Perspectivas sobre Fátima

¿Se habrá asociado el Cardenal Müller a la brigada casuística?
– 2ª parte
Seguid el doble lenguaje del comentario

por Christopher A. Ferrara
el 13 de noviembre de 2017

En la tormenta de fuego que se siguió a la publicación del prefacio de Müller, el Cardenal dio marcha atrás cuanto a sus declaraciones – pero de forma no convincente, en mi opinión. En una entrevista telefónica, traducida al inglés por Life Site News, el Cardenal afirma que “Las Dubia están autorizadas y son claramente legítimas…” Pero, ya en este año, el Cardenal ha criticado ásperamente a los “Cardenales de las dubia”, declarando que “lo que me ha espantado es que se hayan hecho públicas, en una tentativa de forzar al Papa a decir sí o no. No me ha gustado eso. Perjudica a la Iglesia hablar de estas cosas en público”. No es exactamente una contradicción directa, sino ciertamente una música diferente la que el Cardenal está ahora cantando.

El Cardenal continuó diciendo que, en su prefacio al libro de Buttiglione, no estaba proponiendo cualquier “excepción” a la prohibición contra la Sagrada Comunión para católicos válidamente casados que pretenden divorciarse de sus cónyuges y contraer “segundos matrimonios”, sino que se estaba refiriendo simplemente a situaciones que ocurren en América Latina y en otras regiones, donde hay personas que se casan “informalmente”, sin recurrir a un sacerdote, o “bajo regímenes que persiguen a la Iglesia, y donde no es posible casarse canónicamente” y dónde sólo es posible una unión natural basada en el consentimiento.

Pero hasta matrimonios naturales, no sacramentales, son indisolubles fuera de los privilegios Paulino y Petrino. Sin embargo, en su tentativa de retroceder, Müller arguye que, en el caso de los matrimonios naturales basados en el consentimiento, cuando las partes se separan y pretenden casarse de nuevo “todo depende del foro interno, de su honestidad en reconocer si hubo consentimiento…” Esto simplemente no es así. Sería aún necesario el foro canónico, no el llamado “foro interno”, para adjudicar la nulidad de cualquier pretendido matrimonio natural antes de que la Iglesia pudiese aprobar una unión canónica con un nuevo coparticipe.

Además de eso, el prefacio de Müller habla de circunstancias mucho más amplias que de simples anomalías del tercer mundo. Escribe él: “Un cristiano puede encontrarse, sin culpa, en la dura crisis de ser abandonado y ser incapaz de encontrar otra salida que no sea la de confiarse a una persona de buen corazón, y el resultado es una relación semejante al matrimonio”. No hay limitaciones para los matrimonios naturales de validez posiblemente dudosa.

Y, claro, el libro de Buttiglione, al que Müller prestó su nombre, arguye precisamente a favor de “excepciones” a la disciplina eucarística de la Iglesia, hasta en el caso de matrimonios efectuados según la forma canónica. De hecho, al intentar dar un paso atrás respecto de su prefacio, Müller apenas reafirma su apoyo a la apertura de Buttiglione y de AL a la Sagrada Comunión para adúlteros públicos cuando declara que “Estos son casos de cristianos inconscientes, que son bautizados, pero no creen, que se pueden haber casado por la Iglesia para agradar a su abuela, sin una verdadera compresión. Aquí se levanta un problema cuando, pasados muchos años, regresan a la Fe y después cuestionan el matrimonio. Hay muchos casos de estos. Benedicto XVI también consideró la cuestión. Entonces ¿que se ha de hacer”?

Que quiere decir el Cardenal con ¿“que se ha de hacer”? Él sabe muy bien lo que se ha de hacer: lo mismo que fue siempre hecho antes del Papa Francisco. A saber, la persona que pretende casarse de nuevo debe procurar una anulación, y si esto no fue concedido en base a la falta de consentimiento, esa persona tendrá de aceptar que aún está válidamente casada con el primero y único cónyuge y no puede casarse con otro. Una persona no puede simplemente declarar una “anulación auto-decretada” a través del “discernimiento” en el “foro interno” y en seguida recibir los Sacramentos mientras mantiene relaciones sexuales con otra persona con quien no está casada.

Además de eso, hasta si este tipo de pseudo-anulación auto-concedida fuese posible para propositos pastorales – y no lo es – ¿qué decir de la segunda “unión”, que también carece de forma canónica? ¿La Iglesia tendrá que reconocer ahora las uniones civiles que se  siguen tras un divorcio como matrimonios válidos, o entonces permitir matrimonios por la Iglesia que se siguen tras una “anulación” auto-concedida en el “foro interno” sin una declaración de nulidad según el Derecho Canónico? Müller, adhiriendose a la sofistería de Buttiglione, abre la puerta al caos por más que pretenda negar que aboga por excepciones a la indisolubilidad del matrimonio.

Y así, el Cardenal continúa hablando con doblez. Y hasta este prelado equivoco era demasiado conservador para el Papa Francisco. Con defensores de la indisolubilidad del matrimonio como estos, no nos admira que la Iglesia esté ahora involucrada en una “batalla final” sobre el matrimonio y la familia.