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El conocimiento de las profecŪas

El conocimiento
de las profecŪas

La primera ley de la Iglesia es la salvación de las almas (Canon 1752). Para facilitar la salvación de las almas, es necesaria la paz para que los fieles tengan tiempo y los otros recursos necesarios para asistir al culto a Dios y para la contemplación de los misterios divinos. La Iglesia, por lo tanto, hasta el punto que le sea posible hacerlo, tiene el deber de producir la paz entre los hombres.

En el Mensaje de Fátima, Dios da a la Iglesia la fórmula específica para obtener la paz. Por lo tanto, se pide a la Iglesia estudiar la profecías contenidas en el Mensaje de Fátima, meditar sobre ellas y obedecerlas. Además, siendo nuestra maestra, ella tiene hoy la obligación de poner a los individuos, a las sociedades y a las naciones al corriente de las profecías.

Mucha gente hoy no conoce la historia de Fátima, poca gente está al corriente de los pedidos que hizo Nuestra Señora en Fátima, y menos aún sabe que las promesas que hizo la Santísima Virgen podrían tener lugar cuando Sus pedidos fueran cumplidos. El Papa, los obispos y los sacerdotes del mundo entero, deberían hacer todo lo que estuviera a su alcance para hacerlos conocer a los católicos, y a todos los hombres de buena voluntad. La difusión general de estos pedidos y profecías de Fátima tienen un papel importante en el plan de Dios, porque cuando Rusia sea convertida por su consagración y la paz sea dada al mundo, entonces la gente se dará cuenta que esa paz vino por la intercesión del Inmaculado Corazón de María y la obediencia del Papa y los obispos a la orden del Cielo de la Consagración de Rusia en la forma específica pedida. La gente dará entonces debido crédito al Inmaculado Corazón, como Dios así lo desea.

El Beato Papa Pío IX se sintió afortunado cuando recibió el secreto de La Salette, y dijo que conociéndolo se salvó de cometer muchos errores durante su pontificado. Igualmente, como el Secreto de Fátima fue destinado a toda la Iglesia, debería hacerse conocer a todos Sus miembros, para que pueda salvarse el mayor número de almas, y se pudieran evitar muchos errores.

Es deber del clero salvar a las almas bajo su cuidado, y porque se le negó la parte final del Mensaje profético de Fátima, el Tercer Secreto, no puede utilizar el arma que le otorga la Santísima Virgen María para estos últimos tiempos. Por lo tanto, debemos rezar para que las palabras de Nuestra Señora, dadas en la parte final del Secreto de Fátima, sean reveladas en su totalidad, para que la Iglesia y el mundo puedan sacar provecho de las profecías, al igual que de las advertencias y de los remedios que ellas contienen. Y deberíamos alentar a toda la Iglesia, especialmente al Papa y a los obispos, a prestar atención a aquellos elementos proféticos del Secreto que ya han sido revelados.




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