Perspectivas sobre Fátima

Los Obispos de Venezuela piden a Nuestra Señora
que los libre de Maduro

De parte de Francisco, simplemente silencio

por Christopher A. Ferrara
el 11 de agosto de 2017


Francisco y Maduro: ¿Felices los dos?

¿“Será Venezuela la caída de Francisco”? Esta pregunta provocativa fue levantada por Monica Showalter en un artículo importante en el blog American Thinker. No se puede argüir con su línea de abertura: “No se puede decir que el primer Papa latinoamericano del mundo se esté cubriendo de gloria cuando el fuego infernal de Venezuela inmola a aquella nación olvidada de Dios”. No ha venido nada de Francisco sino silencio, mientras el tirano socialista Nicolás Maduro oprime al pueblo venezolano y destruye la economía de la nación, que antes era próspera, reduciendo a muchos a hurgar en los contenedores de basura para buscar comida.

Por su parte, los Obispos de Venezuela saben identificar a un tirano cuando lo ven: durante la campaña para la farsa electoral de Maduro de una nueva “asamblea constituyente” para reescribir a su favor la Constitución venezolana, la Conferencia Episcopal Venezolana colocó la siguiente oración en su cuenta de Twitter: “Santísima Virgen, Madre de Coromoto, Patrona celestial de Venezuela, ¡libra nuestra Patria de las garras del comunismo y del socialismo”! Parece más que cierto que tales palabras nunca saldrán de los labios de Francisco.  

La oración de los Obispos es muy reveladora, vista a partir de esta perspectiva de Fátima. Nuestra Señora de Coromoto es una invocación de la Madre de Dios que la Iglesia atribuyó a Sus Apariciones al jefe de la tribu de indios Coromoto en 1591, siguiendo la llegada de los españoles a Venezuela. Instruido por la Santísima Virgen a ser bautizado para salvarse, el jefe comenzó a recapacitar, pero después cambió de idea antes de recibir el Sacramento. En una segunda aparición de Nuestra Señora, especialmente impresionante, el jefe se enfureció e intentó agarrar a la Santísima Virgen, pero Ella desapareció, dejando en la mano del jefe una especie de reliquia en forma de estampa, de muy pequeño tamaño, que aún hoy se conserva en un relicario protector. Representa a la Virgen con el Niño, sentada en un trono, ambos con coronas en la cabeza.

No se trataba de un mito; la aparición de Nuestra Señora de Coromoto recibió la aprobación de la autoridad máxima de la Iglesia, cuando el Papa Pio XII declaró a Nuestra Señora de Coromoto: “Patrona de la República de Venezuela” al pedido de sus Obispos, cuyos sucesores hoy le piden a Ella.

No se puede esperar de Francisco una semejante súplica a la Santísima Virgen a favor de la pobre nación de Venezuela. Como observó un cronista del Wall Street Journal (citado aquí):

“La crisis de Venezuela no encaja en la explicación que el Papa Francisco generalmente da para los problemas políticos y económicos contemporáneos. Es muy difícil para el Papa echar las culpas de los problemas de Venezuela a la tiranía de Mamón, a las especulaciones financieras, a los acuerdos de comercio libre, a los traficantes de armas, a los ‘neoliberales’ nefastos, o a cualquiera de los sospechados de su lista de costumbre”.

Esto no es sugerir (como hacen los neoconservadores estadounidenses) que la lista bergogliana de los sospechados de costumbre no debe sujetarse a una crítica legítima, si no severa, según la doctrina social católica. El problema primero aquí es la ceguera para con esa doctrina social respecto a su igualmente severa condenación del socialismo, resumida en la máxima de Pio XI en su encíclica social fundamental Quadragesimo anno: “Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista”.

Es un axioma de nuestra religión que ninguna persona en la tierra puede juzgar al Papa, en el sentido de una sentencia penal con efecto jurídico. Pero el tribunal de la Historia presenta su propio juicio ineludible de los Papas. En ese sentido, tengo que acordar con la conclusión de Showalter: “Todo indica que el Papa necesita censurar severamente la pesadilla en Venezuela, o entonces ver su credibilidad irse por el desagüe, en la medida en que una guerra civil se traga aquel país…O él mata al dragón venezolano o el dragón venezolano lo mata a él”.