Capítulo 2

¿Cuál es el Mensaje de Fátima?

Como nos enseña Santo Tomás de Aquino (Summa Theologica, II-II Q. 174, Art. 6.), en cada época de la historia de la Iglesia Dios ha enviado un profeta para advertir a su pueblo del peligro y para decirle lo que debía hacer para evitar ese peligro y lograr la salvación de las almas. “No despreciar las Profecías”, nos enseña infaliblemente San Pablo en la Sagrada Escritura. Sí, la Revelación fue completada con la muerte del último Apóstol, pero Dios continúa dándonos advertencias y correcciones a través de sus profetas en la Iglesia Católica. Nuestro Dios no es el dios ausente de los deístas, sino el Dios vivo, Jesucristo, que como El mismo prometió, siempre estará junto a nosotros, incluso hasta la consumación del mundo.

El profeta de Dios para nuestra era no es otro que la Virgen Madre de Dios quien se ha aparecido una y otra vez desde mediados del siglo XIX en apariciones reconocidas como auténticas por la Iglesia, para traernos advertencias, correcciones y ayuda espiritual. Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (1830), Nuestra Señora de La Salette (1846), Nuestra Señora de Lourdes (1858) y Nuestra Señora de Knock (1879), todas prepararon el camino para la más espectacular de todas sus apariciones, apenas después de iniciado el siglo XX y sólo semanas antes de la Revolución Bolchevique en Rusia.

Sólo unos años después de que San Pío X escribiera sobre la creciente apostasía en la Iglesia anunciándonos el advenimiento del Anticristo, Nuestra Señora se apareció una vez más en Fátima, Portugal, los días 13 de cada mes desde mayo hasta octubre de 1917. En el curso de estas apariciones, la Madre de Dios confió un Mensaje para la Iglesia y el mundo a tres niños pastores: la Beata Jacinta y el Beato Francisco, a quienes Juan Pablo II beatificó, y a la Hermana Lucía quien partió de este mundo el 13 de febrero de 2005.

La parte más importante del Mensaje de Fátima fue revelado por la Madre de Dios en su aparición del 13 de julio de 1917, cuando Ella confió el llamado Gran Secreto de Fátima. El Secreto está dividido en tres partes. La primera parte fue una aterrorizadora visión del infierno, en la cual los tres niños vieron muchas almas sufriendo tormentos horribles. La segunda parte, transmitida inmediatamente después de la visión del infierno, contiene las palabras de la propia Virgen, según lo que escribió la Hermana Lucía en sus Memorias. Nosotros usamos aquí la traducción publicada en el sitio web del Vaticano:

“Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra [la 1ª Guerra Mundial] pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados.
Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.”

En su Cuarta Memoria, la Hermana Lucía reveló que después de pronunciar la segunda parte del secreto, Nuestra Señora hizo esta referencia misteriosa a la nación de Portugal: “En Portugal, el dogma de la fe será siempre preservado, etc...” Los eruditos en Fátima fueron unánimes en concluir que estas palabras son el principio de la tercera parte del Gran Secreto, conocido como el Tercer Secreto de Fátima, y que el Tercer Secreto predice una crisis de fe y disciplina en la Iglesia fuera de Portugal. La Hermana Lucía aconsejó a sus superiores que Nuestra Señora quiso que el Tercer Secreto fuera revelado al mundo no más tarde de 1960 porque, explicó ella, su significado “sería más claro (mais claro)” para entonces.

Como lo revelan las palabras de Nuestra Señora citadas arriba, la segunda parte del Mensaje de Fátima contienen tanto una promesa gloriosa como una advertencia terrible:

“Si se hace lo que digo, muchas almas serán salvadas y habrá paz.”
“Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas.”

La Madre de Dios no pudo haber sido más clara; las almas serán perdidas y varias naciones serán aniquiladas si sus pedidos no son atendidos. ¿Y cuales son sus pedidos?

Primero: Nuestra Señora prometió que Ella vendría a pedir la consagración colegiada de Rusia al  Inmaculado Corazón de María en una ceremonia pública solemne encabezada por el Papa y los obispos católicos del mundo.

Segundo: Nuestra Señora prometió también que vendría a pedir “la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados,” la que se ha vuelto conocida en la Iglesia como la devoción de los Primeros Sábados.

Además de estos dos pedidos, Nuestra Señora hizo otros pedidos urgentes durante las apariciones de Fátima, todos relativos al “Gran Secreto” confiado el 13 de julio de 1917:

Nuestra Señora fue suficientemente persistente al pedir que recemos el Rosario. Durante su aparición del 13 de octubre de 1917, el mismo día del milagro del sol que trataremos en el próximo capítulo, Ella declaró: “Yo soy Nuestra Señora del Rosario”. Esta y todas las veces que Nuestra Señora se apareció, insistió en el rezo del Rosario por parte de todos los miembros de la Iglesia. En Fátima, Nuestra Señora dejó en claro que el Rosario va a ser el arma espiritual principal en esta era de apostasía, confusión y propagación del mal.

Finalmente, el Mensaje de Fátima incluye siete oraciones que Dios ha ordenado como agregados a la vida devocional de los católicos. Durante el curso de las apariciones de Fátima, los niños aprendieron solo cinco únicas y poderosas oraciones: dos del Ángel de la Paz y tres de la Madre de Dios. Mas tarde, hablando con la Hermana Lucía en Rianjo, España, Nuestro Señor mismo dictó dos nuevas oraciones. Para millones de personas, estas oraciones expresan el Mensaje de esperanza y paz que Nuestra Señora dio al mundo en Fátima. He aquí las oraciones:

I.
¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo! ¡Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman!

II.
[Cuando hagáis un sacrificio por los pecadores, rezad así]: O Jesús Mío, es por Tu amor, por la conversión de los pecadores, y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María, que ofrezco este sacrificio a Ti.

III.
Oh Jesús Mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva a todas las almas, especialmente las más necesitadas de Tu misericordia.

IV.
Oh Santísima Trinidad, ¡yo te adoro! ¡Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento!

V.
Dulce Corazón de María, sé la salvación de Rusia, España, Portugal, Europa y de todo el mundo.

VI.
Por vuestra pura e Inmaculada Concepción, oh María, obtén para mí la conversión de Rusia, España, Portugal, Europa y del mundo entero.

VII.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de tu hijo Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los sacrilegios, ultrajes e indiferencias por las que Él mismo es ofendido. Y por los infinitos méritos de Su Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

Esta es la sustancia del Mensaje de Fátima: la consagración colegiada de Rusia, la devoción de los Primeros Sábados, la ofrenda de penitencia en reparación por nuestros pecados y los de otros, el uso del Escapulario Marrón, el rezo del Rosario y las siete oraciones de Fátima. Por estos medios las almas serán salvadas, se garantizará la paz al mundo y se evitará la aniquilación de naciones.