Cronología de cuatro campañas de ocultamiento:
La persecución al Padre Gruner


Un paso profético

El Padre Nicholas Gruner es un sacerdote católico nacido en Canadá, que fue ordenado en Italia en 1976. De regresó a Canadá con el permiso de su Obispo, fue designado Director Ejecutivo del Comité Nacional de la Virgen Peregrina Nacional de Canadá (VPN) en 1978. No tenía la menor idea que estaba poniendo el pie en un camino que lo llevaría a entrar en conflicto con algunas de las más alta autoridades del Vaticano.

Una década de crecimiento

Durante la década siguiente, el P. Gruner construyó la VPN desde apenas un puñado de seguidores al más grande apostolado en el mundo dedicado a promover íntegro el Mensaje de Fátima. Durante el proceso, la obra del P. Gruner atrajo la atención de ciertos dignatarios vaticanos quienes consideraban el Mensaje de Fátima como “políticamente incorrecto”. El pedido de Nuestra Señora de la consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón entraba en conflicto con su “Ostpolitik”, la cual requería amordazar la críticas al comunismo ruso por razones “diplomáticas”.  Dignatarios molestos comenzaron a plantar semillas que germinaron en una escalada de persecución.

Una carta molesta

Esas semillas comenzaron a producir sus frutos en 1989, cuando el P. Gruner recibió una carta sorprendente y perturbadora del nuevo obispo de Avellino, Gerardo Pierro. El Obispo Pierro era el sucesor del Obispo Pascuale Venezia, quien había ordenado al P. Gruner en 1976, y de quien el sacerdote tenía permiso escrito para trabajar fuera de la diócesis italiana. Para entonces, el Obispo Pierro amenazó con revocar ese permiso. Manifestando que estaba respondiendo a inquietudes expresadas por el Secretarío de Estado del Vaticano, el Obispo Pierro escribió tanto al P. Gruner como al Obispo Thomas Fulton de St. Catharines, Ontario, diócesis donde reside el P. Gruner. Así, se impulsaba una oferta de incardinación con el Obispo Fulton, pero solo si el P. Gruner abandonaba su apostolado de Fátima, condición claramente inaceptable.

La intención vaticana: guarde silencio, si no...

Obviamente, esa proposición no nació del Obispo Pierro ni del Obispo Fulton; vino de la oficina del Secretarío de Estado, y puso en descubierto la verdaderas intenciones del Vaticano. El objetivo no era simplemente acordar la incardinación del P. Gruner en una diócesis canadiense, lo cual pudo hacerse fácilmente sin términos o condiciones anexos. Ni fue el objetivo volver al P. Gruner a Avellino para servir a algún propósito útil allí. En el contexto de la oferta, la vuelta a Avelino no fue presentada como una alternativa útil para nada; mas bien se trataba de un potencial castigo por dejar de cumplir con el objetivo real, que era abandonar el apostolado de Fátima. Ese, inequívocamente, fue el último edicto:

guardar silencio sobre Fátima, si no...

Una intervención ilícita

Poco después, el Padre Gruner recibió otra carta (aparentemente escrita un mes antes), del Cardenal Angelo Innocenti, Prefecto de la Congregación para el Clero en el Vaticano. La carta amenazaba al P. Gruner con una posible suspensión a menos que él fuera incardinado en Canadá o bien regresara inmediatamente a Avelino. El P. Gruner respondió con una carta señalando que el Cardenal no tenía derecho para intervenir en esa forma, ya que el Obispo de Avellino no había impartido esas ordenes por si mismo. En un paso siguiente, el P. Gruner también apeló al Papa contra el abuso de autoridad del Cardenal. El Cardenal Innocenti nunca replicó o escribió nuevamente al P. Gruner.

Un alegato ilícito

Unos pocos meses más tarde, Monseñor Allan McCormack, entonces canciller de la Arquidiócesis de Toronto, envió un aviso a todos los sacerdotes de Toronto calificando la condición del P. Gruner como la de un sacerdote “irregular”, y desalentando el apoyo a su apostolado. Como lo esperaba el canciller de Toronto, eso llevó a noticias en algunos periódicos católicos que insinuaban que el P. Gruner era un sacerdote “vagabundo”, o renegado. Después de ver frustrados sus intentos de reunirse con el superior de Monseñor McCormack, el Arzobispo de Toronto (hoy Cardenal) Aloysius Ambrosic, el P. Gruner siguió el único camino que le dejaban, e inició un pleito por difamación en Toronto, el cual aún está pendiente.

Un ataque burocrático

Después de fallar en su intento de silenciar al P. Gruner, el Vaticano esperó hasta 1992 para hacer su próxima movida. La ocasión fue un conferencia para obispos en Fátima, organizada por la publicación trimestral del P. Gruner, The Fatima Crusader. Los dignatarios vaticanos publicaron falsas y engañosas declaraciones en L’Osservatore Romano, alegando que la conferencia no estaba autorizada, aunque tal autorización nunca es requerida ni otorgada para tales eventos. Unos 35 de los más de 100 obispos que habían aceptado las invitaciones (y que habían aceptado que sus pasajes a Fátima fueran pagados por The Fatima Crusader), fueron desalentados por esas declaraciones, y dejaron de asistir.

Un ataque físico

Mientras el P. Gruner estaba en Fátima, ocurrió un incidente extraordinario. El fue agredido físicamente por dos hombres, uno de los cuales admitió luego que había estado actuando bajo órdenes de Monseñor Luciano Guerra, Rector del Santuario de Fátima. Monseñor Guerra, quien continúa como Rector en Fátima, pretendió que el ataque fue montado por el P. Gruner como un “recurso publicitario”.

Una incardinación obstaculizada

Menos de un año más tarde, en el verano de 1993, el P. Gruner obtuvo una oferta de incardinación del Obispo Gilbert Rego de la diócesis de Simla y Chandigarh, India, a quien había conocido en la conferencia de Fátima. En consecuencia, el P. Gruner escribió al Obispo Antonio Forte, quien sucedió al Obispo Pierro en Avellino, pidiéndole la excardinación de su diócesis; normalmente una simple formalidad. Tomó mas de tres meses que el Obispo Forte respondiera a ese pedido, y cuando lo hizo, su carta notificó que declinaba dar la excardinación. Como motivo de esa decisión extraordinaria, él citó una orden directa del Arzobispo Crescenzio Sepe, quien era entonces cabeza de facto de la Congregación para el Clero. Las instrucciones del Arzobispo al Obispo Forte de negar la excardinación estaban totalmente fuera de su jurisdicción, y no tenían validez legal. Sin embargo, el Obispo Forte lo obedeció y rechazó actuar.

Una cordial visita, y un rudo golpe

A principios de 1994, el P. Gruner fue a Avellino y se reunió con el Obispo Forte en un intento de resolver la cuestión. El obispo confirmó al P. Gruner que seguía siendo un sacerdote en regla, y le ordenó regresar a Canada, a donde se le diría lo que debía hacer por medio de una carta. Cuando tres semanas después llegó la prometida carta, esta contenía un golpe profundo. Decía que el P. Gruner estaba en Canadá sin permiso y agregaba una orden directa del Obispo Forte de abandonar el apostolado de Fátima y volver inmediatamente a Avellino, o enfrentar una suspensión de sus facultades sacerdotales.

La ley canónica burlada, los abusos ordenados

La amenaza de suspensión asombró al P. Gruner, como que era flagrantemente contraria al Derecho Canónico. Para que estuviera en juego tal pena, debió haberse cometido algún crimen. Eso no había ocurrido, pero allí había una amenaza de imponer una pena arbitrariamente, sin ninguna justificación en el Derecho Canónico. Aún más asombroso fue que las ordenes de hacer eso fueron orquestadas por la Congregación para el Clero, cuya función supone salvaguardar los derechos de los sacerdotes. Contrariamente, ellos estaban haciendo lo opuesto, al ordenar literalmente un abuso de poder. El P. Gruner respondió con una detallada defensa de su posición, y cuando transcurrieron 30 días sin una respuesta del Obispo Forte, él inició una apelación formal contra la orden, como lo prescribe la Ley Canónica. La apelación suspendió el efecto de la orden del obispo, permitiendo al P. Gruner continuar la obra de su apostolado.

La intromisión continúa

La intromisión vaticana con la obra continuó. Cuando se organizó una nueva conferencia para obispos en el otoño de 1994 en México, esta cayó rápidamente bajo ataque del Secretarío de Estado vaticano, a traves de la red de Nuncios y otros emisarios vaticano en las capitales del mundo. Enviaron cartas a todos los obispos católicos y también obstruyeron la visas mexicanas para muchos, desalentando así substancialmente la asistencia, pero esa interferencia irritó a algunos invitados, quienes no fueron intimidados.

La necesidad de un juicio imparcial “no previsto”

También en 1994, el Padre Gruner tuvo la primera muestra de la “justicia” administrada por sus oponentes vaticanos. El Cardenal José Sánchez y el Arzobispo Crescenzio Sepe, luego prefecto y secretario, respectivamente, de la Congregación para el Clero, pronunciaron una decisión contra la apelación del P. Gruner a la orden del Obispo Forte.  Ambos prelados habían estado directamente involucrados en la producción de las cartas ilícitas a los obispos y dieron ordenes, ‘tras la cortina’, de desbaratar los intentos del P. Gruner para obtener su incardinación con un nuevo obispo. Cuando el P. Gruner objetó contra la impropiedad obvia de estos hombres de juzgar sobre sus propias acciones, quedó asombrado al ser oficialmente informado que el derecho a un juicio imparcial ¡“no estaba previsto en la legislación” sobre procedimientos administrativos de la Iglesia! 

Justicia denegada

El caso se trasladó luego al supremo tribunal vaticano, la Signatura Apostólica. Para su defensa, el P. Gruner fue obligado a contratar los servicios de uno de los únicos 16 abogados canonistas acreditados para comparecer ante la Signatura. Los servicios del abogado que él contrató en 1994, Carlo Tricerri, probaron ser muy deficientes. El Dr. Tricerri dejó de examinar todos los documentos del caso, y presentó a la Signatura una replica seriamente errónea e incompleta, sin la aprobación del P. Gruner. Luego, cuando la Signatura pronunció un juicio dando solo 10 días para una apelación, el Dr. Tricerri la presentó sin notificar siquiera al P. Gruner de su existencia. Pasaron otros 17 meses antes que el P. Gruner viera una copia de este documento, que señalaba que su derecho de apelación había sido denegado.

De mal en peor

Los servicios legales inadecuados fueron solo una parte del problema para obtener justicia a nivel de la Signatura. Una vez más, el miembro principal del tribunal, Cardenal Gilberto Agustoni había estado involucrado activamente en la campaña contra el P. Gruner y su apostolado de Fátima. El Cardenal no se inhibió en el caso, y presidió la Signatura en su calidad de Prefecto cuando este anunció la sentencia contra el P. Gruner el 15 de mayo de 1995, sentencia que el P. Gruner recibió solo muchos meses más tarde.

Una carta al Papa

A mediados de 1995, el P. Gruner publicó una Carta Abierta al Papa en Il Messaggero, uno de los principales rotativos de Roma. Firmada por dos obispos y miles de sacerdotes y laicos, y protestando el abuso de poder de los burócratas anti-Fátima en el Vaticano, pidió la intervención del Santo Padre. El Papa no actuó directamente, pero el Cardenal Agustoni mas tarde dio el paso sin precedentes de inhibirse él mismo de más participación en el caso del P. Gruner.

Por fin la incardinación

Hacia fines de 1995, el P. Gruner recibió un decreto oficial de incardinación del Arzobispo Saminini Arulappa, de Hyderabad, India. Allí no se pidió ninguna documentación adicional de excardinación del obispo a cargo de Avellino, ya que de todas maneras, una carta del obispo anterior, en 1989, ya había asentido a la incardinación en otro lugar. Para el Derecho Canónico, el P. Gruner ahora estaba incardinado en Hyderabad, no en Avellino, y tenía permiso expreso para continuar su apostolado de Fátima como antes, radicado en Fort Erie, Ontario, Canadá.

Otra conferencia puesta en tela de juicio

Una tercera Conferencia por la Paz, de la Cruzada de Fátima, fue organizada a fines de 1996, y una vez más, varios dignatarios vaticanos hicieron todo lo que estuvo a su alcance para desalentar la asistencia. Una carta de la Congregación para el Clero a todos los obispos, describió las actividades del P. Gruner como “dañinas” (sin decir por qué),  y llamó a su defensa del apostolado de Fátima “una situación lamentable” (sin decir por qué). Poco antes de la conferencia, otra carta a los obispos católicos, enviada por la Congregación para los Obispos, los urgía a no asistir a un evento “absolutamente no autorizado”, el cual, en primer lugar, no requería ninguna “autorización”. La carta fue firmada por el Cardenal Bernard Gantin, quien estaba en el panel de jueces de la Signatura que consideraron el caso del P. Gruner. Sin embargo, asistieron más de 200 obispos, sacerdotes y laicos. Durante la conferencia, la demanda canónica del P. Gruner contra dos dignatarios vaticanos, fue puesta directamente en manos del Papa en un acto público.

Derecho a elegir un abogado imparcial

En 1997, el P. Gruner descubrió, incluso, otra forma en que sus oponentes vaticanos estaban actuando ilícitamente contra él. Cuando pugnaba por encontrar un nuevo abogado para representarlo ante la Signatura, él descubrió la razón del desinterés de aquéllos a quienes él se había dirigido: ¡ellos habían sido reservadamente aconsejados de no tomar el caso Gruner por el Arzobispo Zenón Grochelewski, quien había sido destinado para reemplazar al ahora recusado Cardenal Agustoni en el tribunal! Uno de los abogados reticentes, Francesco Ligi, relató una expresiva confesión hecha por el Arzobispo Grochelewski. El Dr. Ligi, un respetado abogado en la Suprema Corte de Italia así como también en la Signatura, dijo que el Arzobispo le aconsejó apartarse, porque “ese caso no es por la incardinación del P. Gruner, sino por lo que el P. Gruner dice.” Ese comentario alcanzó para admitir que la cuestión de la incardinación, simplemente estaba siendo usada para dar apariencia de legitimidad a una acción destinada a lograr otro propósito—un propósito ilegítimo: silenciar al P. Gruner.

Otro abogado negligente

Cuando el P. Gruner pudo finalmente contratar los servicios de otro abogado aprobado por la Signatura, Sandro Gherro, sus servicios probaron ser tan inefectivos como los del anterior. Cuando el Sr. Gherro recibió un documento de la Signatura, exponiendo un pretendido (y substancialmente erróneo) resumen de los hechos y dando 10 días para responderlo, él simplemente lo archivó, y permitió que transcurriera el tiempo acordado. La Signatura, entonces, adoptó oficialmente su propia versión de los sucesos como “hechos” y pronunció un segundo fallo contrario al P. Gruner el 20 de enero de 1998.

Otra carta abierta

En la primavera de 1998, el P. Gruner publicó una segunda Carta Abierta al Papa en el diario romano Il Messaggero. La carta pidiendo alivio otra vez del hostigamiento burocrático de su apostolado, fue firmado por 27 arzobispos y obispos, 1900 sacerdotes y religiosos y más de 15000 laicos. Una vez más, fueron expuestas a la luz del día las maniobras secretas e ilícitas de los oponentes del P. Gruner.

Otro golpe

En el otoño de 1998, la Signatura lanzó un nuevo golpe en forma de un documento producido por un dignatario vaticano conocido con el nombre de “Promotor de Justicia”. El documento pretendió ser un resumen de los hechos del caso y de las posiciones canónicas de las partes, para asistir al tribunal en sus deliberaciones.  En realidad, fue un descarado catálogo prejudicial de denuncias infundadas contra el P. Gruner, muchas de las cuales tomadas de cartas que él nunca había visto. Antes de permitirle ver este último documento, el Vaticano trato de obtener del P. Gruner un juramento de guardar silencio, que él rechazo de prestar. El resultado fue que al P. Gruner nunca se le permitió tener una copia del documento. ¡Su abogado fue forzado a viajar 9600 kilómetros hasta Canadá para mostrarle el documento, bajo órdenes de no dejar al P. Gruner conservar una copia!

Derechos fundamentales denegados

El P. Gruner replicó el documento del Promotor con una refutación detallada de sus errores objetivos y de sus afirmaciones sin fundamento. También pidió formalmente copias de las 20 cartas citadas por el Promotor, de acuerdo con su derecho fundamental como acusado en el caso. Las copias de las cartas nunca fueron provistas, y la Signatura nunca mencionó nuevamente el documento del Promotor.

Otro fallo, más presión ilícita

A mediados de 1999, el P. Gruner envió un nuevo documento al Obispo de Avellino, afirmando que él ahora estaba incardinado en la diócesis de Hyderabad. La Signatura Apostólica tuvo la misma información, pero simplemente la ignoró cuando falló contra el P. Gruner en setiembre de 1999. Al archivar su refutación a esa decisión, el P. Gruner encontró que el tercer abogado canonista que había contratado estaba siendo ahora presionado para desprenderse de su caso.

Más obispos desalentados

Otra Conferencia de Fátima por la Paz, esta vez en Hamilton, Ontario, Canadá, en octubre de 1999, fue objeto del mismo hostigamiento por parte de dignatarios vaticanos como en las conferencias anteriores. Asistieron más de 300 personas, pero la mayoría de ellos fueron laicos.

Otra demanda canónica

En noviembre de 1999, el P. Gruner envió una nueva demanda canónica al Papa, nombrando a los Cardenales Agustoni, Innocenti y Sánchez, al igual que a los Arzobispos Sepe y Grochelewski y al Obispo Forte. Como ocurrió con las demandas anteriores, ésta fue destinada a ser aceptada oficialmente en mayo siguiente, cuando el Papa no pudiera responder a ella por vencido el plazo acordado por la Ley Canónica.

La amenaza sumamente extrema

Con la cuestión aparentemente parada en la Signatura Apostólica, el P. Gruner fue atacado repentinamente desde una nueva dirección. A principios de junio de 2000, le fue enviada una carta en mano, de parte del Cardenal Castrillón Hoyos, Prefecto de la Congregación para el Clero. Con sorprendente desprecio por la Ley Canónica, la carta repitió las falsas acusaciones ya refutadas en documentos archivados en la Signatura, ¡y amenazaba al P. Gruner con la excomunión! El Padre Gruner contestó, una vez más negando las acusaciones y desafiando la moralidad de la amenaza de excomunión.

El Cardenal continúa

Un mes más tarde, el Cardenal Castrillón Hoyos instruyó a varios Nuncios alrededor del mundo para hacer circular mentiras, incluyendo un cargo de falsificación, contra el P. Gruner. Cuando se le pidieron explicaciones, el Cardenal rectificó sus falsas acusaciones  apuntando a cargos menores, igualmente falsos, pero no hizo ninguna retractación ni pidió disculpas. Ni retiró su amenaza ilícita de excomunión. En diciembre de 2000, el Padre Gruner presentó una nueva demanda canónica al Papa contra el Cardinal Castrillón, pidiendo su destitución del cargo.

Habla “una más alta autoridad”

Las cosas permanecieron latentes en la Signatura durante casi todo el año 2001, y mientras tanto, el Papa no tomó medidas en respuesta a las quejas formales del P. Gruner, a pesar de los preceptos de la Ley Canónica por los cuales Juan Pablo II estaba obligado a atender él mismo tales cuestiones. Finalmente, el día posterior a los ataques terroristas del 11 de setiembre, la oficina de prensa del Vaticano propaló una nueva información. Citando “un mandato de una más alta autoridad”, informó que el P. Gruner estaba suspendido, y nadie debería asistir a su próxima conferencia en Roma a principios de octubre. No se dio ninguna razón para la pretendida suspensión. Así, el P.Gruner se convirtió en el único sacerdote en tiempos contemporáneos, cuya suspensión fuera anunciada al mundo por una alta autoridad anónima, por una falta  no especificada. El P. Gruner negó prontamente la validez de la suspensión, ya que no tenía fundamento en el Derecho Canónico.

El lugar de la conferencia repentinamente
indisponible

Unas pocas semanas más tarde, la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Roma, dio marcha atrás en su contrato de alquiler de la instalaciones para la conferencia de octubre del P. Gruner, alegando la repentina necesidad de realizar una “inspección estructural” del edificio. La representante de la Universidad, admitió más tarde haber recibido “un llamado telefónico” del Vaticano.

No lo que hace, sino lo que dice

De modo significativo, los esfuerzos vaticanos para silenciar al P. Gruner nunca han tomado una forma de desafío a lo que él dice, porque ellos no lo pueden rebatir con seriedad. En su lugar, ellos han pensado en desacreditarlo en su persona, haciendo circular, en primer lugar, acusaciones infundadas sobre su condición como sacerdote, y luego por una campaña gradual dirigida inequívocamente a forzarlo a abandonar su apostolado de Fátima. En el curso de esa campaña, los dignatarios del Secretarío de Estado, de la Congregación para el Clero y de la Signatura Apostólica han participado repetidamente en violaciones de las propias leyes de la Iglesia que protegen los derechos de los sacerdotes a un debido proceso a la luz de la Ley Canónica.