo, con unos gestos que hacían
con la mano en forma de cruz.
Poco después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor
y a Nuestra Señora, que me daba idea de ser Nuestra Señora de
los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir el mundo de la misma
forma que San José.
Al desvanecerse esta aparición, me pareció ver todavía
a Nuestra Señora en forma parecida a Nuestra Señora del Carmen.
Estas tres
visiones sucesivas son conexas con uno de los mensajes dominantes de Fátima:
el Rosario. En cada una de Sus seis apariciones, Nuestra Señora pidióel
rezo del Rosario, y allí, en estas visiones dadas a los tres niños,
estuvieron representados los misterios del Santo Rosario. Con la visión
de la Sagrada Familia nosotros encontramos los Misterios Gozosos; los Misterios
Dolorosos están representados por la visión de Nuestro Señor
y Nuestra Señora de los Dolores; y los Misterios Gloriosos están
en la visión de Nuestra Señora del Monte Carmel.
Cuando
desaparecieron las visiones y el sol estuvo otra vez normal, Lucía fue
llevada en el hombro de un hombre, quien la trasladó segura hasta el
camino por entre la multitud. Mientras era trasladada entre la gente ella gritaba,
invocando uno de los temas importantes del Mensaje de Fátima: conversión,
vuelta a Dios y evitar el pecado. Sus palabras exactas fueron: “¡haced
penitencia!, ¡haced penitencia!, ¡Nuestra Señora quiere que
hagáis penitencia!”, pero según afirma el Hermano Michel,
en lengua portuguesa eso no significa ‘realizar mortificaciones’,
sino más bien “convertirse, volver a Dios, evitar el pecado”. Por
medio de esta súplica, Lucía está reiterando el pedido
dolorido de Nuestra Señora a la humanidad en su aparición final: “No
ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”.
Así,
el Milagro del Sol, presenciado por 70.000 personas, concluyó el ciclo
de las apariciones de Fátima. Sin embargo, el Mensaje de Fátima,
con su gran profundidad y alcance, iba a continuar revelándose a la mayor
de los tres videntes, Lucía. En los años por venir, la mensajera
del Cielo sería visitada e instruida, como lo prometió Nuestra
Señora en la aparición del 13 de julio, para revelar el plan del
Cielo para alcanzar la paz para el mundo turbulento: la devoción reparadora
de los Cinco Primeros Sábados y la Consagración de Rusia al Inmaculado
Corazón de María.
Artículos relacionados:
Capítulo 1 de La última
batalla del diablo
Notas:
-
Hermano François de Marie des Anges, Fatima: Intimate Joy, World
Event, Libro Uno: The Astonishing Truth, (edición inglesa,
Immaculate Heart Publications, Buffalo, New York, 1993) pp. 172-173.
- O Seculo, artículo del 15 de octubre de 1917.
- Hermano Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fátima, Volumen
I: Science and the Facts, (Immaculate Heart Publications, Buffalo,
New York, U.S.A., 1989,) p. 337.
- Frere François de Marie des Anges, Fatima, The Astonishing Truth, p.
178.
- Ibid.
- Ibid.
- Ibid, pp. 178-179.
- Hermano Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth about Fatima, Volume
I, p. 340.
- Hermano François de Marie des Anges, Fatima: The Astonishing
Truth, p. 179.
- Ibid.
- Ibid.
- Hermano Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About
Fatima, Tomo I, p. 340. Ver también P. Juan de Marchi, I.M.C., Fatima
From the Beginning, (Missoes Consolata, Fátima, Portugal, 1981,
tercera edición (la primera publicada en 1950). p. 141; y Joseph A.
Pelletier, A.A., The Sun Dances at Fatima, (Doubleday, New York, 1983)
pp. 129-130.
- John M. Haffert, Meet the Witnesses, (AMI International Press,
Fátima, Portugal, 1961) p. 62.
- Ibid., p. 65.
- Documentaçao Crítica de Fátima, Tomo II,
(Santuario de Fátima, 1999), 17 casos documentados en las paginas 277
- 372; y Padre Juan de Marchi, I.M.C., Fatima From the Beginning.
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