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El Papa Benedicto XV pide la Paz Mundial (5 de mayo de 1917)

El Papa Benedicto XV pide la Paz
Mundial (5 de mayo de 1917)

En 1917 la Primera Guerra Mundial estaba haciendo estragos, sin mostrar ningún signo seguro de concluir pacíficamente. En ese entonces, el Santo Padre, Papa Benedicto XV, quien había estado en el Servicio Diplomático del Vaticano, había agotado todos los medios naturales a su alcance para lograr la paz, pero de nada sirvieron. Dándose cuenta del poder limitado aun de la diplomacia papal, el agobiado y ya entonces frágil Papa se dirigió a la Santisima Madre de Dios, a través de quien se dispensan todas las gracias. El Papa pidió a todos los cristianos rogar urgentemente a la Virgen María para obtener la paz en el mundo, encomendando ese logro solo a Ella.

El Papa escribió su súplica por la paz en una carta fechada el 5 de mayo de 1917:
Nuestra ardiente voz suplicante, implorando el fin del vasto conflicto, el suicidio de la Europa civilizada, fue entonces y permanece aún desoída. En verdad, parece que la oscura marea del odio crece más y más entre las naciones beligerantes y arrastra a otros países en su espantoso avance, multiplicando las ruinas y la masacre. Sin embargo, Nuestra confianza no disminuyó...Y puesto que todas las gracias que el Autor de todo bien se digna concedernos son, por un designio amoroso de su Divina Providencia, otorgadas por las manos de la Santísima Virgen, Nos queremos que, ahora más que nunca, en esta hora espantosa, esta petición de Sus hijos más afligidos, se vuelva viva y confiada hacia la augusta Madre de Dios.1

El Papa quiso que el mundo recurriera al Corazón de Jesús por la mediación de María, y ordenó que se agregara permanentemente a las Letanías de Loreto la invocación Reina de la paz, ruega por nosotros. Luego, poniendo confiadamente la paz del mundo en Sus manos, el Papa hizo otro llamado:

A María, entonces, quien es Madre de Misericordia y omnipotente por la gracia, suba este amoroso y devoto llamado desde todos los rincones de la tierra—desde los nobles templos y las más pequeñas capillas, desde los palacios reales y las mansiones de los ricos como desde las más pobres casuchas—desde las llanuras bañadas de sangre y de los mares, suba hasta Ella el llanto angustiado de las madres y las viudas, el gemido de los pequeños inocentes, los suspiros de todos los corazones generosos: que Su más tierna y benigna solicitud sea conmovida, y la paz que Nos pedimos sea alcanzada para nuestro mundo agitado.2

La Madre Santísima respondió prestamente a esta súplica agonizante del Papa y del pueblo cristiano. Solo ocho días más tarde, en Fátima, la Virgen María vino en respuesta al clamor levantado hacia Ella desde un mundo en guerra. Ella vino a demostrar Su maternal solicitud por nosotros, y que, como Mediadora de todas la Gracias, solo Ella puede mostrarnos el camino de la paz. Para concedernos este favor, Ella pide, sin embargo nuestra cooperación. Ella pide que cada uno de nosotros obedezcamos Sus pedidos de oración y penitencia, y que el Papa y los obispos obedezcan Su pedido de la Consagración de Rusia.

Mientras la Santísima Virgen respondió al Santo Padre solo ocho días despues de elevar su pedido a Ella, la Virgen todavía espera la oracion y la penitencia del mundo, y el complimiento de la Consagración colegial de Rusia. ¡Que triste es que tantos años más tarde, Sus simples pedidos aún no hayan sido totalmente obedecidos!

Notas:
  • Rope, Henry E. G., Benedict, the Pope of Peace, Londres, 1941, pp. 104-105.


  • Walsh, William Thomas, Our Lady of Fatima, Nueva York, 1947, 1954, p. 49.





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