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EL MOVIMIENTO DE SACERDOTES POR FŃTIMA

CapŪtulo 8

ŅYa se hizoÖ?

La Madre de Dios vino a la tierra y con la solicitud de una Madre perfecta y de la misma Reina de los Cielos, nos advirtió del peligro para las almas y para el mundo y nos dio los medios para evitar ese peligro. ¿Qué hemos hecho con su Mensaje? Nosotros hemos dejado de obedecerlo incluso cuando el mundo avanza y avanza hacia un desastre de proporciones apocalípticas. ¡Cuán triste debe estar nuestra Madre por esto! Como la Hermana Lucía confió al Padre Fuentes:

“Padre, la Santísima Virgen está muy triste porque ninguno ha prestado atención a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos continúan su camino pero sin darle ninguna importancia a Su Mensaje. Los malos, no viendo el castigo de Dios caer realmente sobre ellos, continúan su vida de pecado sin ninguna preocupación con el mensaje”.

Como hemos visto, la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón es la clave para evitar el peso completo del castigo del Cielo y además para mitigar el castigo que ya ha sido infligido sobre la Iglesia y el mundo desde 1957. Esta Consagración abre el dique, por así decirlo, y trae un milagroso desborde de gracias en el mundo. Como prometió Nuestra Señora: “Al fin, Mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia y será convertida, y un período de paz será brindado al mundo”.

Hay algunos que dicen que Rusia fue consagrada al Inmaculado Corazón en 1982 y otra vez en 1984, cuando el Papa encabezó unas ceremonias de consagración en las cuales él mencionó al mundo, pero no a Rusia. Una consagración del mundo, dicen, es tan válida como una consagración de Rusia, porque después de todo Rusia es parte del mundo. Este grupo persiste en este argumento fácil incluso cuando ellos mismos presencian el empeoramiento en la condición de la Iglesia y del mundo desde que esas dos ceremonias fueron llevadas a cabo. Nosotros no hemos visto siquiera nada parecido al Triunfo del Inmaculado Corazón desde 1982 y 1984, sino solo el crecimiento de la inmoralidad y agitación en el mundo, y lo que el mismo Papa Juan Pablo II llamó “una silenciosa apostasía” en la Iglesia. Claramente, las consagraciones del Papa Juan Pablo II de 1982 y 1984 no han llevado a los resultados que Nuestra Señora prometió que ocurrirían después de la Consagración de Rusia.

Como explica el diccionario, la palabra “consagración” significa la “entrega o dedicación a Dios de alguna cosa o acción”.4 Para consagrar una cosa — esto es, santificarla al apartarla de otras cosas- uno debe obviamente especificar la cosa a ser consagrada y apartada. Por ejemplo, cuando un obispo consagra una nueva iglesia para el culto católico, el obispo debe especificar en el ritual que él está consagrando esa iglesia en particular, de lo contrario no será consagrada. Del mismo modo, un cementerio no puede ser consagrado como camposanto para entierros católicos, a menos que esa parcela de tierra sea especificada por el obispo como el objeto de la consagración.

Sería completamente absurdo que alguien diga que un obispo podría consagrar una nueva Iglesia o un nuevo cementerio simplemente consagrando toda su diócesis, sin siquiera especificar el edificio de la Iglesia o la tierra del cementerio. Sin embargo, algunos proponen tal absurdo para justificar la afirmación de que las ceremonias de 1982 y 1984 del Papa Juan Pablo II, consagrando el mundo al Inmaculado Corazón, fueron también consagraciones de Rusia. El sentido común es suficiente para decirnos que Rusia no puede ser consagrada -santificada y puesta aparte del mundo- en una ceremonia que ni siquiera menciona a Rusia, y mucho menos la aparta de las otras naciones del mundo.  

Nosotros tenemos algo más que sentido común para guiarnos en este punto. La Hermana Lucía dejó en claro reiteradamente que lo que Nuestra Señora quería era la Consagración de Rusia, no del mundo. Ella enfatizó este punto muchas veces. Consideremos algunos ejemplos.

En 1947, el eminente historiador católico William Thomas Walsh relató en su historia definitiva de Fátima, Nuestra Señora de Fátima, que “Lucía dejó en claro que Nuestra Señora no pidió la consagración del mundo a Su Inmaculado Corazón. Lo que ella pidió específicamente fue la Consagración de Rusia”. Walsh señaló:

“La Hermana Lucía dijo más de una vez, y con deliberado énfasis: 'Lo que Nuestra Señora quiere es que el Papa y todos los Obispos en el mundo consagren Rusia a Su Inmaculado Corazón en un día especial. Si eso se hace, Ella convertirá a Rusia, y habrá paz. Si no se hace, los errores de Rusia se propagarán a través de todos los países del mundo'”.

Como informó el Padre Thomas McGlynn en su libro Visión de Fátima (pág. 80), en 1949 la Hermana Lucía corrigió el malentendido del pedido de Nuestra Señora insistiendo: “No, no del mundo, de Rusia, de Rusia”. Es notable que esta monja enclaustrada y obediente se sintiera obligada a reprender a un sacerdote sobre este punto.

En 1952, la propia Virgen María dijo a la Hermana Lucía: “Haz saber al Santo Padre que estoy siempre esperando la Consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado. Sin la consagraciónde Rusia, Rusia no podrá convertirse ni el mundo tener paz”.

En 1982 L'Osservatore Romano informó que en 1978 el Padre Umberto Pasqueale, S.D.B., confidente de la Hermana Lucía, le había preguntado: “¿Le ha hablado Nuestra Señora alguna vez de la consagración del mundo a Su Inmaculado Corazón?” Ella replicó: “No, Padre Humberto, nunca. En la Cova da Iria en 1917, Nuestra Señora prometió, 'Yo vendré a pedir la Consagración de Rusia'”.

En una carta al Papa Pío XII, la Hermana Lucía se había referido a una consagración del mundo con una mención explícita de Rusia. Cuando el Padre Umberto le preguntó porqué había hecho eso, ella le contestó: “Voy a hacer una aclaración en respuesta a su pregunta. Nuestra Señora de Fátima, en Su pedido, sólo se refirió a la Consagración de Rusia. En la carta que escribí al Santo Padre por instrucción de mi confesor, le pedí la consagración del mundo con mención explícita de Rusia”. La Hermana Lucía, siendo obediente y sumisa, siguió la sugerencia de su confesor y agregó un pedido de consagración del mundo al que Nuestra Señora le había hecho. Ella recalcó, sin embargo, que Nuestra Señora no le había pedido eso, sino sólo la Consagración de Rusia. Los testigos elegidos por Dios no podrían desviarla del Mensaje que a ella le había sido dado. Por consiguiente, la Hermana Lucía no pudo dejar de decir la verdad cuando le preguntaron si la ceremonia de 1982 había cumplido los pedidos de Nuestra Señora. El 19 de marzo de 1983 ella les dijo al Nuncio Papal, Arzobispo Portalupi, al doctor Lacerda y al Padre Messias Coelho:

“En el acto de ofrenda del 13 de mayo de 1982, Rusia no apareció como el objeto de la consagración... La Consagración de Rusia no ha sido hecha como Nuestra Señora la había pedido.”

El 22 de marzo de 1984, dos días antes de la consagración del mundo, la Hermana Lucía le dijo a su antigua amiga, la señora Eugenia Pestana: “Esta consagración no puede tener un carácter decisivo”.

En septiembre de 1985, dieciocho meses antes de la consagración del mundo en 1984, la Hermana Lucía fue entrevista por la revista Sol de Fátima, la publicación del Ejército Azul en España, y dijo lo siguiente:

Pregunta: ¿No ha hecho [Juan Pablo II], por lo tanto, lo que se había pedido en Tuy?

Hermana Lucía: No hubo participación de todos los obispos, y no hubo mención de Rusia.

Pregunta: ¿Entonces la consagración no se hizo según lo pidió la Virgen?

Hermana Lucía: No. Muchos obispos no atribuyeron mucha importancia a este acto.

Finalmente, el 20 de julio de 1987, la Hermana Lucía, de camino a votar según lo ordenado por su superiora, le dijo al periodista Enrique Romero que la consagración de Rusia no había sido realizada como se pidió.

En vista de este testimonio repetido e inequívoco durante un período de unos setenta años (1917-1987), las afirmaciones de que la Hermana Lucía después “cambió de idea” y llegó a “concordar” en que Rusia fue consagrada sin mencionar a Rusia, no son dignas de confianza. Tales afirmaciones implicarían que la Hermana Lucía había rechazado no sólo lo que la Virgen le pidió específicamente y su propio testimonio anterior, sino también la recta razón y el sentido común.

Además, las afirmaciones de que la Hermana Lucía repentinamente cambió en su testimonio, están rodeadas de circunstancias cuestionables, como ha sido ampliamente demostrado en otra parte.5 Estas circunstancias incluyen la repentina aparición de cartas escritas con computadora, que la Hermana Lucía nunca usó; la inaccesibilidad de la Hermana Lucía para entrevistas de revistas independientes después de 1960; y el ocultamiento del estudio definitivo del Mensaje de Fátima preparado por el Padre Joaquín María Alonso, S.T.D, Ph. D., quien durante dieciséis fue el archivista oficial de Fátima, puesto que le permitió entrevistar a la Hermana Lucía en numerosas ocasiones.6

Algunos han sugerido que el Papa Juan Pablo II declaró que había hecho la consagración en la manera que la Virgen pidió. La evidencia, sin embargo, deja en claro que Su Santidad sabía que no la había hecho.

El 19 de mayo de 1982, seis días después de la consagración del mundo, Juan Pablo II declaró: “Intenté hacer todo lo que en las circunstancias concretas pude para enfatizar la unión colegiada del Obispo de Roma con todos sus hermanos en el ministerio y servicio episcopal en el mundo”.

Durante la ceremonia de consagración de 1984, después de pronunciar las palabras “confiando” el mundo, pero no Rusia, al Inmaculado Corazón, el Papa espontáneamente añadió estas palabras: “ilumina especialmente a los pueblos que Tú misma esperas y confías que consagremos”. Así, el Papa reconoció públicamente la consagración pedida por la Virgen todavía no se había realizado. Estas palabras se incluyeron en un informe oficial del evento en L’Osservatore Romano el 26 de marzo de 1984.

Al día siguiente en el periódico del episcopado italiano, Avvenire, se publicó un informe que contenía los comentarios del Papa en la Basílica de San Pedro, algunas horas después de la ceremonia de consagración:

“Deseamos escoger este domingo, 3er. Domingo de Cuaresma de 1984, todavía dentro del Año Santo de la Redención, para el acto de encomendar y consagrar al mundo, a la gran familia humana, a todos los pueblos, especialmente aquellos que tienen una grandísima necesidad de ser encomendados y consagrados, a aquellos pueblos que Tú misma esperas que consagremos y encomendemos.”
Así, horas después de terminada la ceremonia de 1984, el Papa siguió diciendo que Nuestra Señora todavía estaba esperando la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón. En el mismo comentario, repitió su opinión de 1982, que él había hecho todo que pudo en esas circunstancias: “Nosotros hemos podido hacer todo esto de acuerdo con nuestras pobres posibilidades humanas y en la medida de la debilidad humana, pero con inmensa confianza en Vuestro amor maternal e inmensa confianza en Vuestra solicitud maternal”.

¿Por qué se abstendría el Papa de mencionar a Rusia en una ceremonia de consagración que obviamente se supone que tenía a Rusia como su objetivo? ¿Cuales fueron las “circunstancias concretas,” “las pobres  posibilidades humanas” y la “debilidad humana” que habían limitado su capacidad para actuar? Nosotros tenemos la respuesta a estas preguntas desde una fuente vaticana altamente situada, citada en Dentro del Vaticano (noviembre de 2000): “Roma teme que los rusos ortodoxos puedan considerar esto como una ofensa si Roma fuera a hacer mención específica de Rusia en tal oración, como si Rusia tuviera una necesidad especial de recibir ayuda cuando todo el mundo, incluyendo el Occidente post Cristiano, se enfrenta a problemas profundos”.

Nosotros sabemos, entonces, que al Papa se le aconsejó que no hiciera ninguna mención especial de Rusia en ninguna ceremonia de consagración por temor a ofender a los ortodoxos rusos al pedir una especial intervención del Cielo exclusiva para su nación, como si no fuera precisamente eso lo que pidió Nuestra Señora. El resultado, por supuesto, es que las ceremonias de 1982 y 1984 fueron diseñadas, por razones diplomáticas y ecuménicas, precisamente para no dar la impresión de que Rusia estaba siendo consagrada de maner especial. ¿Es razonable pedir a los católicos que crean que Rusia fue consagrada en ceremonias que omiten deliberadamente cualquier referencia a Rusia? ¿Como puede uno consagrar un lugar negándose a mencionar el lugar para evitar que sus habitantes se sientan ofendidos? ¿Puede alguien creer seriamente que los hechos ocurridos en los últimos veintidós años revelan la conversión de Rusia, el triunfo del Inmaculado Corazón de María, y un período de paz en el mundo?

Como nosotros hemos visto, desde las ceremonias de 1982 y 1984 y a pesar de la “caída del Comunismo” en 1991, Rusia se ha convertido en una virtual dictadura bajo Vladimir Putin. Bajo este gobierno no ha habido ciertamente ninguna conversión de Rusia al Catolicismo Romano y ni siquiera se observa una tendencia en esa dirección. De hecho, Putin está persiguiendo a la Iglesia Católica. Bajo una ley rusa de 1997, la Iglesia está sujeta a severas limitaciones legales a su misma existencia, mientras que a la Ortodoxia Rusa, al Islam, al Budismo y al Judaísmo se les da un tratamiento de privilegio. Algunos clérigos católicos claves, incluyendo al Obispo de Liberia, han sido expulsados de Rusia por ser considerados “peligrosos para la federación Rusa,” llevando al Arzobispo Kondursiewicz a protestar:

“Los católicos rusos se preguntan lo que ocurrirá ahora. ¿Las garantías constitucionales son válidas también para ellos, incluyendo la libertad de conciencia? ¿Y que hay del derecho de tener sus propios pastores que incluye invitarlos desde el exterior, sin olvidar que durante 81 años la Iglesia Católica [en Rusia] fue privada del derecho de formar y ordenar sus propios sacerdotes?”

En suma, Putin ha evitado positivamente cualquier conversión de Rusia al catolicismo, que es la única conversión que prometió Nuestra Señora de Fátima. Como indicó el Padre Alonso, el archivista oficial de Fátima:

“... [Nosotros] debemos afirmar que Lucía siempre pensó que la ‘conversión’ de Rusia no debe limitarse al regreso del pueblo ruso a las religiones cristianas ortodoxas, rechazando el ateísmo marxista de los soviéticos, sino más bien que se refiere pura, lisa y llanamente a la conversión total, integral de Rusia a la única y verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica”.
¡Rusia no ha sufrido siquiera una conversión a la Ortodoxia rusa!  En realidad el 94% de los rusos entre 18 y 29 años ni siquiera van a la iglesia. Viven como paganos.

Algunos sugieren que la “conversión” que Nuestra Señora prometió era una conversión del comunismo a la democracia. Es claro, sin embargo, que Rusia no ha sido siquiera “convertida” en esa forma. Putin se ha revestido de la autoridad para designar a todos los gobernadores locales, usado entidades del estado para adquirir y cerrar toda las estaciones de TV y periódicos importantes opositores, terminado con las transmisiones de Radio Europa Libre y La Voz de América, y puesto bajo la supervisión y el control del Kremlin a todas las organizaciones no gubernamentales en Rusia. El New York Times concluyó que “Vladimir Putin ha revertido los caminos tendientes a la democracia que fueron marcados torpe e incompletamente por Boris Yeltsin, y está usando las vastas reservas de gas y petróleo de Rusia como herramientas de intimidación y chantaje.”7

Ciertamente no ha habido ninguna conversión moral en Rusia. Desde las ceremonias de 1982 y 1984, la población rusa ha estado declinando en 700.000 a 800.000 personas por año debido en gran medida al hecho que las mujeres rusas experimentan 13 abortos por cada 10 nacidos vivos. Últimamente las mujeres rusas opulentas, en una sociedad que está todavía terriblemente empobrecida, están usando células de bebés abortados para tratamientos de belleza. Hay un desenfrenado avance del alcoholismo, el crimen y la pornografía y la expectativa de vida ha declinado substancialmente desde la “caída del comunismo”. El promedio de vida de los rusos ha descendido de 68 años en 1990 a 60 años en la actualidad. Las principales causas de muerte son el alcoholismo y la violencia. Obviamente, Rusia no se ha convertido siquiera a la ley natural.

Finalmente, tampoco ha habido una “conversión a la paz” en Rusia. Putin ha entrado en una alianza militar con China Roja, con la que recientemente realizó ejercicios militares conjuntos, y ha anunciado recientemente que Rusia ha desarrollado misiles balísticos hipersónicos que pueden cambiar su curso a mitad de vuelo y evadir cualquier sistema de misiles de defensa.

Así, con un gobierno moral y espiritualmente quebrado liderado por un dictador virtual que se prepara para la guerra, algunos católicos  son lo suficientemente insensatos como para sugerir que Rusia ha sufrido una “transformación milagrosa” a causa de las ceremonias de consagración de 1982 y 1984, que deliberadamente no hicieron mención de Rusia a pesar del pedido de Nuestra Señora de Fátima. Es obvio que tal conclusión es indefendible.

Así, la consagración de Rusia sigue sin realizarse, y Rusia sigue sin convertirse en ninguno de los sentidos de la palabra. Además, no puede decirse que desde las ceremonias de 1982 y 1984 el mundo haya entrado en un período de paz como prometió Nuestra Señora de Fátima si se hacía apropiadamente la Consagración de Rusia. Realmente, desde esas consagraciones solo ha habido un incremento de la guerra, del derramamiento de sangre, de la apostasía contra Dios, y de la corrupción moral de hombres y naciones en todos los continentes, junto con un incremento de los desastres naturales. La misma Iglesia ha sido atormentada por un escándalo tras otro. En el estado de situación actual de la Iglesia y el mundo es imposible ver el triunfo del Inmaculado Corazón: el fruto prometido de la Consagración de Rusia. Esta conclusión ha sido alcanzada por Antonio Socci, el respetado autor y periodista católico italiano, en su reciente libro, Il Quarto Segredo di Fatima, del cual nos hemos ocupado anteriormente. Socci, un hombre de buena voluntad y honesto intelectual y de ninguna manera alguien que pueda pecar de “Fatimista” extremo, no pudo ignorar la evidencia de que los pedidos de Nuestra Señora simplemente no han sido obedecidos.

Como Socci, ningún católico de buena voluntad puede ignorar la evidencia. La Consagración de Rusia aún no ha sido realizada y como resultado, nuestro tiempo se acorta. Un castigo para el mundo más grande que el Diluvio se aproxima rápidamente. ¿Cuántas veces debe advertirnos el Cielo antes que nosotros prestemos atención? ¿No hemos recibido ya nuestra advertencia final?

Sin embargo, Dios sigue dispuesto alibrarnos si atendemos Sus órdenes. Cuando el profeta Jonás advirtió a los ninivitas que su ciudad sería destruida por un castigo divino a causa de su inmoralidad, el Rey mismo se cubrió con sacos y cenizas, declaró días de penitencia y ayuno para toda la ciudad, y decretó que “todos los hombres debían regresar de su mal camino y de la violencia que tenían a mano. Quien sabe, Dios puede aplacarse y perdonar, y aplacar su ira, para que podamos no perecer”. Dios aplacó Sus castigos, porque Él “vio por sus acciones como ellos habían vuelto de su mal camino... El no lo llevó a cabo”.8

Si los ninivitas atendieron la advertencia de Jonás concernientes al castigo divino de su ciudad, ¿como pueden los católicos no atender la advertencia de la propia Madre de Dios con respecto al castigo divino de todo el mundo?

Es por eso que nosotros los sacerdotes debemos iniciar un gran movimiento para que todos los miembros de la Iglesia adhieran al Mensaje de Fátima. Cada uno de nosotros debe comenzar este movimiento reformándose a sí  mismo y convirtiéndose en al menos que un apóstol de Fátima. Como dijo la Hermana Lucía, no podemos esperar que tomen la iniciativa aquellos con autoridad sobre nosotros:

“...nosotros  no debemos esperar por un llamado al mundo que venga de Roma de parte del Santo Padre, para hacer penitencia. Ni debemos esperar que el llamado a penitencia venga de nuestros obispos en nuestras diócesis, ni de las congregaciones religiosas ¡No! Nuestro Señor a menudo ya ha usado esos medios, y el mundo no ha prestado atención. Es por eso que ahora, es necesario que cada uno de nosotros se comience a reformar espiritualmente a si mismo. Cada persona debe no solo salvar su propia alma sino también ayudar a las almas que Dios ha puesto en nuestro camino”.

Como sacerdotes, nosotros tenemos como cometido particular cuidar no solo de nuestras propias almas, sino de las almas de aquellos fieles que Dios ha puesto en nuestro Camino. Verdaderamente, es el sacerdote diocesano quien tiene la responsabilidad inmediata por el bienestar espiritual de su rebaño y quien necesitará estar al frente de la reforma pedida por la Hermana Lucía para alejar el castigo divino de nuestro mundo rebelde.

Ningún sacerdote puede hacer esto solo. Debemos obrar juntos, siguiendo el programa que para tal acción concertada propone la Madre de Dios en Fátima. Nosotros los sacerdotes debemos seguir juntos ese programa aunque nadie más lo haga.

Notes
  1. Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe S.A., Madrid.


  2. Cfr. La Última Batalla del Diablo, capítulo 14.


  3. La obra monumental del Padre Alonso se titula Textos y Estudios Críticos sobre Fátima y consiste en 24 tomos compuestos de 5.396 documentos.  Después de ser completado en 1975, el Obispo de Leiria-Fátima, Mons. Alberto Cosme do Amaral no permitió su publicación.  Desde entonces, sólo dos de los 24 tomos se admitieron para la publicación, y eso sólo después de ediciones extensivas.  Sin duda estos tomos contienen otros testimonios de Sor Lucía sobre la necesidad de una consagración específica de Rusia al Inmaculado Corazón.


  4. “Cheney as Pot, Putin as Kettle” [“Cheney la olla, Putin el hervidor”], New York Times, 9 de mayo de 2006.


  5. Jonas 3: 7-10.



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