A la Iglesia:

Promover el Mensaje
de Nuestra Se˝ora

La primera regla de la ley de la Iglesia es, y ha sido siempre, la salvación de las almas (cf. Código de Derecho Canónico, Canon 1752). Nuestra Señora de Fátima dijo que si Sus pedidos fueran atendidos, “se salvarían muchas almas y habría paz”. Claramente, el Mensaje de Fátima nos fue dado para salvar nuestras almas, y estar así en perfecta conformidad con esa misión de la Iglesia. Nuestra Señora de Fátima también nos dice que “muchas almas van al Infierno por no tener a nadie que rece y haga sacrificios por ellas”. Así, queda claro que la obediencia al Mensaje de Fátima salva muchas almas, y de su desobediencia resulta la pérdida de muchas almas. La Iglesia, por lo tanto, tiene la obligación de promover este medio de salvar a las almas.

El Mensaje de Fátima contiene indicaciones claras de que se espera que la Iglesia promueva ese Mensaje. Nuestra Señora, cuando dijo lo que debería hacerse con el dinero dejado en la Cova da Iria, pidió que se construyera una capilla en el lugar, y que se hiciera una procesión en su honor. Estos pedidos indican que Nuestra Señora quiso que Fátima fuera un sitio dedicado a la peregrinación y a la oración, y que la devoción popular se extendiera más allá de su corto número de visitantes. Además, Nuestra Señora de Fátima recordó al clero y al mundo el poder del Rosario y del Escapulario, que son dos de los medios más importantes para salvar a las almas. Ella advirtió que esas devociones debían ser vigorosamente promovidas.

El Mensaje de Fátima también recordó a la Iglesia y al mundo algunas responsabilidades fundamentales de los individuos, tales como cumplir con sus diarios deberes y guardar los Diez Mandamientos. Nuestra Señora pidió un aumento de la oración y del sacrificio, y el abandono del pecado. Ella pidió que ofrezcamos nuestras oraciones y sacrificios por el Santo Padre, por los pobres pecadores, y en reparación al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Estas son cosas que la Iglesia debería promover activamente de todas las maneras a su alcance, pero con aún más diligencia desde que Nuestra Señora de Fátima recordó a todos nosotros en la Iglesia de esta obligación.

Así, cuando Nuestra Señora de Fátima pidió que la Iglesia cumpliera con ciertas obligaciones, Ella lo hizo por el bien de las almas, ya que Dios nos ha dado ese Mensaje como medio de salvar las almas en nuestro tiempo. Nuestra Señora dijo, “Si se hace lo que digo, se salvarán muchas almas”. Por la obediencia a los pedidos que Dios nos hizo por intermedio de Nuestra Señora de Fátima, y por promover activamente el Mensaje, la Iglesia cumplirá su papel de obtener para Él la salvación eterna de muchas almas.