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Fátima: Antecedentes Esenciales: El Mensaje:
La Medalla Milagrosa

En 1830, Nuestra Señora se apareció tres veces en la casa madre de las Hermanas de la Caridad, de San Vicente de Paul, situado en la rue de Bac en París a la humilde novicia (ahora santa) Catalina Labouré. Aquí es como la santa describe como le fué revelada la Medalla de la Inmaculada Concepción:

"Sus pies reposaban sobre un globo blanco. . . Ví tres anillos en cada uno de Sus dedos de diferente tamaño: el más grande cerca a la base del dedo, el mediano en la mitad y el más pequeño en la punta, decorados con joyas, unas más grandes que las otras. . . Las joyas grandes emitiendo rayos más grandes que las pequeñas, los cuales caían sobre el globo blanco a Sus pies. No puedo expresar... lo que ví, la belleza y resplandor de los rayos deslumbradores. . . Un marco ovalado se formó alrededor de la Santísima Virgen, dentro del cual estaba escrito con letras de oro: 'Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a Vos'. . . En este instante el cuadro pareció voltearse y apareció el reverso de la Medalla; una M grande atravesada en la parte de arriba por una barra reposando en ésta una Cruz; debajo de la M estaban los corazones de Jesús y María, el uno coronado de espinas y el otro traspasado por una lanza. Doce estrellas rodeaban todo. Luego una voz me dijo: 'Haced una medalla según este modelo. Todos aquellos que la lleven recibirán muchas gracias, deben llevarla alrededor del cuello. Gracias abundarán para quienes la lleven con confidencia.'"

El frente de la Medalla representa a María Santísima de pié sobre el globo del mundo, Su pié aplastando la cabeza de la serpiente y Sus manos extendidas en un gesto de compasión maternal, para todos los que pidan Su protección. La oración refleja su título como la "Concepción Inmaculada", dogma que fué definido infaliblemente veinticuatro años más tarde por el Venerable Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854 en su encíclica Ineffablilis Deus. Los rayos de luz de Sus manos simbolizan las gracias que Ella esta ansiosa de otorgar a quienes lleven Su Medalla y Le recen.

En dos años, con la aprobación del Arzobispo de París, las primeras medallas fueron hechas y distribuidas en Francia. Inmediatamente bendiciones empezaron a llover sobre aquellos que la llevaban y rápidamente llegó a ser conocida como "La Medalla Milagrosa". En pocos años, millones fueron distribuídas. Ningún sacramental de la Iglesia ha hecho tanto impacto desde el Santo Rosario, con el cual derrotaron a los Albigenses y a los Turcos. Hace milagros, literalmente, y parece especializarse en lo imposible: la conversión de pecadores endurecidos, el cuidado de los enfermos sin esperanza. Con excepción de la Santa Cruz, no otro símbolo cristiano se ha multiplicado tan ampliamente, o haya sido el instrumento de resultados tan maravillosos.

Gracias Concedidas a Aquellos que Las Piden

Nuestra Señora le dijo a Santa Catalina: "Venid al pié del Altar... Allí gracias se derramarán sobre todos, grandes y pequeños que las piden. Las gracias se derramarán, especialmente, sobre aquellos que las piden".

Algunas de las gracias que Santa Catalina sugirió que la gente debería pedir a Dios, incluyen; la gracia de una disposición alegre, la gracia de reconocer y aceptar las pruebas de cada día como bendiciones de Dios, estar satisfecho con su estado de vida, entender y apreciar el Santo Sacrificio de la Misa y especialmente amar a Dios como Nuestra Señora Lo amó cuando Ella tenía mi edad.

Santa Catalina Labouré, Intima con la Madre de Dios

Santa Catalina Labouré, quien dijo que vió a la Virgen María "en carne y hueso" y quien tuvo el privilegio de arrodillarse a Sus Pies y descansar en Su Regazo, favor que no ha sido concedido a ningún otro vidente, nació durante el repicar de las campanas del Angelus, el 2 de mayo de 1806. Su mamá murió cuando sólo tenía nueve años de edad. Ella fué vista cuando abrazó la estatua de la Madre de Dios, diciendo: "¡Ahora Vos seréis mi Madre!" y alimentaba un deseo ardiente de ver a Nuestra Señora. Fué la petición constante en sus oraciones y confiaba serenamente de que se realizaría.

San Vicente de Paul, la visitó en un sueño cuando tenía dieciocho años e ingresó a su comunidad en enero 22 de 1830 a la edad de veititrés años. Santa Catalina, consideró las apariciones adecuadamente, no como un favor personal (aunque en cierto sentido lo fueron) sino como una bendición general para la humanidad. Sólo se consideró como "un instrumento" y le pidió a su confesor prometerle guardar como un secreto su identidad, secreto que fué guardado durante 40 años aún de las mismas religiosas de su comunidad.

Santa Catalina también tenía el don de profecía y una de sus profecías, todavía no realizada, se refiere al gran triunfo de Nuestra Señora: "Oh, qué maravilloso será el oirlo, 'María es la Reina del universo... 'Sera un tiempo de paz, gozo y bendiciones que durará por un tiempo largo.

La oración sencilla y poderosa, enviada del Cielo de la Medalla Milagrosa debe repetirse tres veces: "Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a Vos".

Algún material de este folleto fué traducido del libro:
Saint Catherine Labouré of the Miraculous Medal
por el Padre Joseph I Dirvin. C.M.
1958 Farrar, Straus & Cudahy, Inc.
RITO de Bendición e Imposición de la Santa
Medalla de La Inmaculada Virgen María,
comunmente llamada "La Medalla Milagrosa"
(S.R.C. el 19 de abril de 1895)

V. Nuestra ayuda es en el Nombre del Señor,
R. Quien hizo el cielo y la tierra,
V. El Señor sea con vosotros,
R. Y con vuestro espíritu.

OREMOS — Dios todopoderoso y misericordioso, Quien a través de las apariciones de la Inmaculada Virgen María en la tierra, Os haz dignado obrar milagros continuamente por la salvación de las almas, bendecid + bondadosamente esta Medalla simbólico; para que aquellos que mediten en Ella piadosamente y la lleven devotamente puedan sentir Su protección y obtener Su misericordia. Por Cristo Nuestro Señor.

Amen

El sacerdote, entonces, asperja la Medalla con agua bendita, diciendo al investirla:

Recibid esta Medalla sagrada, llevadla fielmente y tratadla con la debida veneración; para que la mas Santa e Inmaculada Reina del Cielo os proteja y defienda y siempre renovando los milagros de Su bondad, obtenga misericordiosamente lo que con humildad pedís a Dios, para que podáis descansar gozosamente en Su abrazo maternal por toda la vida y en la hora de la muerte.

Amen.

El sacerdote continua:

Señor, tened misericordia. Cristo, tened misericordia, Señor, tened misericordia. Padre Nuestro, que estáis en el Cielo.
V. Y no nos dejáis caer en la tentación,
R. Mas libradnos del mal.
V. Reina, concebida sin pecado original,
R. Rogad por nosotros.
V. Señor, escuchad mi oración,
R. Y mi clamor llegue a Vos.
V. El Señor sea con vosotros,
R. Y con vuestro espíritu.

OREMOS — Oh Señor Jesucristo, Quien ha otorgado glorificar por milagros innumerables a la Santísima Virgen María, Inmaculada desde el primer momento de Su concepción, concédednos que a todos los que devotamente imploramos Su protección en la tierra, podamos gozar eternamente Vuestra Presencia en el Cielo. Quien, con el Padre y el Espíritu Santo, vivís y reinaís, Dios, por los siglos de los siglos.

Amen.

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