Informe especial de The Fatima Center

Cuatro Cardenales eminentes desafían públicamente a Francisco a “aclarar” que su enseñanza en Amoris Laetitia no sea contraria a “las Sagradas Escrituras… a la Tradición de la Iglesia… [y] a normas morales absolutas”.

Última hora: el Cardenal Burke: La “corrección formal” se hará,
si no hubiese una respuesta de Francisco.

Una coyuntura decisiva en la historia de la Iglesia.

por Christopher A. Ferrara

El 17 de noviembre de 2016

Dejando en evidencia que es mentira la pretensión de los “normalistas” de que la exhortación apostólica del Papa en Amoris Laetitia no propone cambio alguno a la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del Matrimonio o la moral sexual de modo general, cuatro eminentes Cardenales por fin han levantado la voz públicamente sobre lo que ha sido evidente desde el momento de la promulgación del documento: que pretende cambiar todo, y en verdad que esto constituye una crisis sin precedentes a la integridad del Magisterio y disciplina universal de la Iglesia.

El problema entero de Amoris se resume en ¶ 303, que afirma un tema auténtico del documento enunciado explícitamente en el capítulo ocho (¶¶ 300-305):

“No obstante la conciencia puede hacer más que reconocer que una situación específica no corresponde objetivamente a todas las exigencias del Evangelio. Puede reconocer también con sinceridad y honestidad lo que, al presente, es la respuesta más generosa que se puede dar a Dios, y llega a ver con una seguridad moral cierta que es lo que Dios Mismo le está pidiendo en medio de la complejidad concreta de nuestras limitaciones, aunque no sea todavía completamente el ideal objetivo. De todas formas, recordémonos que este discernimiento es dinámico; que debe quedarse siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que pueden habilitar que el ideal sea más completamente realizado”.

Increíblemente, un Pontífice romano ha promulgado un documento que reduce preceptos negativos de la ley natural, que son universalmente aplicables y sin excepción, santificados en los 10 mandamientos (incluso “No deberás cometer el adulterio”) a meros “ideales” de los cuales Dios no espera la conformidad estricta. Amoris hasta se atreve a afirmar que Dios aprueba de desviaciones de estos “ideales” en base a “la complejidad concreta de nuestras limitaciones”. He aquí nada menos que un aparente permiso papal concedido a la ética situacional y, con eso, el derrumbe de todo el edificio moral de la Iglesia.

Habiendo rehusado Francisco contestar a la petición particular de una “aclaración” de Amoris que presentaron en septiembre, los Cardenales Carlo Caffarra, Walter Brandmuller, Joachim Meisner y Raymond Burke han dado el paso histórico de hacer pública su petición. Los periódicos National Catholic Register del EWTN y The Catholic Herald, entre otros, han publicado el texto completo.

Los cuatro Cardenales han presentado a Francisco – ahora públicamente – cinco preguntas o dubia (dudas) con respecto a Amoris. Como prueba de la seriedad absoluta de su intervención, notan “aunque la primera pregunta de la dubia sea pragmática cuanto a los divorciados y civilmente re-casados, las otras cuatro preguntas tienen que ver con cuestiones fundamentales de la vida cristiana”. Es decir, ¡declaran que la “exhortación apostólica” de Francisco socava los fundamentos de la Fe!

Las cinco preguntas presentadas, que reclaman del Papa una respuesta de ‘sí’ o ‘no’, constituyen en sí una condenación de la aparente enseñanza de Francisco en Amoris:

  1. Se pregunta si, siguiendo las afirmaciones de Amoris Laetitia (nos. 300-305), se ha hecho posible ahora conceder la absolución en el Sacramento de Penitencia y de este modo admitir a la Sagrada Comunión a una persona que, mientras está vinculada por un enlace válido de Matrimonio, está cohabitando con una persona diferente more uxorio [como si fuesen casados, incluso con relaciones sexuales] sin cumplir las condiciones previstas en Familiaris Consortio, nº 84 [la terminación de la relación adúltera por separación o la convivencia como hermanos por motivos graves, tales como la educación de niños] y con posterioridad reafirmada por Reconciliatio et Paenitentia, nº 34, y Sacramentum Caritatis, nº 29. ¿Es posible que la expresión “en ciertos casos” hallada en la nota 351 (nº 305) de la exhortación Amoris Laetitia sea aplicada a personas divorciadas que ahora están en una nueva unión y que continúan a convivir more uxorio?

  2. ¿Después de la publicación de la exhortación post-sinodal Amoris Laetitia (nº 304) se necesita considerar como aún válida la enseñanza de la encíclica Vertitatis Splendor de San Juan Pablo II, nº 79, que está basada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia sobre la existencia de normas morales absolutas que prohíben actos intrínsecamente malos y que son vinculantes sin excepciones?

  3. ¿Después de Amoris Laetitia (nº 301) es posible afirmar aún que una persona que vive habitualmente en contradicción a un mandamiento de la ley de Dios como por ejemplo el que prohíbe el adulterio (Mateo 19:3-9), se halla a sí mismo o a sí misma en una situación objetiva de pecado grave y habitual (Concilio Pontificio para los Textos Legislativos, “Declaración” del 24 de junio de 2000)?

  4. ¿Después de las afirmaciones de Amoris Laetitia (nº 302) sobre “circunstancias que mitigan la responsabilidad moral”, se necesita considerar como aún válida la enseñanza de la encíclica Veritatis Splendor de San Juan Pablo II, nº 81, que está basada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, según la cual “circunstancias o intenciones nunca pueden transformar un acto que es intrínsecamente malo en virtud de su objeto en un acto ‘subjetivamente’ bueno o defendible como una elección”?

  5. ¿Después de Amoris Laetitia (nº 303) se necesita considerar como aún válida la enseñanza de la encíclica Veritatis Splendor de San Juan Pablo II, nº 56, que está basada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia, que excluye una interpretación creativa del papel de la conciencia y que enfatiza que la conciencia nunca puede ser autorizada a excepciones legítimas a las normas morales absolutas que prohíben actos intrínsecamente malos en virtud de su objeto?

Estas preguntas se resumen a una sola indagación esencial y explosiva: ¿Propone Francisco en Amoris contradecir “las Sagradas Escrituras… la Tradición de la Iglesia” y “normas morales absolutas”? Aún más esencialmente: ¿Está adoptando Francisco la herejía?

Ahora, está claro que los Cardenales no esperan en serio que Francisco conteste su dubia. Con efecto, está claro que no esperan respuesta alguna además de la que Francisco ha dado ya en su carta a los obispos de Buenos Aires: que no hay “ninguna otra interpretación” de Amoris sino que las personas divorciadas y “re-casadas” pueden ser admitidas a la Sagrada Comunión después de ser “absueltas” de su adulterio continuo siguiendo  el “discernimiento” en casos individuales. Eso, evidentemente, es un desastre moral para la Iglesia porque socavaría simultáneamente la indisolubilidad del Matrimonio, el Sacramento de la Confesión, la santidad del Santísimo Sacramento, la propia idea de pecado mortal, y por eso el orden moral como un todo. Como el portavoz papal extraoficial Antonio Spadaro, SJ replicó en Twitter: “El Papa lo ha “aclarado”. A aquellos que no les gusta lo que oyen, fingen no oírlo… ¡no continuad indagando la misma pregunta con la idea de que recibiréis la respuesta que queréis”!

Entonces, ¿Cuál es el propósito de la intervención de los Cardenales? La respuesta es que no tendría sentido a menos que fuese hecha con previsión de dar el siguiente paso: una corrección pública de los errores graves de Francisco que sigue a su silencio inevitable. Y es esa, con efecto, la noticia más reciente de este acontecimiento asombroso. En una entrevista con Edward Pentin, el Cardenal Burke ha confirmado el motivo que hay detrás de la intervención:

“Qué acontece si el Santo Padre no responde a su acto de justicia y caridad y no da una aclaración de la enseñanza de la Iglesia que Ustedes esperan lograr?

“Entonces tendremos que tratar la situación. Hay, en la Tradición de la Iglesia, la práctica de corrección del Pontífice romano. Evidentemente es algo bastante raro. Pero si no hay a estas preguntas respuesta alguna, entonces yo diría que sería cuestión de llevar a cabo un acto formal de corrección de un error grave”.

Si Francisco continúa con su silencio asiduo, y sus errores son por eso públicamente corregidos por cuatro Príncipes de la Iglesia, habríamos alcanzado una coyuntura decisiva en la historia de la Iglesia. ¿Está siendo preparado el escenario para la condenación formal de un Papa como un hereje o como colaborador y cómplice de herejía? Recordamos la condena al infame Papa Honorio I hecha por su propio sucesor León II: “Anatemizamos... también a Honorio porque no ha tratado de santificar a esta Iglesia apostólica con la enseñanza de la tradición apostólica, sino por traición profana, ha permitido que su pureza se contaminase”.

¿Qué más tiene que ver con la “traición profana” y contaminación de la pureza de la enseñanza de la Iglesia que el esfuerzo asombroso de Francisco de admitir a adúlteros públicos a la Sagrada Comunión y su reducción de No Deberás Cometer Adulterio a un “ideal” que puede exceptuarse en base a “la complejidad concreta de nuestras limitaciones”? Honorio fue anatemizado apenas por parecer permitir en una carta la muy oscura herejía monotelita (cómo se hubiese existido en Cristo sólo una voluntad divina, y no una voluntad humana). Sin embargo, con Amoris – como los cuatro Cardenales claramente reconocen – la Iglesia está enfrentada por un ataque papal contra la moral en sí involucrando, por lo tanto, “cuestiones fundamentales de la vida cristiana”.

Mientras esta historia pasmosa se desarrolla en los próximos días, nos acordamos de la advertencia profética de Sor Lucía de Fátima al Cardenal Caffarra a la luz del Tercer Secreto: “la batalla final entre el Señor y al reino de Satanás será sobre el matrimonio y la familia”. Lo que es muy reveladora, el Cardenal Caffarra es uno de los apenas cuatro Cardenales que han tenido la valentía de levantar la voz para defender – contra un Papa – la enseñanza moral infalible de la Santa Iglesia Católica y la disciplina que se le relaciona.

¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!