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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

Francisco: "Dios no puede ser Dios sin el hombre".
De verdad que dijo eso.

por Christopher A. Ferrara
el 9 de junio de 2017

Aún en otro de sus curiosos pronunciamientos desde el Vaticano, el Papa Bergoglio exteriorizó la siguiente opinión notable en su Audiencia General el pasado miércoles:

“Podemos estar distanciados, ser hostiles; podemos hasta decir que estamos ‘sin Dios’. Pero el Evangelio de Jesucristo nos revela que Dios no puede ser sin nosotros. El nunca será un Dios ‘sin el hombre’; es Él quien no puede ser sin nosotros, y esto es un gran misterio! Dios no puede ser Dios sin el hombre: ¡esto es un gran misterio! [Dio non può essere Dio senza l’uomo: grande mistero è questo!]”

En otras palabras: según el Papa Bergoglio Dios necesita al hombre para completar Su naturaleza. Pues bien, cualquier niño de 10 años, mínimamente catequizado, sabe que Dios no necesita nada y que Su creación del hombre fue una manifestación gratuita de Su infinito Amor. En efecto, por definición, un ser que necesitase de cualquier cosa no sería Dios, el Ser más elevado y la fuente de todos los otros seres menores, sino algún ser menos importante. Porque hasta Platón reconoció, apenas a la luz de la razón humana, que Dios tiene que ser “el epítome de todas las perfecciones”.

Sería fácil poner de lado la opinión de Papa Bergoglio por ser pura y simplemente un lenguaje descuidado que da lugar a un disparate. Pero, al parecer, hay algo más profundo y aún más insensato detrás del disparate, aunque más perturbador para la Iglesia: la “teología evolucionista” de Teilhard de Chardin, que el Papa Bergoglio absorbió durante su formación como Jesuita liberal en los años 60 y 70 del siglo XX, a pesar de que el Santo Oficio condenó las herejías de Teilhard de Chardin durante el pontificado del Papa Juan XXIII.

Fue en efecto el Papa Bergoglio quien, en su “Encíclica verde” Laudato si, se refirió a la “contribución de Teilhard de Chardin”, en una nota al pie de página en una afirmación en que el Papa Bergoglio declara: “El destino final del universo está en la plenitud de Dios, que ya fue alcanzada por Cristo resucitado, fulcro de la maduración universal”. (La traducción al inglés hecha por el Vaticano no sigue lealmente la versión oficial italiana, que incluye la frase-clave teilhardiana: fulcro della maturazione universale [ “fulcro de la maduración universal”]).

Es decir: según Papa Bergoglio, Cristo alcanzó la “plenitud de Dios” por la evolución, porque, a través de la evolución, Él se hizo hombre resucitado de entre los muertos, y como tal, es el “fulcro de la maduración universal” que conducirá todas las cosas al imaginario Punto Omega de Teilhard. Así Teilhard, por un fraude tanto científico como teológico – ¿no había estado él implicado en la falsificación del Hombre de Piltdown? – tuvo la audacia de afirmar, en su trabajo El punto fulcro de la cuestión: “Es Cristo, en verdad, Quien salva – pero no deberíamos añadir inmediatamente que, al mismo tiempo, es Cristo Quien es salvado por la Evolución”?

El LifeSiteNews, en un artículo de John-Henry Westen también ha señalado la visible conexión del Papa Bergoglio a la “teología de proceso” teilhardiana, cuya afirmación básica es que “Dios se perfecciona por la creación o crece con la creación”. Y aunque es ciertamente verdad que, por la Encarnación, Dios no volverá a prescindir del hombre, esto no es lo mismo que decir, como Bergoglio dice, que Dios no podría ser Dios sin el hombre: Como explica un teólogo ortodoxo citado por Lifesite: “…Dios no tiene absolutamente ninguna necesidad de la Humanidad, siendo nuestra relación con Dios enteramente dependiente de esta superabundancia gratuita del infinito Amor Divino, del Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Como dice el titular de Westen: “Necesitamos otra aclaración”. No vendrá ninguna, como indica la anterior práctica bergogliana. De todos modos, los católicos en posición de hacerlo tienen el deber de presentar, una vez más, la enseñanza autentica de la Iglesia para poder realizar contrapeso frente la última novedad bergogiana. No es una opción el consentimiento de callarse.




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