Capítulo 7

Advertencia tras
advertencia, ignoradas

En Rianjo, España, en 1931 dijo Nuestro Señor a la Hermana Lucía: “Haz saber a Mis ministros, dado que ellos siguen el ejemplo del Rey de Francia al demorar la ejecución de Mis ordenes, que ellos lo seguirán en el infortunio”.

¿Cual fue el ejemplo del Rey de Francia? El dejó de consagrar Francia al Sagrado Corazón como Nuestro Señor le había ordenado en Su aparición a Santa Margarita María Alacoque en 17 de junio de 1689, en otra aparición aprobada por la Iglesia como digna de crédito. Ninguno de los reyes que lo sucedieron  obedeció su orden. Cien años después del día de la aparición –el 17 de junio de 1789– el Rey Luís XVI de Francia fue despojado de su poder por el Tercer Estado y cuatro años más tarde fue guillotinado. Su intento de consagrar Francia en su celda de la cárcel mientras esperaba la ejecución fue demasiado pequeño, demasiado tardío; no fue el acto público solemne que Nuestro Señor le había ordenado para que todo el mundo supiera que su poder había salvado a Francia.

En Rianjo, Nuestro Señor nos advirtió que si nosotros no cumplimos la orden que nos dio en Fátima, que esa otra consagración fuera realizada –la consagración pública y solemne de Rusia– muchos de los ministros de Su Iglesia seguirán al decapitado Rey de Francia en su infortunio, junto con todas las naciones que serán aniquiladas en lo que bien podría ser un castigo peor que el Diluvio.

Estos sucesos están aún por ocurrir. El Mensaje de Fátima no es meramente una profecía de dos guerras mundiales y el surgimiento del comunismo, como alguno de nosotros podría creer hoy. En su entrevista con el Padre Fuentes el 26 de diciembre de 1957, mucho tiempo después de terminada la Segunda Guerra Mundial y de la subyugación de media Europa por parte de Stalin, la Hermana Lucía habló de calamidades aún peores por venir:

“Padre, la Santísima Virgen está muy triste porque ninguno ha prestado atención a Su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos continúan su camino pero sin darle ninguna importancia a Su Mensaje. Los malos, no viendo el castigo de Dios caer realmente sobre ellos, continúan su vida de pecado sin ninguna preocupación por el mensaje. Pero créame, Padre, Dios va a castigar al mundo y lo va a hacer de una manera terrible. El castigo del Cielo es inminente.
“¿Padre, cuánto falta para 1960? Será muy triste para todos, nadie se alegrará si antes el mundo no reza y hace penitencia. Yo no puedo dar ningún otro detalle, porque es todavía un secreto. De acuerdo a la voluntad de la Santísima Virgen, solo al Santo Padre y al Obispo de Fátima les está prometido conocer el Secreto, pero ellos han elegido no conocerlo para no ser influenciados. Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que permanecerá un secreto hasta 1960”.
“Dígales, Padre, que muchas veces la Santísima Virgen nos dijo a mis primos Francisco y Jacinta y a mí, que muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra. Ella dijo que Rusia será el instrumento elegido por el Cielo para castigar al mundo si no obtenemos antes la conversión de esa pobre Nación”.
La Hermana Lucía también me dijo: “Padre, el diablo está deseoso de trabarse en una batalla decisiva contra la Santísima Virgen. Y el diablo sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que en poco tiempo le hará ganar el mayor número de almas. Por eso el diablo hace todo lo posible para ganar para sí las almas consagradas a Dios porque de esta forma, el diablo logrará que las almas de los fieles sean abandonadas por sus líderes, por eso le será aún más fácil apoderarse de ellas”.

La Hermana Lucía relató con particular alarma la advertencia de Nuestra Señora de que el diablo atacaría a las almas consagradas –especialmente los sacerdotes y obispos– y lograría “vencerlas”, dejando a los fieles abandonados por los mismos pastores que Dios había ordenado para salvar el rebaño de la eterna condenación. Recordemos el sermón del Papa Juan Pablo II en Fátima en el año 2000, en el cual Su Santidad declaró que “el Mensaje de Fátima es una llamado a la conversión, alertando a la humanidad de no tener nada que ver con el 'dragón', cuya 'cola arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra' (Apoc. 12:4)” –una referencia, como tradicionalmente se la entendió, a la caída de los sacerdotes y otras almas consagradas de su exaltado estado por la influencia del diablo.

La Hermana Lucía advirtió que junto con la caída de las almas consagradas, naciones enteras desaparecerán de la faz de la tierra, y que esa desastrosa cadena de eventos comenzará en los años siguientes a 1960.

La Hermana Lucía también reveló específicamente que estos eventos terribles están profetizados en “la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que permanecerá secreto hasta 1960”. Esta es una referencia inequívoca al tercer Secreto de Fátima. El Tercer Secreto predice, evidentemente, un doble castigo, material y espiritual, en el cual una crisis de la fe y la disciplina en la Iglesia será acompañada por una catástrofe global que causará que “muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra”.

Las visiones del Tercer Secreto fueron dramáticamente confirmadas en una entrevista del entonces Cardenal Ratzinger con Vittorio Messori en la revista italiana Jesus, publicada el 11 de noviembre de 1984. En la entrevista el Cardenal reveló que él había leído el Tercer Secreto y éste habla de “los peligros que amenazan la Fe y la vida de los cristianos, y por lo tanto [la vida] del mundo”. Nuevamente nosotros vemos el tema de una crisis en la Iglesia y el peligro consecuente para todo el mundo.

Esta entrevista, junto con muchas otras piezas de evidencia, una discusión que está más allá de la competencia de este cuadernillo, ha llevado al renombrado escritor católico Antonio Socci a concluir en su reciente libro El cuarto Secreto de Fátima que el Tercer Secreto, indudablemente, contiene palabras de la Santísima Virgen advirtiendo de una crisis en la Iglesia y catastróficos eventos en el mundo.1 Como el mismo Vittorio Messori indica en una crónica sobre este libro, Socci concluye que “la parte del secreto revelada [por el Vaticano] (la del “obispo vestido de blanco” que es asesinado por disparos de armas y flechas) es auténtica, pero que sólo constituye un fragmento. En su integridad, el mensaje podría contener palabras terribles sobre la crisis de la fe, sobre traiciones por parte de la jerarquía, sobre eventos catastróficos por venir para la Iglesia y, con ella, para toda la humanidad”.2

Es verdaderamente revelador que el Vaticano no haya negado ningún aspecto de las conclusiones de Socci, ni siquiera su pretensión de que existe un texto suprimido del Tercer Secreto. Socci no es alguien que pueda simplemente ser ignorado. Es una celebridad nacional en Italia y ha conducido personalmente conferencias de prensa con el Cardenal Ratzinger. El silencio del Vaticano frente al libro de Socci habla por sí solo.

El libro subsiguiente del Cardenal Bertone, publicado el 10 de mayo de 2007 y su entrevista en televisión el 31 de mayo de 2007, refuerza la convicción que la conclusión de Antonio Socci es cierta: que queda una parte del Secreto que no ha sido oficialmente revelada. La publicación del libro de Socci pone de relieve la absoluta urgencia del Mensaje de Fátima, cuyas implicancias van más allá de la Iglesia Católica para alcanzar al mundo entero. Todo el mundo está en peligro, y la advertencia de ese peligro está contenida en el Tercer Secreto.  En su entrevista de 1984 con Messori, el Cardenal Ratzinger reveló además que las cosas contenidas en ese “Tercer Secreto” corresponden a lo que ha sido anunciado en la Escritura y ya ha sido dicho una y otra vez en muchas apariciones marianas, sobre todo en las de Fátima...”

La referencia del Cardenal a “aquello que ha sido anunciado en otras apariciones marianas” es bastante reveladora. El 13 de octubre de 1973 –en el mismísimo aniversario del Milagro del Sol en Fátima –Nuestra Señora apareció en Akita, Japón para advertir de un doble castigo: a la Iglesia y al mundo. La aparición de Akita fue aprobada como auténtica luego de una larga investigación realizada por el obispo local. El Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, ha descrito el Mensaje de Akita como “esencialmente el mismo” que el Mensaje de Fátima. He aquí lo que dijo Nuestra Señora a la Hermana Inés Sasagawa en Akita:

“Como les dije, si los hombres no se arrepienten y no mejoran su conducta, el Padre infligirá un castigo terrible sobre la Humanidad. Será un castigo más grande que el Diluvio, tal como no se ha visto antes. Caerá fuego del cielo y destruirá una gran parte de la humanidad, los buenos tanto como los malos, no librándose ni los sacerdotes ni los fieles.
“Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que quedan para ustedes serán el Rosario y el Signo dejado por Mi Hijo. Cada día recen las oraciones del Rosario, recen por el Papa, por los obispos y por los sacerdotes.
“La obra del diablo se infiltrará incluso dentro de la Iglesia de tal manera que uno verá cardenales oponiéndose a cardenales, obispos contra otros obispos.3 Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y enfrentados por sus cófrades (otros sacerdotes). Las iglesias y los altares serán saqueados. La Iglesia estará llena de aquellos que aceptan compromisos y el demonio presionará a muchos sacerdotes y almas consagradas para que dejen de servir al Señor.
“El demonio estará furioso especialmente contra las almas consagradas a Dios. El pensamiento de la pérdida de tantas almas es la causa de Mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y cantidad, ya no habrá ningún perdón para ellas”.

El paralelo entre el Mensaje de Akita y el Mensaje de Fátima, incluyendo el Tercer Secreto descrito por la Hermana Lucía, no puede ser más exacto: ambos Mensajes predicen una crisis en la Iglesia y la destrucción de una gran parte de la humanidad si continúa la apostasía de muchos sacerdotes, obispos y laicos contra Dios. Nosotros ya hemos notado la deserción masiva de almas consagradas del sacerdocio, de las órdenes religiosas y de los conventos como Nuestra Señora nos advirtió tanto en Fátima como en Akita. ¿Puede estar tan lejos el consecuente castigo divino de todo el mundo?

El paralelo entre Fátima y Akita se hizo aún más claro por la visión del Tercer Secreto que el Vaticano publicó en junio de 2000. En la visión publicada sobre el “obispo vestido de blanco”, nosotros vemos una figura encorvada, evidentemente el Papa, recorriendo con dificultad una ciudad medio en ruinas sobre los cadáveres de muchos obispos, sacerdotes y laicos. El Papa se esfuerza por alcanzar la cima de una montaña en la que hay una gran cruz de madera. Cuando se arrodilla ante la Cruz el Papa es ejecutado por una banda de soldados. Nosotros también vemos llamas emanando hacia la tierra de manos de un ángel vengador que está pidiendo penitencia a la humanidad. ¿No es este el cuadro vivo de una Iglesia  sufriente y perseguida en un mundo devastado, tal vez devastado por una guerra nuclear que incluye armas atómicas? ¿No es la misma Roma la ciudad medio en ruinas, y por analogía, la Iglesia como un todo?

Las primeras dos partes del Mensaje de Fátima, sin embargo, no proveen información del obispo vestido de blanco, ni de la ciudad medio en ruinas llena de cuerpos de obispos, sacerdotes y laicos, la ejecución del Papa por los soldados y las llamas saliendo de las manos del ángel vengador. Ni las primeras dos partes mencionan una crisis en la Iglesia que surge de la caída de muchas almas consagradas –un hecho que es mencionado tanto en el Mensaje de Akita como en la entrevista de la Hermana Lucía con el Padre Fuentes sobre el Tercer Secreto, la parte del Tercer Secreto aún no revelada por el Vaticano.  Es decir, las palabras de Nuestra Señora que siguen a su afirmación “en Portugal, el dogma de la fe será siempre preservado...” contiene casi ciertamente una explicación de la visión revelada por el Vaticano en 2000.

Las primeras dos partes del Mensaje de Fátima, la advertencia de Nuestro Señor a la Hermana Lucía en 1931, la entrevista de la Hermana Lucía de 1957 con el Padre Fuentes, el Mensaje de Akita en 1973, y la visión del Tercer Secreto publicada por el Vaticano en 2000, señalan todas la misma conclusión: el Cielo nos ha advertido sobre una crisis en la Iglesia y un castigo divino a todo el mundo que serán como nunca ocurrió antes.

¿Quién puede negar que esta profecía de un doble castigo de la Iglesia y del mundo está ocurriendo ante nuestros propios ojos? El Concilio Vaticano II nos urgió a leer “los signos de los tiempos”. Con la asistencia del Cielo nosotros, verdaderamente, leemos esos signos y todos ellos señalan un desastre… a menos que el mundo cambie su curso muy pronto. El Mensaje de Fátima nos da los medios para cambiar ese curso antes que sea demasiado tarde.

Notes
  1. Cfr. Padre Paul Kramer, The Devil’s Final Battle [La Última Batalla del Diablo], (Terryville, Connecticut: The Missionary Association, 2002), capítulo 12 para una discusión minuciosa de las pruebas que indican la existencia de un texto todavía no publicado del Tercer Secreto que contiene advertencias de la Virgen respecto a una crisis en la Iglesia y el mundo.

  2. Vittorio Messori, “Fatima, there is a Fourth Secret to Reveal” [“Fátima: un cuarto secreto que aún no se revela”], Corriere della Sera, 21 de noviembre de 2006.


  3. Obviamente esto se refiere al conflicto que surgirá en la Iglesia a causa de los prelados que defienden la ortodoxia frente a otros que se distancian de la recta doctrina y práctica. Aquí también tenemos una indicación del carácter apocalíptico del Tercer Secreto.  Como profetizó San Pablo: “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2 Tim 4: 3-4).