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EL MOVIMIENTO DE SACERDOTES POR FŃTIMA

CapŪtulo 6

La vidriera de
Nuestra SeŮora

Como para demostrar la eficacia de la Consagración que la Virgen había pedido, Dios creyó oportuno permitir una demostración, por decirlo así, en Portugal. El 13 de mayo de 1931, aniversario de la primera aparición en Fátima, en presencia de 300.000 fieles que estaban en Fátima para el evento, los obispos de Portugal consagraron solemnemente su nación al Inmaculado Corazón de María. Al hacerlo, dieron testimonio de la autenticidad del Mensaje de Fátima y su pedido de Consagración de Rusia.

Estos buenos obispos pusieron Portugal bajo la protección de Nuestra Señora para preservar esa nación del contagio comunista que estaba asolando Europa, especialmente España. El mundo sabe bien del genocidio de decenas de millones a manos de Lenin y de Stalin en Rusia y el Este de Europa y más tarde a manos de Mao en China. Lo que es menos conocido es que los revolucionarios comunistas en España habían sido responsables de la matanza de miles de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos durante la Guerra Civil Española (1936-39), durante la cual ellos procuraron limpiar toda la resistencia de los católicos al gobierno secular amoral. Las fuerzas católicas finalmente prevalecieron y el Papa Juan Pablo II ha beatificado a 233 de esos mártires.

Para 1931 la profecía de la Virgen sobre la propagación de los errores de Rusia en todo el mundo ya se había cumplido con implacable exactitud. Como resultado de la Consagración al Inmaculado Corazón de Nuestra Señora ese año, Portugal experimentó un triple milagro: un magnífico renacimiento católico, una reforma social y política de acuerdo con los principios sociales católicos y la protección de los estragos del comunismo y de la guerra.

Hubo un gran renacimiento de la vida católica, tan notable que aquellos que lo vivieron lo atribuyeron incuestionablemente a la obra de Dios. Durante ese período, Portugal gozó de un drástico resurgimiento de las vocaciones sacerdotales. El número de religiosos casi se cuadruplicó en 10 años. Las comunidades religiosas crecieron igualmente. Hubo un vasto renacimiento de la vida cristiana que se mostró en muchas áreas, incluyendo el desarrollo de una prensa católica, de la radio católica, de peregrinaciones, retiros espirituales, y un robusto movimiento de la Acción Católica que fue integrada al marco de la vida parroquial y diocesana.

Este renacimiento católico fue de tal magnitud que en 1942 los obispos de Portugal declararon en una carta pastoral: “Cualquiera que hubiera cerrado sus ojos hace veinticinco años y los hubiera abierto ahora ya no reconocería a Portugal, tan vasta es la transformación obrada por el factor modesto e invisible de la aparición de la Santísima Virgen en Fátima. Verdaderamente, Nuestra Señora quiso salvar a Portugal”.

Poco después de la Consagración de 1931, Antonio Salazar ascendió al poder en Portugal e inauguró un programa católico contra-revolucionario. Procuró crear un orden social católico en el cual las leyes del gobierno y las instituciones sociales estuvieran armonizadas con la ley de Cristo, Su Evangelio y Su Iglesia. Salazar fue un implacable adversario de cualquier ley o programa social que “menoscabara o disolviera la familia y las enseñanzas de la Iglesia en defensa de la familia”.

El Presidente Salazar no se embarcó en un programa de mera propaganda vacía. Aprobó un conjunto de leyes para proteger a la familia, incluyendo las que prohibían el divorcio para matrimonios celebrados en la Iglesia. El número de matrimonios católicos se incrementó notablemente después de promulgada esta ley. Para 1960 Salazar había logrado revertir casi completamente la destrucción de la institución del matrimonio en Portugal, instigada por las leyes liberales de divorcio promulgadas anteriormente de acuerdo con la concepción masónica del orden social secular. A partir de 1960, cerca del 91% de los matrimonios celebrados en el país fueron matrimonios católicos, un logro imponente que ninguno pudo haber esperando sin la intervención divina.

Además de estos cambios políticos y religiosos asombrosos, hubo un doble milagro de paz: Portugal fue preservada del terror comunista, especialmente de la Guerra Civil Española, que bramaba ante su puertas, y de la devastación de la Segunda Guerra Mundial.

Los obispos Portugueses habían prometido en 1939 que si Nuestra Señora protegía a Portugal de los efectos de la Guerra Civil Española, ellos le expresarían su gratitud renovando la Consagración nacional al Inmaculado Corazón de María. Fieles a su palabra, el 13 de mayo de 1938 los obispos renovaron la Consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María en acción de gracias por la protección de Nuestra Señora. El Cardenal Cerejeira reconoció públicamente: “Desde que Nuestra Señora de Fátima aparición en 1917... una especial bendición de Dios ha descendido sobre la tierra de Portugal...  especialmente si repasamos los dos años que han transcurrido desde nuestro voto. Uno no puede dejar de reconocer que la mano invisible de Dios ha protegido a Portugal,  librándonos del flagelo de la guerra y de la lepra del ateísmo comunista”.

Inclusive el Papa Pío XII expresó su asombro de que Portugal hubiera escapado a los horrores de la guerra civil española y de la amenaza comunista en general. En un discurso al pueblo de Portugal, el Papa habló “del peligro rojo, tan amenazante y tan cercano [en España], pero evitado de manera tan inesperada”. Pocos católicos saben que inclusive en la misma España una diócesis, la de Sevilla, fue preservada de la devastación de la guerra. ¿Por qué? Porque el Arzobispo de Sevilla había consagrado su diócesis al Inmaculado Corazón de María. No hubo allí ninguna muerte violenta como resultado de la Guerra Civil en ninguna parte de la diócesis, aunque la guerra había cobrado un millón y medio de vidas en el resto de España.

Después de escapar de la amenaza del comunismo en España, Portugal se enfrentaba a un segundo peligro todavía mayor: estaba por estallar la Segunda Guerra Mundial. Y cumpliendo también en este caso la profecía de la Virgen del 13 de julio de 1917, la guerra comenzaría “en el reinado de Pío XI”, después de “una noche iluminada por una luz desconocida...”

El 6 de febrero de 1939, siete meses antes de la declaración de la guerra, la Hermana Lucía escribió a su obispo Monseñor da Silva. Ella le dijo que la guerra era inminente, pero luego habló de una promesa milagrosa. Ella dijo “de esta guerra horrible, Portugal será librada a causa de la consagración nacional al Inmaculado Corazón de María hecha por los obispos”. Y Portugal fue librada de los horrores de la guerra.

Inclusive más notable, la Hermana Lucía escribió al Papa Pío XII el 2 de diciembre de 1940 para decirle que Portugal estaba recibiendo especial protección durante la guerra, y que otras naciones la hubieran recibido si sus obispos hubieran consagrado sus países al Inmaculado Corazón de María. Ella escribió: “Beatísimo Padre, Nuestro Señor promete una especial protección a nuestro país en esta guerra, debido a la consagración de la nación por los obispos portugueses al Inmaculado Corazón de María; como prueba de las gracias que hubieran sido otorgadas a otras naciones si también se hubieran consagrado a Ella”.

Del mismo modo el Cardenal Cerejeira de Portugal no dudó en atribuir a Nuestra Señora de Fátima las grandes gracias que Ella había obtenido para Portugal durante este tiempo. El 13 de mayo de 1942 el Cardenal dijo: “Para expresar lo que ha estado ocurriendo aquí durante veinticinco años, el vocabulario portugués no tiene sino una sola palabra: milagro. Sí, estamos firmemente convencidos que debemos la maravillosa transformación de Portugal a la protección de la Santísima Virgen”.

El Cardenal Cerejeira sostuvo que las milagrosas bendiciones que Nuestra Señora obtuvo para Portugal como una celestial recompensa por las consagraciones de esa nación en  1931 y 1938 eran sólo una anticipación de lo que Ella haría por el mundo entero una vez que Rusia fuera también consagrada apropiadamente a Su Inmaculado Corazón. Como dijo el Cardenal: “Lo que ocurrió en Portugal proclama el milagro. Y prefigura lo que el Inmaculado Corazón de María ha preparado para el mundo”.

No es difícil de comprender porqué en ese tiempo Portugal fue llamado la “Vidriera de Nuestra Señora”. El triple milagro de Portugal no es sino una presentación de cómo la Consagración de Rusia, hecha en una ceremonia pública solemne conducida por el Papa y todos los obispos católicos del mundo, afectará a Rusia y al mundo. El ejemplo milagroso de Portugal es también provechoso para nosotros para juzgar el presente. Si nosotros contrastamos el triple milagro de Portugal después de ser consagrada con la presente condición de Rusia y del mundo, es obvio que la consagración de Rusia aún no ha sido realizada.

La misma Madre de Dios nos ha prometido que todo el mundo se convertirá en la vidriera de Nuestra Señora una vez que Rusia sea consagrada a Su Inmaculado Corazón: “Al fin, Mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia y será convertida, y será dado al mundo un período de paz”. La pregunta faltante es estricta: ¿Este triunfo del Inmaculado Corazón de María “al fin”, vendrá antes o después de la pérdida de incontables almas y la aniquilación de varias naciones, que como Nuestra Señora dejó en claro, son las consecuencias de demorar por tanto tiempo el cumplimiento de Sus pedidos? La respuesta a esa pregunta puede muy bien depender de si un Movimiento de Sacerdotes por Fátima pueda lograr asegurar la obediencia de la Iglesia al Mensaje de Fátima.




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