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La Oposiciůn - CronologŪa de cuatro campaŮas de ocultamiento: Conclusiůn

CronologŪa de cuatro campaŮas de ocultamiento:
Conclusiůn


A la luz de estos hechos, es imposible evitar la conclusión de que una poderosa facción dentro del Vaticano está determinada a ocultar el Mensaje de Fátima.

Ellos se oponen a la consagración, porque entre otras cosas interfiere con sus estrategias políticas de apaciguamiento con Rusia y con su “ecumenismo” con la Ortodoxia Rusa y, por esa razón, con su política general de ecumenismo que niega la necesidad de la conversión de los no-católicos a la Fe Católica (para su propia salvación eterna)—a pesar de las advertencias de Nuestra Señora y de la contínua persecución a la Iglesia en Rusia.

Ellos ocultan el Tercer Secreto verdadero porque describe y condena las muchas cosas que ellos han hecho y las que continúan haciendo.

Hostigan al P. Gruner porque él se atreve a señalar esas verdades, y urge a la Iglesia a obedecer al Mensaje de Nuestra Señora.

Ellos silencian a la Hermana Lucía porque de otra manera ella confirmaría lo que el P. Gruner está diciendo y señalaría claramente que los dignatarios vaticanos están en un grave error sobre Fátima.

Hasta niegan clara e implícitamente las apariciones mismas, intentando descartarlas como “revelaciones privadas” y desestiman el Secreto de Fátima como si fuera una fabricación de la Hermana Lucía, a pesar del hecho que todo el Mensaje de Fátima fue confirmado por un milagro sin precedentes, presenciado por más de 70.000 personas y anunciado con tres meses de anticipación.

Esta situación perturbadora da a millones de católicos una razón más para preocuparse por el estado de la jerarquía de la Iglesia de hoy. Su manipulación de todos los aspectos de Fátima ha sido totalmente anormal desde el principio, y se ha vuelto progresivamente más cuestionable con el paso de cada década. Y durante esas mismas décadas, la Iglesia viene experimentando una serie de calamidades en aumento: defecciones masivas de los fieles en muchas parroquias, caída vertical del ingreso en los seminarios, desobediencia general sobre las enseñanzas básicas sobre contracepción, aborto y divorcio, y horribles revelaciones de abusos homosexuales de niños por miembros del clero—por no mencionar 50.000 defecciones del sacerdocio y las de más de 100.000 religiosas de la vida monástica en los pasados 40 años.

Y estos problemas no están disminuyendo: la tormenta continúa, y se presenta peor para  el porvenir. En los E.E.U.U., la Iglesia incluso enfrenta los costos por las víctimas abusadas, que pueden quebrar económicamente a muchas diócesis. Extirpados los abusadores de entre clero, el ajuste de las normas para la aceptación de nuevas vocaciones solo agravará la ya crítica escasez de sacerdotes, debilitando aún más la capacidad de la Iglesia para cumplir sus funciones esenciales. Y mientras tanto, el apoyo económico de los fieles va menguando, y las disputas sobre doctrinas básicas están sacando a la luz el cisma actual entre facciones liberales y conservadoras. El panorama es triste, y parece destinado a volverse desolador. Y en todo momento, el remedio provisto por Nuestra Señora de Fátima continúa  desdeñado, ignorado y desperdiciado.

La sórdida historia de la represión y manipulación que ha dejado abandonado por tanto tiempo un mensaje del Cielo es escandalosa en si misma, pero sus consecuencias son aún peores. La Iglesia puede sobrevivir los malos liderazgos; ya ha sufrido estas desgracias antes. Pero millones no sobrevivirán los horrores por venir si el pedido de la Consagración de Rusia no se cumple.

Eso es lo que está en juego aquí. Ésta no es una batalla simplemente por los niveles de poder en el Vaticano, sino por la existencia misma de naciones enteras y por la salvación de miles de millones de almas en un mundo desgarrado por las guerras. ¿Se prolongará esta situación espantosa en las décadas por venir? ¿O exigirán los fieles que la Iglesia vuelva a sus raíces, y preste atención a las palabras de la Madre de Dios? Improbable como parece en este momento, hay razón para esperarlo.

Hay razón para creer que silenciando a la Hermana Lucía y ocultando las palabras de Nuestra Señora, no impedirá su Mensaje de alcanzar a la humanidad finalmente.

Hay razón para creer que el Vaticano abandonará su pretensión de que la consagración de Rusia ya sido realizada, y una mayoría de obispos exigirá que se haga como fue pedido.

Hay razón para creer que el contenido del verdadero Tercer Secreto finalmente será revelado.

Y hay razón para creer que la larga cruzada de 25 años del P. Gruner finalmente logrará que el Mensaje de Fátima dé sus frutos.

Esa razón es nada menos que una promesa del Cielo, hecha por Nuestra Señora misma cuando dijo: “Por fin, Mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Pero ese Triunfo, como la propia misión de la Iglesia, dependen de la obediencia a Dios de los instrumentos humanos en la Iglesia a lo que El ha ordenado. Ese deber de obediencia recae no solamente en la jerarquía, sino también en cada uno de los miembros de la Iglesia, incluido usted, lector.

A menos que USTED preste sus oraciones y otros esfuerzos a la causa del cumplimiento del Mensaje de Fátima, el ocultamiento continuará y aumentarán las consecuencias de ignorar el Mensaje. “Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas.” El tiempo de actuar es ahora.

¿Que puedo hacer?

¿Como puedo informarme mejor sobre esta materia?






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