Perspectivas sobre Fátima

Bergoglio a Benedicto XVI: ¡"aprende a decir adiós"!

por Christopher A. Ferrara
el 8 de junio de 2017

Durante los últimos cuatro años, los fieles católicos se han acostumbrado a un espectáculo continuo que no tiene precedentes en la historia de la Iglesia: halla un Papa que, casi diariamente, usa el púlpito para desde él, invectivar los católicos ortodoxos – que, con razón, se sienten perturbados por el rumbo de su Pontificado, apedreándoles con una serie aparentemente interminable de epítetos: “rigoristas”, “inflexibles”, “legalistas”, “Fariseos”, “hipócritas”, “Neo-pelagianos prometeanos egocéntricos”, y así en adelante. El Papa Bergoglio no muestra señal alguna de cansarse de repetir ese mismo tema a todas horas, año tras año, como un tocadiscos con la aguja enclavada, repitiendo siempre el mismo fragmento del mismo disco rayado.

Recordad, sin embargo, que ya en marzo – como señala Antonio Socci en una columna que no ha recibido la atención que merece – el Papa Bergoglio dio a conocer, del púlpito de Santa Marta, un nuevo villano du jour: el pastor que “no sabe cómo decir adiós y que piensa que es el centro de la historia”, el pastor que no sabe que “debe salir  completamente, sin quedarse a medio camino.... sin asignarse a sí mismo las ovejas”.

¿A quién quería precisamente referirse Papa Bergoglio? Tenemos una idea muy clara sobre quién podría ser, pero el Vatican Insider, que Socci llama “la página internet ultra-bergogliana”, explica todo en detalle, no dando lugar a conjeturas. El informe que escribió sobre este sermón incluía hasta una foto del Papa Benedicto XVI saliendo del Vaticano en un helicóptero con destino a Castel Gandolfo, el día en que se hizo efectiva su misteriosa “renuncia” del “ministerio del Obispo de Roma”.

Que Papa Bergoglio estaba criticando a Benedicto XVI es más que obvio, porque tal denuncia vino casi inmediatamente después de la aparición del libro del Cardenal Sarah sobre la condición de la liturgia que se titula “The Power of Silence: Against the Dictatorship of Noise” (El poder del silencio: contra la dictadura del ruido) y para el cual Benedicto XVI, como “Papa Emérito”, escribió una posdata bastante devastadora. En ella, declara Benedicto XVI que, con el Cardenal Sarah como jefe de la Congregación para el Culto divino, “la liturgia está en buenas manos”. Sin embargo, como bien sabemos, el Papa Bergoglio ha despedido a todos los miembros de la Congregación salvo al Cardenal Sarah, habiéndolo rodeado desde entonces con sustitutos que son litúrgicamente progresistas, precisamente con el objetivo de dejar al Cardenal Sarah impotente por aislamiento, de modo que la decadencia implacable de la liturgia Novus Ordo pudiese seguir sin disminuir.

Tal como Socci informa, la existencia de esta posdata de Benedicto XVI ha dado a Andrea Grillo, un secuaz bergogliano, la posibilidad de declarar que Benedicto XVI había “renunciado a su renuncia” y que ahora estaba interfiriendo en la decisión de neutralizar al Cardenal Sarah sin tener que despedirle absolutamente. Por consiguiente, tenemos la introducción del Papa Bergoglio de una nueva categoría de villano malvado que impide el camino contra su tan elogiada “reforma irreversible” de la Iglesia que incluye la Sagrada Comunión para adúlteros públicos: ‘el Pastor que no sabe cómo decir adiós’.

Aquí atestiguamos, como de costumbre, una tergiversación bergogliana de las Sagradas Escrituras para encajar las necesidades retóricas del momento. En su polémico sermón, el Papa Bergoglio cita el episodio de San Pablo saliendo de Éfeso como ejemplo del Pastor que sabe cómo decir adiós y que no intenta llevar consigo a las ovejas.

Pero, al citar el ejemplo de San Pablo en Éfeso – observa Socci – el Papa Bergoglio ha marcado un gol espectacular en su propia portería, porque San Pablo fue expulsado de Éfeso debido a un alboroto “orquestado por los orfebres que se lucraban con la manufactura de  ídolos”; y San Pablo también avisaba que, después de su partida, entrarían en la grey “lobos hambrientos”,  que introducirían “doctrinas perversas con el fin de atraer hacia sí mismos discípulos”.

¡Oímos el sonido del trombón riendo mientras Papa Bergoglio apunta nuevamente hacia sí mismo cuando lanza acusaciones contra los otros – esta vez contra su propio antecesor en la Silla petrina! Sin embargo, no es cosa de risa, sino una señal más de que el Pontificado bergogliano, a lo mejor, es la etapa final de una crisis en la Iglesia cuya solución tendrá que consistir en una intervención divina del género más impresionante que se pueda imaginar.