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El Milagro Del Sol
El Relato del Dr. José Maria de Almeida Garrett,
un Testigo Ocular y profesor de la Facultad de
Ciencias de Coimbra, Portugal
"Debió haber sido la 1:30 p.m. cuando se elevó, exactamente en el lugar en
el que se encontraban los niños, una nube de humo, delgada, fina y azulada,
que se extendía unos dos metros por encima de sus cabezas, donde se evaporaba.
Este fenómeno, perfectamente visible a simple vista, duró unos pocos segundos.
Debido a que no me di cuenta de cuánto tiempo duró este fenómeno, no sé si
fue más o menos un minuto. El humo se disipó abruptamente y, después de un
tiempo, volvió a aparecer, y luego una tercera vez.
"El cielo, que había estado nublado todo el día, súbitamente se aclaró; la
lluvia paró y parecía como si el sol estuviera a punto de llenar de luz el
campo que la mañana invernal había vuelto tan lóbrego. Yo miraba el lugar de
las apariciones en un estado sereno, aunque frío, en espera de que algo pasara,
y mi curiosidad disminuía, pues ya había transcurrido bastante tiempo sin que
pasara nada que llamara mi atención. Unos momentos antes, el sol se había abierto
paso entre una capa gruesa de nubes que lo escondían y brillaba entonces clara
e intensamente.
"De
repente escuché el clamor de miles de voces, y ví a la multitud desparramarse
en aquel vasto espacio a mis pies ... darle la espalda a aquel lugar, que hasta
ese momento había sido el foco de sus expectativas, y mirar hacia el sol en
la otra dirección. Yo también di la vuelta hacia el punto que atraía su atención
y pude ver el sol, como un disco transparente, con su agudo margen, que brillaba
sin lastimar la vista. No se podía confundir con el sol que se ve a través
de una neblina (en ese momento no había neblina), pues no estaba velado ni
opaco. En Fátima, el sol conservó su luz y calor, y se destacó claramente en
el cielo, con un margen agudo, parecía una mesa de juego. Lo más sorprendente
era que se podía mirar directamente al disco solar, sin que los ojos se lastimaran
o se dañara la retina. [Durante ese tiempo], el disco del sol no permaneció inmóvil,
se mantuvo en un movimiento vertiginoso, [pero] no como el titilar de una estrella
con todo su brillo, pues el disco giraba alrededor de sí mismo en un furioso
remolino.
"Durante el fenómeno solar, el cual acabo de describir, ocurrieron también
cambios de color en la atmósfera. Al mirar al sol, noté que todo se estaba
oscureciendo. Primero miré los objetos más cercanos y después extendí mi vista
hacia el horizonte. Ví que todo había adquirido un color amatista. Los objetos
a mi alrededor, el cielo y la atmósfera, eran del mismo color. Todo había cambiado,
tanto lo cercano como lo lejano, adquiriendo el color amarillento del damasco
viejo. Parecía como si la gente padeciera de ictericia y recuerdo haber tenido
una sensación de diversión al ver lo fea y nada atractiva que se veía la gente.
Mi propia mano era del mismo color.
"Entonces, súbitamente, escuché un clamor, un grito de angustia de la gente.
Fue como si el sol, en su girar enloquecido, se hubiera desprendido del firmamento
y, rojo como la sangre, avanzara amenazadoramente sobre la tierra como si fuera
a aplastarnos con su peso enorme y ardiente. La sensación durante esos momentos
fue terrible.
"Todos los fenómenos que he descrito yo los observé en un estado mental de
calma y serenidad sin trastorno emocional. A otros les toca interpretarlos
y explicarlos. Por último, debo declarar que nunca, ni antes ni después del
13 de octubre [1917], he observado ningún fenómeno, atmosférico o solar, similar."
El relato completo del Profesor Almeida Garrett se puede
encontrar en Novos Documentos de Fatima (ediciones Loyola, San Paulo,
1984)
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