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Estimado Cardinal Bertone:
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¿Quién
es el mentiroso, usted o yo? |
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Cardenal Bertone |
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Antonio Socci |
Y por favor no mencione la masonería
por Antonio Socci
12 de mayo de 2007. Hoy en
el 90 aniversario de las apariciones de Fátima (13 de mayo de
1917), ha llegado el momento de decir toda la verdad y de escuchar a
Nuestra Señora...
Qué error. ¡Quién
sabe por qué el Cardenal Bertone se ha metido en este embrollo
metiendo en líos al Vaticano también! Personalmente debería
estar más que feliz que el Secretario de Estado, por lo tanto
el número 2 de la Iglesia, haya publicado un libro, La última
vidente de Fátima, para rebatir mi libro El cuarto secreto
de Fátima. Es un caso único. Ni siquiera Dan Brown
ha tenido tal honor (*Nota del Editor: autor del libro blasfemo El
código Da Vinci). Evidentemente mis páginas tienen
que incomodar mucho. El prelado ha perdido el control porque - con muchos
saludos a la caridad cristiana - despotrica en mi contra: mis afirmaciones
serían “puros desvaríos”, mi investigación
haría el juego “de la antigua masonería para desacreditar
la Iglesia”. Añade amenazadoramente el cardenal: “me
asombro que periodistas y escritores que se proclaman católicos,
se presten a este juego”. Finalmente me llama “mentiroso”,
sería alguien que “miente sabiendo que miente”. Desgraciadamente
no me muestra dónde y cómo habría mentido. Sólo
le pedí explicar, para dar un ejemplo, por qué en su presentación
del Tercer Secreto, publicada por el Vaticano, él cita una carta
de sor Lucia omitiendo sin decirlo, una frase decisiva que desmiente
toda su interpretación. Señalando en mi libro esta “rareza” (una
de las muchas), he buscado por todos los modos posibles salvar la buena
fe del prelado. Pero no sólo Bertone en su volumen no da explicación
alguna del hecho, sino que cita de nuevo aquella carta “desenmascarada” del
mismo modo. Uno queda estupefacto. No es posible usar así los
documentos y hacerse estos goles en contra. ¿Pero cuál
es el meollo de nuestra disputa? Está en esta pregunta: ¿el
famoso “Tercer Secreto” de Fátima, que contiene la
profecía de lo que sucederá a la Iglesia y al mundo en
el futuro próximo, ha sido publicado íntegramente en el
2000? Empecé mi investigación convencido de que era así.
Después me di cuenta que los hechos indicaban lo contrario. Tuve
que percatarme con lealtad de todo ello, declarando y poniendo de relieve
una cantidad increíble de “agujeros” y contradicciones
de la versión oficial. Siendo el Tercer Secreto un misterio que
desde hace décadas ha producido una verdadera psicosis sobre los
medios de comunicación, y hasta entre gobiernos y servicios secretos,
un texto profético de enorme importancia para los cristianos (para
nuestro futuro), un texto acreditado por la Iglesia en lo que ha reconocido
como la más importante aparición mariana de su historia,
he señalado la necesidad de una aclaración - por parte
del Vaticano – de todos los enormes “embrollos” de
la versión oficial o de publicar el texto oculto (como pide una
reciente súplica al Papa de Solideo Paulino).
En el transcurso de
la investigación le pedí una entrevista a Bertone, que
como monseñor fue protagonista en la publicación del secreto
en el año 2000. Aun conociéndome bien, me la negó y
más bien (*Nota del Editor: después de publicarlo en 2006)
se puso enseguida en acción para publicar un libro en respuesta
al mío. Lo cual se llevó a cabo finalmente hace pocos días
(el 13 de mayo es el 90° aniversario de las apariciones). El problema
es que este libro no da ni siquiera una respuesta a los interrogantes
planteados. Por el contrario crea problemas ulteriores. He sentido hasta
vergüenza de leer una cosa tan chapucera y autodestructiva. Para
cualquier autor sería un golpe de suerte excepcional ser atacado
personalmente por el Secretario de Estado Vaticano sin una traza de argumento.
Pero para mí es un desastre, porque me siento en primer lugar
católico, después periodista. Habría preferido estar
terriblemente equivocado y ser refutado. O bien habría querido
que la Santa Sede se decidiera a revelar toda la verdad sobre el “Tercer
Secreto” de Fátima, publicando - como la Virgen pidió -
la parte todavía oculta. De no ser así habría preferido
ser ignorado, desdeñado, boicoteado. La única cosa equivocada,
la única cosa que había que evitar era precisamente lo
que Bertone hizo: exponerse públicamente sin contestar a nada
y por el contrario añadiendo subterfugios desastrosos. Para él
y para el Vaticano. Ante todo está el problema del “manejo” de
la testigo de Fátima, sor Lucía: por años todos
han podido especular sobre Fátima excepto ella, que desde 1960
ha sido silenciada por el Vaticano. ¿Qué se temía?
Antes de la publicación del texto, en el año 2000, el Papa
envía a Bertone a visitar a la monja, a Coimbra. Lo enviará una
vez más en noviembre de 2001. Finalmente el prelado volverá a
visitarla en diciembre de 2003. Estos tres coloquios fueron la gran ocasión
para que la única vidente en vida, ya casi centenaria, les dejara
a todos los cristianos y a la humanidad su testimonio completo y precioso
sobre la más importante aparición mariana de la historia.
Una oportunidad histórica. Tanto para acallar muchos rumores y
leyendas como para proteger el Vaticano de las acusaciones de manipulación,
Bertone debería haber grabado, o a lo mejor también filmado,
estos coloquios excepcionales para dejarlos a la posteridad. O al menos
transcribir todo, preguntas y respuestas, para que la vidente pudiese
firmarlos. Para evitar futuras y previsibles contestaciones. Pero increíblemente
estos tres interrogatorios, de “al menos diez horas” de duración
- dice el prelado - no fueron ni grabados, ni filmados, ni verbalizados.
El prelado hoy nos explica que él “tomó notas”.
De modo que en los documentos oficiales de Fátima sólo
constan algunas pocas frases atribuidas a la monja, frases de credibilidad
controvertida y para nada exhaustivas dado que las preguntas decisivas,
las que eran adecuadas para aclarar todas las dudas, no las hicieron,
o al menos no son reproducidas por Bertone. A quien le he preguntado
en el libro: ¿por qué de diez horas de coloquio ha dado
a conocer sólo unas pocas frases de la monja que ocupan a lo sumo
cuatro minutos? ¿Qué otra cosa dijo en todas aquellas horas? ¿Por
qué no le ha hecho a Lucía las preguntas decisivas o por
qué no ha reproducido sus respuestas? Bertone en su libro no da
ninguna explicación. Y lo que es peor le atribuye hoy a la monja
- que mientras tanto ha muerto y no puede desmentir nada - frases
que no fueron reproducidas en el informe oficial del año 2000.
Según Bertone la monja, con el texto del año 2000 enfrente,
habría dicho: “éste es el Tercer Secreto”, “el único
texto” y yo no he escrito ningún “otro”. ¿Por
qué una frase tan importante no fue reproducida por Bertone en
la publicación oficial? ¿Y por qué no le preguntó el
prelado a la vidente si escribió alguna vez la continuación
de las misteriosas palabras de la Virgen dejadas en suspenso por el etcétera
(“En Portugal el dogma de fe se preservará siempre etc.”)
que han sido consideradas siempre por los expertos el comienzo del Tercer
Secreto? Realmente extraño. Del mismo modo que la otra frase que
ahora - y sólo ahora, muerta la vidente - el prelado le atribuye,
según lo cual sor Lucía, cuándo supo del atentado
al Papa de 1981, “pensó enseguida que se cumplió la
profecía del Tercer Secreto”. ¿Por qué una
confirmación tan decisiva jamás se incluyó en el
informe oficial? ¿Por qué en el dossier vaticano, que publicó el
texto de la visión, con el “obispo vestido de blanco que
es asesinado”, nadie - ni sor Lucia ni los cardenales Sodano y
Ratzinger y tampoco el propio Bertone - escribió explícitamente
que el atentado de 1981 fue el cumplimiento del Tercer Secreto? ¿Y
por qué dijo Ratzinger que tal interpretación sólo
fue una hipótesis y no hubieron “interpretaciones oficiales” de
la Iglesia, mientras que hoy Bertone pretende imponerla como la versión
oficial? ¿Y por qué sor Lucía, en la carta al pontífice
adjunta al dossier vaticano, escrito en el 1982 (por lo tanto un año
después del atentado), explicó que “no constatamos
todavía la consumación final de esta profecía”,
del Tercer Secreto, pero que “nos estamos encaminando poco a poco
a grandes pasos”? ¿Por qué en aquella carta al pontífice
Lucía no hace mención del atentado que se había
verificado hacía muy poco tiempo, si justamente era el cumplimiento
del secreto?
Hay quien ha sostenido
que Bertone no ha grabado, ni verbalizado los coloquios con la vidente
porque se habrían puesto de manifiesto las presiones psicológicas
ejercidas sobre la monja de clausura, para inducirla a avalar ciertas
tesis. Lo he rememorado leyendo la página del libro de Bertone
donde el cardenal recuerda que en algún punto la vidente se “irritó” y
le dijo: “¡No estoy confesándome!” ¿A
qué pudo contestar Lucía con estas duras palabras? ¿Quizás
alguien le recordó a la anciana monja de clausura el poder eclesiástico
y le insinuó la posibilidad que se le negase la absolución?
No se sabe, porque el prelado - que recuerda bien la respuesta (por el
fastidio) de la monja - dice de haber “retirado” (textual)
su pregunta. Es evidente que existe el “cuarto secreto” de
Fátima o la parte oculta del tercero y creo haberlo demostrado
en mi libro. No sólo está la revelación clamorosa
de un testigo excepcional, monseñor Loris Capovilla, secretario
de Juan XXIII (que estuvo presente en la apertura del “Tercer Secreto”),
cuyas palabras recogidas por Solideo Paulino - increíblemente
- el cardinal Bertone no menciona en su libro. Sino también está todo
lo otro. Se sabe de aquella parte “censurada” que está escrita
sobre una hoja individual, y no sobre cuatro, como el texto de la visión
dado a conocer en el 2000 (lo reveló el cardenal Ottaviani, brazo
derecho de Pío XII y de Juan XXIII y hoy Bertone se las arregla
del siguiente modo: “no sé a que cosa se refieren las palabras
de Ottaviani”). Sin embargo, sabemos inclusive cuánto mide
la hoja (9 x 14 cm.), sabemos que está guardada en un sobre de
12 x 18 cm., sabemos que hay 20-25 líneas escritas, conocemos
la fecha (diferentes del texto de la visión) en la cual llegó a
Roma y fue leído por diversos pontífices. Y sabemos que
- comenzando por Pío XII – no se conservó en el Santo
Oficio, como el texto de la visión dado a conocer en el año
2000, sino en el departamento privado papal. Existe la prueba fotográfica
publicada el 18 de octubre de 1958 en “Paris Match” por Robert
Serrou, está también el testimonio de la más estrecha
colaboradora de Pío XII, Sor Pasqualina (“allí adentro
está el Tercer Secreto de Fátima”, y está el
testimonio del Obispo Capovilla (“he publicado la hoja de archivo”)
que el 27 de junio de 1963 fue citado por Pablo VI para saber dónde
estaba “el legajo de Fátima”. Él contestó: “en
el cajón de la derecha del escritorio llamado Barbarigo, en el
dormitorio”. Y allí en efecto se encontraba. Bertone no
contesta a todos estos testimonios en el libro, pero en una entrevista
dice: “Las reconstrucciones cinematográficas del sobre escondido
en la mesilla de noche del Papa es pura fantasía”. ¿Y
por qué? No lo explica. En el volumen me ataca diciendo que yo
habría insinuado que el secreto profetiza “la apostasía
de la Iglesia de Roma” y de las altas jerarquías. En primer
lugar: que Bertone relea lo que, en una aparición, Jesús
le dijo a sor Lucía en agosto del 1931. Además no soy yo
quien habla de apostasía, sino el Cardenal Ottaviani y el Cardenal
Ciappi (“en el Tercer Secreto se profetiza, entre otras cosas,
que la gran apostasía en la Iglesia comenzará de lo más
alto”). Un concepto análogo se deja ver a partir de las
palabras de Lucía al padre Fuentes y de dos declaraciones del
Cardenal Ratzinger. Yo sólo cumplo con mi rol de periodista, explicando
que muchos interpretan la apostasía en referencia a los efectos
del Concilio.
No tengo aquí espacio para
enumerar todas las metidas de pata del libro. Pero puedo mencionar algunas.
Bertone nos informa por ejemplo que “sor Lucía no trabajó nunca
con la computadora”. Noticia preciosa porque en una entrevista
a La Repubblica del 17 de febrero de 2005 declaró que
Lucía “usó, en el final, hasta la computadora”. Esto
sirvió para dar crédito a ciertas cartas de 1989 de sor
Lucía que no fueron escritas de puño y letra y que contradecían
cuanto dijo en precedencia sobre la “consagración” de
Rusia. Es curioso que el Secretario de Estado en su libro dé crédito
incluso a los rumores de que Gorbachev, en la histórica visita
del 1° de diciembre de 1989 al Papa Wojtyla, “haya hecho un
mea culpa” delante del Papa, mientras que fue desmentida oficialmente
por la Oficina de Prensa Vaticana el 2 de marzo de 1998. Por otro lado
actualmente Bertone da crédito como auténticas hasta las
explosivas declaraciones sobre el Tercer Secreto atribuidas a Juan Pablo
II en Fulda, en noviembre de 1980, mientras que fueron desmentidas tanto
por la Oficina de Prensa Vaticana como por el Cardenal Ratzinger (“este
encuentro en Fulda es falso, no ha tenido lugar y el Papa no ha dicho
estas cosas”). Además Bertone se apresura a decir que la
interpretación del cardenal “Ratzinger” relativa al
Tercer Secreto no “fue un dogma de fe”. Pero deja que su
entrevistador presente el pensamiento de Bertone del siguiente modo: “sus
palabras, frente a tantas interpretaciones del mensaje de la Virgen...
son el imprimatur de una versión definitiva”. Inclusive
superior a la de Ratzinger. Además la carta del Papa al prelado
es usada en el libro como presentación, aunque el Pontífice
permanece en un plano general. Yo, por mi parte, tengo la carta que Benedicto
XVI escribió a propósito de mi libro, dándome las
gracias “por los sentimientos que lo inspiraron”. Palabras
que confortan frente a los insultos y a las desordenadas acusaciones
de hacer “el juego a la masonería”.
* Las palabras dentro de cada par de paréntesis marcados con
un asterisco* son aclaraciones del traductor.
El Centro Fátima EN EE.UU. — 17000
State Route 30, Constable, NY 12926
EN CANADA — 452 Kraft Road, Fort Erie, ON L2A
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un fax al 1-905-871-3646
www.fatima.org • E-mail: info@fatima.org
Lea “La Ultima Batalla del Diablo”
el libro que llevó a Socci a la verdad plena respecto del Tercer
Secreto
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