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Informe especial de The Fatima Center

La verdad sobre el luteranismo …

y ¡por qué NINGÚN católico
nunca debería celebrar a Lutero!

Nuestra Señora de La Salette llorando por la pérdida de la Fe




¿Por qué será que un católico debería celebrar a Martín Lutero cuando toda su sublevación se basa en un odio a la Fe católica?

 

Lutero ataca el Papado

Un enfoque central de la sublevación de 1517 de Lutero fue un ataque a gran escala contra el papado establecido por Cristo. Lutero no se opuso contra la política de Papa alguno, que era algo que hasta muchos santos han hecho. En lugar de eso, Lutero deliraba contra la institución de la Santa Sede en su libro Contra el Papado romano: una institución del demonio.

Denunció el papado también cuando el Papa León X hubo condenado su doctrina en la bula de 1520 Exurge Domine. Lutero le respondió:

“Mantengo que el autor de esta Bula es el Anticristo: la maldigo como una blasfemia contra el Hijo de Dios... Confío que todas las personas que aceptan esta Bula sufrirán los tormentos del Infierno... ¿Dónde estáis vosotros, emperadores, reyes y príncipes de la tierra que toleráis la voz infernal del Anticristo? León X y vosotros, los Cardenales romanos, os digo a la cara...renunciad a vuestra blasfemia satánica contra Jesucristo”.1

Lutero procedió entonces a quemar la Bula pontificia y de alardear de ello al siguiente día:

“Ayer quemé la obra demoniaca del Papa, y ojalá que hubiese sido al Papa, o sea, que hubiera sido la Sede papal la que se hubiese consumido. Si no os separáis de Roma, no hay salvación para vuestras almas”.2

Lutero ataca la Sta. Misa

Contra el Santo Sacrificio de la Misa, la oración más sagrada de la Iglesia, Lutero derramaba un desprecio vulgar.

Decía que ningún pecado de inmoralidad, ni hasta “el homicidio involuntario, el robo, el asesinato y el adulterio, es más perjudicial que esta abominación de la Misa papista”. Gruñía además que antes quería haber sido “el propietario de un burdel o un ladrón, en lugar de haber blasfemado y difamado a Cristo por haber celebrado la misa durante 15 años”.3

En su opúsculo La abrogación de la Misa, ideado para destruir la Misa, Lutero escribió:

“Estoy llanamente convencido de que con estos tres argumentos [que había dicho anteriormente] todas las conciencias piadosas se persuadirán de que este sacerdote de la Misa y el Papado no son nada sino obras de Satanás, y que serán advertidos suficientemente contra la idea de que por estos sacerdotes se efectúe cosa alguna, piadosa o buena. Todos sabrán ahora que estas Misas sacrificiales se han demostrados ser injuriosas al testamento de Nuestro Señor y por eso, nada en el mundo entero debe ser tan odiado y detestado como los espectáculos hipócritas de este sacerdocio, sus Misas, su culto, piedad y religión. Sería mejor ser conocido públicamente como un chulo o ladrón de que ser uno de estos sacerdotes”.4

El gran San Juan Fisher, que vivió al mismo tiempo que Lutero, expresó horror acerca de su impiedad: ¡“Dios mío”! escribía, ¿“Cómo es posible quedarse tranquilo cuando se escucha tales mentiras blasfemas dichas contra los misterios de Cristo? ¿Cómo es posible escuchar sin resentimiento, estos insultos ultrajantes arrojados contra los sacerdotes de Dios? ¿Quién puede leer tales blasfemias sin llorar con pena profunda, si conservamos en nuestros corazones hasta la chispa más pequeñita de la piedad cristiana”?5

La perversión de las Sagradas Escrituras

Un principio clave de la sublevación de Lutero es la creencia en “Sólo la Biblia”. En el sistema de Lutero, no hay una Iglesia fundada por la autoridad divina para enseñar en el nombre de Cristo; hay simplemente la Biblia como la única fuente de la Revelación divina. Lutero lo enseñaba a pesar de que el principio “Sólo la Biblia” no se halla en ningún lugar en la Biblia – y él promovía así, paradojamente, un principio que no es bíblico.

Al mismo tiempo, Lutero manifestó desprecio contra las Sagradas Escrituras alterando los textos para adaptarlos a sus propias ideas. Lutero rechazó que las buenas obras son necesarias para la salvación. Tuvo el atrevimiento de alterar el 28º versículo de capítulo III de la Carta de San Pablo a los Romanos en la que se lee, “Así que concluimos, ser justificado el hombre por la fe sola sin las obras de la Ley”. Lutero agregó la palabra ‘sola’ al texto sagrado para respaldar su propia opinión herética.  Y a cualquiera de sus seguidores que se opusieran a su perversión del texto, Lutero lo fulminaría,

“Si cualquier Papista te fastidia con la palabra [sola] dile directamente: Es el Dr. Martín Lutero que lo quiere así. Papista y asno son una y la misma cosa”.6

Como es obvio, el orgullo era uno de los defectos principales de Lutero. Alardeando la infalibilidad y superioridad de su propia doctrina, Lutero se vanagloriaba:

“Quienquiera que enseñe diferente a mí, aunque fuese un ángel del Cielo, sea anatema”. Además, “Sé que soy más erudito que todas las universidades…”7

Lutero continuó por negar varios libros de la Biblia juzgándolos inaceptables. Denunció la Epístola de Santiago como “una epístola de paja”.

“No mantengo”, decía, “que sean escritos auténticos de Santiago ni puedo incluirlos entre los libros capitales”. Rechazaba la Epístola de Santiago porque proclama la necesidad de las buenas obras y eso estaba en oposición a su herejía. Lutero también rechazaba el libro del Apocalipsis:

“Hay muchas cosas censurables en este libro; en mi opinión no tiene indicio alguno de ser de carácter apostólico o profético… Todo el mundo puede llegar a una personal comprensión de este libro; en cuanto a mí, siento aversión hacia él, y para mí, esto es motivo suficiente para rechazarlo”.8

Lutero procedía a negar la fuerza vinculante de la ley moral,

“Debemos extirpar de la vista y del corazón el Decálogo”.9

Y además afirmó,

“Si Moisés intentara intimidarte con sus imbéciles Diez Mandamientos dile valientemente: ‘Ahuyéntate a los judios’”.10

Lutero pervierte la moral

Lutero, un consagrado sacerdote y religioso agustino, denegó su voto de celibato y se casó con una monja, también sujeta a voto de celibato. Lutero alentaba a muchos otros sacerdotes y religiosos a negar sus votos de celibato y casarse.

El abordaje de Lutero era, al fin y al cabo, una rendición a la sensualidad y a la mundanería durante un tiempo de laxitud moral. Como explica el profesor Thomas Neil, el atractivo de Lutero al clero de su época era exitoso: “Les ofrecía esposas y querían esposas. Los sacó de los monasterios y fueron trasladados a la plaza pública. Querían vivir en la sociedad mundana”.11

El eminente convertido David Goldstein escribió: “los escritos de Lutero cuanto a las relaciones sexuales son el opuesto de cosas honradas. Hemos visto su aprobación apenas en escritos socialistas sobre el amor libre. En ese ámbito los escritos libidinosos de Lutero le han ganado la distinción de ser considerado el ‘exponente clásico’ del ‘sensualismo sano’.12 Muchas veces a lo largo de los siglos, las inmoralidades han desgraciado el ministerio cristiano, pero Lutero posee la distinción poco envidiable de haber defendido los pecados impuros como siendo ‘necesarios’.13

Y porque Lutero enseñaba que el hombre es inherentemente corrupto y que sus pecados nunca son realmente perdonados sino apenas cubiertos por la sangre de Cristo bajo la condición de hacer un acto de “fe” en la salvación de Cristo, instó a su amigo Melanchton,

“Sé tú un pecador y peca fuertemente, pero cree aún más fuertemente”.14

Cuán contrario es la doctrina católica verdadera: nos manda no sólo evitar el pecado, sino también evitar las ocasiones de pecado.

La crueldad de Lutero

Aunque Lutero se aprovechaba de los campesinos de su tiempo para popularizar la sublevación que inadvertidamente provocó en las clases proletarias llevar a cabo una rebelión que había ido ulcerando ya en sus corazones, Lutero se alineó a sí mismo después con los príncipes en contra de los campesinos. Ejemplificando su crueldad inhumana, Lutero aconsejó a los príncipes, en caso de que los campesinos

“roben y deliren como perros enfurecidos… aplastadlos en pedazos, estranguladlos y apuñaladlos, tal y como estamos compelidos a matar a un perro enloquecido”.15

La ruptura de la Cristiandad

El Padre Thomas Scott Preston resume, en su obra The Protestant Reformation las consecuencias de la aseveración de Lutero de que cada hombre es libre de interpretar como quiera las Sagradas Escrituras.

“En teoría”, escribe el Padre Preston, “el juicio privado destruye tanto el credo como la posibilidad de fe. No puede haber un credo cuando cada individuo es el hacedor de su propia fe. No puede haber una unicidad de fe cuando todas las cuestiones de creencia son dejadas al juicio del individuo. Cada hombre es tan capaz como el otro en el descubrimiento de su propia fe y la interpretación de las Sagradas Escrituras, de la Tradición, o de la Historia; y más que eso, este juicio privado no es simplemente su privilegio sino su deber. Todos son obligados – hasta los ignorantes y analfabetos – a decidir por sí mismos cuando no hay autoridad o testigo divinos, y por eso hay tantos credos como individuos”.16

Hasta el escritor acatólico Friedrich Paulsen señaló correctamente, “Revolución es el término con que la Reforma debe ser descrita… La obra de Lutero no era una Reforma, una ‘re-formación’ de la Iglesia existente por medio de sus propias instituciones, antes es la destrucción de la forma antigua, en realidad, la negación fundamental de Iglesia alguna”.17

El resultado final ha sido la separación de millones de almas de la única verdadera Iglesia establecida por Cristo, y por eso la ruptura de la unicidad de la Cristiandad.

Como señaló Mons. Joseph Clifford Fenton, el eminente teólogo estadounidense: la alegada Reforma de la Iglesia por Martín Lutero “consistió en un esfuerzo hecho para provocar que la gente abandonase la Fe católica, y renunciase a su afiliación a la única verdadera Iglesia militante del Nuevo Testamento para seguir la enseñanza de Lutero y entrar en su organización”.18

A pesar de la deshonestidad ecuménica y sentimental de eclesiásticos de alto rango, no se puede enmascarar la arrogancia de Lutero y sus graves errores contra la fe. En verdad, la actual colaboración ecuménica entre católicos y luteranos es, en las palabras de Papa Pío XI, una “falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo”.19

No hay nada de celebrar

Los errores de Martín Lutero – y del protestantismo que él parió – no podrían ser más contrarios a las hermosas verdades católicas reiteradas por Nuestra Señora de Fátima.

En Fátima, Nuestra Señora reafirmó doctrinas claves católicas que Lutero había negado, tales como la Misa y la Eucaristía, la realidad del pecado personal, la necesidad de confesarse y reparar, la realidad y centralidad del papado establecido por Cristo, la humildad de sumisión a la doctrina perenne de la Iglesia católica, y la caridad que debe mostrarse al prójimo ante la orden de Lutero de “estrangular” y “apuñalar” a los campesinos si se vuelven fuera de control de las clases sociales superiores.

En 13 de octubre de 1917, para comprobar la veracidad de Sus palabras, Nuestra Señora de Fátima obró el asombroso Milagro del Sol delante de 70.000 testigos. No hay ninguna comparación entre las verdades hermosas proferidas por Nuestra Señora y el veneno herético vomitado por Martín Lutero.

¡Es por eso imposible condescender a que un católico deba celebrar a Lutero de cualquier manera! Lo harán solamente aquellos de mentalidad protestante y modernista. ¡Martín Lutero no debería ser ni admirado ni imitado! Tal como la Iglesia ha enseñado consistentemente a lo largo de cuatro siglos, su doctrina, y el movimiento que él comenzó son apenas dignos de condena.

El 500º aniversario de la sublevación destructora de Lutero debe ser un tiempo en el que los católicos celebren el centenario de 1917 de Nuestra Señora de Fátima, recen y trabajen por la conversión de los protestantes a la única verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia católica.


1. The Facts Against Luther, Mons. Patrick O’Hare, pág. 89.

2. Ibid, pág. 90.

3. Luther, Hartman Grisar, S.J. (traducción inglesa, Herder), Vol 2, pág. 166; Vol 4. Pág. 525.

4. The Defense of the Priesthood, San Juan Fisher, traducido por Mons. P.E. Hallet, pág. 2.

5. Ibid, págs 2-3.

6. Amic. Discussion, I, 127 – extraido de Campaigners for Christ Handbook, David Goldstein, págs. 197-198.

7. Facts About Luther, pág. 20.

8. Ibid, pág. 203.

9. De Wette, IV, pág. 188.

10. Works, Wittenberg, ed. V, 1573, tomado de Goldstein, págs. 197-198.

11. Makers of the Modern Mind, Thomas P. Neil, Ph.D., pág. 24.

12. Bebel, Woman, pág. 78, Nueva York, 1910 (de Goldstein).

13. Citado de Goldstein, pág. 198.

14. Facts About Luther, pág. 119

15. Makers of the Modern Mind, pág. 25.

16. Facts About Luther, págs. 167-168.

17. Ibid, págs. 168-169.

18. “The Council and Father Kung”, Mons. Joseph Clifford Fenton, American Ecclesiastical Review, setiembre de 1962.

19. Papa Pio XI, Mortalium Animos, ACERCA DE CÓMO SE HA DE FOMENTAR LA VERDADERA UNIDAD RELIGIOSA, el 6 de enero de 1928.