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Perspectivas Sobre Fátima
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La clave filosófica para superar el bergoglianismo

por Christopher A. Ferrara
el 2 de agosto de 2017

A medida que avanza el fenómeno continuamente espantoso de este pontificando, los comentadores católicos moderados están despertando al drama ineludible de todo esto, y han empezado a presentar diagnósticos francos sobre lo que está errado en aquello que Antonio Socci ha llamado el “bergoglionismo”. Uno de estos comentadores es James Patrick, que escribe en Crisis Magazine.

Patrick observa, y con razón, que “toda la teología incorpora necesariamente una filosofía, porque habrá siempre una manera natural de pensar que sustenta la exposición de la revelación”. Por eso, continua él: “Como toda la gente, los Papas tienen filosofías, y aunque no quepa a un Papa abogar cualquier filosofía, la que todos los Papas presuponen influenciará su representación de la Fe católica y gobierno de la Iglesia”.

Yo no estaría de acuerdo, con la debida cortesía, con la proposición de que “no cabe a un Papa abogar cualquier filosofía”. Por el contrario, cabe, sí, a un Papa abogar una filosofía que esté de acuerdo con la realidad, con el contenido de la Revelación y con la naturaleza del hombre, creado a la imagen y semejanza de Dios, pero necesitado de la redención debido a la Caída. Y una tal filosofía es la de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico.

En su Encíclica fundamental Aeterni Patris, precisamente sobre el tema de la “restauración de la filosofía cristiana” el Papa León XIII ha dicho lo siguiente sobre Santo Tomás de Aquino, cuando pedía una renovación completa del compromiso de la Iglesia para con la filosofía tomista:

“Entre los Doctores Escolásticos, el principal y maestro de todos es Santo Tomás de Aquino, que, como observó Cayetano, ‘veneró al máximo a los antiguos Doctores de la Iglesia y parece que en de cierta manera hubo heredado el intelecto de todos ellos’. Tomás juntó y cimentó las doctrinas de estos hombres ilustres, semejantes a los miembros dispersos de un cuerpo, las distribuyó en un orden maravilloso, y tanto las aumentó con adiciones importantes que es verdadera y merecidamente considerado como el baluarte especial y la gloria de la Fe católica”.

¿Por qué  la filosofía tomista es “el baluarte especial y la gloria de la Fe católica”? Simplemente porque, como G.K. Chesterton señaló, “El Tomismo es la filosofía del sentido común”. Es decir, el Tomismo defiende la correspondencia entre la mente y el mundo real, sin la cual Dios sería un monstro que nos habría encerrado en campanas de buceador, separados de la realidad. Toda la así-llamada filosófica moderna es, más o menos, una negación de la autoridad de los sentidos que Santo Tomás de Aquino había defendido porque esa autoridad proviene de Dios Mismo.

Pero más que esto, la profunda exploración que Santo Tomás hizo de que la razón (perfeccionada por la gracia) revela con fiabilidad (a través de los sentidos) la realidad, llevó al desarrollo, por parte de él, de un enorme sistema de precisión filosófica en asuntos morales y teológicos que protege las doctrinas de la Fe de la corrupción causada por el pensamiento defectuoso. Por ejemplo, el dogma de la Transubstanciación, reflexivo de la filosofía tomista, defiende que, en el momento de su Consagración, las “sustancias” del pan y del vino se transforman en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo, quedando simplemente los “accidentes” del pan y del vino. El concepto de Transubstanciación distingue cuidadosamente la sustancia (esencia o naturaleza) de una cosa, de sus accidentes (las características físicas visiblemente detectables). Negar esta distinción es negar que Cristo está realmente presente en la Sagrada Eucaristía, lo que lleva inevitablemente a la conclusión de que el pan y el vino continúan siendo pan y vino en sustancia, y no simplemente la apariencia. Y esto es precisamente el error del protestantismo y su negación de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.

El diagnóstico que Patrick ha hecho del bergoglianismo apunta a uno de los dichos del Papa que da en el corazón de la defensa que Santo Tomás hizo de la razón. Dijo Francisco en Evangelii Gaudium: “La realidad es más grande que las ideas”. La disyunción entre ideas y realidad es falsa. Porque, tal y como Santo Tomás de Aquino enseña, y James Patrick explica: “Cuando Santo Tomás de Aquino pregunta dónde reside la verdad, responde que reside en la mente, y sólo secundariamente en las cosas. Una descripción histórica o científica puede derivar la verdad de lo que sucede en el mundo por explicar los acontecimientos según una generalización, pero la realidad continúa siendo ininteligible sin ideas, y en ese sentido las ideas son siempre más importantes que la realidad. Y lo mismo sucede con la verdad teológica y los preceptos morales”.

De hecho, no puede haber teología ni moral sin ideas fijas en la mente que gobierna la razón humana y la acción humana en el uso de la razón. Esto también es verdad, subraya James Patrick, “En el ejercicio de la autoridad, intentar gobernar sin referencia a la tradición o a cualquier otro campo racional transcendente, o hasta a las exigencias reguladores del pasado, por más benignos que puedan accidentalmente ser o no ser, resultará en un gobierno que está basado en una voluntad inmoderada, difícil en principio de distinguir de un Marxismo vernáculo”.

Por otra parte, Patrick continúa: “La tentativa de derivar la orientación moral de la realidad, de cómo la humanidad se comporta, de la triste historia de nuestras aspiraciones y fracasos, habrá que concluir que todas las enseñanzas de la Iglesia son inciertas, como es el caso de Amoris Laetitia en la opinión de muchos. Un columnista del Guardian dice que Francisco ha cambiado para siempre a la Iglesia de ser una institución gobernada por reglas a una Iglesia instintiva. Buena suerte con sus instintos”.

Podemos ver así que, por una sola frase simple y aparentemente plausible que está en las “periferias” de la filosofía de sentido común de Santo Tomás de Aquino – es decir, que “la realidad es más grande que las ideas” – todo el edificio de la Fe es total y literalmente socavado.

Por eso, es obvio que los errores filosóficos tienen consecuencias tremendas cuando son adoptados por un Papa. Y es así la nueva etapa de la crisis eclesial en la que nos hallamos.




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