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EL MOVIMIENTO DE SACERDOTES POR FŃTIMA

CapŪtulo 5

La consagraciůn de Rusia

El 13 de junio de 1929 en Tuy, España, Nuestra Señora se apareció a la Hermana Lucía para cumplir la segunda parte de Su promesa: que Ella vendría a pedir la Consagración de Rusia. La Hermana Lucía estaba en oración en la capilla del convento durante la Hora Santa de Adoración y Reparación. Aún entre las apariciones celestiales a los santos reconocidas por la Iglesia Católica, ésta fue extraordinaria. En sus propias palabras, simples pero dramáticas, la Hermana Lucía relató lo que ocurrió:

“Yo había pedido y obtenido permiso de mis superiores y confesor para hacer la Hora Santa entre el jueves y el viernes, desde las 11 de la noche hasta la medianoche. Estando sola una noche, me arrodillé frente a la balaustrada en medio de la capilla para decir las oraciones del Ángel, mientras permanecía postrada. Sintiéndome cansada, me levanté y me arrodillé, y continué diciéndolas con los brazos en forma de cruz.
“La única luz venía de la lámpara del santuario. Repentinamente una luz sobrenatural iluminó toda la capilla y sobre el altar apareció una cruz de luz que llegaba hasta el techo. En una parte más brillante podía verse, en la parte superior de la cruz, el rostro de un hombre y Su cuerpo hasta la cintura. En Su pecho había una paloma igualmente luminosa, y clavado en la Cruz, el cuerpo de otro hombre.
“Un poco más abajo de la cintura, suspendido en el aires, se veía un Cáliz y una Hostia grande dentro del cual caían algunas gotas de Sangre desde el rostro del Crucificado y de una herida en su pecho. Estas gotas corrían sobre la Hostia y caían dentro del Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Inmaculado Corazón en la mano. (Era Nuestra Señora de Fátima con su Inmaculado Corazón en Su mano izquierda...) Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz), unas grandes letras, como si fueran de agua cristalina caían sobre el Altar, formando estas palabras: “Gracia y Misericordia”.
“Comprendí que era el misterio de la Santísima Trinidad lo que se me mostraba...”

El Hermano Michel ha llamado debidamente a esta aparición “la Teofanía Trinitaria”. Al igual que el Milagro el Sol, no hay nada como esto en la historia del mundo. Por esta aparición, Dios mismo indicó la singular importancia de lo que Nuestra Señora iba a decir a la Hermana Lucía:

“El momento ha llegado en que Dios pide al Santo Padre hacer, en unión con todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón, prometiendo salvarla por este medio.”

Dios mismo había pedido esto. La Hermana Lucía había estado en presencia no sólo de la Madre de Dios sino de la Santísima Trinidad. Por supuesto, la Hermana Lucía transmitió el pedido divino a su confesor, el Padre Gonçalves, como se reflejó en la  publicación de la correspondencia que intercambiaban.

Cuando la Hermana Lucía preguntó más tarde a Nuestro Señor por qué El no convertía a Rusia al Inmaculado Corazón de María sin la consagración de aquella nación, Él le contestó:

“Porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para extender más tarde su devoción y poner la devoción a Su Inmaculado Corazón junto a la devoción a Mi Sagrado Corazón”.

Durante los siguientes setenta años por lo menos, la Hermana Lucía –la misma Lucía que no había negado la verdad incluso amenazada con una horrible muerte por “el Hojalatero”– dio el mismo testimonio: Nuestra Señora, como mensajera de Dios, había pedido la consagración pública de Rusia, y sólo de Rusia, en una ceremonia encabezada por el Papa y todos los obispos del mundo.

Ya se nos dio un anticipo de los incomparables beneficios que Dios concederá a la Iglesia y al mundo una vez que se honren los simples pedidos de Nuestra Señora. El triple milagro que tuvo lugar en Portugal cuando esa nación fue consagrada al Inmaculado Corazón demuestra la benevolencia de Dios cuando sus criaturas le rinden culto y lo obedecen como Él lo ha pedido.




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