Perspectivas sobre Fátima

Un ateo reprende, y con razón, a un Cardenal cobarde

por Christopher A. Ferrara
el 24 de julio de 2017

La Corrispondenza Romana (CR) ha publicado una revelación sobre el Cardenal Enrico Ezzati, Arzobispo de Santiago de Chile, quien, contrariando la enseñanza constante de la Iglesia y el Quinto Mandamiento mismo, considera la legalización del aborto como un asunto puramente político en el que no va a interferir.

Una petición de jóvenes activistas católicos y de Diputados al Parlamento chileno, que está debatiendo si va o no a terminar con la prohibición absoluta contra el aborto en Chile, invoca una anterior condena contra el aborto hecha por el Papa Bergoglio, anticipándose a su visita a Chile en 2018. Pero, como informa la CR, en respuesta a la petición, Ezzati ha declarado, como se ve en el periódico chileno El Mercurio, que el Papa “no va a poner problemas. Yo se lo he asegurado en varias ocasiones al Ministerio de Relaciones Exteriores, hablando con las autoridades competentes, porque vuelvo a decir: el Papa viene como pastor y no como político”.

Esta capitulación cobarde ante el espectro de la legalización del asesinato masivo en el seno materno llevó a la CR a comentar: “[Es] como si el asesinato de bebés en el útero por parte de sus madres fuese apenas una discusión parlamentaria y no un crimen gravísimo, que se debe enfrentar con fuerza y decisión”.

La posición de Ezzati, separando falsamente la política de la ley moral, es una traición tan clara a su alto cargo eclesiástico que, como señala la CR, hasta un académico ateo militante, el Profesor Carlos Peña, profesor del Derecho y Rector de la Universidad Diego Portales, lo denunció en un artículo del diario El Mercurio.

Peña arguye así: si el Papa y Ezzati creen de verdad que el aborto es asesinato, y que su legalización “es equivalente a permitir el homicidio de una cierta clase de personas”, entonces tienen el deber de declararlo abierta y públicamente, “no importando en calidad de qué,  si política, pastoral o de otra índole, posea su visita.”

Peña condena a Ezzati, y con razón, por “el más crudo pragmatismo, el más simple utilitarismo”, que desilusiona a los creyentes (como estos Diputados de la UDI [Unión Demócrata Independiente]) y también los no-creyentes (que llevan en serio el debate moral). Declarar, como hace Ezzati, que “el Papa quería mantenerse en silencio y ‘no causar ningún tipo de problema’”, continúa Peña, “es simplemente desconcertante, porque ¿cómo se puede consentir el silencio frente a la legalización de un crimen, de un asesinato del más inocente entre los inocentes?”

Peña concluye así: “Estos diputados de la UDI tienen toda la razón…cuando declaran que sería incomprensible que un líder moral como el Papa callara frente a lo que él mismo ha denunciado como una verdadera autorización para cometer crímenes en masa”.

Incomprensible, sí, pero a pesar de esto, enteramente probable. Porque mientras el Papa Bergoglio ha consentido y públicamente exigido delante de las autoridades civiles la abolición a escala mundial de la pena de muerte para asesinos condenados, y hasta sentencias de encarcelación perpetua por asesinato, y ni una sola vez (que yo sepa) ha pedido la abolición del aborto en todo el mundo, sino simplemente ha emitido ocasionalmente una condena genérica, en comentarios extemporáneos no conectados a ninguna exigencia políticamente operativa de una reforma legal.

Irónicamente, parece que aquí el Papa está actuado precisamente como un político, haciendo exigencias apenas políticamente correctas para leyes específicas prohibiendo la ejecución o encarcelación perpetua de asesinos condenados – una causa popular de los izquierdistas a favor del aborto– tomando, al mismo tiempo, cuidado en evitar las denuncias en que él incurriría si exigiese leyes, como la que está siendo atacada al presente en Chile, que prohíbe absolutamente la ejecución de niños inocentes en el seno materno.

En cuanto a Ezzati, Peña ofrece esta evaluación desalentadora: “Rara cosa la que sugiere Ezzati a quienes le hayan creído: aceptar que el pastor guarde silencio mientras asesinan a sus ovejas. Pero no: quizá es mejor decir que no hay ovejas ni tampoco asesinato”.

Al mismo tiempo que Ezzati “se mantiene al margen” (para citar la CR) mientras el Parlamento chileno discute si va o no a legalizar el infanticidio, es importante darse cuenta de que él ha sido elevado a Cardenal por el Papa Bergoglio mismo. Este nombramiento, tal como los otros con quienes el Papa Bergoglio está aliándose en el Colegio de Cardenales, ha contribuido sustancialmente a un desastre eclesial creciente, que ya alcanza proporciones sin precedentes.