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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

Un musulmán dice la verdad
que los responsables de la Iglesia esconden

por Christopher A. Ferrara
el 12 de julio de 2017

La Corrispondenza Romana publicó una destacable editorial de Fael Farouq, que es musulmán y profesor de Lingüística en la Universidad católica de Milán. Al contrario de los políticos occidentales y de los prelados católicos liberales (lo que es prácticamente una tautología), Farouq dice la verdad sobre el Islán: que sus seguidores radicales están motivados precisamente por una doctrina que tiene todo que ver con su religión:

“Quien se mata a sí mismo y a otros cree en una doctrina precisa [la conquista del mundo por el Islán, siguiendo el modelo de Mahoma]. Y las matanzas continúan multiplicándose, desde el corazón de Europa incluso hasta los múltiples corazones heridos de Asia y de África. Por lo tanto, si se quiere detener este rio de sangre, la referida doctrina debe ser purificada de las interpretaciones que llevan a las personas de fe musulmana a abrazar el terrorismo”.

En lo que toca los llamados regímenes musulmanes “moderados”, Farouq observa – los muftís sauditas, por ejemplo – que, aunque condenan el terrorismo con su boca, a pesar de eso, “rehúsan … los derechos humanos [por ejemplo, a las mujeres y a los no musulmanes] y esto es una contradicción irremediable.”

Además, hasta los regímenes musulmanes “moderados” como los de Egipto, que profesan el pluralismo, lo hacen a través de la “instrumentalización política” abogando una “reforma” del Islán que está siempre “al servicio del poder, usado para negar la democracia. Si así no fuese, ¿por qué razón el Estado de Egipto permitiría, en violación abierta de la constitución [egipcia], la existencia del partido político Salafa al-Nour, que aboga por no querer bien a los cristianos ni siquiera saludarlos”?

A seguir, Farouq se refiere a los regímenes liberales de Occidente, que pretenden “hacer todo para impedir la violencia sin violar los derechos de los ciudadanos musulmanes”, y profesan que, al garantir los “derechos humanos” pueden “distinguir entre terroristas bárbaros y su fe”. Pero eses regímenes, hacen notar:

“Combaten apenas los síntomas de la enfermedad, dejando que la enfermedad se agrave. ¿Cuántos de estos países dan la bienvenida a terroristas huidos de países de mayoría musulmana? ¿Cuántos dan la bienvenida a organizaciones del Islán político, especialmente la Fraternidad Musulmana que son fuentes de esta ideología violenta?

“Cuántos se abstienen de condenar los regímenes Yihadistas, pero, por el contrario, estrechan la mano en un gesto de amistad y les venden armas que – como los mismos Gobiernos reconocen – van a acabar en las manos de terroristas?

“No sería posible aislar a los regímenes que adoptan esta interpretación malévola del Islán, como se hace con el Gobierno sudafricano del apartheid? ¿El racismo será peor que derramar la sangre de “otro” y no respectar en modo alguno su vida?

Pero el punto alto de esta pieza notable es un análisis brillante de la naturaleza auto-destructiva del pluralismo occidental, que merece ser citado en detalle:

 “El pluralismo de las sociedades occidentales es hoy un pluralismo que excluye [¡] actuar contra el fin para el que fue concebido. No favorece a la persona, sino antes a estereotipos e ideologías.

“En Gran Bretaña, por ejemplo, la ‘integración’ significa el reconocimiento de tribunales de Sharia, que violan los derechos de las mujeres, y el fluir de millones de libras y de euros de los extremistas de los Estados del Golfo a los cofres de las organizaciones islámicas de base ideológica, sin controles ni restricciones.

“Occidente se ha consagrado al pluralismo y a los derechos humanos para no repetir las experiencias dolorosas del Nazismo y del Fascismo, pero no podemos dejar de pensar: ¿No serían tal vez el Nazismo y el Fascismo la supremacía del estereotipo de la persona? ¿No creerían en algo superior a la persona humana, por quien estuviese justificado morir y matar? ¿Y hoy, no existe el riesgo de que hasta el ‘multiculturalismo’ llegue a ser el estereotipo más importante de la persona, más que sus verdaderos derechos fundamentales”?

Es sorprendente verificar que este editorial apareció primero en Avvenire, el periódico, siempre inclinado a los liberales, de la Conferencia Episcopal italiana. Ya no es tan sorprendente, como señala la Corrispondenza Romana, que fue atacado en la misma edición con un artículo del Cardenal Gualtiero Bassetti. Repitiendo como un loro la línea liberal de la Iglesia post-Vaticano II, que está infaliblemente sincronizada con el pluralismo occidental, Bassetti dice “precisamente lo contrario de lo que Farouq afirma” – es decir, el blanqueamiento de costumbre de aquello que Pio XI llamaba, y con verdad, “la oscuridad del Islán”.

Dijo el Cardenal políticamente correcto: “Se habla de terroristas islámicos, pero ellos no son islámicos, aun cuando matan o causan explosiones pronunciando el nombre de Alá. No son islámicos: son pobrecitas criaturas enloquecidas por la furia, llevadas a la locura por el odio”. El hecho de estar enloquecidos y llenos de odio por las afirmaciones radicales de su propia religión parece que nunca se les puede ocurrir pensar a los infatigables blanqueadores católicos de la mala invención de Mahoma, incluido el actual ocupante de la Silla de Pedro.

Que amargamente irónico es, para citar el titular de la Corrispondenza Romana, que “Es necesario que un musulmán diga lo que es tabú que lo diga el Papa y los Obispos”. Pero este es el problema de los “guías ciegos” (Mt. 23:24) de quien Nuestro Señor nos avisó – los actuales Fariseos que llaman Fariseos a los otros, cuando son ellos los que cuelan un mosquito por el bien de la corrección política mientras tragan el camello del mal radical.




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