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Perspectivas Sobre Fátima
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First Things pierde la marca sobre el texto
de Spadaro-Figueroa

por Christopher A. Ferrara
el 20 de julio de 2017

El artículo de ayer se refiere a un texto liberal publicado en el periódico del Papa, L’Osservatore Romano (OR), cuya coautoría es del “portavoz papal” y colaborador íntimo Antoino Spadaro, SJ y de Marcelo Figueroa, un viejo amigo protestante del Papa Bergoglio, a quien nombró redactor de la edición argentina del OR.

Como es de comprender, el artículo ha provocado críticas feroces, incluso entre comentadores católicos bien establecidos, que señalan, y con razón, que Spadaro y Figueroa han producido un incoherente revoltijo seudo-intelectual de clichés liberales. Uno de los comentadores es el P.J. Smith, que escribe en First Things. Smith ha hecho un buen trabajo en denunciar el rechazo hecho por los dos autores de las enseñanzas constantes de la Iglesia sobre la necesaria conexión orgánica entre Iglesia y Estado y entre la verdad religiosa y la vida política. Han rechazado también la enseñanza contra los errores de la “libertad” moderna que separan el Estado de la Iglesia como su conciencia y alma y que han conducido al cuerpo político a las agonizantes convulsiones morales y espirituales que ahora estamos atestiguando.

Como Smith señala, cuando Spadaro y Figueroa ridiculizan el “integrismo católico” – un epíteto vacío que, a la manera de todos los demagogos, nunca definen – apenas revelan que:

“están claramente en contra de la tradición de la Iglesia. A lo que parece, pretenden negar las doctrinas integrales contenidas en las [encíclicas] Libertas praestantissimum, Immortale Dei y Diuturnum illud, de León XIII, para no hablar de las Fin dalla prima nostra y Notre charge apostolique de San Pío X….

“También pretenden negar en líneas generales las condenas al liberalismo contenidas en Mirari vos de Gregorio XVI, en Quanta cura y en el Syllabus del Beato Pío IX. Indudablemente ven en el Concilio Vaticano II, particularmente en Gaudium et spes, Dignitatis humanae, Nostra aetate, y Unitatis redintegratio, el rechazo de las doctrinas antiliberales tan aborrecidas como éstas…”

Hasta aquí todo bien. Sin embargo, Smith trastabilla mucho cuando intenta distanciar al Papa Bergoglio de los dos autores del artículo, quienes, a fin de cuentas, son sus amigos íntimos y colaboradores, escribiendo en su propio periódico semioficial. Muy irrealista, Smith insiste en que Spadaro y Figueroa están errados cuando afirman que, mientras “fundamentalistas e integristas quieren unir el poder espiritual y el poder temporal, Francisco quiere levantar un muro de separación entre los dos”.

Lo siento, pero esto no cuadra. Porque es el mismísimo Papa Bergoglio que ha declarado expresamente: “Los Estados deben ser laicales. Los Estados confesionales acaban mal. Esto va contra el grano de la Historia. Creo que una versión del laicismo, acompañada de una ley sólida que garantice la libertad religiosa, nos da una estructura para avanzar”.

En otras palabras, la separación entre la Iglesia y el Estado es obligatoria según el Papa Bergoglio. En cuanto a la “ley sólida que garantice la libertad religiosa” que él propone, el régimen moderno de la “libertad religiosa” garantiza la libertad de toda y cualquier religión, incluso de aquellas, sobre todo el Islán, cuya propia misión es oponerse a la Iglesia católica y negar sus enseñanzas sobre la fe y la moral. La fragmentación religiosa del sistema estatal moderno que resulta de eso, hasta en países de gran mayoría católica, es precisamente la razón por la cual está deshaciéndose moral y políticamente.

Smith, poco escrupuloso, afirma que Spadaro y Figueroa han errado en aseverar que Francisco “quiere romper el lazo orgánico entre cultura, política, institución e Iglesia”. Sin embargo, su búsqueda de textos que lo comprueban entre los manifiestos bergoglianos produce débiles resultados: una u otra frase aislada que no dan para constituir un apoyo resonante de algo parecido a la nación cristiana que tanto él como los dos autores han rechazado tan enfáticamente. El Papa Bergoglio, dice Smith, ha declarado en Evangelii gaudium que “el total es mayor que las partes”, mientras en Laudato si’ observa que “la fragmentación del conocimiento y el aislamiento de bocados de información pueden hasta llegar a ser una forma de ignorancia, a menos que sean integrados en una visión más amplia de la realidad”, y así pide “un humanismo capaz de unir los diversos campos del conocimiento…al servicio de una visión más integral e integrada”.

¿Sólo eso? Es de hecho: un mero llamamiento vago a un nuevo humanismo que integre el conocimiento según alguna “visión” mal definida que no tiene nada que ver con la Fe católica como la matriz unificadora del orden social y con la Iglesia como conciencia y alma del Estado. Podemos buscar en vano, a través de la montaña de verbosidad que el Papa Bergoglio ha producido, alguna señal de que él acepta las enseñanzas que Spadaro y Figueroa rechazan por ser “integrismo católico”. Todo indica exactamente lo contrario. Por ejemplo, la condena infame, en Evangelii Guadium del “neo-pelagianismo prometeico auto-absorbido de los que últimamente sólo confían en sus propios poderes y se sienten superiores a los otros porque observan ciertas reglas o se mantienen intransigentemente fieles a un cierto estilo católico del pasado. Una supuesta solidez de doctrina o disciplina lleva a un elitismo narcisista y autoritario…” Y así en adelante, durante los últimos cuatro años de denuncias casi diarias contra los católicos afines a la Tradición – algo que no tiene absolutamente ningún precedente en la historia de la Iglesia.

Lo siento, Sr. Smith, pero Spadaro, Figueroa y Bergoglio son tan iguales como tres guisantes en una vaina. Por eso es, que son amigos y colaboradores al más alto nivel de la Iglesia. Por eso es, que la Iglesia ha alcanzado lo que debe ser la fase final de la peor crisis de su larga historia – una crisis de la cual la Madre de Dios acabará por salvar a la Iglesia a través de Su poderosísima intercesión… ¡tal y como la Señora nos prometió en Fátima!




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