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La posiciůn de la Iglesia (1917 - 1920)

La posiciůn de la Iglesia
(1917 - 1920)

Desde 1917 a 1920, la posición de la Iglesia respecto a las apariciones de Fátima fue de una prudente reserva y silencio. Como es costumbre de la Iglesia en circunstancias similares, se prefirió demorar el juicio sobre el hecho hasta que se procediera a una investigación minuciosa.

En el tiempo de las apariciones, el clero portugués era reacio a fomentar la creencia en ellas, y muchos realmente desalentaron a los laicos de visitar Fátima. El clero portugués actuó de esa manera en gran medida, a causa de las recientes persecuciones sufridas por la Iglesia en Portugal por parte del gobierno masónico anti-católico. Con el dolor fresco de las terribles persecuciones aún en las mentes, el clero no quiso dar ningún paso que pudiera provocar luego la ira del gobierno. Aunque el Presidente Sidonio Pais había derogado muchas de las leyes anticatólicas del país en 1918 (que a su turno llevaron a su asesinato por sus hermanos masónicos a fines de 1918), el clero portugués estaba temeroso de emprender acciones que pudieran incitar a su restablecimiento.

Las apariciones de Nuestra Señora de Fátima verdaderamente provocaron fuerte oposición desde muchos sectores: del gobierno local, como ilustró el secuestro de los tres niños en agosto de 1917 por el Administrador de la villa; de los Francmasones como lo exhibió la destrucción de la Capelinha, ocurrida en marzo de 1922; e incluso de la prensa, que era controlada por los masones y que desdeñaba las apariciones hasta que presenció el Milagro del Sol de octubre de 1917. Así, desde todos los ángulos que fomentaban el desdén y el odio hacia Dios y Su Iglesia, se exhibía fuerte oposición a los eventos de Fátima.

Sin embargo, a pesar del silencio y el desaliento por parte del clero, y del patente menosprecio y oposición del campo secular, el pueblo portugués mantuvo su confianza y su respaldo a las apariciones de Fátima. Como reconocimiento a la decisión de los laicos, digamos que el número de los testigos presentes en la Cova da Iria, creció de apenas unos 50 en junio de 1917, a la multitud de 70.000 que presenciaron el milagro de octubre. Incluso después de concluido el ciclo de las apariciones, mientras se esperaba la aprobación oficial eclesiástica, los fieles continuaron visitando, en peregrinación, el lugar sacro donde había aparecido la Madre de Dios.




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