Perspectivas sobre Fátima

El Magisterio autentico es la verdad y no una marca registrada

por Christopher A. Ferrara
el 5 de diciembre de 2017

En el momento en el que un nuevo libro explosivo sobre el Papa Francisco El Papa Dictador, aparece como un best-seller en ediciones en inglés y en italiano, la Iglesia es confrontada con un espantoso abuso dictatorial del propio Magisterio por parte del Papa Francisco y de su llamado “círculo mágico” de ultra-progresistas escogidos a dedo.

En el artículo de ayer, señalaba que Francisco ha publicado en las Acta Apostolicae Sedis (AAS) su aprobación de las directrices de aplicación de Amoris Laetitia por los Obispos de Buenos Aires (así como dichas directrices), acompañada de un rescrito papal que eleva la carta hasta entonces “privada” al estatus de una carta apostólica y declara que la misma es parte del “Magisterio auténtico”.

Esta maniobra es una tentativa descarada para acabar con todas las críticas de AL (incluyendo la “corrección formal” de los Cardenales Burke y Brandmüller, que parece es inminente) involucrando la carta y las directrices en el lenguaje del Canon 752 del Código de Derecho Canónico de 1984, que (citando al Vaticano II) estipula: “[a]unque no sea un consenso de fe, la sumisión religiosa del intelecto y de la voluntad debe ser dada a una doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de Obispos declara con respecto a la fe o a la moral en el ejercicio del Magisterio autentico, aun cuando no tengan intención de proclamarla por un acto definitivo, por lo tanto, los fieles cristianos deben tener cuidado en evitar las cosas que no concuerdan con ella”.

La maniobra no puede tener éxito. La novedad de Francisco no puede ser parte del “Magisterio auténtico” porque transgrede la limitación divina fundamental sobre la autoridad doctrinal del Papa, como fue enunciada en el Primer Concilio Vaticano:

“Porque el Espíritu Santo ha sido prometido a los sucesores de Pedro no para que pudiesen, por Su revelación, dar a conocer alguna doctrina nueva, sino para que, por su asistencia, pudiesen guardar religiosamente y explicar fielmente la revelación o el depósito de la fe transmitido por los Apóstoles”.

Francisco está pretendiendo anunciar aquí una doctrina nueva, derribando las enseñanzas de su propio antecesor de acuerdo con toda la Tradición. Tal y como la Congregación para la Doctrina de la Fe de Juan Pablo II declaró en 1998, la absolución y admisión a la Sagrada Comunión de los adúlteros públicos en “segundos matrimonios”, sin un compromiso de cesar las relaciones sexuales adúlteras, “es intrínsecamente imposible” y la “Conciencia individual está obligada a respectar esta norma sin excepción”. Y esto porque se trata de una norma “sobre la cual la Iglesia no tiene autoridad discrecional. La naturaleza indisoluble de matrimonio…se remonta a Cristo Mismo y está así identificada con una norma de la ley divina”, y admitir a los adúlteros públicos a la Sagrada Comunión violaría esa norma moral divina.

Sin embargo, el Papa Francisco pretende introducir excepciones a una norma enraizada en la ley divina por primera vez en 2.000 años y lo hace por medio de un disparate moral bien patente. Recordemos la sección pertinente de las directrices de Buenos Aires:

“Cuando las circunstancias concretas de un matrimonio lo hacen viable, especialmente cuando son ambos cristianos con un camino de fe, puede proponerse que ellos se comprometan a vivir en continencia.”…

“En otras circunstancias más complejas, y cuando no es posible obtener una declaración de nulidad, la opción atrás citada puede, de hecho, no ser viable. No obstante, es igualmente posible emprender un camino de discernimiento…[S]i se llega al reconocimiento de que, en un caso concreto, hay límites que disminuyen la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona juzga que caería en una falta subsecuente al causar daño a los hijos de la nueva unión, Amoris Laetitia abre la posibilidad de acceso a los Sacramentos de Reconciliación y de la Eucaristía (cf. notas 336 y 351).”

En primer lugar, la norma moral sin excepciones que exige continencia para quien esté involucrado en un “segundo matrimonio” no es una simple propuesta, sino un mandato divinamente impuesto: No cometerás Adulterio. El adulterio nunca es permisible, sean cuales sean las circunstancias, y quienes pretenden divorciarse del cónyuge para casarse con otro, son, como Nuestro Señor ha declarado, adúlteros sin excepción.

Segundo, no se puede decir que “circunstancias más complejas” hacen “no viable” la obediencia a la ley divina. Tal afirmación es apenas la ética situacional, que la Iglesia no puede de modo ninguno aceptar.

Tercero, “circunstancias más complejas” es una frase vacía, pasible de cualquier sentido que se le quiera dar. ¿Qué hace que las circunstancias sean “complejas” en vez de “simples”? Y ¿quién determina esto? El Magisterio autentico no puede imponer una noción tan vaga como principio moral.

Cuarto, “camino de discernimiento” no es sino un eslogan tan vacío de sentido como “circunstancias más complejas”. ¿Discernimiento por quién? ¿Por un sacerdote, por un Obispo, por el adúltero mismo? ¿Discernimiento de qué, exactamente? Una frase mal definida capaz de innumerables interpretaciones no puede ser un principio moral que obligue.

Resumiendo, el “Magisterio auténtico” representa la verdad de Cristo y lo que la Iglesia siempre ha enseñado en Su nombre y por Su autoridad. No es una marca registrada que el Papa Francisco pueda sumar alegremente a sus novedades absurdas para declararlas más allá de crítica o de discusión.

Nunca en toda la historia de la Iglesia ha osado un Papa abusar del Magisterio de esta manera. Ha habido otros tiranos papales en la historia de la Iglesia, pero nunca ha habido un Papa que intentase tiranizar la doctrina católica en sí, exigiendo sumisión universal a sus propias ideas perversas.

Que Nuestra Señora de Fátima intervenga rápidamente para salvar la Iglesia del espantoso desastre de este pontificado.