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Blessed Be God in the Highest

El Apostolado de Nuestra Señora emite una declaración formal de afecto y apoyo al Papa Juan Pablo II

SANTO PADRE
Nuestras Gracias, Nuestra Promesa y Nuestra Súplica Formal

SANTÍSIMO PADRE,

Agradecemos a Su Santidad todo lo que ha hecho para que se cumplan todas las peticiones de Nuestra Señora de Fátima. Estamos en total acuerdo con su declaración pública en Fátima, de que "el Mensaje de Fátima impone una oblicación a la Iglesia."

Esto es tan cierto, especialmente porque la caridad demanda que todos trabajemos por la paz del mundo, particularmente en un momento en el que la paz se ve amenazada en tantos lugares. Su Santidad, usted mismo ha hablado elocuentemente en tantas ocasiones acerca de los peligros y horrores de la guerra y de nuestra obligación estricta como católicos de hacer todo lo que podamos para lograr la paz del mundo.

En Su Mensaje de Fátima, Nuestra Señora dejó muy en claro que el único camino para lograr una paz verdadera y duradera es el de que Su Santidad y todos los obispos católicos del mundo obedezcan Su pedido de consagrar solemnemente a Rusia a Su Inmaculado Corazón, el mismo día y a la misma hora.

Como es ya del conocimiento de Su Santidad, ésta no es una petición ociosa o frívola, sino expresión del deseo verdadero del Cielo mismo, que busca, en palabras de Nuestro Señor, “establecer la devoción en el mundo” al Inmaculado Corazón de Su Madre, colocándolo al lado de Su propio Sagrado Corazón en las oraciones y súplicas de millónes de almas.

Sabemos de lo mucho que Su Santidad se ha esforzado por obedecer a Nuestra Señora y nos damos cuenta de la gran oposición que existe dentro de su propia casa, por parte de un pequeño grupo de personas poderosas, quienes aparentemente creen saber más que la Madre de Dios sobre cómo lograr la paz en nuestro mundo.

De hecho, el 13 de mayo de 1982 en Fátima, y en Roma el 25 de marzo de 1984, Su Santidad deseó cumplir la petición más solemne de Nuestra Señora, la de la consagración de Rusia. Pero como así lo indicó usted después de ambos intentos, Su Santidad admitió que tanto usted como sus hermanos obispos no habían cumplido todavía con los depidos específicos de Nuestra Señora de Fátima.

Los pronunciamientos públicos de Su Santidad que en aquel entonces fueron publicados en su propio periódico oficial, indican que usted estaba al tanto de estas desafortunadas circunstancias. A pesar de esto, sus propios enemigos, quienes al mismo tiempo que afirmaban su lealtad hacia usted, públicamente omitían, ignoraban y distorsionaban sus propias palabras, como parte de su campaña para impedir o evitar el ya tan largamente deseado acto de obediencia a las peticiones de Nuestra Señora de Fátima.

Creemos que para que Su Santidad supere las turbias tácticas y la falta de información a la que lo someten personas dentro de su propia casa, es necesario que se le recuerde frecuente y públicamente del gran (y creciente) apoyo que usted tiene de los católicos de todo el mundo.

De esta manera, los abajo firmantes prometemos con fe, en oración y públicamente nuestro apoyo y fidelidad a Su Santidad, instándolo con todo respeto y afecto a que ordene, y obligue en consciencia con la obligación más seria posible, a sus hermanos obispos alrededor del mundo a que consagren, junto con Su Santidad, solemne y públicamente a Rusia al Inmaculado Corazón de Nuestra Señora.

Deseamos hacer notar, entre paréntesis, que en esta materia Su Santidad está completamente justificado por la enseñanza Dogmática del Consejo I del Vaticano, para hacer uso de su suprema autoridad Apostólica.

Santo Padre, Nuestra Señora de Fátima predijo que si no se atendían Sus peticiones a tiempo, Su Santidad habría de sufrir mucho, que el ateísmo militante y el materialismo acuartelado en Rusia dominarían, esclavizarían y castigarían al mundo, y que se llevaría a cabo la aniquilación de varias naciones.

Los actos recientes de violencia así como crecientes conflictos en más de 100 naciones alrededor del mundo, muestran claramente que sus palabras de preocupación por la creciente violencia y los horrores de la guerra están bien fundamentadas. Fue precisamente para traer al mundo la paz real y duradera que Nuestra Señora vino a Fátima.

Padre Santísimo, nosotros lo adoramos, por usted rezamos. En vista de lo anterior, humildemente le rogamos y le súplicamos formalmente les ordene rápidamente a todos los obispos Católicos que se unan a usted--en una fecha específica--para consagrar solemne y públicamente a Rusia al Inmaculado Corazón de María, tal como lo ordenó Dios Mismo a través del Mensaje de Nuestra Señora de Fátima.

Y mientras que Su Santidad ha indicado en privado su deseo de ver que el apoyo público por parte de laicos, sacerdotes y obispos preceda al Acto de Consagración, le rogamos tome en cuenta que dicho apoyo público se encuentra en la actualidad gravemente impedido a través de tácticas ilegales y turbias y de otras maniobras por parte de algunos oficiales dentro de la Santa Sede misma (como ha sido ya documentado en la Carta Abierta dirigida a usted y publicada en Roma el 12 de julio de 1995 en Il Messaggero).

Mientras burócratas intolerantes sigan intentando prevenir que las peticiones de la Reina de los Cielos sean llevadas a cabo, los errores del materialismo, el ateísmo de estado y el humanismo secular continúan propagándose alrededor del mundo y entre muchos miembros (!incluído el clero!) de su Santa Iglesia Católica.

Tomamos en cuenta con especial y afectuosa gratitud el que Su Santidad haya puesto a Fátima dentro de las prioridades de la agenda eclesiástica al afirmar en su homilía en Fátima que "el llamado evangélico al arrepentimiento y la conversión” en el Mensaje de Fátima “es aún más relevante de lo que fue hace 65 años ... más urgente aún."

Su Santidad, quizá sea que, hasta ahora, ha sentido que sus manos estaban atadas por este pequeño pero poderosos grupo de burócratas, así como por otros oficiales que han bloqueado cada uno de sus esfuerzos por obedecer a Nuestra Señora de Fátima.

Ahora sin embargo, como así lo demostró nuestro Tercer Congreso en Roma, el apoyo para la Consagración de Rusia y la obediencia a las peticiones de Nuestra Señora de Fátima, cuentan con la aprobación popular y se han propagado ampliamente por toda la Iglesia Universal.

Es así como, Reverendísimo Santo Padre, rogamos para que tome esta oportunidad venida del Cielo de llevar a cabo las órdenes de Nuestra Madre Bendita de consagrar a Rusia, trayendo así, como Ella lo prometió, la paz al mundo.

Esta promesa de apoyo y súplica al Santo Padre circula hoy en día alrededor del mundo.



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