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Las profecías ya cumplidas Los cuatro castigos

Las profecías ya cumplidas

Los cuatro castigos


Nosotros ya podemos ver signos claros del cumplimiento de las cuatro profecías transmitidas por Nuestra Señora de Fátima: la guerra, el hambre, la persecución a la Iglesia y la persecución al Santo Padre. El primer castigo predicho, la guerra, comenzó a cumplirse con la Segunda Guerra Mundial, y continúa cumpliéndose a partir de muchas guerras en curso a lo largo del mundo. Y a pesar de los intentos de las Naciones Unidas, de varios grupos interesados y de individuos por terminar con las guerras, las luchas y las matanzas continúan.

Aunque la guerra es una experiencia común — con más de 14.000 guerras habidas en 6.000 años de historia registrada — la Humanidad ha entrado en una nueva etapa de conflictos, lejos más peligrosos y destructivos. Hoy el potencial de aniquilación es mucho más grande que nunca antes, debido a dos desarrollos relativamente recientes en la forma de encarar las guerras: 1) el concepto y práctica de la guerra total (donde los civiles ya no están excluídos, en principio, como blancos “legítimos” del enemigo) — algo nunca visto antes en 19 siglos — y 2) el desarrollo, justificación y uso de Armas de Destrucción Masiva (ADM).

Ya ha sido demostrado que una bomba puede aniquilar completamente una ciudad importante, matando cientos de miles — o tal vez, incluso millones — de personas instantánea e indiscriminadamente. Hoy existen suficientes Armas de Destrucción Masiva — bombas atómicas, bombas neutrónicas, bombas de hidrógeno, etc. — para borrar varias veces a toda la Humanidad. Esto, obviamente, hace a la situación mundial mucho más precaria que en épocas anteriores. Nuestro único camino para salir de este dilema es la Consagración de Rusia.

El hambre, segundo castigo nombrado por Nuestra Señora de Fátima, es evidente por los muchos millones de personas que siguen muriendo de hambre en el mundo entero, a pesar de todos los intentos modernos para resolver el problema. En una de las visiones de Jacinta, ella profetizó calles llenas de gentes hambrientas, y dijo a Lucía: “¿No puedes ver todas esas rutas y caminos llenos de gente, llorando de hambre y no tienen nada para comer?”

El tercer castigo, la persecución a la Iglesia, es evidente para todos, católicos y no-católicos por igual. La Iglesia Católica está soportando una terrible persecución, y se la ataca constantemente en Sus enseñanzas morales, en Su doctrina y en Sus miembros, especialmente por las fuerzas que quieren destruir el reinado de Dios en las almas. La destrucción que está obrando en la Iglesia es un castigo para el mundo entero porque la Iglesia, tan oprimida en lo interno y en lo externo, encuentra difícil realizar la consagración de Rusia. Esa falta de obediencia resulta en las guerras en curso que tanto afligen al mundo.

La Iglesia también está sufriendo a causa del cuarto castigo predicho por Nuestra Señora de Fátima: la persecución del Santo Padre. El Santo Padre es perseguido tanto por miembros de la Iglesia como por tantos fuera de ella, y la Iglesia está muy afectada por sus sufrimientos. Las ordenes legítimas del Santo Padre son muy a menudo ridiculizadas e ignoradas, incluso por su propio clero y rebaño. A menudo, los legítimos intentos del Papa por gobernar la Iglesia cada vez más disidente, son socavados por aquellos a su alrededor, y sus esfuerzos son desbaratados. Así, las cuatro profecías anticipadas por Nuestra Señora de Fátima se están cumpliendo. No obstante, como dijo Nuestro Señor a la Hermana Lucía: “Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María”. No es demasiado tarde. Dios todavía espera la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. El todavía quiere que nosotros trabajemos para difundir la devoción al Inmaculado Corazón de María, y hagamos reparación a Su Madre por medio de la Comunión de Reparación de los Primeros Sábados.

Cuando la Consagración de Rusia será finalmente realizada, las persecuciones terminarán y asistiremos al Triunfo del Inmaculado Corazón. Tendremos un período de paz. Este no vendrá, sin embargo, hasta que los suficientes fieles recen y hagan sacrificios. Por lo tanto, en nuestra presente tribulación, no tenemos elección alguna sino volvernos esperanzados al Inmaculado Corazón de María y a Su Santo Rosario, pues como Ella lo explicó en Fátima, “solo Nuestra Señora del Rosario puede ayudarlos.”






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