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Perspectivas Sobre Fátima
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Así como Wichita sube, así subirá la Iglesia católica

por Christopher A. Ferrara
el 7 de diciembre de 2017

Phil Lawler ha escrito dos artículos que merecen mayor atención. La idea general es que, por una notable “coincidencia” nada menos que cinco seminaristas ordenados para la diócesis de Wichita, Kansas (tres de los cuales frecuentaban el seminario allí) han sido elevados a Obispos de varias Sedes estadounidenses desde 1998: el Arzobispo-electo Paul Coakley; el Obispo James Conley; el Obispo Ronald Gilmore, que se ha jubilado, para ser sustituido por el cuarto, el Obispo John Brungartdt; y, más recientemente, el Obispo Shawn McKnight. Gilmore es natural de la diócesis y los otros de diócesis próximas del Medio-Oeste estadounidense.

Lawler nota que Wichita es una ciudad relativamente pequeña de menos de 1 millón de habitantes, “donde los católicos forman una minoría bien definida (un poco más que 100.000), y la diócesis local tiene apenas un Obispo, sin auxiliares”. Así el Obispo jubilado Gilmore preguntó una vez, como chiste: ¿“Sería alguna cosa en la tierra, en el agua, o en el aire”?

Parece claro que se está operando aquí algo misterioso, y Lawler piensa que sabe lo que es: cuatro de los cinco (Coakely, Conley, Gilmore y Brunghart) participaron en la campaña del “Verano de Misericordia”, integrada en la Operación Rescate, en Wichita en 1991, durante la cual fueron detenidos. Lawler describe así el acontecimiento:

“Cientos de activistas se dirigieron en coche o en avión a Kansas; miles de sustentadores pro-vida se asociaron a la iniciativa. Día tras día, decenas de personas pro-vida bloquearon la entrada de la clínica de abortos, dirigida por el fallecido George Tiller, arriesgándose a ser detenidos en su esfuerzo por salvar de la destrucción de bebes por nacer. Durante una campaña intensa de 6 semanas, antes de que un severo mandato federal pusiese fin a los bloqueos diarios de la clínica, más de 2.700 personas fueron detenidas – ¡incluyendo a los cuatro futuros obispos! El entonces Obispo Eugene Gerber dijo que estaba ‘completamente en solidaridad’ con los que se arriesgaban a ser detenidos”.

Cuatro de los cinco Obispos (todos menos McKnight) fueron nombrados por Juan Pablo II o Benedicto XVI (que nombró a Conley). Estos nombramientos reflecten lo que el comentador eclesiástico ultra-progresista Massimo Faggioli lamentó como “treinta años de nombramientos episcopales bajo Juan Pablo II y Benedicto XVI, que han rehecho el episcopado estadounidense a la imagen de un ‘guerrero cultural’”, lo que estos cuatro realmente eran en 1991. Los nombramientos han producido lo que Faggioli ve como un “clima” infeliz en América que promueve la oposición de los católicos, que se caracteriza como “cyber-bullies” contra la campaña de Francisco para una retirada de la guerra cultural a favor de temas de “justicia social” que encajan bastante bien con la plataforma del Partido Democrático.

Pero ¿qué decir del quinto Obispo, Shawn McKnight, nombrado por el Papa Francisco? Lawler nota que él era seminarista en 1991, y sugiere que McKnight podría haber participado en el “Verano de Misericordia”. Por lo menos, esto se sabe con certidumbre: la pequeña Diócesis de Wichita es, por los padrones actuales, una autentica fábrica de vocaciones, que ha producido no sólo cinco Obispos sino también más ordenaciones per capita que cualquier otra diócesis del país, incluso diez ordenaciones solo en esta semana.

Me parece que sólo puede haber una explicación para esto, que es dada por un sacerdote citado por Lawler: “[L]os candidatos al seminario se acumulan en las diócesis que son buenas. Wichita ha sido una de estas diócesis”. Pero digamos: relativamente buena, en comparación con el desastre liberal extensamente decadente del establisment eclesiástico católico en los Estados Unidos. Por ejemplo, no es sorprendente el hecho de que la Misa Tridentina tradicional, ilegalmente suprimida, había sido reintroducida en esa diócesis hace veinticinco años.

La lección que debe ser aprendida es ésta: que la Iglesia será restaurada cuando llegue el momento que Dios ha escogido, sean cuales sean los planes de los simples hombres con sus locas visiones de “rehacerla” según su manera de pensar. Así como Wichita sube, así subirá la Iglesia católica. Todo lo que es necesario para una total restauración es la obediencia a las peticiones de Nuestra Señora de Fátima – sobre todo, la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón.




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