Más noticias sobre el programa interconfesional en Fátima

por John Vennari

Catholic Family News informó el mes pasado sobre el Congreso interreligioso en Fátima, titulado: “El presente del hombre, el futuro de Dios, el lugar del santuario en relación a lo sagrado”. Asistí a este Congreso en Portugal, el cual se realizó del 10 al 12 de octubre de 2003.1

Los conferencistas en el Congreso, incluido el Padre Jacques Dupuis y el Arzobispo Michael Fitzgerald, dijeron a los delegados que los católicos no deberían intentar convertir a los no católicos a la Iglesia Católica. Porque de acuerdo con el nuevo sistema ecuménico los no católicos son ya parte del “Reino de Dios” y no tienen que convertirse a la Iglesia Católica para encontrar la salvación.

Respecto del tema de que “no hay salvación fuera de la Iglesia Católica”, lo cual es un dogma definido que los católicos deben creer para seguir siendo católicos, el Padre Dupuis dijo fastidiado: “No hay necesidad de invocar aquí aquel horrible texto del Concilio de Florencia”. El Padre Dupuis también dijo que la finalidad del diálogo es ayudar a “los cristianos a volverse mejores cristianos, y al hindú volverse un mejor hindú”.

Todos aplaudieron (el Cardenal Patriarca de Lisboa, el rector de la Basílica de Fátima, el Obispo de Leira-Fátima, y el Delegado Apostólico) el discurso en el que, entre otros muchos ultrajes, censuró una doctrina definida por la Iglesia.

Al día siguiente, el Arzobispo Michael Fitzgerald, del Vaticano, dijo a la audiencia: “El Padre Dupuis ayer explicó los fundamentos teológicos de la instauración de relaciones con personas de otras religiones”. En resumen el Arzobispo Fitzgerald alabó las herejías del Padre Dupuis.

La sesión del domingo en el Congreso incluyó testimonios de representantes del budismo, hinduismo, islamismo, anglicanismo, de la ortodoxia oriental y del catolicismo. En esa sesión, el Padre Arul Irudayam, rector de la Basílica Mariana Católica en Vailankanni, India, se jactó de que los hindúes realizan actualmente sus ritos paganos dentro de la Iglesia Católica, como un ulterior desarrollo de camaradería ecuménica. Los participantes de la conferencia, incluyendo el Arzobispo Fitzgerald, se complacieron en que la Basílica Mariana fuese actualmente usada para ritos idolátricos. ¿Cuánto tardará hasta que la basílica de Fátima sea profanada de igual modo?

El 1º de noviembre Portugal News publicó que este Congreso era parte de un plan para convertir a Fátima en una Basílica interconfesional. Notícias de Fátima, un bi-semanario de noticias de Fátima, también informó sobre el evento. Resaltó el titular con gruesos caracteres rojos en la primera página de su edición del 24 de octubre: “Santuario de Varios Credos”. En la página 8 del mismo Notícias de Fátima se relata la historia: “El Santuario se abre al pluralismo religioso”, seguido por el siguiente subtítulo: “La Basílica de Fátima asume una vocación universalista y de acogida frente a las diferentes religiones”.

Tanto Portugal News como Notícias de Fátima presentaron la siguiente declaración: “El futuro de Fátima debe pasar por la creación de una basílica donde las diferentes religiones puedan relacionarse”. Notícias de Fátima imprimió estas palabras como una toma fotográfica de primera página, y el Portugal News atribuyó estas palabras al rector de la Basílica de Fátima, Monseñor Guerra.

El Periódico de la Basílica de Fátima

Algunas noticias más han arribado desde Portugal respecto de la nueva aventura panreligiosa, esta vez desde el propio periódico de la Basílica de Fátima, Voz de Fatima. La edición del 17 de noviembre de este periódico trae dos pequeños segmentos respecto del Congreso, ambos transmiten la sensación de que el programa panreligioso en Fátima es la vía del futuro. El supuesto plan para convertir a Fátima en una “basílica interconfesional” no fue mencionado, ni confirmado ni denegado. Trágicamente, sin embargo, el periódico habló en términos encendidos respecto del Congreso y de la nueva orientación ecuménica de Fátima.

El primer artículo titulado “Los especialistas señalan hacia los santuarios como ejemplos de crecimiento en la fe”, resumía los comentarios conclusivos del Congreso de Fátima. Voz de Fatima decía: “El ejemplo de la presencia de representantes de muchas religiones en esta reunión fue realzado... por los organizadores, considerando que ‘el diálogo interreligioso no es un favor o una cesión, sino más bien una necesidad de la misma fe’”.2

Esto es extremadamente grave. Aquí el periódico oficial de la Basílica de Fátima dice a sus lectores que el nuevo concepto de diálogo panreligioso, el cual según la propia definición del Congreso significa que nosotros no tratamos de convertir a los no católicos a la Iglesia Católica, es una “necesidad de la misma fe”.

¿Cómo podría ser una necesidad de la “misma fe” que los católicos no intentaran más convertir a la Fe verdadera a aquellos que están en la oscuridad de una falsa religión?

Voz de Fatima escribe luego: “Monseñor Luciano Guerra, rector de la Basílica de Fátima, expresó la misma opinión comparando el diálogo con puentes, en este caso entre las diferentes religiones. ‘Nos proponemos analizar los fundamentos de los puentes para descubrir si podemos contar con ellos en el futuro’, afirmó. En su opinión, Fátima juega un ‘papel primordial’ en el fortalecimiento del diálogo ecuménico e interreligioso”.

Esta declaración es similar a las que Notícias de Fátima atribuyó a Monseñor Guerra cuando él dijo: “Es la primera etapa. Aquí en Portugal somos como ingenieros que comienzan por examinar las estructuras de los puentes para ver si podemos confiar en ellos en el futuro”.

Podemos asumir que, a pesar de que Monseñor Guerra aduce “precaución” en cuanto a “poner a prueba las estructuras”, la Basílica de Fátima, según el periódico oficial de la Basílica, está ahora embarcada en el programa ecuménico.

El segundo artículo en Voz de Fatima cita al Arzobispo Michael J. Fitzgerald, prefecto del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso en el Vaticano. Fitzgerald fue también conferencista en el Congreso y alabó el discurso herético del Padre Dupuis donde Dupuis denunciaba el Concilio de Florencia.

El artículo titulado “El diálogo entre religiones progresó mucho con Juan Pablo II”, comienza: “El Presidente del Concilio para el Diálogo Interreligioso, durante los eventos del Congreso Internacional en Fátima, alabó el proceder de apertura respecto de las otras religiones de Juan Pablo II, señalando que el catolicismo ha cambiado su manera de verlos”.

“La misión permanece aún y anunciamos a Jesucristo pero la manera en que lo hacemos es diferente”, ahora la Iglesia está comenzando a “reconocer signos de lo sagrado en otras religiones, puntos de discusión que no se planteaban antes de Juan Pablo II y el Vaticano II”.

El Arzobispo Fitzgerald continuó aplaudiendo las novedosas iniciativas ecuménicas del Papa Juan Pablo II. Dijo que en una “búsqueda común” de lo sagrado las religiones deberían “unir fuerzas para enfrentar la secularización de un mundo que se vuelve cada vez más ateo”. También admitió que existen en la Iglesia quienes no aceptan este nuevo esfuerzo interreligioso.

Hay personas que se aferran muy fuertemente a su modo de comprender la tradición”, dijo el Arzobispo Michael Fitzgerald. “Hay personas que son críticas con estas iniciativas, pero nuestra respuesta debe ser dialogar con todos, inclusive con aquellos que se nos oponen”.

Estoy de acuerdo con el Arzobispo Fitzgerald en que “hay personas que se aferran muy fuertemente a su modo de comprender la tradición”. Pero los que actúan de este modo no son católicos tradicionalistas, sino los mismos ecumenistas. Son los ecuménicos post-conciliares los que han distorsionado la tradición respecto de su verdadero significado para crear un camino para la “tradición viviente” el cual incluye novedades como actividades panreligiosas. Ignoran lo que advertía el Papa San Pío X: “lejos, lejos del clero debe estar el amor a la novedad”.

El Papa San Pío X escribió en su encíclica contra el modernismo respecto del deber de mantener la tradición:

“Sin embargo para los católicos nada cambiará la autoridad del segundo Concilio de Nicea, el cual condena a aquellos ‘que se atreven, tras el impío modo de los herejes, a ridiculizar las tradiciones eclesiásticas, inventando novedades de cualquier clase... o se esfuerzan con malicia o habilidad para derrocar alguna de las tradiciones legítimas de la Iglesia Católica’. A causa de lo cual los Pontífices Romanos, Pío IV y Pío IX, ordenaron la inserción de la profesión de fe en la siguiente declaración: ‘Yo con la mayor firmeza admito y acepto las tradiciones apostólicas y eclesiásticas y demás observancias y constituciones de la Iglesia’”. 3

Además el Segundo Concilio de Nicea enseña infaliblemente que:

“Si alguno rechaza cualquier tradición escrita u oral de la Iglesia, sea anatema”.4

El ecumenismo “ridiculiza la tradición eclesiástica” así como también la doctrina católica definida. Se enorgullece de las actividades panreligiosas que han sido condenadas a través de toda la historia de la Iglesia.5 En el nombre del ecumenismo, los líderes de la Iglesia de hoy han “inventado novedades”, tales como el panreligioso “Espíritu de Asís”, según el cual se sitúa la única verdadera Iglesia de Jesucristo al mismo nivel de los credos falsos. Estos líderes también “rechazan las tradiciones escritas y orales de la Iglesia” dado que ellos intentan “cambiar” el “modo de ver” del catolicismo a los no católicos.  

Un claro ejemplo fue mencionado anteriormente. En este Congreso de Fátima, el Padre Jacques Dupuis abiertamente llamó a un dogma definido por el Concilio de Florencia un “texto horrible” que debe ser rechazado en orden a construir un camino para la nueva religión ecuménica.  El Arzobispo Fitzgerald no sólo alabó el discurso de Dupuis, sino que después menospreció a aquellos católicos que rectamente adhieren a la tradición tal como fue definida por el Papa San Pío X y por el segundo Concilio de Nicea. De modo que vemos que son los ecuménicos mismos quienes se “aferran muy fuertemente” a su “modo [modernista] de comprender la tradición”.

“Diálogo” con el Cardenal

Anteriormente discutíamos cómo la Iglesia post conciliar ha “cambiado su manera de ver” a los no católicos, debemos en primer lugar dirigirnos a la declaración del Arzobispo Fitzgerald que los líderes de la Iglesia ecuménica están abiertos a dialogar con aquellos católicos que desafían la nueva política ecuménica.

Tenemos, de hecho, un ejemplo de este tipo de “diálogo”.

Un intercambio tuvo lugar en el Congreso entre un grupo de jóvenes de la Sociedad San Pío X y el Cardenal Patriarca de Lisboa, José de Cruz Policarpo. Los jóvenes estaban allí porque el Padre Danjou, Prior de la Sociedad San Pío X en Portugal, organizó la distribución de 35.000 panfletos en Fátima denunciando el evento ecuménico.6  También celebró dos ceremonias de reparación. Los jóvenes del M.J.C.F. (jóvenes católicos de Francia) vinieron especialmente del sudeste de Francia para ayudar a distribuir los volantes.

Algunos de esos jóvenes asistieron al Congreso. La siguiente entrevista, publicada por DICI,7 tuvo lugar entre miembros de el M.J.C.F. y el Cardenal Policarpo después de su discurso del sábado a la mañana.

M.J.C.F.: Su eminencia, me gustaría precisar algunas cosas. En su discurso usted dijo que “cada religión cuando es practicada con sinceridad conducía a Dios”. Sin embargo la hermana Lucía de Fátima en Os Apelos, comentando el Primer Mandamiento, dice que “existe sólo un Dios que es digno de nuestra adoración, que las otras divinidades son nada, no valen nada y no pueden hacer nada por nosotros”. ¿Cómo podemos conciliar esas dos visiones de Dios?

Card. P.: Pero, hijo mío, una visión de ese tipo es anticuada. ¿Cuáles son esas divinidades de las que habla la hermana Lucía? Nosotros cristianos, musulmanes, judíos, todos tenemos al mismo Dios.

M.J.C.F.: (Mudo, consternado, ojos muy abiertos.)

Card. P.: Por supuesto, la fe debe ser cristocéntrica, pero las otras religiones están en camino hacia Cristo, cada una más o menos avanzada, ¡así de sencillo!

M.J.C.F.: Sin embargo nosotros no tenemos la misma religión que los musulmanes o judíos. Entonces, ¿cómo puede uno decir que tenemos el mismo Dios?

Card. P.: Sabes, estudié mucho cuando era joven. Si tú eres cristiano, como tú dices que eres, es una cuestión de cultura, es por eso que has sido educado de ese modo. Con el musulmán lo mismo.

M.J.C.F.: Pero, su Eminencia, ¿cuán lejos irá el ecumenismo?

Card. P.: Cada religión tiene algo para enseñarte. La experiencia de otras religiones es muy importante, tenemos mucho que aprender de ellos.

M.J.C.F.: Inclusive si está escrito en el Corán: “No hagas amigos entre cristianos o judíos”.

Card. P.: ¿Hijo mío, has leído el Corán?

M.J.C.F.: Sí, ¡dos veces!

Card. P.: ¿En árabe?

M.J.C.F.: No, pero nuestra religión está basada en la Revelación.¿Podría el así llamado profeta Mahoma verdaderamente haber recibido parte de la Revelación?

Card. P.: Tú debes haber leído una mala traducción. El Islam tiene mucho para enseñarte.

M.J.C.F.: En el Apocalipsis el apóstol San Juan nos advierte de tener cuidado con los falsos profetas. ¿Mahoma es un falso profeta?

Card. P.: (poniéndose nervioso) Joven, ¡te dejo la total responsabilidad de la respuesta!

El Cardenal los apartó a un lado para irse, pero uno de los jóvenes lo retuvo suavemente.

M.J.C.F.: Su eminencia usted no respondió mi pregunta, creo yo...

Card. P.: Se puede decir que en tiempo de Jeremías, Mahoma habría sido considerado un falso profeta.

El Cardenal se fue apartando los jóvenes sin decir adiós.

Nótese que se supone que estamos en la era de los prelados post conciliares, siempre sonrientes, que “aman la juventud”. Sin embargo estos jóvenes de Fátima no eran los insulsos y defraudados rockanrolleros que se ven en la Jornada Mundial de la Juventud, sino católicos que conocen su religión y que respetuosamente confrontaron al Cardenal con los conflictos del actual ecumenismo y la perenne enseñanza y práctica católica.  No hubo sonrisas del Cardenal para este grupo de jóvenes, sino solamente desprecio, sarcasmo y el rehusarse a responder directamente las cuestiones que se le plantearon.

Al día siguiente la entrada era vigilada por tres personas y los jóvenes del M.J.C.F. tuvieron que dar dos pruebas de la identidad de cada uno para que se les permitiese entrar.

Un sacerdote delante de ellos en la puerta les dijo:“¡Ustedes no pueden entrar!

M.J.C.F.: Pero tenemos una autorización.

El sacerdote: OK, ¡pero ni una pregunta!

El sacerdote permaneció detrás de ellos durante toda la conferencia para asegurarse que esos jóvenes no hicieran ninguna pregunta embarazosa.

Ahora bien, esos jóvenes únicamente trataron de entablar un diálogo con el Cardenal. Ellos solamente esperaban, al día siguiente, entrar en diálogo con los otros miembros del Congreso. Pero porque hicieron preguntas difíciles, basadas en la perenne verdad católica, fueron apartados, silenciados y custodiados.

Queda claro a partir de este intercambio que la nueva religión ecuménica no puede vérselas con una crítica honesta. Es un castillo de naipes que colapsa cuando se confronta con la Fe católica de siempre. De modo que cuando el Arzobispo Fitzgerald dice que él esta dispuesto a “dialogar” con aquellos que se oponen al nuevo espíritu ecuménico, el intercambio citado entre el M.J.C.F. y el Cardenal Policarpo nos da una idea de cómo ese “diálogo” se llevará a cabo.

La evangelización y la misión redefinidas

El Arzobispo Fitzgerald asevera que el catolicismo ha “cambiado su manera de ver” las religiones no católicas.También afirma que la Iglesia todavía “anuncia a Jesucristo, pero la manera en la que lo hacemos es diferente”.

¿De qué modo es diferente? ¿Cómo la “Iglesia” ha cambiado su “manera de ver” a los no católicos?

La respuesta se funda en la política de “Diálogo y Proclamación” la que actualmente es parte del programa de “Misión y Evangelización” de la Iglesia. “Evangelización” y “Misión” ya no significa estrictamente que trabajamos para convertir los no católicos a la única Iglesia verdadera. Como es el caso con muchos otros elementos de la Iglesia post conciliar, nuestros líderes progresistas han redefinido los términos.

El verdadero significado de Evangelización y Misión viene del mandato que Nuestro Señor dio a sus apóstoles.“Id y haced discípulos de entre las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). “El que cree y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará” (Mc 15, 16). Los santos misioneros, desde el nacimiento del Cristianismo, llegaron hasta la muerte en pos de la conversión de los no católicos.

¿Pero hoy en día? ¡No! Nosotros no hacemos más eso. Acabamos de leer al Cardenal Policarpo que llamó esto “una visión anticuada”, y decir que todos adoramos el mismo “Dios”. De este modo no osamos intentar convertir los no católicos. Más bien entablamos un diálogo panreligioso con los miembros de las falsas religiones; un diálogo que dice a los no católicos que es perfectamente aceptable para Dios que ellos permanezcan en sus creencias hechas por hombres.

Esta es la nueva noción de “Evangelización” y “Misión”. Esto es parte de la nueva política ecuménica de “Diálogo y Proclamación”, que es el nombre del documento Vaticano del 1991 sobre el diálogo interreligioso. Así funciona el nuevo sistema. Nosotros proclamamos la fe católica a los no católicos porque nosotros creemos que el catolicismo es la mejor religión, y que posee la “plenitud de la verdad”. Y esperamos que aquellos a quienes proclamamos esto quieran también pensar que esto es lo mejor, y elijan también volverse católicos.

Pero si ellos no se vuelven católicos, entonces está todo bien también. Son perfectamente aceptables para Dios en su falsa religión, dado que, como dijo el Padre Dupuis en su discurso, católicos y no católicos son “miembros juntos del Reino de Dios”. De modo que nosotros simplemente dialogamos con ellos y trabajamos en una coexistencia pacífica. O, usando las palabras del Arzobispo Fitzgerald, trabajamos unos con otros “para enfrentar la secularización del mundo” y “traer una paz y armonía más grandes entre las personas de otras religiones”.

Este es el nuevo supuesto de “Diálogo y Proclamación” que constituye la noción de la Iglesia post conciliar de “Evangelización” y de “Misión”. Es por esto que en su discurso el Padre Jacques Dupuis definió la práctica panreligiosa y el diálogo interreligioso como parte de la “Misión de Evangelización” de la Iglesia y citó un documento de 1984 del Consejo para el Diálogo Interreligioso para apoyar su aseveración.

Asimismo, el documento del Vaticano “Diálogo y Proclamación” de 1991, coloca “el proclamar a Cristo” en condiciones de igualdad con el “diálogo” con las religiones falsas. El documento dice: “Del mismo modo que el diálogo interreligioso es un elemento en la misión de la Iglesia, la proclamación de la obra salvífica de Dios en Nuestro Señor es otro (elemento)...No puede ser cuestión de elegir el uno ignorando o rechazando el otro”.8 Según este documento publicado por el Vaticano en 1991, nosotros debemos no sólo proclamar a Cristo, sino también “dialogar” con los no católicos que no tienen intención de convertirse a la única Iglesia verdadera y reconocer su falsa religión como un camino válido hacia Dios.

No hay que engañarse, por tanto, cuando los líderes de la Iglesia, en los lugares más altos, usan las palabras católicas tales como “Misión” y “Evangelización” que ellos las han trastocado con significados no católicos.

Desprecio del dogma

El nuevo programa de “Diálogo y Proclamación” es una colisión frontal con la enseñanza de la Iglesia a través de los siglos.

El Concilio de Florencia definió infaliblemente que “paganos, judíos, herejes y cismáticos” están “fuera de la Iglesia Católica”, y como tal “nunca podrán participar de la vida eterna”, a menos que “antes de la muerte” se unan a la única y verdadera Iglesia de Jesucristo, la Iglesia Católica.9

El Catecismo del Concilio de Trento, fiel a esta verdad, enseña que “infieles, herejes, cismáticos y personas excomulgadas” están “excluidas de las normas de la Iglesia”. 10 En otras palabras, protestantes, judíos, musulmanes, hindúes, budistas, etc., no forman parte de la Iglesia Católica, la cual es el Reino de Dios en la tierra.11

El Catecismo del Papa San Pío X, siglos después, presenta la misma verdad sin cambios.  Enseña que: “Fuera de la Iglesia verdadera están los infieles, judíos, herejes, apóstatas, cismáticos y personas excomulgadas”. Declara además que “nadie puede salvarse fuera de la Iglesia católica, apostólica, romana, así como ninguno podía salvarse de la inundación fuera del Arca de Noe, la cual es figura de la Iglesia”.12

El Papa Pío XI hizo suya esta doctrina en su consagración de la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús. Esta oración, la cual era parte de la liturgia oficial de la Iglesia hasta el Vaticano II, dice: “Sé tú Rey de todos aquellos que se engañan por las falsas opiniones y se mantienen distantes en enemistad, llámalos al áncora de la verdad en la unidad de la fe, de modo que pronto pueda haber un rebaño y un Pastor. Sé tú Rey de todos aquellos que todavía están envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo y atráelos a la luz y al reino de Dios”.13

Esta oración, fiel a la perenne doctrina católica, revela que los miembros de los grupos heréticos y cismáticos, tales como el protestantismo y la ortodoxia oriental, no son miembros de la Iglesia. Y que aquellos que todavía están envueltos en las tinieblas de la idolatría, tales como los hindúes y budistas, como también los musulmanes, no son parte del Reino de Dios.

Se pueden dar incontables ejemplos, pero las citaciones de arriba bastan para demostrar que la doctrina de la Iglesia permanece idéntica a través del tiempo respecto de los miembros de las religiones falsas.  Sin embargo esta enseñanza es ilícitamente rechazada, desechada, despreciada, derrocada por los católicos de hoy en día que buscan la “Civilización del Amor”, que supone una nueva teología ecuménica que abandona las enseñanzas tradicionales a favor de su sueño modernista.

La nueva religión

En 1963 el eminente teólogo Monseñor David Greenstock advirtió que durante el Vaticano II había ciertos teólogos que buscaban inventar una nueva teología ecuménica para adecuarse a las supuestas “necesidades modernas”. Señaló que no puede haber una “nueva teología” de unidad que de algún modo rechace la verdad de que los no católicos deben convertirse a la Iglesia católica para alcanzar la unidad y la salvación. Escribía: “No se debe intentar crear una nueva teología ecuménica para adecuarse a la situación ecuménica”.14

Sin embargo es precisamente esto lo que sucedió durante y después del Vaticano II. La “nueva manera” de ver a los no católicos del Arzobispo Fitzgerald es precisamente la “nueva teología ecuménica” que Monseñor Greenstock consideraba una traición del Concilio de Trento y del Concilio Vaticano I.

De hecho el Vaticano I enseñó infaliblemente que inclusive el Papa no puede cambiar una doctrina definida como dogma (tal como “no hay salvación fuera de la Iglesia Católica”).

Sobre este punto el Vaticano I enseñó: “Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe”.15

El distinguido teólogo Monseñor Joseph Clifford Fenton empleó este texto para explicar: “El Dogma católico es inmutable... las mismas e idénticas verdades se presentan siempre como reveladas por Dios. Su significado nunca cambia”.16

De este modo, ni siquiera un Papa puede cambiar la doctrina, enseñar una nueva doctrina o interpretar la doctrina católica en una manera diferente a cómo ésta se ha enseñado durante 2000 años.

Además de esto está el Juramento Antimodernista que esos hombres - el rector de la Basílica de Fátima Monseñor Guerra, el Cardenal Policarpo, el Padre Jacques Dupuis, e inclusive los jóvenes diáconos de los años 40 y 50 llamados Ratzinger, Kasper y Wojtyla - juraron a Dios antes de su ordenación. Parte de este Juramento dice:

“Yo sostengo sinceramente que la doctrina de la Fe fue transmitida en herencia a nosotros desde los apóstoles a través de los santos padres con el mismo sentido y siempre con la misma intención. Por lo cual rechazo por completo la tergiversación herética que dice que los dogmas evolucionan y que cambian de un sentido a otro, diferente del que la Iglesia sostenía previamente”.

Y al final del juramento, juraban delante de Dios:

“Yo prometoque mantendré todos esto artículos fiel, íntegra y sinceramente, y los guardaré inviolados, de ningún modo apartándome de ellos en la enseñanza o en de cualquier modo verbal o escrito. Así lo prometo, esto juro, me ayude Dios, y estos santos Evangelios de Dios, los cuales toco con la mano”.17

Nuevamente Monseñor Fenton destacaba en 1960 que cualquier sacerdote que promovía el modernismo después de hacer el Juramento Antimodernista se marcaría a sí mismo como un “pecador en contra de la Fe católica  y como un perjuro común”.18

Trágicamente, los hombres de este panreligioso congreso en Fátima, tanto como los clérigos y prelados inclusive en los más altos oficios en Roma, que hicieron el Juramento Antimodernista, y que ahora promueven la nueva religión ecuménica, la cual dice que las verdades católicas de ayer deben ser rechazadas o puestas al día para construir el camino de la nueva religión ecuménica de hoy en día, han violado su juramento. Ellos son, en las palabras de Monseñor Joseph Clifford Fenton, “pecadores en contra de la Fe católica y perjuros comunes”.

Ellos hicieron un juramento solemne delante de Dios diciendo que no deberían cambiar la religión católica, y la han cambiado.

Debemos rezar por esos hombres, pero no debemos seguir su mal ejemplo. No debemos permanecer sin hacer nada mientras ellos convierten la Basílica de Fátima, un lugar santificado por las apariciones de Nuestra Señora, en su nueva religión interconfesional.  Gracias a esos hombres y sus falsas ilusiones ecuménicas, el “Espíritu [panreligioso] de Asís”, que profana todo lo católico que toca, anda suelto ahora en Fátima.

¡Es tiempo de decir “basta”! Delante del ultraje en vías de ejecución ahora en Fátima, no podemos permanecer complacientes. Si no protestamos, si no resistimos, si no montamos una vigorosa oposición a esta blasfemia en contra de Nuestra Bendita Madre, entonces no merecemos ser llamados hijos de Nuestra Señora.

Notas:
1. “Fatima to Become an Interfaith Shrine? An Account from One Who Was There,” J. Vennari, Catholic Family News, diciembre de 2003. También en la web: http://www.fatima.org/news/newsviews/sprep111303.asp

2. Ambos artículos de la Voz de Fatima fueron traducidos al inglés por Joseph Cain.

3. Pascendi, cursiva nuestra.

4. Citado de The Great Facade, p. 28. Cursiva nuestra.

5. En el 398 DC el Concilio de Cartago enseñó: “Ninguno debe rezar ni cantar los salmos con los herejes; y cualquiera que se comunique con aquellos que están separados de la comunión con la Iglesia, sea clérigo o laico, sea excomulgado”. Con. Cartago iv. 72 y 73. Citado de The Sincere Christian, por el Obispo George Hay, (James Duffy & Sons, Dublín - Imprimatur de G.J. Walsh, Arzobispo de Dublín) pág. 555.

6. Al mismo tiempo voluntarios del Fatima Crusader del Padre Gruner estaban también en Fátima para distribuir los folletos Cronología de un encubrimiento.

7. Documentation Information Catholiques Internationales, 29 de noviembre de 2003 (www.dici.org).

8. “Diálogo y Proclamación,” no. 6, de la página web del Vaticano.

9. Bula Cantate Domino publicada por el Papa Eugenio IV en el Concilio de Florencia, 4 de febrero de 1442.

10. Catechism of the Council of Trent, trad. McHugh y Callan, (Rockford: Tan, reeditado 1982), pág. 101.

11. Mons. Joseph Clifford Fenton explica que la palabra “Iglesia” tiene un significado muy definido. Significa el Reino de Dios en la tierra, el Pueblo de la Divina Alianza, una unidad social fuera de la cual ninguno puede salvarse. Ver “The Meaning of the Word ‘Church’”, Mons. Fenton, American Ecclesiastical Review, octubre, 1954, reeditado en noviembre de 2000, Catholic Family News. (Reedición #519 disponible en CFN por $1,75).

12. The Catechism of Pope Saint Pius X, (Primera edición 1910, reeditado por Instauratio Press, Australia), páginas 31 y 41.

13. Respecto de los judíos, esta consagración dice: “Vuelve tus ojos de misericordia hacia los hijos de esta raza, que fueron tu pueblo elegido. De antaño ellos derramaron sobre sí la sangre del Salvador. Descienda sobre ellos el fruto de redención y de vida”.

14. “Unity: Special Problems, Dogmatic and Moral”, Padre David Greenstock, The Thomist, 1963. Ver el comentario reciente sobre este artículo: “Vatican II vs. the Unity Willed by Christ”, J. Vennari, Catholic Family News, diciembre de 2000. (Reedición #537 disponible en CFN por $1,75 contra reembolso).

15. Vaticano I, sesión III, Cap. IV, Dei Filius.

16. We Stand With Christ, Joseph Clifford Fenton, (Bruce, 1942), pág. 2.

17. Juramento Antimodernista, publicado por el Papa San Pío X, 1 de septiembre de 1910.

18. “The Sacrorum Antistitum and the Background of the Oath Against Modernism,” Mons. Joseph Clifford Fenton, The American Ecclesiastical Review, octubre de 1960, págs. 259-260.