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El Mensaje dirigido a la Jerarquía de la Iglesia

El Mensaje dirigido
a la Jerarquía de la Iglesia

A los Obispos Españoles

En 1941, España, que hacía muy poco había sufrido terriblemente bajo la furia del Comunismo durante la Guerra Civil Española, fue el sujeto de un mensaje Celestial dirigido a la Hermana Lucía. El mensaje lamentó los males que afligían a la Iglesia en España y ofreció el remedio para ellos.

Singularmente, la Hermana Lucía sólo escribió sobre esa comunicación divina un año y medio después de haberla recibido. Con su habitual humildad, no quiso revelar el mensaje y solo lo hizo mas tarde al Obispo de Gurza — quien era entonces su principal director espiritual y a quien ella había hecho vagas referencias del mensaje — quien la urgió a revelarlo. Lucía, entonces, escribió lo siguiente al Arzobispo de Valladolid:

Con la autorización de mis Superiores, tengo la costumbre de permanecer en oración en la capilla hasta la medianoche del jueves al viernes. En estas horas de gran recogimiento, el Buen Dios acostumbra a comunicarse tan intensamente con mi pobre alma, que yo no dudo de ninguna manera de su presencia. Habitualmente, después de haberme confundido en mi propia insignificancia y en mi propia miseria, al hacerme sentir lo que hay en mí que lo disgusta, El continúa lamentándose de otras cosas que en el pobre mundo le causan tanto dolor.
El 12 de junio de 1941, El se quejó especialmente de la frialdad y laxitud del clero de España, tanto del secular como del regular, y de la indiferencia y la vida pecaminosa del pueblo cristiano.
Y continuó así: ‘Si los obispos de España, se reunieran cada año en una casa especialmente elegida para hacer su retiro, y si de común acuerdo decidieran el curso a seguir para dirigir las almas a ellos confiadas, recibirían ilustración y gracias especiales del Espíritu Divino.

‘Hazle saber al Arzobispo (de Valladolid) que Yo deseo ardientemente que los obispos se reunan en un retiro, para disponer y determinar de común acuerdo entre ellos los medios a emplear para la reforma del pueblo cristiano, y para remediar la laxitud del clero y de una gran parte de los religiosos. El número de los que Me sirven en la práctica del sacrificio es muy limitado. Yo tengo necesidad de almas y de sacerdotes que Me sirvan, sacrificándose por Mí y por las almas.’

Más adelante en una carta del 28 de febrero de 1943, Lucía escribió: ‘Si los obispos de España toman en cuenta los deseos de Nuestro Señor, y emprenden una verdadera reforma entre el pueblo y el clero, ¡bien! Si no (Rusia) será otra vez el enemigo a través del cual Dios los castigará una vez más”.

Entonces, a través de este mensaje, vemos que Nuestro Señor aborrece la laxitud y la indiferencia entre Sus fieles, especialmente, entre el clero y los religiosos, y desea enormemente la acción y liderazgo sólido de parte de los obispos. Si Sus pedidos son atendidos, el pueblo se reformará y se revivirá la Fe. En la primera parte del Siglo XX, la Iglesia de España se había vuelto indiferente y había cedido a la marea liberal, masónica, que se había estado abatiendo a lo largo de Europa: el resultado había sido la horrible guerra civil. No obstante, aunque el Comunismo fue expulsado de España, el peligro no había pasado completamente en 1941. La Iglesia Española padecía todavía muchos males, y Nuestro Señor advirtió que si los obispos dejaban de reformar su clero, religiosos y laicos, serían castigados una vez más por parte de Rusia. Si esto fue cierto en la España de 1941, imagine como ve Nuestro Señor la Iglesia moderna de hoy, en la cual los males que afligieron a España en 1941 se han multiplicado y propagado.

A los Obispos Españoles y Portugueses

En una carta fechada 28 de febrero de 1943, la Hermana Lucía dirigió mensajes que se referían tanto a España como a Portugal. Ella escribió:

El buen Señor permitirá ser aplacado, pero Él se queja amarga y tristemente por el muy limitado número de almas en estado de gracia, dispuestas a negarse a sí mismas, de acuerdo a lo que la observancia de Su Ley requiere de ellas.
He aquí la verdadera penitencia que el Buen Señor pide hoy: el sacrificio que todos deben imponerse a sí mismos para llevar una vida de justicia en la observancia de Su Ley.
Y desea que esa ley sea hecha conocer claramente a las almas, pues muchas dan a la palabra ‘penitencia’ el sentido de grandes austeridades, y como no sienten ni la fortaleza ni la generosidad para aquella, se desalientan y se dejan caer en una vida de tibieza y pecado.
De jueves a viernes, estando en la capilla, con el permiso de mis superiores, a medianoche Nuestro Señor me dijo: ‘La penitencia que yo quiero y exijo ahora es el sacrificio reclamado a todos para el cumplimiento de su propio deber y la observancia de Mi Ley’.

El Obispo de Gurza a quien fuera dirigida la carta de 1943, difundió ese mensaje a lo largo de Portugal y de España, y como resultado, muchos beneficiaron de sus instrucciones. Por este mensaje vemos que Dios no nos pide penitencias difíciles o austeras. Él quiere de nosotros sacrificios que todos podamos realizar, esto es, la observancia de Sus Leyes y el cumplimiento de nuestros deberes determinados por el estado de cada uno en la vida.

A los Obispos Portugueses

En su convento, la Hermana Lucía había sido informada del deseo del Cielo1 de que Portugal fuera consagrada solemnemente al Inmaculado Corazón de María, y ella por intermedio de su obispo, Monseñor D. José Correia da Silva, convenció a los obispos portugueses de emprender esta acción decisiva. Así, en un retiro en común en 1931, los obispos portugueses determinaron consagrar Portugal, colectiva y solemnemente, al Inmaculado Corazón de María.

Durante esa consagración, que tuvo lugar el 13 de mayo de 1931, el Cardenal Cerejeira declaró a Nuestra Señora:

Los Pastores elegidos por Tu Hijo para guardar y apacentar en Su nombre las ovejas que ha adquirido al precio de Su Sangre, en esta ‘Tierra de Santa María’, cuyo nombre no puede ser pronunciado sin pronunciar el Tuyo propio, vienen hoy, como representantes ungidos y oficiales de sus rebaños, en un acto de filial ‘vasallaje’, de fe, de amor y de confianza, a consagrar solemnemente la Nación Portuguesa a Tu Inmaculado Corazón. Tómala de nuestras manos frágiles en las Tuyas propias; defiéndela y guárdala como Tu propiedad; haz que Jesús reine, conquiste y gobierne en ella. Fuera de Él no hay salvación.

Así, el pedido del Cielo, hecho conocido por la mensajera de Dios, la Hermana Lucía, fue cumplido por este hermoso acto de todos los obispos portugueses. Los frutos alcanzados por la obediencia de los obispos portugueses fueron verdaderamente maravillosos: el país fue convertido y se produjo un renacimiento católico. El gobierno, que hasta muy recientemente había mostrado abiertamente su odio hacia Cristo y Su Iglesia por todos los medios a su alcance, experimentó una milagrosa renovación política y social; y Portugal fue librada milagrosamente del terror comunista que había consumido a España durante su guerra civil, y de la horrible Segunda Guerra Mundial.

Al Papa y a todos los Obispos Católicos

Podemos ver por el ejemplo de los obispos portugueses que cuando Dios quiere algo de Sus Pastores, Él recompensa grandemente al mundo por su obediencia. El estado lastimoso de Portugal de principios del Siglo XX, ateo y lleno de odios se hubiera reinstalado en ese país si los obispos no hubieran puesto Portugal en manos de la Inmaculada Virgen María. Sin embargo, en respuesta por el humilde acto de obediencia de los obispos, Dios transformó milagrosamente a Portugal.

En la aparición de Tuy en 1929, Dios pidió la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María a realizar por el Papa en unión con todos los obispos del mundo. Nuestra Señora de Fátima dijo que si se hacía la Consagración de Rusia, esta sería convertida y habría paz. Esa paz sería la extensión mundial de la paz en Portugal, experimentada luego de su consagración de 1931. Sin embargo, si el Papa y los obispos no obedecen el pedido, dijo Nuestra Señora que Rusia esparciría sus errores por el mundo, causando guerras y persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre, el martirio de los buenos y la aniquilación de naciones. Así, vemos que la suerte del mundo entero depende de ese acto decisivo de obediencia.

En Rianjo, España, en agosto de 1931, Nuestro Señor comunicó a la Hermana Lucía Su descontento con la desatención de Su mandato de consagrar Rusia. El dijo entonces:

‘Participa a Mis ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del Rey de Francia, en la dilación de la ejecución de mi petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María.’
En otro texto, Lucía escribió que Nuestro Señor se quejó a ella:
‘No han querido atender Mi petición... Al igual que el Rey de Francia se arrepentirán, y la harán, pero ya será tarde. Rusia habrá ya esparcido sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia. El Santo Padre tendrá que sufrir mucho!’

La referencia de Jesús a la desobediencia del Rey de Francia y el castigo, es como sigue:

El 17 de junio de 1689, el Sagrado Corazón de Jesús manifestó a Santa Margarita María de Alacoque Su pedido al Rey de Francia, de que consagrara su reino al Sagrado Corazón. Durante 100 años los Reyes de Francia lo demoraron, y no obedecieron.

Así, el 17 de junio de 1789 el Rey de Francia fue despojado de su autoridad legislativa por el advenedizo Tercer Estado, y cuatro años más tarde, los soldados de la Revolución Francesa ejecutaron al Rey de Francia como si fuera un criminal.

En 1793, Francia envió a su Rey, Luis XVI a la guillotina. Él y sus predecesores habían dejado de obedecer el pedido de Nuestro Señor de que Francia fuera consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, y así, la aflicción cayó tanto sobre el Rey como de su país.

Ahora, luego de más setenta y cinco años, otra consagración pedida por Nuestro Señor mismo, la Consagración pública y solemne de Rusia todavía no ha sido realizada. Mientras tanto, vemos que las profecías de Nuestra Señora de Fátima se están cumpliendo, y el Papa y los obispos serán castigados si continúan demorando la ejecución de los pedidos de Dios.

En la visión del Tercer Secreto de Fátima, revelada por el Vaticano el 26 de junio de 2000, al Papa y los obispos les fueron mostrados los resultados de ignorar los pedidos de Nuestro Señor. La visión pinta a un obispo vestido de blanco, quien es baleado y muerto por una banda de soldados mientras estaba arrodilla al pie de una gran cruz de madera, en la cima de una montaña, después de haber atravesado una ciudad medio en ruinas, llena de cadáveres. La ejecución del obispo vestido de blanco es seguida por la ejecución de muchos obispos, sacerdotes y laicos. Esta visión profética de muerte y destrucción debería servir como advertencia a aquéllos que persisten en demorar los pedidos de Dios, pues Nuestro Señor advirtió a la Hermana Lucía que si los obispos continúan haciendo eso, “lo han de seguir (el asesinato del Rey Luis XVI de Francia) en la aflicción.”

Notas:
  1. En The Whole Truth About Fatima, (Toda la Verdad sobre Fátima) Volumen II: The Secret and the Church, Frère Michel de la Sainte Trinité nos dice: “Sabemos que esta decisión [de consagrar Portugal al Inmaculado Corazón de María], de la que dependió el futuro de su país, fue tomada por los obispos en el curso de su retiro en común... ¿Quien tomó la iniciativa para este acto que correspondió tan exactamente al gran Secreto, que en ese tiempo no había sido aún divulgado? El Padre Alonso nos dice muy significativamente que fue la propia Hermana Lucía quien inspiró toda la idea. ¿Cuando y como ella vino a saber de este deseo del Cielo, ordenándole pedir que todos los obispos del país consagraran solemnemente Portugal al Inmaculado Corazón de María? Nosotros no lo sabemos, e indudablemente solo la gran obra [todavía prohibida por el Obispo de Fátima] del Padre Alonso podrá proporcionar la respuesta completa.” (p. 389)

    Debemos hacer aquí una distinción respecto de la consagración de Portugal: esta no fue pedida particularmente por Nuestra Señora. Sabemos por una carta de la Hermana Lucía al Padre Umberto Pasquale, en la cual ella escribió: “Nuestra Señora de Fátima, en su pedido, solo se refirió a la Consagración de Rusia”. Ver la primera entrada del 12 de mayo de 1982 en “Apéndice: Una cronología del encubrimiento de Fátima”, La última batalla del Diablo. Ver también Frère François de Marie des Anges, Fatima: Tragedy and Triumph, pp. 218-19.





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