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La Oposiciůn - FŠtima combatida en Portugal (6 de marzo de 1922)

FŠtima combatida en Portugal
(6 de marzo de 1922)


El libre acceso a Fátima obstaculizado

Para el año 1921, Fátima se había convertido en el centro de un nuevo despertar católico en Portugal. A pesar de que el gobierno masónico portugués se había jactado de que la Iglesia sería borrada de Portugal en dos generaciones, su visión estaba siendo confrontada por la nueva vida que Fátima estaba exhalando en el catolicismo de Portugal. En respuesta, el ejército portugués fue desplegado hacia Fátima para negar a los católicos el acceso a la Cova da Iria. Esta maniobra fue fuerte y persistentemente objetada. Finalmente, dándose cuenta de la futilidad del intento, el capitán de la guardia cedió y se permitió una vez más a los fieles el libre acceso a los benditos lugares donde se apareció Nuestra Señora.

El pozo milagroso

En 1922, las muchedumbres que hacían peregrinaciones a la Cova da Iria eran tan numerosas, que el Obispo de Leiría-Fátima, Monseñor José da Silva, autorizó a que se excavara un pozo para proveer de agua suficiente a los peregrinos. El proyecto no aparecía halagüeño, ya que la tierra era muy dura, y las piedras obstruían la excavación. Sin embargo apareció de inmediato agua abundante, y tanto los peregrinos como los habitantes locales iban en gran número a sacar agua de la fuente, que ellos creyeron que era milagrosa.

Muchos milagros se obraron con el agua de ese pozo. La gente dejaba allí sus vendajes como testimonio de las curaciones, y otros incontables llenaban recipientes con esa agua para llevarla, de regreso, a sus enfermos. Como consecuencia de estos hechos, la devoción a Nuestra Señora de Fátima creció hasta tal grado, que sus oponentes se obstinaron aún más en obstaculizar el movimiento.

Un acto de terrorismo masónico

El 6 de marzo de 1922, la Capelinha, la capilla erigida en el lugar de las apariciones, fue dinamitada. Esa noche, una poderosa explosión despertó a los habitantes de los caseríos vecinos. Ellos encontraron la Capelinha en llamas, de la que solo quedaban las paredes. Providencialmente, la imagen de Nuestra Señora había sido retirado de la Capelinha la noche anterior.

Los hombres responsables de la destrucción, francmasones y aparentemente amigos del Hojalatero (el Administrador en cuyo distrito estaba ubicada Fátima), habían perforado las paredes de la Capelinha en cuatro lugares, para colocar allí cuatro artefactos explosivos. Un quinto artefacto, colocado en el tronco de la encina en la que se había aparecido Nuestra Señora, no explotó.

La indignación por el acto terrorista fue general, pero nadie fue arrestado o juzgado por ese crimen. El párroco local organizó una procesión de protesta, luego de la cual celebró Misa ante los 10.000 fieles presentes. Así, a pesar de la tan violenta oposición a la devoción a Nuestra Señora de Fátima, esta no evitaría que los fieles fueran en peregrinación para honrarla en la Cova da Iria.






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