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Perspectivas Sobre Fátima
Perspectivas sobre Fátima

De los cuatro quedan tres. ¿Y ahora?...

por Christopher A. Ferrara
el 17 de julio de 2017

Con el repentino fallecimiento del Cardenal Joaquín Meisner, de los cuatro Cardenales de las “dubia”, han quedado sólo tres, sin que ninguno de ellos haya hecho ninguna cosa para corregir los errores de Amoris Laetitia. Se esparcen ahora por toda la Iglesia una fractura sin precedentes y verdaderamente apocalíptica, de una disciplina eucarística doble-milenaria y universal, con base a la verdad revelada sobre la indisolubilidad del matrimonio y la santidad infinita del Santísimo Sacramento.

Dada la avanzada edad de los tres restantes (el Cardenal Brandmüller, 88 años; el Cardenal Caffarra, 79; y el Cardenal Burke, 69), es bien posible que, a corto plazo, haya una nueva disminución de su número. Y nos preguntamos ¿si todos dejarán este mundo sin siquiera haber emitido la prometida “corrección formal”? ¿Cuál era, entonces, el objetivo de la original intervención pública, pidiendo respuestas a las 5 dubia, que se depararon con el silencio sepulcral del Papa Bergoglio durante casi de un año (como si nosotros no supiésemos ya cuales serían las respuestas)? Y ¿cuál era el objetivo de pedir públicamente una audiencia con el Papa cuando, como los Cardenales supervivientes ciertamente saben, él ni siquiera tiene la intención de permitir que sea confrontado con sus errores, sino la intención de promoverlos con guiños, cabezadas, declaraciones privadas y nombramientos estratégicos al Episcopado y al Colegio de Cardenales?

Mientras tanto, Benedicto XVI, el único “Papa Emérito” en la Historia de la Iglesia – novedad que él mismo inventó – agregó a la situación sin paralelo lo que se puede llamar la dimensión de farsa. En una carta leída en el funeral del Cardenal Meisner, afirma él:

Bien sabemos que este pastor apasionado sintió dificultades en abandonar su cargo, especialmente en el momento en el que la Iglesia se encuentra en necesidad particularmente acuciante de pastores convincentes que sean capaces de resistir a la dictadura del espíritu de los tiempos, y que vivan y piensen la Fe con determinación. Sin embargo, lo que más me conmovió, ha sido que, en el último momento de su vida, había aprendido a desprenderse y a vivir en la profunda convicción de que el Señor no abandona a Su Iglesia, aunque la barca tomando agua, esté a punto de naufragar.

Fijaos en la enorme implicación de este breve texto:

  • Benedicto XVI abandonó su cargo, aunque supiese que la Barca de Pedro estaba “a punto de naufragar”
  • Benedicto XVI elogia a Meisner por ser uno de los “pastores convincentes que han sido capaces de resistir la dictadura del espíritu de los tiempos”, sabiendo perfectamente que Meisner y los otros tres Cardenales de las dubia habían confrontado al propio Pastor Universal sobre los errores morales de consecuencias catastróficas que representan, precisamente, la rendición a este espíritu de los tiempos, ¡sobre cuyos errores Benedicto XVI nada dirá!
  • Benedicto XVI declara que “el Señor no abandona a Su Iglesia” – y lo hace en el preciso momento en que el comportamiento del actual ocupante de la Silla de San Pedro está creando el miedo de que la Iglesia, per impossible, haya sido abandonada por el Señor. Él escribe como si no tuviésemos a este Papa, cuyo método de gobernar es el origen del miedo.
  • Benedicto XVI elogia a Meisner, por haber aprendido “a desprenderse” y presume de que Cristo protegerá a la Iglesia, aunque los Cardenales y otros miembros de la Jerarquía nada hacen para cumplir su deber como defensores de la Fe contra un Papa claramente determinado en llevar a cabo “reformas” que imponen catástrofes, y en las que ninguno de los anteriores Papas había ni siquiera osado pensar. ¿Hubo Meisner – con quien Benedicto XVI había hablado poco antes de morir – abandonado toda y cualquier intención de procurar la famosa “corrección formal”?

De la misma manera, el pasado mes de junio, Benedicto XVI hizo este comentario críptico durante la visita a la residencia en el Vaticano del Papa Bergoglio y de los 5 nuevos Cardenales, debidamente sumisos, que él había añadido a su creciente cuerpo de tropa de choque reformista: “El Señor por fin vencerá”. Es una observación bastante extraña para ser dirigida a un grupo de Cardenales nuevamente nombrados. ¿Está Benedicto XVI sugiriendo – es difícil evitar la implicación – que el Señor los derrotará, tan bien como el Papa que los creó?

A propósito: en esta ocasión, el “Papa Emérito” quien abdicó de la Silla de San Pedro porque, supuestamente, no podría continuar con el ejercicio de los deberes del Papado, habló sin esfuerzo y fluidamente con los nuevos Cardenales en sus diversas lenguas maternas. Y fue él quien, a continuación, les concedió la bendición juntamente con el Papa Bergoglio, pronunciando él las palabras de la bendición mientras Bergoglio permanecía en silencio. Así se refuerza la impresión de que hay ahora dos Papas que se jerarquizan encima de los Cardenales, y que les puedan otorgar juntos la bendición apostólica.

Es una situación que se hace cada vez más extraña. Sería fascinante desde una perspectiva puramente histórica. Pero desde la perspectiva de Fátima, se nota un desarrollo de una aterradora profecía para nuestros tiempos. Y los Fieles se preguntan – ¿“Y ahora”? – mientras aguardan la respuesta, drástica y dramática, que el Cielo no les dejará de dar.




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