Perspectivas sobre Fátima

Ahora el 'Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia' ha sido destruido.

Sepa por qué.

por Christopher A. Ferrara
el 20 de septiembre de 2017


El nuevo "guardián" del Papa Francisco
del matrimonio y la familia

El ‘Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia’ fue fundando por el Papa Juan Pablo II y encabezado, en su comienzo, por el futuro Cardenal Carlo Caffarra, ya fallecido – el mismo Cardenal Caffarra que había sido avisado por Sor Lucía de que “la batalla final entre el Señor y el reino de Satanás sería sobre el Matrimonio y la Familia”.

Ahora que el Cardenal Caffara está fuera del camino, la marea alta de “misericordia” del Papa Francisco ha terminado de arrasar por completo el Instituto, sustituyéndolo por completo por otro de nombre parecido, el “Instituto Teológico Pontificio Juan Pablo II para el Matrimonio y las Ciencias de la Familia”. Esto, según el motu propio Summa Familiae Cura, publicado ayer, que niega la Magnum Matrimonii Sacramentum, constitución apostólica de Juan Pablo II, publicada en el momento de su fundación.

Todos los miembros del ahora inexistente Instituto Juan Pablo II han sido destituidos. El nuevo, cuyos miembros están aún por determinar, está liderado por un arzobispo que Francisco ha escogido personalmente. Vincenzo Paglia (foto supra) es el colaborador perfecto: es ‘ultra-progresista, pro-“gay”, pro-Sagrada Comunión para los adúlteros, y ha recibido el título de ‘Gran Canciller’. Este Paglia ha sido infamemente popular por haber encomendado un mural obsceno [ATENCIÓN: ¡su contenido es visiblemente obsceno!] para su antigua catedral, donde se encuentran representadas imágenes indecentes de él mismo y de otros. El subalterno inmediato de Paglia como decano del nuevo Instituto es Pierangelo Sequieri, que por acaso es el jefe de la comisión secreta (que no es muy secreta) para “estudiar” (léase: encontrar la manera de esquivar) Humanae Vitae.

Pero ¿por qué abolir el Instituto Juan Pablo II ya existente, para simplemente sustituirlo por otro Instituto Juan Pablo II de nombre parecido? La respuesta parece clara. Tal decisión pretendía anular todos los actos y procedimientos del anterior Instituto, y un acto en especial: la publicación de un manual sobre la interpretación de Amoris Laetitia (AL) que impediría la Sagrada Comunión para los adúlteros públicos.

El muy valioso blog de Sandro Magister ha publicado recientemente una sinopsis del Manuel por Livio Melina, que era presidente del Instituto que Francisco ha acabado de abolir. Melina explica:

“La integración hacia comunión plena de las personas que muestran señales de un amor herido (AL 291) no se puede confundir con una mera inclusión social. Si confundimos la dinámica eclesial, que “Amoris Laetitia” pretende como participación en el misterio de comunión, con una lógica sociológica, entonces habrá una tendencia para concebir todo y cualquier obstáculo contra la inclusión como una forma de discriminación injusta que viola derechos fundamentales, y para procurar la solución, no mediante súplicas y ayuda a la conversión, sino cambiando normas injustas.

La integración debe tener por objetivo una regeneración de las personas, de tal modo que, como es el caso con los divorciados que han entrado en nuevas uniones, se pueda reestablecer un modo de vida que esté en harmonía con el vínculo indisoluble del Matrimonio celebrado válidamente. Por eso es, que nunca se habla de ‘situaciones irreversibles’.

“En este sentido, lo que, en los divorciados que han entrado en una segunda unión, se oponen a una integración plena, que incluye la Eucaristía, no es tanto el ‘fracaso’ del matrimonio válidamente celebrado como la segunda unión establecida en contradicción con el indisoluble vínculo sacramental. […] Esta es la razón precisa de por qué la resolución de salir de una situación que es objetivamente contradictoria con el vínculo conyugal válidamente contraído es condición necesaria para la validez de la absolución sacramental.

“En efecto, el tribunal sacramental no puede ser la simple legitimización de la conciencia individual, tal vez errónea, sino una ayuda hacia la conversión para una integración auténtica en el Cuerpo visible de la Iglesia, según las exigencias de consistencia entre la proclamación de la fe y la conducta de vida”.

Esto es, evidentemente, un tiro en la proa del Papa Francisco. Esto es exactamente la interpretación de AL que Francisco claramente ha rechazado, precisamente a favor de su interpretación sociológica, que “concibe todo y cada obstáculo contra la inclusión como una forma de discriminación injusta que viola derechos fundamentales y… procura la solución, no mediante suplicas y ayuda para la conversión, sino cambiando normas injustas”. Es en efecto, refiriéndose a la “integración” de los divorciados y “re-casados”, el párrafo 299 de AL suplica al “discernimiento para que las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el encuadramiento litúrgico, pastoral, educacional e institucional, puedan ser superadas”. ¡Las normas disciplinares de la Iglesia que cuentan ya con dos milenios, enraizadas en la verdad revelada sobre la indisolubilidad del matrimonio y la dignidad infinita de la Santa Eucaristía, son así reducidas soberbiamente a meras “formas de exclusión” para ser “superadas”, como si fuesen impedimentos irrazonables en la vida eclesial!

Por lo tanto, el Manual tenía que desaparecer. Pero para que desaparezca el Manual, el ‘Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia’ tenía también que desaparecer. Y en realidad ha desaparecido – puf – al toque de la pena papal. Ésta, según me parece, es la explicación más probable para el hecho de que al original Instituto Juan Pablo II sobre el Matrimonio y la Familia le han cambiado el nombre por otro parecido, en vez de ser simplemente cambiado sustituyendo a los miembros anteriores por otros progresistas. ¡Ahora, sí! El Manual ya puede ser liquidado como nulo y vacío de sentido. ¡Efectivamente, ya ni siquiera existe como publicación del Vaticano!

Este increíble ataque sin piedad contra el Matrimonio y la Familia, orquestado por los jefes de la Iglesia, continua – y con él el cumplimiento del Tercer Secreto de Fátima. ¿Aún quedan dudas de que sólo una intervención divina directa y muy dramática podrá poner fin a esta locura?