Cronología de cuatro campañas de ocultamiento:
El silenciamiento de la Hermana Lucía


Visiones y Secretos

Aunque ella tenía solamente 10 años para entonces, Lucía dos Santos fue la mayor de los tres niños pastores que recibieron las visiones de Fátima en 1917. Ella fue la única de los tres que realmente hablaba con la Virgen, haciéndole sus propias preguntas y contestando otras de Nuestra Señora. Después de la visión del 13 de mayo, Lucía y sus primos menores, Francisco y Jacinta Marto, acordaron no revelar nada a nadie.

No pudo contenerse

Sin embargo, la pequeña Jacinta, de siete años, no pudo contener su excitación por esa primera visión y la refirió a su madre. El rumor se difundió por toda la pequeña comunidad rural. Algunos aceptaron inmediatamente la visión como una auténtica aparición de la Virgen María, pero otros—incluyendo los sacerdotes—fueron escépticos. Multitudes tanto de creyentes como de curiosos se reunían para ver a Lucía y a sus primos en las posteriores apariciones (unas 50 personas fueron en junio; 5.000 en julio; 15.000 en agosto; 30.000 en setiembre), y en la última, unas 70.000 personas presenciaron el famoso Milagro del Sol.

Una intensa investigación

En julio, el alcalde local comprobó la reacción popular de estos hechos perturbadores, y en agosto sometió a los tres niños a intensos interrogatorios. A tal punto llegó, que despues de haberlos tenido en prisión durante 2 días, los niños fueron realmente amenazados de muerte porque exasperaron al interrogador. A pesar de todos los intentos de intimidación, Lucía y sus primos no revelaron nada del Secreto del 13 de julio, acatando el mandato de Nuestra Señora de mantener secreto Su Mensaje. Los investigadores eclesiásticos permanecieron inicialmente dudosos sobre la autenticidad de las visiones, como debían hacerlo en casos de esta naturaleza. Sin embargo, la sinceridad evidente de los niños, tanto como su profunda piedad y devoción, finalmente persuadieron a la autoridades de tomar seriamente en cuenta la situación e investigar más a fondo. Lo legitimante del Milagro del Sol, que Lucía pidió a Nuestra Señora como prueba de que las apariciones eran auténticas, selló la cuestión. Luego de poco más de una década, en 1930, la exhaustiva investigación estuvo completa, y la jerarquía de la Iglesia declaró las apariciones de Fátima “dignas de Fe”.

Mueren dos de los tres videntes

Apenas dos años más tarde de haber presenciado la primera aparición en Fátima, Francisco Marto murió de influenza (gripe) en la primavera de 1919. Al año siguiente Jacinta, su hermana menor, también sucumbió a esa enfermedad en febrero de 1920. Lucía

dos Santos se convirtió así en la única sobreviviente de los videntes de Fátima, y el mensaje de Nuestra Señora quedó solo con ella. Cuando a la edad de 18 años, en 1925, entró a un convento, no había revelado públicamente hasta entonces nada del mensaje de Nuestra Señora. (Los hermanitos Marto fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 2000, y están ahora solamente a un paso de la canonización.)

La consagración pedida

En el verano de 1929, mientras residía en un convento en Tuy, España, la Hermana Lucía tuvo otra visión. Esta vez, Nuestra Señora volvió como lo había prometido en Fátima a pedir la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón. Esa aparición fue seguida por otra visita, dos años más tarde, en la cual Nuestro Señor reveló a la Hermana Lucía las consecuencias fatales para la jerarquía de la Iglesia en caso de no realizar la pedida consagración. La Hermana Lucía comunicó esos mensajes a su confesor, P. Bernardo Gonçalves, urgiéndolo a encontrar alguna forma de persuadir al Santo Padre de realizar la ceremonia. A pesar de que para entonces sus más tempranas visiones ya habían sido declaradas “dignas de Fe” por el Vaticano, nada se hizo para cumplir con los pedidos de Nuestra Señora. Para 1935, la Hermana Lucía había comenzado a poner sus urgencias por escrito en una carta manuscrita al P. Gonçalves, donde le manifestaba, con referencia a algunas consultas que este le hiciera, “que agradaría mucho a Nuestro Señor” si él insistía ante su Obispo para que se hiciera la consagración.  

Las palabras de Nuestra Señora

En 1941, a instancias de su Obispo, la Hermana Lucía escribió la tercera y la cuarta memorias, revelando las dos primeras partes del contenido del Secreto recibido el 13 de julio de 1917 en las propias palabras de Nuestra Señora de Fátima. Solo la última parte del Secreto, el llamado “Tercer Secreto”, permaneció sin revelar. Unos años más tarde, una vez más persuadida por su obispo, la Hermana Lucía, con dificultad, escribió el contenido del Tercer Secreto en una hoja de papel, que guardó sellada en un sobre, el que fue entregado al Obispo de Fátima, D. José da Silva. Por un acuerdo entre la Hermana Lucía y el Obispo, la carta no sería hecha pública sino recién en 1960. Antes de esa fecha, en 1957, el sobre todavía cerrado fue transferido al Vaticano, donde fue depositado en un cofre en los apartamentos papales.

Consagraciones insatisfactorias

Mientras tanto, la Hermana Lucía continuó urgiendo que la consagración pedida se hiciera exactamente como estaba especificado. En 1946, ella explicó en una entrevista, que la consagración general del mundo al Inmaculado Corazón realizada por el Papa Pío XII en 1942 no era satisfactoria, porque no era la consagración específica de Rusia y porque todos los obispos católicos no se habían unido al Papa. En 1952, el Papa mencionó a Rusia en otra consagración, pero no realizó la ceremonia en unión con todos los obispos del mundo. Evidentemente, Pío XII no había sido informado de este requerimiento, que está explícitamente consignado en las memorias de la Hermana Lucía.

La Hermana Lucía habla una vez más

Para 1957, la Hermana Lucía estaba claramente consternada por los continuos incumplimientos de la Iglesia de acceder a lo pedido por Nuestra Señora. En una conversación con el P. Agustín Fuentes, Postulador de la causa de beatificación de Francisco y Jacinta Marto, ella enfatizó que todas las naciones estaban expuestas al riesgo de desaparecer de la faz de la tierra y que muchas almas iban al infierno como resultado de ignorar el pedido de Nuestra Señora. Esta entrevista fue ampliamente publicada en inglés y en castellano en 1958, con la aprobación del Obispo de Fátima.

Una acusación anónima

Con posterioridad a la muerte del Papa Pío XII, en el verano de 1959 apareció un informe anónimo de la oficina de la cancillería de Coimbra, donde estaba ubicado el convento de la Hermana Lucía. El informe denunciaba como fraudulenta la entrevista del P. Fuentes con la Hermana Lucía en 1957. Hasta este día nadie asumió la responsabilidad de esa denuncia. Aunque el P. Fuentes sería más tarde revindicado completamente, en 1961 ese “informe” anónimo fraudulento sería tomado posteriormente como base para alejar al P. Fuentes de su función de Postulador de la causa para la Beatificación de Francisco y de Jacinta Marto.

Una gran decepción

En 1960, llegó el tiempo señalado para la revelación del Tercer Secreto. Para decepción de decenas de millones, el Vaticano se negó a revelarlo, diciendo que probablemente “nunca llegue a ser hecho público”. Como el misterioso informe aparecido en Coimbra, ese anuncio también fue anónimo, ya que ningún dignatario vaticano reivindicó su publicación.

La Hermana Lucía silenciada

 Editores y reporteros de medios católicos buscaron una reacción de la Hermana Lucía, pero resultó en vano. Ellos comprobaron que a la Hermana Lucía le estaba estrictamente prohibido hablar con nadie sobre el Tercer Secreto, y no se le permitía ninguna visita más que la de familiares y amigos cercanos. Después de 1960, incluso a su antiguo confesor (desde los 1930’s), P. José da Silva Aparicio no se le permitió verla a su regreso a Portugal desde el Brasil, aunque a principios de los 1950’s pudo hacerlo con libertad.

Permiso denegado

Poco después de la finalización del Concilio Vaticano Segundo, el 15 de noviembre de 1966, el Papa Paulo VI abrogó los Cánones 1399 y 2318 del Código de Derecho Canónico de 1917, permitiéndose por lo tanto a cualquiera en la Iglesia publicar sobre las apariciones marianas sin necesidad de obtener un imprimatur oficial. Sin embargo, a la Hermana Lucía, a la única persona de entre 700 millones de católicos en el mundo entero, le fue denegado el beneficio de esa dispensa. Obligada por su voto de obediencia como religiosa, la única persona que verdaderamente recibió el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima, permanece impedida de hablar libremente sobre el tema sin permiso especial del Vaticano.

El Papa ignora una súplica

Un año más tarde, se publicaron las memorias de la Hermana Lucía, las que atrajeron gran atención hacia la consagración de Rusia pedida por Nuestra Señora. Miles de católicos respondieron firmando peticiones al Papa pidiendo que realizara la ceremonia. Cuando el Papa Paulo VI visitó Fátima en mayo de 1967, la Hermana Lucía le suplicó hablar con él, pero fue desairada diciéndosele que “hablara con su obispo”. Su obispo, mientras tanto, no podía hacer ningún esfuerzo efectivo para alcanzar ni la consagración de Rusia ni la revelación del Tercer Secreto.

Un informe de un Nuncio negligente

Durante los siguientes quince años, la Hermana Lucía permaneció en recluido silencio, mientras nada se hacía para responder al Mensaje de Nuestra Señora. Finalmente, en marzo de 1982, tuvo lugar una reunión entre la Hermana Lucía y el Nuncio Papal a Portugal. La religiosa tuvo la oportunidad de informar ampliamente al Nuncio los requerimientos para una consagración válida de Rusia al Inmaculado Corazón de María. Sin embargo, en su informe al Papa, el Nuncio dejo de mencionar deliberadamente que los obispos del mundo debían unirse al Papa en la realización de la ceremonia.

Los requisitos afirmados de nuevo

Unos pocos meses más tarde, en la víspera de la visita del Papa Juan Pablo II a Fátima (12 de mayo de 1982), el periódico vaticano L’Osservatore Romano publicó un artículo del Padre Umberto Pasquale, un sacerdote con quien la Hermana Lucía había mantenido correspondencia durante más de 40 años. El P. Pasquale reafirmó que la Hermana Lucía le había dicho claramente que Nuestra Señora de Fátima nunca pidió la consagración del mundo, sino solamente la de Rusia. También publicó una reproducción fotográfica de una nota manuscrita que le enviara la Hermana Lucía confirmando que el pedido se refería solamente a Rusia, y no al mundo.

Otra consagración inadecuada

Al día siguiente, 13 de mayo de 1982, el Papa Juan Pablo II realizó una consagración en Fátima. La ceremonia mencionó al mundo, no a Rusia, y los obispos católicos del mundo no participaron como estaba requerido. L’Osservatore Romano informó más tarde que el Papa explicó su falta de mención de Rusia diciendo que él había “tratado de hacer todo lo posible en las circunstancias concretas”.

La Hermana Lucía escribe una carta

El 12 de mayo, la Hermana Lucía escribió una carta que fue hecha pública por el Vaticano 18 años más tarde, en relación con la supuesta revelación del Tercer Secreto en junio del 2000. El Vaticano dijo que la carta, fechada 12 de mayo de 1982, fue dirigida al Santo Padre, pero ese no puede ser el caso, porque se refiere al Tercer Secreto como algo “que usted está tan ansioso por conocer”.  Eso no tendría ningún sentido si el receptor fuera el Papa, ya que él conocía el contenido del Tercer Secreto para ese entonces. Signficativamente, la propias traducciones vaticanas del original portugués a otras lenguas omitieron esa frase, lo que indica que los dignatarios que publicaron esos documentos sabían que la carta no estaba dirigida al Papa, pero así las presentaron para ocultar el hecho. Esa frase reveladora en el manuscrito original, no pudo ser omitida porque fue publicada como una fotocopia.

Una supuesta entrevista

A mediados del verano de 1982, la revista Soul Magazine organo del Ejécito Azul Norteamericano publicó lo que pretendía ser una entrevista con la Hermana Lucía, en la cual ella supuestamente habría afirmado que la consagración del 13 de mayo había satisfecho el pedido de Nuestra Señora. El artículo no explicaba como pudo haber satisfecho el pedido una ceremonia que no mencionó a Rusia ni incluyó la participación de los Obispos del mundo. En conversaciones privadas con amigos y familiares, la Hermana Lucía negó repetidamente esa pretensión, además de explicar que ella no pudo haber dicho eso públicamente, porque no tenía permiso del Vaticano para hacerlo.

Una entrevista real

Precisamente porque el intento de consagración de 1982 no hizo mención de Rusia (y los obispos no participaron), la Hermana Lucía dijo al Nuncio Papal en Portugal el 19 de marzo de 1983, que el Acto de Consagración de 1982 fue insuficiente, porque Rusia no fue el objeto de la consagración y los obispos no participaron en una solemne ceremonia pública consagrando Rusia. Ella concluyó: “La Consagración de Rusia no ha sido hecha como lo pidió Nuestra Señora. No pude hacer esa afirmación antes, porque no tenía permiso de la Santa Sede”.

Luego, en setiembre de 1985, apareció un relato de una entrevista con ella en la revista Sol de Fátima, publicada por amigos del Ejército Azul Español. El artículo citó que la Hermana Lucía afirmaba una vez más que incluso la otra consagración del mundo, realizada en 1984 en Roma, aún no satisfizo el pedido de Nuestra Señora. El texto de la consagración no hizo mención de Rusia, y a ninguno de los otros miles de obispos del mundo se les ordenó participar.

Habla una prima

Un año más tarde, un miembro de una de las pocas familias a las que les está permitido visitar a la Hermana Lucía habló claro. María do Fetal, una prima, afirmó públicamente luego de una visita que la Hermana Lucía había dicho que la consagración todavía no esta hecha. Su revelación dio voz momentáneamente a su prima en el claustro, a quien sin embargo no le estaba permitido hablar por si misma.

Confirmación de prisa

En junio de 1987, la Hermana Lucía hizo una rara excursión fuera del convento para votar en una elección general. En un breve intercambio con un periodista, Enrico Romero, la Hermana Lucía confirmó una vez más que la consagración de Rusia no había sido hecha.

Instrucciones de contradecir

Dos años más tarde, en el verano de 1989, la Hermana Lucía recibió una asombrosa instrucción de un anónimo jerarca vaticano. La instrucción mandaba que la Hermana Lucía y el resto de las religiosas del convento ahora debían decir que la consagración realizada en marzo de 1984 satisfizo el pedido de Nuestra Señora de Fátima. Esta orden sorprendente de contradecirse categóricamente fue revelada por el Padre Messias Coelho, un amigo de largo tiempo y ocasional visitante de la Hermana Lucía. En evidente obediencia a la misma instrucción, la prima de la Hermana, María do Fetal se contradijo a si misma, y citó a su prima afirmando que la consagración había sido hecha.

¿Cartas de quién?

Poco tiempo despues, comenzaron a aparecer y a circular privadamente, en piadosos periódicos fuera de Portugal, varias notas y cartas mecanografiadas supuestamente firmadas por la Hermana Lucía. Todas contenían afirmaciones contradiciendo absolutamente todo lo que ella había dicho sobre la consagración durante los 60 años anteriores. El hecho que los documentos no fueran manuscritos y contuvieran algunos errores objetivos y frases extrañas, hicieron altamente dudosa su procedencia de la Hermana Lucía. 

El complot se desenmaraña

El intento vaticano de modificar la historia rápidamente se desenmarañó. En 1990, Carolina, hermana de la Hermana Lucía dijo al Padre Nicholas Gruner que poco o nada podía confiarse en cualquier carta escrita a máquina de su hermana Lucía, ya que ella no sabía de mecanografía. Cualesquiera de tales cartas tendría que ser redactada por alguien más, aún si estuvieran firmadas por la Hermana Lucía.

Una firma fraguada

La firma de la Hermana Lucía en uno de esos documentos pronto fue puesta en tela de juicio. Un experto forense examinó su supuesta firma en una carta fechada en noviembre de 1989 y declaró que era fraguada. Sin embargo, extractos de algunas de esas cartas falsificadas fueron citadas ampliamente y circularon en otras publicaciones como “prueba” que la consagración había sido hecha.

Una audiencia papal—y elocuente silencio

Cuando el Papa programó una visita a Fátima en mayo de 1991, la Hermana Lucía inicialmente declino asistir, pero se le ordenó hacerlo. El Papa Juan Pablo II le concedió una audiencia privada que duraría media hora. Posteriormente ni la Hermana Lucía ni el Papa hicieron ningún comentario en apoyo de las reivindicaciones de que la consagración había sido hecha. El silencio de ambos sobre esta cuestión reforzó convincentemente la conclusión que la Consagración de Rusia aún no había sido realizada.

Una entrevista fingida

En el otoño de 1992, la Hermana Lucía fue pretendidamente entrevistada por el Padre Francesco Pacheco, el Cardenal Antony Padiyara y el Obispo Francis Michaelappa. El chofer de los clérigos, Carlos Evaristo, publicó más tarde un relato de la entrevista, el que incluyó las usuales reivindicaciones de que la consagración había sido hecha. Uno de los clérigos, el P. Pacheco, posteriormente publicó una desautorización de ese relato, poniendo en tela de juico la credibilidad del Sr. Evaristo, chofer y supuesto “traductor conceptual”, y su relato de esa entrevista en cuestión.

El autor en ausencia

Durante el resto de la década, el Vaticano hizo oídos sordos a los continuos pedidos de la consagración, de la revelación del Tercer Secreto y de poner fin al silencio impuesto a la Hermana Lucía. Finalmente, en junio del 2000, el Vaticano—en una conferencia de prensa donde estuvieron presentes periodistas de todo el mundo—reveló lo que se pretendió era el Tercer Secreto, junto con otros documentos, incluyendo un larguísimo comentario. Notablemente ausente de la conferencia de prensa estuvo quien redactó el Tercer Secreto, la Hermana Lucía. Ella no solo fue excluida del evento, sino que permaneció bajo orden de silencio sobre el tema. Aún si el documento revelado no fuera cuestionable en si mismo, y lo es—ver “Ocultamiento del Tercer Secreto”—la ausencia y silencio de la Hermana Lucía podría hacer dudosa en extremo esa “revelación”. (Por mayor información, ver La última batalla del Diablo)

Los hechos básicos están a la vista

La vocación religiosa de la Hermana Lucía como religiosa de clausura, la hace vulnerable a la manipulación, en forma que no sería posible con cualquier laico. Se le puede hacer inaccesible, se le puede negar el derecho de responder a falsas declaraciones y alegaciones, y sobre todo, ella es mantenida absolutamente en silencio. Sin embargo, ciertos hechos básicos están a la vista, a pesar de su ilegal e inmoral silencio forzado:

Primero, ella ha estado urgiendo, desde principios de los 1930’s, que Rusia fuera consagrada al Inmaculado Corazón de María por el Papa en unión con todos los obispos del mundo, como lo pidió Nuestra Señora.

Segundo, ella ha explicado repetidamente que las varias consagraciones realizadas durante el pasado medio siglo no han satisfecho los requisitos específicos pedidos por Nuestra Señora. Ella nunca lo dijo ni abierta ni ambiguamente de otra manera.

Tercero, ella esperó que el texto de una sola página del Tercer Secreto fuera revelado íntegramente en 1960, y todavía exige que sea revelado. Ese no es el documento de cuatro páginas hecho público por el Vaticano en el 2000, en un evento del cual ella fue notablemente excluida. A pesar de las declaraciones del Arzobispo Bertone en noviembre de 2001, la Hermana Lucía no ha dado ninguna indicación directa de cualquier tipo de que esté de acuerdo con las declaraciones hechas por el Vaticano en su anuncio del “Tercer Secreto”.

Cuarto, y finalmente, ella está en sus últimos 90 años, y no estará con nosotros por mucho más tiempo. Por lo tanto, si no se le permite hablar libremente pronto, se llevará a la tumba el resto de lo que ella sabe sobre el Mensaje de Fátima. El último vínculo directo con el mensaje del Cielo se irá, dejando tal vez algunas preguntas sin respuesta para siempre. Eso pareciera ser lo que intentan en el Vaticano los que quieren reescribir la historia de Fátima.

El punto focal en todos los aspectos de la historia de Fátima es, por supuesto, la Hermana Lucía. Ella contempló las visiones, recibió el Mensaje, y escribió las palabras pronunciadas por la Santísima Virgen. Sabe toda la verdad sobre el Mensaje de Fátima. E incluso, dignatarios de la Iglesia la han tratado de una manera que parece más apropiada para aquellos que propagan herejías, que para alguien que tiene un mensaje de la Madre de Dios.