Perspectivas sobre Fátima

Una historia de dos países En Polonia: un millón de personas rezan el Rosario para que haya una victoria sobre el Islam En el Vaticano: El llamado a que la Iglesia se una… "a la revolución cultural"

por Christopher A. Ferrara
el 10 de octubre de 2017


Es este el aspecto de verdaderos católicos

El Briebart News, juntamente con gran parte de la prensa seglar, que incluye hasta el New York Times, ha informado sobre un evento público de grandes proporciones que da grandes esperanzas para la restauración de la sanidad del Occidente post-cristiano resuelto a precipitarse en un abismo irrecuperable de depravación. El pasado día 7 de octubre, cerca de un millón de polacos han participado en una concentración en la frontera de su país, para conmemorar la victoria sobre el Islán en la Batalla de Lepanto del 7 de octubre, de 1571 (Fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en honor de la intercesión de Nuestra Señora para obtenerse esta milagrosa victoria) y también en honor al 100º aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima.

Sin embargo, del Vaticano llega simplemente el silencio. Hasta este momento, ni una sola palabra se ha emitido sobre este evento histórico en la página web del Vaticano o en L’Osservatore Romano. Pero el silencio ensordecedor del Vaticano ante esta manifestación inspiradora de acción católica es fácil de explicar a la luz del Tercer Secreto de Fátima: El Vaticano no está interesado en la acción católica, porque está inmerso en la apostasía “que empieza desde el vértice”, para citar al Cardenal Ciappi, teólogo personal del Papa Juan Pablo II. Parece que ahora el Vaticano ni se interesa mucho por el catolicismo, que es opuesto a la lista de ítems de su agenda política que no tiene nada que ver con el mandato divino de hacer discípulos en todas las naciones.

Siendo así, no sería de esperar que el actual aparato del Vaticano se interesase por el sentimiento católico expresado por el Arzobispo de Cracovia, Marek Jedraszewski, que, como informa el Briebart, “ha hecho un llamamiento a los católicos para que recen ‘por las otras naciones europeas, para que ellas comprendan que es necesario volver a las raíces cristianas, de tal modo que Europa continúe siendo Europa.’” Muy por el contrario, el Vaticano es el primero en aplaudir la implacable islamización de Europa. El 22 de septiembre, por ejemplo, el Papa Francisco despreció la oposición legítima, y hasta totalmente racional, de la creciente torrente de “refugiados” musulmanes que han inundado Europa Occidental – en su gran mayoría jóvenes del sexo masculino y en edad militar – como siendo pura y simplemente “intolerancia, discriminación y xenofobia que se ve en diferentes regiones de Europa…motivadas por la desconfianza, por el miedo del otro, del diferente, del extranjero”. Es una condena moral bastante grave que se hace en bloque contra millones de cristianos – condena que viene, irónicamente, de un Papa que insistentemente condena el “juicio irreflexivo” de los otros.

Mientras tanto en el Vaticano, en una conferencia de la “renovada” (léase: arrasada) Academia Pontificia para la Vida, dos días antes de la concentración del Rosario en Polonia, el Papa Francisco declaraba:

“Hay una auténtica revolución cultural en el horizonte de la historia actualmente. La Iglesia debe, primero y antes que nada más, hacerse parte de ella. Desde esta perspectiva, es esencial reconocer honestamente sus debilidades y fracasos. Las formas de subordinación que han caracterizado tristemente la historia de las mujeres deben ser abandonadas definitivamente. Se debe escribir un nuevo comienzo en el ethos de los pueblos, y esto puede ser hecho por una cultura renovada de identidad y diferencia”.

Unidos a la “revolución cultural”. Para pedir disculpas por la falta de tacto de la Iglesia. Para acabar con la “subordinación de las mujeres” (sea lo que sea esto). Para crear una “cultura de identidad y diferencia” (sea lo que sea esto). Este es el mensaje que el Vaticano tiene para el mundo, al mismo tiempo que un millón de polacos rezan a la Santísima Virgen por la protección de su país contra una resurgencia de Islam y contra la tiranía seglar de la Unión Europea.

Las señales se multiplican diariamente: El elemento humano de la Iglesia ha sido profundamente invadido por un poder ajeno, tal y como Pablo VI ha sido forzado a admitir, poco tiempo después de la clausura del Concilio Vaticano II:

“Por alguna fisura el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios: hay dudas, incertidumbres, problemas, perturbaciones. La duda ha entrado en nuestras conciencias por las ventanas por las que se esperaba que serían abiertas a la luz. Este estado de incertidumbre reina hasta en la Iglesia. Se esperaba que después del Concilio viese un día de sol en la historia de la Iglesia. En vez de eso, vino un día de nubes, de oscuridad, de vacilación, de incertidumbre. ¿Cómo ha sucedido esto? Nos vamos a confiaros Nuestro pensamiento: Ha habido la interferencia de un poder adverso: su nombre es el demonio…” (Insegnamenti, Ed. Vaticano, Vol. X, 1972, pág. 707.)

Pero no temamos. Por medio de la inevitable Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María – si no por este Papa, entonces por un sucesor – Nuestra Señora obtendrá una victoria aún mayor que la de Lepanto, como Antonio Socci ha observado. Será, afirma él: “un cambio radical y extraordinario en el mundo, una derrota de la mentalidad que ha dominado a la modernidad, probablemente siguiendo acontecimientos dramáticos para la humanidad”. Una derrota, claro está, de la mentalidad del Padre de la Mentira, de la serpiente cuya cabeza la Virgen Santísima ya ha aplastado (cf. Gen 3:15), tal y como Sor Lucía recordaba al ya fallecido Cardenal Caffarra cuando lo avisó de la “Batalla final” que ahora estamos atestiguando.